A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

14Feb/172

UNA LECCIÓN DE FASCISMO EXPLÍCITO

Por Raúl Faure

En la página 6 de la edición del pasado 9 de este mes de La Voz del Interior puede leerse una importante nota del periodista Luis Kempa, quien trascribe en ella declaraciones del Sr. Daniele, secretario del sindicato municipal SUOEM. Y la ilustra con una composición fotográfica de antología: su autor “instaló” al mencionado Sr. Daniele sentado sobre el techo del edificio que es sede de la administración municipal y símbolo del gobierno civil.

Esa imagen fotográfica reproduce una impresión generalizada desde hace tres décadas, sencillamente, que la antigua y altiva ciudad de Córdoba ha sido convertida en una colonia domesticada por el Sr. Daniele y su gremio.

Son ellos quienes deciden la oportunidad y el alcance de los servicios que presta la municipalidad, quienes usurpan los espacios públicos, quienes utilizan la violencia, la agresión, la intimidación y hasta el sabotaje para imponer sus reclamos. Y quienes mediante la impune utilización se esos medios ilegales obligan a miles y miles de honrados y eficientes empleados a comportarse como un rebaño. No ignoraba que el Sr. Daniele es licenciado de profesión, según comentarios, licenciado en Economía y que ingresó como empleado superior a la municipalidad allá por 1977. Pero lo que ignoraba, hasta que leí la nota del periodista Kempa es que también es sociólogo de primer nivel. Utilizando solo un puñado de palabras describió la naturaleza corporativa y anti- social de su sindicato al explicar que actúa como una secta que pone por “encima de los derechos de los ciudadanos”, los que denomina “nuestros derechos”.

Y para que no guardemos dudas sobre sus aviesas intenciones agrega que a su secta, ese comportamiento “no le importa qué consecuencias puede tener sobre la población”.

En una palabra, explicó la raíz fascista del sindicalismo argentino que mantiene una matriz totalitaria desde 1945 a la fecha y que, con desprecio por la ley y la paz social, mantiene atemorizada a la población.

Se admitió, pues, que los procedimientos y objetivos del sindicato municipal violan lo dispuesto por el artículo 10 del Código Civil- “…la ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos…” y por el inciso 12 del artículo 38 de la Constitución local, reproducido en el articulo 12 inciso 10 de la Carta Orgánica Municipal que, como se sabe, imponen a “toda persona” la obligación de “actuar solidariamente”.

El Sr Daniele reconoce que su corporación sindical, como todos los gremios de los empleados del sector público (y muchos empresarios que utilizan iguales o parecidos métodos)  anteponen sus intereses sobre los del resto del país, transformando en una expresión retórica las bases programáticas de la Nación, contenidas en el preámbulo de la Carta Magna “… consolidar la paz interior, proveer de la defensa común, promover el bienestar general…” .

El corporativismo sindical se sostiene porque goza de un privilegio anti- republicano e inconstitucional, la “personería gremial”, que se utiliza como “patente de corso” para intimidar, amenazar y extorsionar a un Estado débil, en todos sus niveles, incapaz de hacer cumplir el precepto contenido en el artículo 14 bis de la Constitución que acuerda a cualquier asociación libre y democrática el derecho de representar a los trabajadores mediante ·” una simple inscripción en un registro especial”.

Los “propietarios” del privilegio de contar con “personería gremial” son dirigentes elegidos a perpetuidad en gremios herméticos que no permiten la representación de grupos que sostienen criterios antagónicos. De modo que no debe sorprender que haya dirigentes que hace cinco décadas que gobiernan sus gremios como monarcas y otros que puedan presentarse a una decima segunda re-elección.

Las monarquías sindicales declaman que defienden “los derechos” de los afiliados y amenazan con extorsiones si esos “derechos” no son satisfechos. Son seudos derechos, verdaderas canonjías anti- republicanas que se arrancan a gobiernos que en la mayoría de los casos ceden para evitar que se altere la paz social y se dañen los bienes públicos.

El sindicato de los empleados municipales, como en general todos los que representan a empleados públicos o de empresas del Estado, están habituados a imponer el “estado de sitio” en la ciudad y, de ese modo, la población no puede ejercer los derechos que garantiza la ley. Lo hizo ciento de veces y lo seguirá haciendo, en tanto el Ministerio Público y la Policía entiendan que no deben intervenir y los poderes del Estado omitan cumplir con su obligación primera que es la de asegurar “el interés general”.

Ciertamente, son muchos y antiguos los factores que han contribuido a la descomposición y atraso del país. El sindicalismo fascista es uno de esos factores. Si no el principal.

Fuente: Gentileza del autor

Archivado en: Actualidad 2 Comentarios
12Feb/171

La historia que nadie quiere volver a oír

Por Jorge Fernández Díaz

"Desde octubre de 1975, bajo el gobierno de Isabel Perón, nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente. No tratamos de impedirlo porque al fin y al cabo formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista." La frase pertenece a Firmenich, es una admisión pública de que la conducción de "la juventud maravillosa" prefería los militares de la dictadura a la represión ilegal de su propio partido y también de que hasta entonces los 70 eran leídos principalmente como una monstruosa interna armada entre "compañeros". Se trata de una confesión periodística, y por lo tanto algunos kirchneristas folklóricos podrían aducir que es otra mentira de la prensa hegemónica. Hay un problema: el periodista que entrevistó entonces a Firmenich era Gabriel García Márquez, y consta en la página 106 de su libro Por la libre.

