A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

27ago/140

El odio religioso acorrala a los cristianos

Por Marcos Aguinis.

Un volcán escupe lava y amenaza multitudes. El ala fundamentalista del islam, tras varias décadas de latencia, se ha erguido con furia y avanza al ritmo de diversas intensidades, métodos y justificaciones. Pretende devolver el mundo a la oscuridad de la Edad Media.La ONG llamada Mechric (Comité Cristiano del Medio Oriente), formada por instituciones de Irak, Líbano, Sudán, Irán, Siria y todo el norte de África, fue fundada en 1981 para monitorear las agresiones que se venían cometiendo contra las poblaciones cristianas desde el Atlántico hasta el océano Índico. La masacre contra la iglesia copta de Alejandría determinó que esa entidad publicase un documento en el que -¡por fin palabras claras!- condenó a sus autores directos e intelectuales. "Este acto atroz fue realizado por los seguidores jihadistas de una ideología criminal corporizada por Al Qaeda, la red Salafi y sus aliados, que están infiltrando las elites de toda la región." Mechric urge a los pueblos cristianos del orbe a movilizarse en favor de sus hermanos del Medio Oriente gravemente amenazados por una permanente discriminación y persecución. "También convocamos a los sectores democráticos y las organizaciones defensoras de los derechos humanos de los países árabes y musulmanes a condenar la barbarie cometida contra los coptos de Egipto y contra los cristianos de Irak y otras regiones de la zona." Desde entonces la situación ha empeorado.No es un secreto que en Arabia Saudita está terminantemente prohibido construir una iglesia o exhibir una cruz, pese a que ese país construye mezquitas suntuosas por doquier (en la Argentina se le donó un valiosísimo terreno). Bajo la Autoridad Palestina, el hijo de un peluquero en la ciudad de Qalkilia fue encarcelado por el "crimen" de haber formulado dudas respecto del islam; los intendentes cristianos de varias ciudades cisjordanas fueron reemplazados por musulmanes. Un lento y permanente éxodo vacía de cristianos a todos los territorios llamados "palestinos". Los católicos también están desapareciendo de Irán. No cesan de disminuir los maronitas en el Líbano. Casi no quedan en Siria.

Las matanzas ocurridas en Sudán a lo largo de muchos años por hordas que irrumpían en las aldeas cristianas conforman una muestra del más extremo horror. Ni hablar sobre el genocidio de Darfur. Pero Sudán y otros países que oprimen a la mujer y discriminan a sus minorías religiosas, siguen formando parte de las Naciones Unidas y ¡hasta integran comisiones vinculadas con los derechos humanos! En Eritrea se propagó la fantasía de que los cristianos deseaban voltear la junta dictatorial y se puso en marcha una campaña para limpiar el país de "los subversivos que portan una cruz". En Bagdad hubo un asalto a la catedral, en medio de la misa, y se asesinó a 58 personas. Durante la dictadura del general Muhammad Zia, en Pakistán, se sancionó una ley contra la blasfemia, término vago que incluye desde una expresión insultante hasta una ingenua duda sobre las verdades del Corán. En Nigeria fueron secuestradas centenares de niñas, forzadas a convertirse al islam y ser esclavas sexuales. La misma técnica, pero agravada, ocurre en Irak: después de asesinar a todos los varones de la familia, son secuestradas sus mujeres para que también sirvan de esclavas sexuales. El espanto es más intenso al enorgullecerse los fanáticos por la decapitación de sus prisioneros y someter a otras víctimas al suplicio de la crucifixión. ¡En pleno siglo XXI!

Estos sectarios aspiran a un Medio Oriente Christenrein (limpio de cristianos), así como ya lograron que sea Judenrein (limpio de judíos) cuando expulsaron de sus países a todos los judíos en 1949, que terminaron refugiándose en Israel. Se estima que la población cristiana del Medio Oriente hasta fines del siglo XX se acercaba a un 20%. Los últimos censos la han reducido a un 5%. Y su número sigue bajando. Ahora se ha exacerbado el odio contra los inermes azeríes y otras minorías, que son objeto de un exterminio sistemático. Aquí corresponde emplear la palabra "genocidio", que se ha banalizado en boca de muchos ignorantes. Genocidio es precisamente eso: liquidar a un vasto grupo humano por razones de nacionalidad, raza, etnia o religión. Exterminarlo, hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. El siglo XX sufrió el genocidio del pueblo armenio y otro más atroz, el del judío. Luego llegaron las matanzas africanas. Ahora se destacan los crímenes perpetrados por la rama asesina del islam. Algunos líderes, envalentonados por sus éxitos, han manifestado que también recuperarán España y, en la misma España, ciertos imanes respaldan ese "derecho", para lo cual se reproducen imágenes de la antigua presencia musulmana en el país. En otras palabras, el infierno del Medio Oriente, para estos sicarios, no se reducirá al Medio Oriente. Su ambición es planetaria, aunque parezca absurda.

El delirio ya se ha extendido más de lo sospechado. Crece bajo el calor de la tolerancia religiosa que floreció en Occidente. Pero esa tolerancia no es asumida por muchos líderes musulmanes. En Italia, el ministro del Interior acaba de expulsar al imán Raoudi Aldelbar con este mensaje: "Es inaceptable que se hagan explícitas invitaciones a la violencia y el odio religioso. Por eso he dispuesto su inmediata expulsión del territorio nacional. Que mi decisión sirva de advertencia a todos quienes piensen que en Italia se puede predicar el odio". La medida fue adoptada tras una serie de investigaciones del Servicio Central Antiterrorista Italiano. Durante sus alocuciones el imán maldijo a Israel y pidió la intercesión de Alá para que "muera hasta el último judío". "Israel es un pueblo que merece ser encadenado y maldito. Alá: búscalos de uno a uno y mata hasta el último de ellos. Haz que su comida se convierta en veneno y se convierta en llamas el aire que respiran".

No es un estilo nuevo. Prédicas similares abundan en Irán y son propaladas a diario por Hezbollá y Hamás.

Urge que la porción civilizada del mundo ponga las manos en el fuego. Lo acaba de hacer el papa Francisco con su habitual valentía. Falta que también eleven su voz los gobiernos y las organizaciones internacionales. Pero, sobre todo, falta que haya condenas explícitas contra esta versión canallesca del islam por parte de los mismos musulmanes. Es decisivo. A éstos les corresponde defender los aspectos nobles de su religión. Hacerlo con fuerza. Es comprensible que los atraviese el miedo a represalias cargadas de salvajismo. Pero su silencio los hace cómplices. No alcanza con poner las culpas afuera. Las matanzas en Siria, Irak, Nigeria y otros países no dan lustre a las enseñanzas del Corán ni corresponden a las palabras con las que empieza cada una de sus suras: "En el nombre de Alá, clemente, misericordioso". En esos crímenes no hay clemencia ni misericordia, sino agravio a los cielos, si se considera que Alá es el creador de la vida.

Lamentablemente, en el Corán existen versículos reñidos con la paz, la pluralidad y la tolerancia, que citan los jihadistas. Es obligatorio decirlo y reconocerlo. Como también es obligatorio decir y reconocer que también existe ese tipo de versículos en la Biblia. Pero la civilización ha logrado que se haga abstracción de las porciones hostiles y se acentúen las piadosas y fraternales. Ellas convierten a las religiones en un motor de la paz exterior e interior, luego de siglos en que parecían condenadas a lo contrario.

Fuente: diario La Nación

21ago/140

Otra peligrosa bufonada

Por Ricardo Lafferriere.

La última iniciativa kirchnerista cambiando la jurisdicción de pago de los bonos emitidos bajo ley norteamericana a fin de eludir la sentencia en el juicio que el Estado perdió con los bonistas “holds out” en las cortes de Nueva York avanza un paso más en la descomposición del régimen.
Pretender eludir la justicia a la que el país se sometió voluntariamente –o, más simplemente, evadir la justicia- no sólo afecta la relación crediticia vigente, objeto del juicio respectivo. Se agrega al historial del país, que de este modo afianzaría su imagen internacional de evasor crónico de sus obligaciones contractuales. Sus efectos se prolongarían en el tiempo, condenando a todos a sufrir un ajuste sin atenuantes proyectado hacia varios años por delante. Golpeará a los argentinos, como una herencia macabra de esta década infame.
Sus consecuencias se proyectan en este caso más allá del propio kirchnerismo. Si el Congreso lo aprobara, sus consecuencias serían patéticas. La gravedad alcanzaría un nivel extremo si  concitara el apoyo de legisladores opositores, porque se demostraría ante el mundo que la enfermedad no alcanza sólo a un sector político –y en consecuencia, tendría remedio cuando este sector fuera desplazado-, sino que se ha extendido más allá de sus límites, hasta la propia oposición.
En cualquier sociedad civilizada, el Estado es quien da el ejemplo. Aunque entre nosotros el valor del compromiso estatal hace tiempo que había entrado en un cono permanente de merecidas sospechas y desconfianzas –como lo podrían testimoniar decenas de miles de jubilados con sentencia firme, ignoradas por la ANSES o de los acreedores internos –proveedores y contratistas- con sentencia contra el Estado, demorados sin fin ni justificación en sus cobros-, en la comunidad internacional la palabra de un Estado todavía tiene la presunción de certeza.
 La actitud de evadir las normas y los compromisos empeñados en un contrato formal –que no otra cosa son los títulos de deuda- y hacer alarde de ello demuele esta presunción, colocando al país en una situación más grave que el default involuntario: el de un deudor mendaz, serial y sistemático.
Poca relación tiene la iniciativa con el interés nacional, al que se quiere recurrir para fundamentarla. Hemos repetido varias veces la sentencia de Samuel Johnson: “El patrioterismo es el último argumento de los bribones”. En eso pretende convertir el kirchnerismo a la Nación Argentina. En un Estado Bribón.
La situación del mundo no admite este atajo. Si era inviable desde hace décadas, hoy es sencillamente atentatorio contra las posibilidades de desarrollo del país, de la generación de empleo genuino, de la imbricación virtuosa con el mercado global de bienes, y con la asociación con los actores comerciales, tecnológicos, financieros y de inversión de la economía global. Por no hablar de los más que desvastadores efectos internos.
No es cierto que el país –ningún país, ni siquiera los más desarrollados- esté en condiciones de desarrollarse aisladamente en el actual momento del mundo. Hoy sólo lo ensaya Corea del Norte, chantajeando con el desarrollo nuclear para conseguir limosnas. Hasta Cuba abre su economía y convoca capitales, respetando las reglas. Si fuera cierta la afirmación presidencial, no se explicaría su obsesión para la aprobación del contrato con Chevrón, ni su pretendida asociación con China modificando legislación local, ni su mega-indemnización a Repsol, o su reconocimiento de insólitos intereses punitorios en la renegociación con el Club de París.
Hasta Cristina necesita del mundo, aunque en una inexplicable calesita de giros sin destino un día entregue lo que al día siguiente niegue.
Afortunadamente, hay quienes tienen el patriotismo suficiente para no ceder a la infantil prédica del nacionalismo bribón. Mauricio Macri fue el primero. Ernesto Sanz luego. Cobos y Binner se han pronunciado en forma similar. Son las voces del sentido común, a las que el estancamiento, la pobreza, la inflación galopante, la disolución de la moneda nacional y la creciente desocupación que sobrevendrá por la “gesta” infantil del kirchnerismo no les parece  “nacional y popular” sino profundamente enfrentada a los intereses de los argentinos, de la nación y de su futuro.
Una nueva y peligrosa bufonada. O una infamia, contra el país y contra nuestra gente.

Fuente: Sentaku (blog del autor)

18ago/145

La brutal ensoñación de Kicillof y la presidente

Por Carlos Pagni.

Encandilada por las teoría estatistas de Axel Kicillof, Cristina Kirchner está produciendo una gran innovación: por primera vez desde 2003 la totalidad del empresariado enfrenta una decisión del Gobierno. Mañana, en la sede de la UIA , se reunirá el Grupo de los Seis, del que participan las principales cámaras del país, para oponerse a la sanción de la ley de regulación de las relaciones de producción y consumo.

La novedad se debe a que Kicillof se propuso llevar la intervención del Estado sobre las empresas  a una frontera no alcanzada en estos años. El kirchnerismo se venía conformando con controlar los precios finales de bienes y servicios. La nueva "eey de abastecimiento" pretende regir "todas las etapas del proceso económico". De modo que ahora no hay compañía que no quede sometida a la vigilancia oficial.

Otra peculiaridad: también por primera vez, un funcionario puede obligar a una firma a producir a pérdida una mercancía. La tercera variación es la aplicación de multas que pueden alcanzar el triple de la ganancia irregular de tal o cual empresa, calculada por quien aplica la multa. En consecuencia, los funcionarios pueden disponer la quiebra de una compañía con sólo incrementar su pasivo a través de penalizaciones.

Kicillof propone inaugurar otro régimen económico en el que la iniciativa privada sea sustituida por las decisiones de un burócrata. Su ley es brutal: no define las restricciones o sanciones con parámetros objetivos, sino que las hace depender de la sensatez de los funcionarios. Los subsidios se adjudicarán "cuando sea necesario". Y un empresario puede ser castigado si intermedió "innecesariamente", si vendió o produjo menos "sin causa justificada", si acaparó stock "más de lo necesario" o si obtuvo ganancias "abusivas". Misericordioso, el ministro advirtió que no incluirá sanciones penales. Ni falta que hace: el gobierno ya desenfundó la ley antiterrorista.

Kicillof vive una ensoñación. La presidente colocó a sus pies la gran maquinaria peronista para que él ponga a prueba su tesis más controvertida: la que afirma que la Unión Soviética fracasó por un déficit de software. Para esta concepción, la inflación y la recesión no se deben a un desequilibrio impersonal de las variables económicas, sino a la perversidad constitutiva del mercado. El precio, para Kicillof, no es el resultado de la oferta y la demanda. Es el lugar donde se libra la lucha de clases. Donde el poderoso se apropia de la plusvalía del oprimido. Por lo tanto, es imposible que haya precio justo. Salvo que intervenga el Estado. En este caso, él.