La flagrante falsificación de la historia de aquellos años fue anterior al kirchnerismo, y en esa operación cultural de la negación estuvimos casi todos involucrados. Mi generación anhelaba el enjuiciamiento de los terroristas de Estado que a partir de 1976 habían organizado una cacería repugnante, y fue entonces porosa a la idea de no revolver la prehistoria para no justificar a los represores, cuyo plan sistemático ya está en los anales de la aberración universal. Raúl Alfonsín, con su mira en la gobernabilidad, tampoco quiso ir a fondo con las responsabilidades que le tocaron al peronismo. Cualquier crítica a la guerrilla era galvanizada bajo el insulto de "la teoría de los dos demonios", y así fue como con el correr de los años se instaló una serie de mentiras inconmovibles: Perón nada tuvo que ver con la Triple A ni con la criminal escalada contra la izquierda peronista, y murió perdonando a los que mataron a Rucci; las acciones de su secretario privado, su esposa y sus amanuenses sindicales y políticos fueron independientes, fruto de sus propias iniciativas. Y los setentistas eran pibes tiernos que dieron su vida para cambiar el mundo y además lumbreras de la política nacional.

Durante doce años, los Kirchner no hicieron más que montar una siniestra glorificación de aquella "gesta", mientras impulsaban algo necesario: el castigo judicial a los responsables del Proceso. Hoy la inmensa mayoría de esos jerarcas están condenados y asoma por primera vez la posibilidad de un revisionismo sin miedos ni prohibiciones.

Marcelo Larraquy, un historiador incontaminado de cualquier narrativa de encubrimiento, prepara un libro monumental sobre la violencia política y ya anticipó en Los 70, una historia violenta algunos datos que habían sido cuidadosamente sustraídos de la memoria. No sólo demuestra las demenciales y homicidas faenas de la JP montonera y las ideas calamitosas de una camada que siempre se ha autoproclamado como la más brillante del siglo XX, sino que pone el dedo en la llaga al recordarnos qué hizo Perón cuando se le rebelaron.

La primera reacción ocurrió el 1º de octubre de 1973. Dictado por su propio líder, el Consejo Nacional del PJ elaboró un documento que decía: "El Movimiento Justicialista entra en estado de movilización de todos sus elementos humanos y materiales para enfrentar esta guerra. Debe excluirse de los locales partidarios a todos aquellos que se manifiesten en cualquier modo vinculados al marxismo. En todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha". Quien firmaba el texto era a un mismo tiempo presidente electo y máxima autoridad del órgano partidario.

A partir de su directiva comenzó un impiadoso operativo de "depuración", que consistió en una feroz persecución de los "infiltrados". Perón obligó al justicialismo a entrar en combate y delación, dio luz verde para que el sindicalismo ortodoxo hiciera "tronar el escarmiento" y batallara a sangre y fuego al gremialismo clasista en las fábricas, instruyó a López Rega para que armara un grupo parapolicial dentro del Estado; le dio amplios poderes al comisario Alberto Villar, que llevaría a cabo la represión ilegal, y ascendió a los hombres fundamentales de lo que sería la Triple A. Enseguida sobrevendrían la primera lista de "condenados" a muerte y los atentados con metralleta y explosivos, y una serie de golpes destituyentes a gobernadores legalmente elegidos en las urnas, pero con simpatías por la Tendencia Revolucionaria: Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta y Santa Cruz.

Por televisión, Perón pronuncia en esos días la palabra "aniquilación". Luego dice: "La decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz y el repudio unánime de la ciudadanía harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República".

El mensaje hacia adentro y hacia afuera no podía ser más contundente. Bandas compuestas por policías y delincuentes comunes, pesados de la GGT y las 62 Organizaciones, y dirigentes justicialistas de grueso calibre actuaban bajo las consignas del momento: macartismo, espionaje, purga, guerra, exterminio y aniquilamiento. La crónica de esos sucesos se entrelaza con la carnicería montonera, que vengaba cada muerto con fusilamientos y bombas. Los setentistas, a posteriori, intentaron dos camelos: separar a Perón de la persecución ilegal presentándolo como un hombre enfermo y manipulable, y luego relativizar la inquina que les había tomado. Es que pretendían seguir usufructuando el mito, y verdaderamente lo lograron, a pesar de toda evidencia. Perón tuvo lucidez plena hasta tres días antes de su muerte, expiró odiando con toda su alma a los "estúpidos e imberbes" y dejó como misión borrarlos del mapa. No otra cosa hicieron su viuda y su secretario, que continuaron su política.

Los conceptos públicos de Perón serían luego utilizados y perfeccionados por las Fuerzas Armadas. Montoneros no hizo nada para frenar el golpe; por lo tanto, también fue cómplice de la noche más larga y oscura. El justicialismo cometió crímenes de lesa humanidad, que nadie se atrevió a juzgar: hubo en ese período cerca de mil desaparecidos y más de mil quinientos muertos, y el financiamiento de esa masacre surgió del erario. Casi todos son culpables en esta historia de clisés e infames falacias que nadie quiere volver a escuchar.

Fuente: diario La Nación

8Feb/176

La silla de Galileo

Por Edgardo Moreno

Acaso sintiéndose obligado a ofrecer un contraste a la nueva política que ha ganado la cima del poder global, el papa Francisco adscribió días atrás a la teoría según la cual existen dos clases de populismo: uno malo, cuyo emblema es Donald Trump, y uno bueno, que el jefe de la Iglesia Católica ubica en América latina.

Al primero, lo puso en la misma línea de acechanzas que se podía entrever en la Alemania de 1930 y el surgimiento de Adolf Hitler. Al segundo, lo definió como el “protagonismo de los pueblos”, lo asimiló a la organización autónoma de los movimientos populares y lo contrastó con los cipayos, aquellos que “venden la patria a una potencia extranjera”.

Tal vez sea esta la primera vez que la palabra cipayo es usada en la doctrina papal.

El término es de origen persa. Francisco sólo lo atribuye de manera brumosa a un gran poema nacional que, puede presumirse, sería el Martín Fierro . Aunque en tal caso la cita resulte harto dudosa.La palabra evoca a los soldados de origen nativo reclutados por el Reino Unido para pelear contra su comunidad de origen. Secuaz a sueldo, resume la Real Academia.

Francisco desgranó estas definiciones en un momento crítico de su papado. A cuatro años de su elección, nadie cuestiona su voluntad reformista en la Iglesia Católica, pero son tibios los resultados.

Los cambios prometidos para la pastoral familiar no consiguieron el consenso en dos sínodos consecutivos y el Papa tomó el riesgo de su propia executive 
order al sugerir de puño y letra una actitud distinta, en la exhortación apostólica Amoris laetitia .

Si tenemos en cuenta la milenaria resistencia a los virajes que caracteriza al acorazado vaticano, ese texto, y la drástica modificación de la gestualidad eclesiástica, ya le podrían asegurar a Jorge Bergoglio un lugar entre los grandes transformadores que hicieron de la Iglesia una institución más misericorde.

Al parecer, el Papa lo estima insuficiente. Desde su visita a los refugiados de Lampedusa, pero en especial a partir de su mediación en Cuba y la histórica visita al Capitolio norteamericano, Francisco se cree llamado a aportar una doctrina alternativa al debate político global.

Lo cual, es obvio, forma parte de la idea de magisterio que reivindica la Iglesia.

Menos evidente, en cambio, es que esa doctrina tenga que ser –necesariamente– la misma idea de populismo, con una supuesta variación de izquierda.

Huelga consignar el intenso impacto político que estas definiciones de Bergoglio tienen en Argentina, donde a cada gesto suyo los políticos han resuelto asignarle la magnitud de una tormenta solar. Y se atropellan para reivindicarse referentes del pueblo y señalar al enemigo cipayo, cavando trincheras en nombre de la cultura del encuentro.

Intelectuales de vertientes diversas y aun antagónicas, como Moisés Naim o Chantal Mouffe, entienden que el populismo no es una ideología sino un modo de hacer política, adaptable a diferentes contenidos programáticos y regímenes políticos. Podría ser de derecha, como el de Trump y los líderes del “Brexit”, o de izquierda, como el declamado por Hugo Chávez y Podemos en España.

Otros investigadores, como Loris Zanatta, coinciden en que hay una descripción de rasgos comunes en las construcciones políticas de Fidel Castro o Benito Mussolini. Pero advierten que, cuando el populismo entra en juego, la contradicción de izquierda o derecha cede ante una disputa mayor: la que se presenta entre el autoritarismo y la libertad.

Zanatta no duda en calificar a Bergoglio como un papa populista. El populismo del Papa no tiene nada de original, salvo la proyección global que su cargo le confiere, sostiene. Las últimas declaraciones políticas de Francisco le otorgan la razón.

Incluso sus ásperas declaraciones sobre el cipayismo han venido a avivar las ideas de una política esencialmente antagónica (y algunos agregan: dudosamente evangélica) que los estudios laclausianos le aportaron a la ola populista, ahora en repliegue en Latinoamérica.

Antecedentes

Quienes dicen conocer en detalle la formación teórica de Bergoglio recuerdan que, en los tiempos de auge de la Teología de la Liberación, adscribió a una vertiente cercana, aunque no 
basada directamente en el análisis marxista.

El nombre es arquetipo de la cosa: era la “teología del pueblo”, impulsada por Lucio Gera y Juan Carlos Scannone, entre otros, que utilizaba como insumo los análisis sociológicos y culturales del revisionismo histórico argentino.

El desafío que está asumiendo Bergoglio es postular como alternativa al populismo de Trump la experiencia de movimientos populares que ya accedieron al ejercicio del poder en América latina, con resultados conocidos.

Odebrecht le puso el precio de base a esa experiencia: 3.500 millones de dólares, sólo de multa por sobornos. Con cupo privilegiado para el populismo de Lula da Silva y el del matrimonio Kirchner.

Y el consejo de Diosdado Cabello al Vaticano (que se ocupe antes de sus pederastas que de la crisis en Venezuela) enrostró el fracaso de la Iglesia en su intento de apaciguar al “populismo bueno”.

El domingo próximo se cumplirán 35 años de un hecho clave en la teología latinoamericana: el franciscano Leonardo Boff tomaba la iniciativa de enviar a la Congregación para la Doctrina de la Fe la respuesta a los cuestionamientos a su libro Iglesia, carisma y poder . Comenzaba la etapa más ríspida del proceso canónico que condenó al silencio a Boff. Su inquisidor era Joseph Ratzinger. El mismo que, al ser luego el papa Benedicto XVI, eligió para sí el silencio en el que vive hoy.

Según Boff, en aquel juicio tuvo que absolver posiciones sentado –literalmente– en la silla en la que fue indagado Galileo Galilei.

Pese a aquella derrota, su generación logró, tres décadas después, ubicar a un Papa afín a su teología. Una de sus vertientes es ahora poder real en el Vaticano. ¿Ha resuelto sentar en la silla de Galileo a la débil idea de la democracia liberal, la misma que instauró en la historia la laicidad del Estado y la universalidad de los derechos del hombre?