La señora de Kirchner está hipnotizada por estas lucubraciones. Kicillof pone en un pentagrama un tarareo que suena en su cabeza desde los fogones universitarios de La Plata. Ella recibe del ministro argumentos para intuiciones que tiene por seguras antes de cualquier verificación. La idea de que los desarreglos de la economía se corrigen con más planificación estructura una creencia atávica del kirchnerismo: la presunción de que no hay en la vida social dinámica alguna que no pueda ser disciplinada por la voluntad del que manda. Según esta premisa, todo es política. Por eso, donde muchos ven desequilibrios sistémicos, Cristina Kirchner ve un complot.

Ante la adversidad, los seres humanos suelen emprender un repliegue defensivo hacia las convicciones más arcaicas. No debería sorprender, entonces, que las interpretaciones conspirativas de la Presidenta estén alcanzando una dimensión casi galáctica. El jueves, en la Casa Rosada, detalló cómo funciona la confabulación a la que está siendo sometida en estos días. Reconstruyó el rompecabezas, dijo, con el apoyo de la AFIP. El primer motor inmóvil es Mark Brodsky, del fondo Aurelius, que comunicó el final de las negociaciones de los holdouts con los bancos. Brodsky, que según la Presidenta hacía de "policía bueno" en las tratativas con el Gobierno, amenazó: "Lo peor está por venir".

La señora de Kirchner explicó cómo el plan se puso en marcha. La empresa Donnelley and Sons -que ella tradujo "and hermanos"-pidió la quiebra y echó a 400 empleados. La vinculación entre un hecho y otro, para ella, salta a la vista. Paul Singer, el titular del fondo NML, había tenido acciones de Donnelley. Es verdad, Singer no es Brodsky. Además, sólo tuvo el 7% de las acciones. Y en diciembre del año pasado, en vez de ampliar su participación para socavar mejor a la Argentina, las vendió. Pero aquí está la clave: se las vendió a Blackrock. Y Blackrock es un fondo. No "buitre", es verdad. Es un fondo de inversión. Tipo The Old Fund. Uno de los que apostaron a Miguel Galuccio y compraron acciones de YPF. Además, Blackrock se presentó como amicus curiae en Nueva York para defender a la Argentina frente a Singer y Brodsky. Pero son imperfecciones de la teoría, que para la señora de Kirchner corroboran lo del policía bueno y el policía malo. En este caso, serían el mismo policía. Lo relevante es que Blackrock, con el 7% de las acciones, dispuso el cierre de Donnelley "and hermanos" por orden del pirómano Brodksy. Un ataque terrorista cuyo objetivo es evidente: desestabilizar a un gobierno que se va dentro de 500 días.

La Presidenta dejó algunas hebras sueltas en este "entramado mafioso". No mencionó que los "buitres" consiguieron que la justicia norteamericana investigue los movimientos de dinero de Lázaro Báez, su socio patagónico. Es la táctica con la que estas aves de rapiña pretenden disfrazarse de adalides contra la corrupción. Ya lo hicieron cuando litigaron contra Congo, en otro caso de default. Filtraban en The New York Times los gastos de tarjetas de crédito del presidente Denis Christel Sassou-Nguesso y sus hijos, es decir, brothers, en Vuitton, Dior y Gucci.

A las preguntas del juez Cam Ferenbach, de Nevada, seguirían las de otro juez californiano. Singer recurrió a los tribunales de ese estado para revelar el contrato secreto de YPF y Chevron. Tal vez por eso la Presidenta llamó a "que venga todo el capital que tenga que venir a explotar Vaca Muerta antes que otros quieran quedarse con el yacimiento".

Creatividad presidencial

Invitar a invertir en el mismo discurso en el que se presenta una quiebra como un acto terrorista es de una gran creatividad. Porque "los que tienen que venir a explotar Vaca Muerta" corren el riesgo de ser vistos algún día como "los que se quieren quedar con el yacimiento". Más llamativo es que la señora de Kirchner se ufane: "Ya no tenemos superávits gemelos, pero estamos importando combustibles por entre 12.000 y 14.000 millones de dólares".

La afirmación es significativa porque demuestra el fracaso del decreto 1277, con el que Kicillof quiso regular la energía. Es la semilla de la ley de abastecimiento. El descalabro energético está en el centro del problema macroeconómico que Kicillof promete resolver interviniendo empresas. El déficit de hidrocarburos produjo una caída en las reservas monetarias que obliga a reducir importaciones. El miércoles pasado, por orden del Banco Central, una empresa debió repartir en dos días un pago de 600.000 dólares. Por esas horas, Juan Carlos Fábrega dijo a directivos de varias automotrices: "Si el swap de reservas con China no llega a funcionar, dejo el cargo; no quiero soportar otro enero". Los expertos sostienen que el swap no se activará por más de 2000 millones de dólares.

La inflación está garantizada: el gasto público interanual creció en junio 56%. El déficit se cuadruplicó y se financiará con emisión. Quiere decir que el deterioro del salario y del nivel de actividad adquieren una dimensión superior a la capacidad de Brodsky y de Blackrock.

El Gobierno conseguirá su ley de abastecimiento. Pero el malestar determinará el ajedrez electoral. En las compañías anotan las declaraciones de los políticos. Sobre todo una de la Presidenta: "No queremos que los empresarios nos fundan a los argentinos". A "patria o buitres" sigue ahora "empresarios o argentinos".

El G-6 podría pedir definiciones a los candidatos. Un problema para Scioli, Randazzo o Domínguez. Carlos Zanini sabrá esta noche lo que piensan los hombres de negocios. Su amigo Gustavo Cinosi convocó para hoy a varios. La oposición piensa sacar ventaja. En Pro, por ejemplo, planean la captura de Héctor Méndez, el titular de la UIA. Buscan a su Mendiguren.

En el PJ la preocupación se extiende. Kicillof ha tomado el gabinete y aislado a la Presidenta. Lo advierte un habitué a los actos oficiales: "Cuando ella habla de economía lo mira a él buscando aprobación". Como Fábrega, que ve otro enero en el horizonte, muchos gobernadores temen volver a perder las elecciones. Hay señales: el rionegrino Alberto Weretilneck aca de sumarse a Sergio Massa.

Los mercados tienen miedo. Se cansaron de perder por no calcular las jugadas del Gobierno. Se parecen a Nicolino Locche, quien, cuando Abel Laudonio le infligió una derrota, dijo: "El otro peleó tan mal que no pude adivinarle un solo golpe".

Fuente: dierio La Nación.

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14ago/141

¿Qué pasa en Chile?

Por Mauricio Rojas.

Hace no mucho participé en una reunión convocada por Mario Vargas Llosa en Madrid donde el tema de Chile ocupó un lugar central. La pregunta que rondaba en el ambiente era “¿Qué le pasa a Chile?”, y surgía de la incapacidad de comprender cómo el país que durante décadas fue un ejemplo de progreso en América Latina pueda estar hoy planteándose la revisión de las bases mismas de ese progreso. La explicación de algo tan sorprendente no está, sin embargo, en el fracaso del modelo chileno sino, paradojalmente, en su éxito.

Chile ha experimentado un desarrollo extraordinario durante las últimas tres décadas. Su crecimiento económico ha superado largamente los promedios latinoamericanos o de los países desarrollados, multiplicado más de tres veces el ingreso real per cápita de la ciudadanía y provocado una enorme transformación social. Tal como muestra un estudio del Banco Mundial, Chile fue el país que más movilidad social ascendente experimentó en América Latina entre 1992 y 2009. En este lapso, casi dos tercios de la población chilena cambió de clase, pasando de una situación de pobreza a una de vulnerabilidad o de la vulnerabilidad a la clase media. Incluso ser pobre ha cambiado radicalmente durante estas últimas décadas. Los pobres de hoy disponen, en términos reales, de un ingreso que multiplica 2,5 veces el que tenían en 1990.

Todo este cambio socioeconómico ha llevado aparejada una verdadera revolución educativa que ha tenido su expresión más clara en la educación superior, cuyo número de estudiantes aumentó diez veces entre 1980 y 2013. Paralelamente, se ha ampliado de manera extraordinaria el acceso a viviendas mejores, bienes de consumo durables, medios modernos de transporte y comunicación, viajes dentro y fuera del país y otros componentes de un estándar de vida que se acerca a aquel de los países de altos ingresos.

Estos cambios han redimensionado el horizonte de aspiraciones y problemas de los chilenos. Atrás han ido quedando las demandas e inquietudes propias de una sociedad marcada por la pobreza y se han abierto paso las de los nuevos sectores emergentes. Ahora bien, el rápido progreso tiene una característica que fácilmente lo torna insuficiente por más exitoso que sea en el plano objetivo: las expectativas tienden a crecer más rápidamente que la capacidad de satisfacerlas y se genera así un malestar que, a simple vista, no guarda relación con los progresos alcanzados. Este malestar del éxito es lo que Émile Durkheim llamó “crisis felices” (crises heureuses), provocadas por un progreso tan rápido que “exalta los deseos”, haciéndolos “más exigentes, más impacientes”, pero también imposibles de colmar ya que “las ambiciones sobreexcitadas van siempre más allá de los resultados obtenidos, cualesquiera que ellos sean”.

Esta evolución ha cambiado el foco de atención de la sociedad chilena, que pone hoy el acento no ya en los logros sino en las carencias del camino recorrido. Con ello se han hecho visibles las deficiencias de un crecimiento que, efectivamente, dejó mucho que desear en el aspecto cualitativo y que albergó, además, una serie de situaciones de abuso rampante. Ello se debió –especialmente durante los veinte años de gobiernos de izquierda que van de 1990 a 2010– tanto a un sinfín de fallas regulatorias como a una escasa voluntad política de aplicar la normativa vigente. Lo paradojal es que estas fallas del Estado y la regulación, es decir, de la política, terminaron siendo achacadas almodelo en sí, como si una economía abierta de mercado fuese por necesidad sinónimo de negociado, abuso y lucro ilícito.

Otra perspectiva crítica que se instaló fuertemente en el debate público fue la de la desigualdad. Se trata de otra de las paradojas del éxito alcanzado. Atrás quedó el eterno debate sobre cómo derrotar a la pobreza y se pasó a discutir la distribución de los beneficios del progreso. Ahora bien, lo que a las claras nos dice que se trata de un cambio de perspectiva es que los altos niveles de desigualdad de la sociedad chilena son de larga data, sin por ello haber dominado el escenario político como lo han hecho recientemente. Más aun, el protagonismo del tema de la desigualdad coincide con una reducción sostenida de las desigualdades reales. Pero el progreso es así, lo que era tolerable en presencia de necesidades más apremiantes se hace intolerable cuando nuestro horizonte pasa de las carencias absolutas a las relativas y a la comparación con lo que otros tienen.

Es en este contexto que se instala, a partir de 2011, un discurso que cuestiona frontalmente todo lo realizado y llama a la refundación de Chile sobre bases muy distintas a aquellas que tanto progreso le han dado. Este salto a “otro modelo” es lo que hoy se le está proponiendo en Chile. A nombre de reivindicar “lo público” y luchar por una sociedad “más justa”, se propone la instauración de un modelo estatista –el del gran Estado benefactor– que en Europa ha sido abandonado por aquellos países, como Suecia, que más avanzaron en esa dirección. En esta perspectiva, resulta patético ver cómo el gobierno de Michelle Bachelet trata de hacer de soluciones fracasadas y descartadas por sus creadores una panacea para el consumo local.

En todo caso, ya se comienzan a ver, claramente, las consecuencias del accionar del nuevo gobierno: el crecimiento económico prácticamente se ha paralizado, el desempleo aumenta, los inversionistas extranjeros comienzan a elegir otros destinos y el peso se debilita frente al dólar. En lo político, la coalición gobernante se ve remecida por fuertes tensiones entre sus alas más moderadas, representadas por la Democracia Cristiana, y aquellas más extremas, lideradas por el Partido Comunista. Incluso la popularidad de Bachelet, que parecía intocable, se ha resentido notoriamente, para no hablar de la de su gobierno, que cae en picado en las últimas encuestas. A ello se suma un elemento decisivo: las amplias clases medias comienzan a reaccionar ante laspropuestas socializantes del gobierno, en particular la reforma educacional que abiertamente busca la estatalización de la educación chilena.

Así, todo indica que los chilenos están pasando, aceleradamente, del malestar del éxito al miedo al fracaso. Es de esperar, por el bien de Chile, que el mensaje le llegue con claridad a Michelle Bachelet.

Fuente: La Prensa Popular

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9ago/142

Una brutal cruzada dispuesta a exterminar a todo infiel

Por Luisa Corradini.

Los jihadistas del Estado Islámico (EI) lanzaron la mayor persecución religiosa de los últimos 50 años en Medio Oriente. Mientras siguen apoderándose de vastas regiones a ambos lados de la frontera entre Siria e Irak, dejando a su paso terror y devastación, los jihadistas del Estado Islámico (EI) obsesionados con su guerra santa, han lanzado la mayor perscusión religiosa de los últimos 50 años en Medio Oriente.

Cristianos, yazidis, shabaks, turcomanos, chiitas e incluso sunnitas que se niegan a hacer acto de sumisión al autoproclamado califa, Abu Bakr al-Baghdadi, son acosados, despojados, desterrados, torturados o fríamente asesinados. Esa limpieza religiosa de otra era continuó esta semana cuando el EI se apoderó de las ciudades de Karakoch (Bajdida en español), la urbe cristiana más importante de Irak, y Sinjar, ambas en el noroeste de Irak. Sinjar es la cuna de por lo menos 200.000 de los 700.000 yazidis que existen en el mundo, comunidad kurda no musulmana, monoteísta y de orígenes zoroastrianos.