Fuente: La Voz del Interior

Archivado en: Actualidad 6 Comentarios
7Feb/173

Permiso para criticar el #tetazo

Por Agustín Laje

Prácticamente todas las culturas actuales remiten la sexualidad al plano de la intimidad. El sexo es cosa de quienes lo practican; está vedado (salvo en la pornografía) a la vista de los demás. Así, el espacio público generalmente no ha sido diseñado para soportar en él las prácticas sexuales. Un enfoque sociológico funcionalista tendría mucho que decir en favor de esta normativa para la mantención del orden social, pero no es el objeto de este breve artículo abordar a fondo esta cuestión, sino simplemente reconocerla.

La razón por la cual tengamos la tendencia de ocultar en el espacio común las partes de nuestro cuerpo significativamente sexualizadas, deriva de este anclaje de lo sexual a lo privado. ¿Es esto incompatible con una sociedad libre? No en la medida en que a cada uno, en el ámbito privado y/o en espacios públicos específicamente destinados a tal fin (playas nudistas), se le permita mostrar o no mostrar lo que plazcan.

El caso de las mujeres mostrando sus senos en la Playa de Necochea violó esta normativa cultural y legal. Guste o no, la policía llegó a la zona porque el público playero así lo solicitó; no una vez, sino varias veces. Quien crea que en el espacio común la libertad puede ser plena, o es un ingenuo o es malintencionado. La defensa que los liberales hacen del ámbito privado (y de su ampliación) parte precisamente de este reconocimiento: que sólo en la privacidad un hombre puede gozar de plena libertad, porque el espacio público, en virtud de la convivencia armoniosa, queda siempre regulado.

Trataré de explicar cuál es el problema entonces en un solo párrafo: el feminismo radical, como movimiento político e ideológico que forma parte de una nueva izquierda post-soviética, no vive de la convivencia armoniosa sino del conflicto permanente. Importantes teóricos del post-marxismo, como Ernesto Laclau, han llamado a reconstruir la izquierda ya no “identificando al sujeto de la revolución”, sino sencillamente “construyéndolo”: es decir, generando conflicto allí donde no existía antes, a los efectos de hacer emerger la lucha política. Traducido al caso que comentamos: la resolución armoniosa hubiera sido concurrir a una playa nudista; la resolución conflictiva, funcional al feminismo, fue el escándalo mediático y político que derivó en el famoso #tetazo que le concede a aquél otro minuto de fama más.

El feminismo radical está articulado por el dogma del “machismo”, según el cual todo lo que no sea feminista radical, es entonces “machista”. Así, si a un hombre se le ocurriera mostrar el pene en una playa no nudista, eso sería “machismo” y las fuerzas legales pondrían orden sin que nadie se escandalice. Pero si una mujer muestra los senos en playa no nudista, es una reivindicación femenina que genera la reacción machista de las fuerzas legales, lo que conduce a un #tetazo y a la indignación de los medios hegemónicos que se lamentan por tanto machismo.

Se dirá que el ejemplo es inválido, porque los senos no son genitales (no obstante, podría probarse cambiando “pene” por “ano” y se obtendrían idénticos resultados). Pues aquí hay un error argumentativo: lo que tendemos a tapar no son simplemente los genitales, sino aquellas partes del cuerpo que están altamente sexualizadas. Al respecto, mucho se ha dicho sobre la igualdad del pecho de la mujer respecto del pecho del hombre. Y es que, si efectivamente fueran cosas idénticas, tapar unos y mostrar otros sería un acto de clara injusticia.

Pero anatómica y fisiológicamente, el pecho femenino no tiene nada que ver con el pecho masculino. Los hombres no carecen por completo de pechos, es cierto, pero éstos no son mucho más que un mero apunte o una intención sin completar. El pecho femenino tiene un sinfín de terminaciones nerviosas de la cual carece el masculino: es por eso que, en el plano de la relación sexual, los senos constituyen una zona erógena privilegiada. Tan así es, que el Journal of Sexual Medicine ha mostrado que la estimulación de los pezones femeninos activa una respuesta cerebral en la corteza genital que es capaz de producir un orgasmo en la mujer. No hay en la sexualización del seno puro capricho cultural: hay una realidad natural evidente.

El antropólogo J.A. Jáuregui, en Las reglas del juego: los sexos, entiende que “los pechos de la hembra son un importante mecanismo bionatural de diferenciación”. Dicha diferenciación, y la antedicha sexualización, pueden comprenderse a partir de una simple comparación: ¿Cuáles son los costos sociales y legales de tocar sin consentimiento un pecho femenino, y cuáles son estos costos respecto de uno masculino? El primer caso lo encasillaríamos claramente como acoso sexual; el segundo no pasaría de ser una anécdota. ¿Esto obedece a los oscuros intereses del “patriarcado”? De existir estos intereses, serían diametralmente los opuestos; a lo que obedece, sencillamente, es a la calidad sexual atribuida cultural y biológicamente a cada tipo de pecho que, a la postre, son sustancialmente diferentes.

Pero el pretendido exhibicionismo feminista evidencia sus objetivos políticos si atendemos a otra noticia de este mismo verano: si una chica que gusta del ejercicio físico y que ha logrado conseguir ciertos atributos corporales decide que quiere participar del “concurso de colas Reef”, ya no puede hacerlo porque la famosa marca dio de baja tal certamen como producto del miedo de recibir escraches feministas, tan corrientes y virulentos en nuestros tiempos. “¡Pero eso es cosificación!”, dirán las feministas, como si las mujeres que allí modelan fueran llevadas obligadas, como “cosas”, cuando la verdad es que no sólo van voluntariamente, sino que se preparan específicamente durante mucho tiempo para tal fin. Lo que al feminismo radical disgusta, en verdad, es todo lo que al hombre le gusta: por eso las feministas radicales no dudan en decir que las mujeres participantes de estos concursos de belleza son “esclavas del patriarcado” (¿no las están ellas mismas cosificando, al quitarles toda capacidad de voluntad en sus actos y decisiones, reduciéndolas a pobres infelices que “no saben lo que hacen”?).

Por fin, hoy veremos el famoso #tetazo. Anticipo destrozos y pintadas. Anticipo muchos “muerte al macho”. Anticipo una fuerte campaña pro-aborto y una presencia descomunal de simbología de izquierda. Porque, en última instancia y como ya se dijo, todo esto no es mucho más que el producto de una izquierda que, tras fracasar el paradigma clásico del marxismo, ha reemplazado los conflictos de clase por los “conflictos de género” para poder sobrevivir en un mundo post-Guerra Fría.

Fuente: Prensa republicana

Archivado en: Actualidad 3 Comentarios
6Feb/171

Gobernar no es ser Jefe

Por Ricardo Lafferriere

Gobernar no es para improvisados.

Si esto se nota en los niveles más básicos de la administración –como los municipios-, qué no decir de los estratos más altos, como un país, o el país más rico y poderoso del planeta.

Gobernar es complejo.

Es totalmente diferente a conducir una empresa propia, donde las decisiones del dueño tienen internamente la fuerza de una orden, y donde su voluntad no puede ser contradicha por nadie.

Gobernar requiere, además, una visión amplia, superadora de los límites estrechos de la propia administración y atenta a las reacciones de los demás, tanto de adentro como de afuera.

No en vano las sociedades modernas han diseñado y estructurado complejos sistemas de gestión, resultado de experiencias propias y ajenas, que incluyen reparticiones especializadas, jerarquías normativas, contrapesos y frenos, distribución de competencias, facultades y límites.

Si alguien aspira a desempeñar el trabajo más importante de todos en una sociedad moderna, el de la Jefatura del Estado y del Gobierno –que en nuestros países presidencialistas se confunden en una sola cabeza- debe estar capacitado para abordar esta complejidad con frescura intelectual, mente abierta e inteligencia estratégica.

Voy a hacer el muro y lo pagarán los mexicanos”. Ahí está la promesa. Empantanada. Afortunadamente.

Los productos mexicanos pagarán un arancel adicional del 25 %”. Hasta que le hicieron saber que ese incremento lo pagarán los ciudadanos norteamericanos con incremento de precios. Ídem con China. Por supuesto, la medida está congelada “mientras se estudia su implementación”.

No entrarán musulmanes al país”. Esta prohibición no está admitida por la Constitución y los jueces –cuya misión no es defender al gobierno si no proteger a los ciudadanos- se lo hicieron saber. Afortunadamente.

La OTAN está obsoleta”. No tardó una semana en revertir la afirmación: EEUU sigue tan comprometido con la OTAN como siempre.

Nuestros aliados del Sudeste Asiático (Japón, Corea del Sur, eventualmente Taiwan, paréntesis propio) deberán defenderse solos”. En menos de diez días, el Secretario de Defensa debió desmentir a su presidente en su viaje a la región.

Las reacciones primitivas de un rudimentario comentario de sobremesa, en un bar o pontificando donde nadie se atreva a desmentirlo no alcanzan para gobernar. Pasar del permitido autoritarismo de un Jefe Absoluto de una empresa privada a la gestión normada, limitada y compleja de una sociedad altamente plural e informada requiere un cambio cultural difícilmente lograble en pocos días.

Es lo que estamos viendo. Esto es, tal vez, el mayor peligro de llegar a una función pública de esa magnitud sin absolutamente ninguna experiencia previa de gobierno. El propio ex presidente Reagan, que llegó a la política luego de toda una vida como actor, antes de ser presidente fue ocho años gobernador de California y –valoraciones ideológicas aparte- nadie puede cuestionar su capacidad de gestión.

Similar fenómeno vimos por nuestros pagos, en los que el presidente Macri, formado en la cultura de la empresa, supo entrelazarla con la experiencia de ocho años de Jefe de Gobierno y un paso fugaz por el Congreso así como en la propia gestión deportiva, donde pudo aprender que conducir una sociedad de iguales requiere contemplar las opiniones ajenas, tanto como los límites que deben respetarse fijados por la Constitución y las leyes.

El ejemplo vale como contraejemplo. Trump, teniendo mayoría absoluta en ambas Cámaras, ha debido retroceder en todas sus iniciativas. Cambiemos, con una marcada minoría en el Congreso, ha logrado cambios trascendentes manteniendo el respaldo popular con el que llegó al poder.

En nuestro caso, escuchando a la oposición y madurando las decisiones hasta lograr lo posible. En aquel, ignorando hasta a los propios partidarios y quedando cada vez más solo.

Dos estilos que hablan bien de nuestro sistema político, pero también de que la política no es una tarea para improvisados, aunque sean millonarios. Requiere experiencia, apertura, disposición a acuerdos, concesiones y comprensión de los intereses diversos.

Pero fundamentalmente la conducción política democrática exige la convicción que gobernar no es administrar caprichosamente un bien propio sino gestionar con prudencia la sociedad de todos, en la que cada ciudadano tiene diferentes funciones pero exactamente los mismos derechos que el máximo representante del país, que al fin y al cabo no es más que un mandatario, con sueldo, funciones y  término limitado en su trabajo.