El odio del EI por los yazidis nunca fue un misterio. Una y otra vez la organización ha hecho circular videos en las redes sociales mostrando a miembros de esa minoría detenidos en minúsculas celdas custodiadas por sus carceleros. En sus campañas de propaganda, esos fanáticos islamistas siempre dejaron en claro su intención de ejecutar o esclavizar a los adeptos de esa antiquísima religión, a quienes califican de "adoradores de satanás".
Aterrorizados, muchos yazidis de Sinjar huyeron esta semana hacia los campos de refugiados del Kurdistán iraquí. Otras 30.000 familias se dirigieron hacia las montañas donde, aisladas y rodeadas por los jihadistas, duermen en cuevas, soportan temperaturas de 50° centígrados, y carecen de agua y de alimentos.
Anteanoche, el EI se apoderó de Karakoch sin encontrar resistencia: los peshmergas kurdos que la defendían la habían abandonado. El EI ocupó iglesias, destruyó cruces y manuscritos y provocó un nuevo éxodo de 100.000 personas, en su mayoría cristianos, que deambulan por los caminos sin saber adónde ir.
Sinjar y Karakoch son la prueba más reciente de la brutalidad del Estado Islámico, una organización que viola los más elementales derechos humanos y que, durante los últimos dos meses, no sólo ejecutó en forma sumaria a un sinnúmero de chiitas, mayoritarios en Irak, sino a centenares de sunnitas que -aunque de la misma confesión que el EI- rechazaban su fanatismo religioso.
Ayer, llegaron a París los primeros cristianos iraquíes que recibieron las llamadas "visas de asilo", otorgadas por el gobierno francés. Libradas con cuentagotas, esas autorizaciones "excepcionales" de residencia fueron decididas por el presidente François Hollande después de que los jihadistas tomaron la ciudad de Mosul, donde también vivían miles de cristianos.
Francia también anunció que ayudará a las autoridades de la región kurda de Irak a detener el avance islamista. Mientras tanto, Estados Unidos analiza bombardear posiciones del EI en el norte iraquí (ver aparte).
Como en casos anteriores, el EI emplazó a los cristianos de Mosul a convertirse, abandonar pertenencias y casas, y partir o pagar el impuesto aplicado a cada una de las religiones consideradas "idólatras". Quienes desobedecieran serían ejecutados.
Los cristianos de Irak representan la minoría religiosa más castigada por el fanatismo del EI. Pero todas las comunidades religiosas que conforman el fecundo mosaico de creencias en Irak están amenazadas.
Ése es el caso de los shabaks, un grupo de unos 300.000 miembros que practican un antiguo culto preislámico, emparentado con el chiismo. O de los turcomanos, tercer grupo étnico en importancia en el país y mayoritariamente sunnita. El EI los acusa de perjuros, por mantener una actitud fundamentalmente secular.
Desde que comenzó su siniestra aventura "redentora", el EI ha actuado con total impunidad. Sin que la comunidad internacional reaccione, se ha apoderado de un territorio más grande que Gran Bretaña, de centenares de millones de dólares en armamento fabricado por Estados Unidos, y ha subyugado a cerca de seis millones de personas.
Anoche, tras las decisiones de Francia y Estados Unidos, la situación parecía haber comenzado a cambiar.

Fuente: diario la Nación

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5ago/140

¿Qué es la desproporción?

Por Julio María Sanguinetti.

En un episodio más de la larga batalla que desde 1948 enfrenta Israel para sobrevivir en medio de Estados árabes que aspiran a su desaparición, la franja de Gaza ha vuelto a transformarse en una llama ardiente.

Todo comenzó con el asesinato de tres jóvenes colonos israelíes, seguido luego de otro de un joven palestino. Esos asesinatos encendieron la mecha para que el latente conflicto se estallara nuevamente. Lo que es la endémica agresión con cohetes que parten de Gaza se acentuó e Israel resolvió repelerla, primero por aire y luego por tierra, para desarmar una estructura terrestre, fundamentalmente subterránea, que por debajo de la frontera se había construido para incursionar sorpresivamente en su territorio .

A partir de allí, hemos vuelto a caer en lo habitual. Los medios internacionales destacan las represalias israelíes y se soslayan las agresiones que las provocaron. Se insiste en la idea de la “desproporción” de las réplicas, por el simple hecho de que hay más víctimas del lado palestino que del lado israelí. La sangrienta contabilidad, al día miércoles, establecía 1.300 muertos palestinos contra 59 israelíes. El pecado de estos últimos ha sido no dejarse matar y poseer un sistema de defensa antimisilístico que le ha permitido preservar los puntos neurálgicos del país, como el aeropuerto de Tel Aviv, al que se ha tratado de atacar.

¿La desproporción está en el balance? Es bien sabido que bastaría el cese de la agresión para que desaparezca la réplica. ¿La desproporción es que hay muchos muertos civiles en Gaza? ¿Alguien ignora que se usa la población civil como escudo y que la organización terrorista de Hamas ordena no desalojar los lugares que Israel indica como posibles objetivos?

Hamas sunita como Hezbolla chiita, por caminos diversos, siguen proclamando lo mismo: la destrucción de Israel. ¿Cómo se negocia y se pacta con una teórica contraparte que parte de la base de la desaparición del otro?

Nadie ignora estos hechos. Lo lamentable es que en Occidente hay una tendencia creciente a acusar a Israel e insistir con la construcción de un Estado palestino que nadie niega, pero que no puede edificarse sobre la base de la destrucción del vecino. Es notorio que en 1948 se crearon los dos Estados y que esta interminable guerra es el resultado sangriento de haberse renunciado a ese Estado árabe por no aceptar la existencia de Israel. Desgraciadamente, en los últimos tiempos se ha ido adelantando el reconocimiento del Estado Palestino a cambio de nada, haciendo así ilusoria la necesaria negociación para lograr simplemente el respeto recíproco a la existencia del otro.

Una hipócrita mayoría de Estados, en las Naciones Unidas ha propiciado ese reconocimiento y se alinea hoy fácilmente en contra de Israel, al sumarse intereses coincidentes. Los rivales de EE.UU., los países europeos temerosos de las represalias terroristas en su interior, los países sensibles a la prédica antisemita (hoy tramposamente disfrazada de antisionismo), los ricos Estados y Emiratos árabes aterrorizados por los sectores radicales y luego una suerte de humanismo bobalicón y frívolo que se orienta hacia el más débil, aunque sea el provocador.

Todos ellos hacen como que ignoran que la franja de Gaza es el mejor ejemplo de que las concesiones israelíes no sirven para avanzar en la paz. Originalmente parte del Estado árabe creado por Naciones Unidas en 1947, fue apropiada por Egipto hasta 1967, en que la ocupó Israel luego de la guerra de los Seis Días. En 2005, a raíz de los acuerdos de Oslo, se le reconoció la independencia e Israel se retiró. El mismo Sharon que la había conquistado, asumió la responsabilidad política de devolverla, ¿y que han hecho los palestinos de su independencia? Los terroristas de Hamas han sometido al país a su orientación violenta, se han dedicado a agredir la población israelí con un constante golpeteo de cohetes y —lo peor de lo peor— quienes desean ayudar a Palestina le proveen de armas en vez de inversiones productivas.

¿Porqué no construyen hoteles para dar trabajo y explotar sus playas? ¿Porqué no canalizan inversiones productivas que generen riqueza y empleo?

Los movimientos occidentales que se consideran “progresistas”, se alinean con estos movimientos terroristas de un modo realmente inmoral. Ellos son crueles, creen en la violencia, no respetan la idea ajena, subordinan a sus mujeres a un estado prácticamente animal, profundamente antidemocráticos practican el fanatismo religioso sin el menor espacio a la tolerancia… ¿Cómo pueden considerarse progresistas cuando se suman a lo más reaccionario, lo más retrógrado del mundo contemporáneo? Lo que se juega allí está mucho más allá de Hamas y el propio Israel: es el sistema de valores de nuestra civilización, agredido por los mismos que volaron las Torres Gemelas en Nueva York o la estación de Atocha en Madrid y que ven en el Estado judío apenas la primera muralla defensiva de esa enorme construcción que a lo largo de los siglos hicieron Jerusalem, Atenas y Roma y que se ha llamado históricamente Occidente.

Si duele la violencia, si las fotos del horror sacuden la conciencia, no menos indignante es el cinismo que rodea la situación. La hipocresía de los que claman por la paz y alimentan la violencia, de los que lloran por los niños victimados y nada dicen sobre los que los exponen, de los que se envuelven en banderas de justicia cuando ellos mismos las pisotean… Aquí mismo, en nuestro país, ¿no los vemos golpearse el pecho en nombre de la humanidad y defender al terrorismo más inhumano?

Desgraciadamente, nuestro gobierno se inclina a esa solución y hasta habla de traer en consulta a nuestro Embajador, lo que sería un acto inamistoso para con un Estado amigo, favorable a la organización terrorista y —lo que es casi peor— cínico sobre el conjunto de la situación. El tema reclama serenidad en el juicio. Pero también hablar claro, para que la verdad pueda tener algún espacio y se discuta sobre hechos y no fantasías, sobre razones y no dogmas, sobre historias comprobables y no imaginarios relatos.

 

2ago/144

Un vestido nuevo para un odio antiguo

Por Pilar Rahola.

Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme.
Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “todos ustedes se creen expertos en política internacional, cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada. ¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?”. No. Son juristas, su terreno no es la geopolítica.

Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porque Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina los cerebros del mundo.
Y, porque forma parte de lo políticamente correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra Israel.

Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades.
Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.
La primera pregunta, pues, es porqué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota.
El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas;
no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo.
El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué? Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo, es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat era un héroe, y Sharon un monstruo? En definitiva, ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?
No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo,
Tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del antiisraelismo.
Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno.
Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel.
Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros.

Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mudo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca.

El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el estado judío?
Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico.

Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético. Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad, allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro.
A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de izquierdas, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierdas, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad. Como han hecho siempre. Así, los luchadores contra Pinochet, eran los luchadores de la libertad, pero las víctimas de Castro, son expulsados del paraíso de los héroes, y convertidos en agentes de la CIA, o en fascistas encubiertos. Recuerdo perfectamente como, de joven, en la Universidad combativa de la España de Franco, leer a Solzhenitsyn era un anatema… Y así, el hombre que alzaba el grito desde el agujero negro del Gulag estalinista, no podía ser leído por los luchadores antifranquistas, porqué ni existían las dictaduras de izquierdas, ni las victimas que las combatían. Esa traición histórica a la libertad, se reproduce en el momento actual, con precisión matemática. También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra el Tsahal, pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los israelíes.

Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres. Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel.
Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: “¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas?¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿por qué la izquierda, solo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, y las que han sufrido atentados más sangrantes, Estados Unidos e Israel?”… Porqué la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas.
Ya no defiende derechos, sino prejuicios.
Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso.

Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización. La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad.
Derrota del periodismo. Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado.
Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos.
Los periodistas actuales no necesitan mapas, porqué tienen Google Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food.
Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido.
Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda. Cualquier mass media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confudamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: "nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo". O también en otra, más cínica de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”. Derrota del pensamiento crítico. A todo ello, cabe sumar el relativismo ético que define el momento actual, y que se basa, no en la negación de los valores de la civilización, sino en su banalización.

¿Qué es la modernidad?
Personalmente lo explico con este pequeño relato: si me perdiera en una isla desierta, y quisiera volver a fundar una sociedad democrática, solo necesitaría tres libros: las Tablas de la Ley, que establecieron el primer código de la modernidad. “El no matarás, no robarás,…” fundó la civilizacion moderna. El código penal romano. Y la Carta de Derechos Humanos. Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quien sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quien se aplican, y por ello no preocupan millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa

. La masa crítica social se ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido substituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueismo. Derrota de la ONU. Y con ella, una rotunda derrota de los organismos internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han convertido en muñecos rotos en manos de déspotas. La ONU solo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, o demagogos peligrosos como en su momento Hugo Chávez, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel. También contra Israel, la ONU vive mejor. Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media… Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam.
Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

En la encrucijada de estas derrotas, se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad. Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los progroms rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico. Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre. Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo. ¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio. Dijo Benjamin Franklin: “donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Este es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad. Gracias.

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31jul/146

La deuda moral de Occidente con Israel

Por Jaime Gutiérrez Góngora.