Fuente: Blog del autor

 

Archivado en: Actualidad 1 Comentario
27Ene/173

Recuperar el centro

Por Prudencio Bustos Argañarás

Leo en La Voz del Interior que la Municipalidad planea invertir casi cien millones de pesos para “cambiarle la cara al centro”. Vivo en el casco chico –llamado hoy microcentro, imitando a los porteños– y padezco a diario la brutal degradación de esta área de la ciudad, otrora la mejor y la más cuidada, por lo que la noticia debería causarme alegría. Sin embargo, advierto que la propuesta solo prevé gastos para cambiar los solados y renovar el mobiliario urbano y las luces, pero nada dice de corregir los problemas más graves, cuya solución en muchos casos no requiere gasto, como la ocupación ilegal del espacio público.

La invasión de vendedores callejeros –no ambulantes, sino instalados en la calle, con la complicidad de las autoridades– crece de manera exponencial. Hay áreas del centro absolutamente dominadas por ellos y los comerciantes de la zona, gravemente perjudicados, cuentan los sobornos que reciben los inspectores que deberían controlar y no lo hacen.

La imagen más patética es la manzana jesuítica, que alberga los monumentos históricos más importantes del país, los únicos declarados patrimonio de la humanidad, cuyo entorno deberíamos cuidar con el mayor celo, porque son el legado de nuestros antepasados. Allí la calle Caseros está ocupada por una toldería en la que presuntamente se vende artesanía, que va de Vélez Sársfield a Obispo Trejo, y sobre esta hay una ininterrumpida fila de trapos en el piso en los que se exhibe todo tipo de mercancías. Un olor nauseabundo de desagües cloacales impregna el ambiente, añadiendo una nota repugnante. Cuando la Unesco levante la declaración advertiremos la gravedad del caso y será tarde.

Dos cuadras más allá, sobre la misma Trejo, un grupo de militares de uniforme se apropia del espacio entre la iglesia de Santa Catalina y la plaza del Fundador, desplegando enormes carteles y banderas que reivindican la soberanía de Malvinas y acusan a Inglaterra de fascista. Ese mismo espacio suele ser ocupado por diversos grupos, algunos de los cuales promueven un “alto embrollo”. Y en la plaza San Martín –la plaza fundacional–, sobre calle Rosario de Santa Fe y frente al llamado Oratorio del obispo Mercadillo, en una larga fila de roperos rodantes se venden prendas de vestir. Pocas son las esquinas en que no hay carritos con fruta, verdura, salame, queso, miel y otras viandas.

La música procedente de discotecas, gimnasios y ejecutantes callejeros, que debería ser un elemento agradable, se torna en muchos casos insoportable por el volumen. Perros sin dueño, carros a caballo, calles y veredas destrozadas, semáforos que no funcionan, cloacas desbordadas, depósitos de cartoneros en Bv. Illia y Buenos Aires, paredes de edificios, monumentos y estatuas tapados de grafitis y afiches, y un tránsito caótico completan el escenario de espanto a que tanto ha contribuido la actual gestión municipal.

Ni qué hablar de las cotidianas “movilizaciones”, con cortes de tránsito, bombas de estruendo, quema de cubiertas, insultos y groserías amplificadas por megáfonos y la policía cortando las calles para que nadie moleste a los manifestantes. Los derechos constitucionales de los ciudadanos, como el de transitar libremente, ejercer una actividad comercial, o tomar el ómnibus (hoy llamado colectivo) para regresar del trabajo, son permanentemente atropellados por quienes gozan de la mayor impunidad –o complicidad– por parte del gobierno.

De ninguna de estas cosas se habla en el proyecto municipal. Solo se anuncian erogaciones que, lejos de ser imprescindibles, podrían en todo caso financiarse eliminando los chefs y las cocinas gourmet que, pagados con nuestro dinero, halagan el exigente paladar del intendente o la costosa propaganda de sí mismo que hace en los medios, al igual que el gobernador y su señora.

Administrar una ciudad requiere inteligencia, dedicación y coraje para resolver sus problemas, atributos que no parecen abundar en el actual equipo municipal. Mantener el orden y hacer cumplir las leyes, además de una obligación y no una facultad de los gobernantes, es indispensable para recuperar la calidad de vida de quienes la habitamos, de cuyos bolsillos sale el sueldo de los empleados a los que son incapaces de hacer trabajar. Negociar con ellos bajo extorsión, permitiéndoles cogobernar, regalándoles cargos en los entes que se inventan para aludir los controles republicanos y realizar desde allí negociados, consentirles todo tipo de excesos y otorgarles privilegios que pagamos todos para que nos dejen vivir en paz, no es precisamente la manera de hacer de Córdoba la ciudad que nos merecemos o aunque sea la que alguna vez tuvimos.

Fuente: La Voz del Interior

Archivado en: Actualidad 3 Comentarios
24Ene/172

De la caída del muro de Berlín a la construcción de nuevos muros

Por Agustín Etchebarne

El mejor momento de la historia que le tocó vivir a nuestra generación fue a partir de 1989. La caída del muro de Berlín marcó el fin del comunismo en las quince repúblicas soviéticas que conformaban la URSS y en los nueve países sojuzgados bajo el  Pacto de Varsovia. Así surgieron 19 países y otros siete recuperaron su libertad: Alemania Oriental, que se fusionaría con su hermana, Bulgaria, Checoslovaquia, que se partiría en dos, Hungría, Polonia y Rumania.

La libertad se imponía frente a todas las ideologías que intentaron destruirla en el siglo XX. La segunda gran guerra había costado 60 millones de muertos y, en conjunto, el comunismo-socialismo había sembrado el mundo con más 100 millones de cadáveres, ríos de sangre y miseria.

A partir de la posguerra medio planeta empezó  a abrir sus puertas y derribar los muros del proteccionismo. Veintiocho países integraron el Mercado Común Europeo, comerciaron con arancel cero y luego conformaron la Unión Europea. EE.UU. bajó sus aranceles hasta 1,5% en promedio y se integró a México y Canadá en el NAFTA y se firmaron centenares de otros Tratados de Libre Comercio. Países como Chile y los cuatro Tigres asiáticos se integraban al mundo a una velocidad inusitada disfrutando de tasas de crecimiento notables. China se abría a los capitales de EEUU y Europa y empezaba a crecer al 10% anual. Finalmente la India se sumaba a la apertura y entre ambos países aportaban 2.700 millones de personas al comercio mundial. La consecuencia fue un notable crecimiento del mundo,  una rápida reducción de dos tercios de la pobreza mundial en apenas cuarenta años, y aumentó la expectativa de vida y el consumo de calorías per cápita, en todos los continentes.

Con optimismo inconmensurable Francis Fukuyama concluía que habíamos llegado a “El fin de la historia”.

Pero la historia no terminó. Como suele ocurrir de manera inevitable, cuando uno llega a la cúspide empieza a bajar. No fue el fracaso sino el éxito del capitalismo lo que generó la reacción. Las generaciones empobrecidas por las guerras son las que reconstruyeron el mundo. Las generaciones enriquecidas son las que no saben sostener el rumbo. Ortega y Gasset describió este mecanismo psicológico en “La Rebelión de las masas”. En especial en el capítulo que se llama: “La época del señorito satisfecho”, donde el hombre masa es completamente consciente de sus derechos, pero ha olvidado sus obligaciones, y no comprende el coraje, energía, voluntad, optimismo, esfuerzo y perseverancia que tuvieron nuestros abuelos para lograr ese gran salto hacia adelante.

De la abundancia nacen los nuevos derechos que llevan al Estado Benefactor, pero de allí surge la necesidad de cobrar altísimos impuestos, y como nunca son suficientes, se acrecienta el déficit fiscal y el endeudamiento de casi todos los países desarrollados. Pero con alto gasto público y altísimos impuestos, lógicamente la economía crece menos, a veces casi nada, como en Japón o en algunos países Europeos. Los países nórdicos, que muchas veces son tomados como ejemplo, tenían economías pujantes hasta 1970 pero con Estados relativamente pequeños y bajos impuestos. A partir de esa década crece muy rápido el Estado de Bienestar, y el gasto público supera el 50% del PIB, hasta llegar a la crisis de Suecia en 1992 cuando su gasto público había alcanzado el 62% de toda la producción. Gracias a la crisis, Suecia redujo el gasto público y los impuestos, y hoy Francia ha reemplazado a Suecia como el país más socialista, y por eso ya casi no crece.

Cuando Suecia entró en crisis, las ideas triunfantes eran las de libre mercado, por eso la corrección del rumbo se dio en el sentido correcto. En cambio, la sociedad argentina y sus dirigentes hicieron un mal diagnóstico luego la crisis del 2001-2002 y la corrección del rumbo fue en la dirección equivocada.

Hoy la interpretación generalizada en Europa y Estados Unidos es que la mayoría de los males que aquejan a sus economías, son producto de la globalización y la inmigración. Por eso creen entonces que el proteccionismo es la solución. Así, los populismos ya no son solo latinoamericanos.

En su primer día de gestión, Donald Trump suspendió la importación de limones argentinos. Coca Cola paga más caros sus limones, los limoneros de EEUU ganan más plata. Pero en conjunto EEUU es menos eficiente y más pobre. En Argentina San Miguel se ve obligada a vender más barato en otros mercados, gana menos plata y también somos más pobres.

El proteccionismo mata la eficiencia. Si Argentina es proteccionista se perjudican los argentinos. Pero si el líder de la potencia más grande del mundo tiene ideas proteccionistas, el planeta entero corre riesgos.

Deberíamos recordar  la admonición de Federico Bastiat: “Si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los soldados”.  Bastiat lo dijo en el siglo XIX, pero fue fatalmente real en el siglo XX. Por supuesto, que no existen explicaciones monocausales en la complejidad de la historia. Pero está claro que las devaluaciones competitivas y el proteccionismo hicieron caer el comercio entre 50% y 66% en la década de 1930. Y ese fue un factor importante para que se fortalecieran los nacionalismos y en la década siguiente se desatara una guerra mundial en la que murieron 60 millones de personas.

Fuente: Fortunaweb

19Ene/175

Sobre el último articulo de González Fraga

Por Domingo Cavallo.

Hace pocos días, Javier González Fraga escribió en la Nación un artículo titulado "el camino es el gradualismo, con fuertes inversiones". Debe haber sonado a música en los oídos de Durán Barba y de los asesores políticos y económicos a los que Macri escucha, sobre todo por contraste con las advertencias de los economistas que, como yo, sostenemos que el gradualismo (especialmente el gradualismo en materia de ajustes de precios y tarifas de los servicios públicos, de reducción del gasto público y de la eliminación de impuestos distorsivos) es el principal freno a las inversiones. Aún hablando poco en público, todas las opiniones de Carlos Melconian reflejan esta última posición y es probable que éste haya sido el motivo de su reemplazo en el Banco de la Nación.