Son muy pocos los que atan cabos con respecto al panorama mundial actual. La gran mayoría, inclusive prominentes dirigentes políticos, no logran descifrar qué tiene en común lo que sucede en Mali, Somalia, Indonesia, Pakistán, Irán y la misma Europa en relación con su propia seguridad nacional y personal.
Islam y cristianismo. En 1996, Samuel Huntington publicó su afamado libro El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, en el cual el profesor de historia de Harvard ató cabos. Dijo: “El conflicto del siglo XX entre la democracia liberal y el marxismo-leninismo no es más que un efímero y superficial fenómeno histórico, en comparación con la relación profundamente conflictiva y sostenida entre el islam y el cristianismo”.
Huntington agregó que la juventud árabe y musulmana era la tropa de choque de un nuevo radicalismo que se estaba extendiendo desde las fronteras del mundo islámico a otras sociedades no musulmanas. “En lugar de occidentalizar sus sociedades”, opinó, “las tierras islámicas han desarrollado un consenso a favor de islamizar el modernismo”. O sea, terminar con la sociedad occidental. Y en eso están los fundamentalistas.
Muchos intelectuales en Occidente creen que el islam es meramente una religión. Desde luego que es una de las grandes religiones del mundo. Pero, en su esencia, el islam es una ideología política.
Hizbut Tahrir es un enigmático movimiento global islamista más peligroso que los grupos abiertamente terroristas. Este movimiento está activo en 45 naciones y lucha activamente por aglutinar a todos los países musulmanes. Es un creciente bloque global fundamentado en la sharia y gobernado por un califato mundial.
Ya se ha dado un espectacular primer paso en esa dirección. Durante la guerra civil en Siria se constituyó la organización belicista llamada “Estado Islámico de Irak y el Levante”. Su actual líder, Bakr al-Baghdadi, declaró, en el 2014, su soberanía sobre Irak y Siria, autoproclamándose “califa ibrahim del Estado islámico”.
Estos rebeldes yihadistas lanzaron una ofensiva fulgurante en Irak el pasado 9 de junio, ya se han apoderado de amplias zonas de su territorio y, en estos momentos, avanzan hacia la capital, Bagdad. El califato prometido, e ignorado por Occidente, está en proceso de consolidación.
Islamización de Occidente. La islamización de Occidente está adelantada. Habrá una mayoría musulmana en Europa para finales de este siglo. El Centro para la Cohesión Social en Gran Bretaña reportó que una tercera parte de los estudiantes musulmanes británicos están a favor de un califato mundial. Podemos estar en las últimas etapas de la islamización de Europa.
Sin embargo, Israel es el que está obstaculizando el proyecto de la embestida islámica. Esta amenaza ha encontrado al resto de Occidente, a la “comunidad internacional” y a la ONU en crisis: en el caos de un relativismo moral y un nihilismo filosófico que ha debilitado su fibra espiritual por su adicción a los placeres materiales y su negación del deber biológico de la defensa. Cómodamente dejan en manos de Israel y Estados Unidos la defensa de la civilización judeocristiana.
Actualmente, Israel está siendo agredido por la organización terrorista Hamás, que controla Gaza, y ya sus cohetes alcanzan las principales ciudades de Israel. Sin embargo, esta guerra no es solamente contra Israel. Se trata de una guerra contra Occidente, con una particularidad: el fin de Israel significaría que el islam fundamentalista habría ganado la batalla final para lograr el control del mundo, como vaticinó Huntington. Si puede conquistar Israel, puede conquistarlo todo.
Primera línea de defensa. Al mundo occidental lo une con Israel la lucha por resguardar nuestras libertades comunes. Todos en Occidente tenemos la obligación moral de ser sus custodios. Israel es la primera línea de defensa de Occidente. Gracias a Dios, no es víctima de relativismos morales. Cuando es agredido, se defiende. No tiene que pedir perdón. Sabe que la defensa no es un derecho que le otorga un burócrata de Naciones Unidas, sino un deber biológico en defensa de su pueblo y de la civilización judeocristiana.
Israel también merece nuestro apoyo porque es el país de los judíos después de 2.000 años de exilio. Yo no necesito otra razón. Pero, si alguien no lo puede apoyar por este hecho, que lo apoyen entonces porque es el baluarte de nuestras libertades en la lucha contra la opresión islámica. Apóyenlo, porque está dando la batalla por la supervivencia de la civilización occidental. Está recibiendo los golpes que van dirigidos a todos nosotros.
Esa es la enorme deuda moral que tiene la civilización occidental con Israel.

Fuente: diario La Nación

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24jul/1414

Acerca de buitres y otras aves carroñeras

Por Prudencio Bustos Argañarás.

Juguemos un poco con la imaginación. Suponga usted que yo emito pagarés por 100 pesos cada uno y tiempo después declaro públicamente que no cumpliré ese compromiso. En procura de deshacerse de ellos, los tenedores los venden muy por debajo del valor consignado y usted decide comprar algunos a 25 pesos, advirtiendo que poseo bienes y que con el tiempo puede llegar a cobrarme. Un buen negocio, si es que resulta bien, pero con una alta tasa de riesgo.

Varios años más tarde, usted me demanda y, al cabo de un tiempo, obtiene una sentencia firme que me obliga a pagarle los documentos al valor por el que los suscribí, más los intereses. ¿Tengo yo derecho a insultarlo por ello, llamándolo “buitre”, “pirata financiero” u otras lindezas por el estilo? Y aunque fuera usted un delincuente perverso, ¿qué tiene ello que ver con su derecho bien ganado de hacerme cumplir el compromiso asumido?

Los abogados conocen bien la llamada “doctrina de los actos propios”, universalmente aceptada y fundada en aquel principio del Derecho Romano que dice “venire contra factum proprium non valet” (nadie puede ir válidamente contra sus propios actos).

Nuestro Código Civil la consagra en su artículo 1.198, cuando dispone que “los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe y de acuerdo 
con lo que verosímilmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsión”.

La Nación Argentina es una sola, más allá de quién la gobierne. Y por ello es responsable ante los demás de los compromisos asumidos por sus autoridades actuales y pasadas, por lo que no puede invocar ante terceros las presuntas inconductas de estas, que en todo caso deberán resolverse internamente.

Imaginemos que una empresa pretendiera no pagar las deudas contraídas por un directorio anterior, con la excusa de que este no defendió de manera adecuada sus intereses.

Además, al realizar el canje de deuda en 2005, el kirchnerismo aceptó incluir en el acuerdo una cláusula por la cual las situaciones litigiosas que devinieren serían resueltas ante los tribunales de Nueva York, sabiendo que la Justicia norteamericana es severa en la exigencia del cumplimiento de los compromisos contractuales.

Aceptó además la llamada cláusula Rufo (Right Upon Future Offers; en español: derecho sobre ofertas futuras), que permite a los acreedores que entraron al canje obtener los mismos beneficios que se otorgaren, posteriormente, a quienes se negaron a hacerlo. En una palabra, este mismo Gobierno asumió de buen grado los compromisos que hoy cuestiona, olvidando que nadie puede invocar en su defensa su propia torpeza.

Por otra parte, atacar al juez de la causa, que no hizo sino aplicar la ley –y que nos ha dado incluso la oportunidad de negociar el cumplimiento de su fallo con nuestros acreedores para evitar el default–, no es una actitud correcta ni parece ser la estrategia más apropiada. Está en consonancia con aquella bajeza de mal pagador que, en vez de honrar sus deudas, insulta al acreedor que se las reclama.

Como dijera en este mismo diario Edgardo Moreno, si esos fondos son buitres tendremos que admitir que los bonos que emitimos y que ellos compraron eran carroña. A lo que añado que si aquella calificación se debe a haber obtenido un fallo que les permite tener 14 años después la posibilidad de cobrar su valor nominal con un alto beneficio, se debe a que los compraron a un precio bajo a causa de nuestra proclamada y celebrada decisión de no pagarlos.

Y si a ellos los llamamos “buitres”, ¿cómo deberíamos llamar entonces a un matrimonio que desde el poder incrementó su fortuna por encima del mil por ciento en menos tiempo? ¿Y a un presidente que en un acto fundadamente sospechado de delictivo adquirió terrenos fiscales en El Calafate a precio vil (7,5 pesos el metro, cuando se vendía hasta en 120 pesos) y más tarde vendió a Cencosud en 2.400.000 dólares los 20 mil metros que había comprado a 43 mil dólares, con lo que obtuvo un beneficio del cuatro mil por ciento?

Honrar las deudas es la única conducta aceptable para un país que pretende ser serio. Insultar al acreedor y al juez, profiriendo exabruptos patrioteros envueltos en la bandera, es un recurso de baja calaña que sólo sirve para profundizar el descrédito internacional en que han sumido a la Argentina, y su creciente aislamiento del mundo civilizado.

Tampoco resulta aceptable que, bajo el pretexto de defender los intereses de la Nación, se pasen por alto disposiciones constitucionales y se vulnere el principio republicano de la división de poderes.

Como lo recordé en un escrito anterior, el artículo 75 de nuestra Carta Magna –que establece las atribuciones del Congreso– incluye en su inciso 7 la función de “arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación”.

La norma es lo suficientemente clara como para no dejar lugar a dudas de que el único órgano del Estado autorizado a arreglar la deuda de la Nación es el Congreso, por lo que la intervención del ministro de Economía en las negociaciones con el juez Griesa –como en los acuerdos que se firmaron con el Club de París– es claramente inconstitucional. La frutilla del postre: un agravio más a nuestra degradada calidad institucional.

Fuente: La Voz del Interior

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16jul/143

La sentencia de Griesa que destapó el vínculo de la logia P2 con Perón

Por Carlos A. Manfroni.

Michele Sindona, que llevó a la quiebra al Franklin National Bank, integraba el grupo masónico de Licio Gelli, fuertemente vinculado a la Argentina.

Todos hablan de Thomas Griesa, el juez federal de Nueva York que dispuso que la Argentina debe pagar la totalidad de la deuda que mantiene con los fondos buitre. Casi nadie recuerda, sin embargo, que este magistrado, nacido en 1930 y designado en su cargo en 1972 a propuesta del presidente Richard Nixon (¡eso sí que es estabilidad!), ya había intervenido en otro caso de resonancia internacional que provocó un escándalo en Italia y, más tarde, en la Argentina.

En junio de 1980, Griesa impuso a Michele Sindona una pena de 25 años de prisión, una vez que el jurado lo encontró culpable de 65 cargos vinculados con la quiebra fraudulenta del Franklin National Bank, de Nueva York.

La quiebra del Franklin fue considerada la más grande en la historia de los Estados Unidos, ya que ese banco era el número 20 por su tamaño. Sindona había tomado el control de la institución gracias a una transferencia ilegítima de 40 millones de dólares que había recibido desde Italia, su país de origen, donde manejaba otras importantes entidades financieras.

La pena impuesta por Griesa fue la más dura conocida hasta ese momento para un delito “de cuello blanco”, y el juez declaró que había tomado en cuenta, para fijarla, la muy alta posición que Sindona había alcanzado en la comunidad de negocios internacional y la utilización de su influencia para propósitos delictivos. Pero el asunto no terminó ahí. Mientras el juicio se tramitaba en Nueva York, Sindona, que ocupaba un departamento en el hotel Pierre –cinco estrellas en la 5ª Avenida–, desapareció por dos meses y regresó denunciando que había sido secuestrado.

Los fiscales probaron ante Griesa, por medio de impresiones dactilares y otras evidencias, que no sólo el secuestro era una mentira, sino que Sindona había viajado a Europa con nombre simulado. El banquero, después de algunas escalas en Austria y en Grecia, se alojó en la casa de dos famosos integrantes de la mafia siciliana, a la que Sindona también pertenecía, y eludió así los controles de Estados Unidos y de Italia. Fue durante ese juicio cuando Thomas Griesa escuchó –quizá por primera vez– el nombre de Licio Gelli, una de las personas que habían ayudado a Sindona a ocultarse durante su breve fuga.

Tiempo después, trascendió que Sindona pertenecía a una poderosa logia italiana denominada Propaganda Due, también conocida como P2, que había conseguido captar, como miembros, a varios ministros e, incluso, primeros ministros de Italia, 43 legisladores del Parlamento, 54 funcionarios civiles de alta jerarquía, 183 oficiales de alto rango de las fuerzas armadas –incluyendo treinta generales y ocho almirantes–, 19 jueces, abogados, periodistas y jefes de los diversos servicios de inteligencia. La lista de la logia, con casi mil nombres, incluía al coronel Antonio Viezzer, jefe de la Secretaría de los Servicios Secretos de Inteligencia de Italia, también acusado por su complicidad en la fuga de Michele Sindona –junto con Licio Gelli– y por el asesinato del periodista Mino Pecorelli, quien poco antes de su muerte estaba por revelar asuntos de resonante importancia. Esa nómina había sido encontrada durante un allanamiento en la mansión de Gelli, considerado el jefe máximo de Propaganda Due.

Gelli, un ex militante fascista, había sido funcionario en el primer gobierno de Juan Domingo Perón, cuyo retorno había gestado, y viajó con el líder justicialista en el famoso vuelo de regreso de Alitalia. Después de eso, fue condecorado por el propio Perón con la Orden del Libertador y designado agregado económico de la embajada argentina en Roma, un puesto que mantuvo aun tras el golpe de 1976.

Si esto último parece increíble, podemos agregar que la publicación de la lista de Propaganda Due, en 1981, incluía los nombres de varios argentinos, entre ellos, el almirante Emilio Eduardo Massera –que luego del golpe controló la Cancillería–, el general Carlos Guillermo Suárez Mason, José López Rega y el presidente de la Cámara de Diputados durante el gobierno de Isabel, Raúl Lastiri.

Estos son algunos de los que se conocen. El propio Gelli declaró en una oportunidad que su logia tenía 2.400 miembros, y fuentes muy autorizadas han dicho, también, que el verdadero jefe de P2 era Giulio Andreotti, ex primer ministro de Italia y uno de los que más protegieron a Sindona en su propio país.

En realidad, la P2 era un triángulo trazado entre Italia, la Argentina y Libia, como cabeza por entonces del terrorismo islámico, al que Kadafi financiaba con los dólares procedentes del exorbitante precio que el petróleo había alcanzado en esos años.

Los negocios entre esos países estaban enfocados hacia el petróleo, el tráfico de armas y las finanzas. En Libia convergían Massera, López Rega y los montoneros, que entrenaron allí para su contraofensiva de 1979, bajo el visto bueno de Kadafi, algo que difícilmente hubiera sido posible sin la complacencia de Massera, quien mantenía buenas relaciones con el líder libio. Y se movían en Italia con absoluta impunidad, con armas, explosivos y pasaportes falsos.

Michele Sindona no llegó a cumplir la pena impuesta por el juez Griesa. A los tres años de su encarcelamiento, fue envenenado en su celda. Su sucesor en los negocios financieros en Italia, Roberto Calvi, apareció en 1982 colgado de un puente en Londres.

Sería bueno que los negociadores argentinos que intentarán conversar en los próximos días con Thomas Griesa tomaran en cuenta que este hombre no empezó su carrera judicial con los bonos de Argentina; tampoco parece guiarse por meras apariencias ni inquietarse por ideologías o palabras altisonantes. Ha visto demasiado.

Fuente: Perfil.com. El Observador

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