Cuando leí el artículo de Javier, estuve tentado a escribir un post titulado: ”el gradualismo que pregona González Fraga es el gran inhibidor de inversiones productivas”. Pero decidí no hacerlo para no repetirme respecto de post anteriores. Lo hago ahora porque, a pesar del gran aprecio personal que tengo por Javier González Fraga, me temo que su consejo a Macri tienda a hacerlo equivocar más de lo que ya se ha equivocado.

La tesis de González Fraga es que las políticas de shock, a las que él denomina “atajos”, provoca “logros” que no son sostenibles en el tiempo, ni política ni socialmente. La primera vez que le escuché esta definición creí que era una alusión al shock Duhaldista de 2002, que mediante el artificio de la pesificación forzada de la economía y la virtual expropiación de todos los depósitos en dólares de los ahorristas para financiar el desendeudamiento de los grandes deudores públicos y privados, produjo la mayor devaluación de la historia y la aparición casi milagrosa de los denominados “superávits gemelos”. Me hubiera parecido no sólo realista sino sumamente beneficioso que reconociera la insostenibilidad política y social de esos supuestos “logros” económicos,

Pero esa primera interpretación, que me parecía una suerte de arrepentimiento honesto del fuerte apoyo que le había escuchado brindar al shock duhaldista sólo unos años antes, no era la del autor. Todo lo contrario. Para él, política de shock es la que lleva a la apreciación real de la moneda, fenómeno al que denomina, en todos los casos, “atraso cambiario”. Es importante entender el verdadero significado de “atajo” en el lenguage de González Fraga para entender que si Macri presta atención a su consejo, las inversiones productivas brillarán por su ausencia.

No caben dudas que las políticas populistas, que provocan atraso cambiario, terminan en shocks que, como mínimo, tienen un efecto estanflacionario inicial y en la mayoría de nuestras experiencias anteriores, terminaron en períodos de inflación persistente, más alta que la de las décadas precedentes y, eventualmente, en hiperinflación. Este es sin duda el caso de los shocks que siguieron a la experiencia populista extrema del primer peronismo (1946-49) seguido del ajuste basado en controles y restricciones cambiarias del segundo peronismo y la “revolución libertadora” (1950-1958) y del tercer peronismo (1973-1975) seguido del Rodrigazo.

No es cierto que estos ajustes fueran hechos por gobiernos no peronistas… siempre. Perón se vio obligado a hacer un ajuste bastante severo a partir de 1950 e intentó hacerlo sin una fuerte devaluación, pero las devaluaciones irremediables se produjeron luego de la caída de Perón entre 1955 y 1958. El shock más fuerte se vivió al inicio del gobierno de Frondizi, que había llegado al poder con apoyo de Perón. La estabilización que siguió al shock de 1958, como en el caso de todas las estabilizaciones que procuran recrear condiciones de crecimiento sostenido, fue acompañado con una apreciación real de la moneda, sólo interrumpida por la crisis, más política que económica, de 1962. Fue este proceso exitoso de estabilización y desarrollo el que dió lugar a la década larga de crecimiento que va de 1960 a 1972, años en que la inflación no superó nunca el 30% anual y llegó a bajar hasta el 10% anual y la economía creció a un promedio del 3% anual.

El ajuste que siguió a las políticas populistas del tercer peronismo comenzó con el Rodrigazo que se produjo durante el gobierno peronista y cuyos efectos signaron la trayectoria económica del gobierno militar, el que, por intentar ser gradualista y evitar costos políticos y sociales, a diferencia del gobierno militar de Chile, no llegó nunca a corregir los defectos estructurales de la economía argentina. No se puede llamar ajuste al esquema de reducción de la inflación basado en la tablita cambiaria sostenida con endeudamiento, porque lejos de ser un ajuste, fue una política gradualista en la que el déficit fiscal y un gasto público, que no habían bajado, se financiaron con endeudamiento.

La experiencia posterior al Rodrigazo, desde 1975 hasta 1990 fue la de un largo período estanflacionario, con una economía crecientemente desorganizada, que terminó en la hiperinflación de 1989. Es absolutamente equivocado atribuir a algunos años de supuesto atraso cambiario (78-80 según González Fraga y 86-87 agrego yo, a pesar de que Javier lo omite) la causa de la triste experiencia del período 1975-1990 en que la inflación anual fue siempre superior al 100% y en promedio, el PBI declinó el 1,5% anual. Los problemas de la economía argentina entre 1975 y 1990 no fueron resultado de políticas populistas de los militares o de Alfonsín, sino de la ausencia de los cambios organizacionales que la economía requería y que no se instrumentaron, precisamente porque se quiso hacer “gradualismo” y evitar confrontar con los fuertes poderes corporativos que durante esos años dominaron a la economía Argentina.

El gobierno de Menem, al menos mientras yo fui su Ministro de Economía, fue la antítesis del populismo. La convertibilidad dio total libertad para las operaciones cambiarias a punto tal que se legalizó el uso del Dólar como moneda alternativa al Peso convertible. Fue ese carácter convertible del Peso y la libertad para operar en dólares lo que evitó que la estabilización de la economía produjera atraso cambiario. Con la fuerte entrada de capitales que siguió al lanzamiento de la convertibilidad y a todas las reformas económicas que la acompañaron, incluida una fortísima reducción del gasto público como porcentaje del PBI y la eliminación de casi 20 impuestos fuertemente distorsivos, si no se  hubiera admitido el bi-monetarismo, la conversión obligatoria a pesos de los miles de millones de dólares que venían del exterior o salían de los colchones, hubieran provocado una muy fuerte apreciación del peso y su consecuente atraso cambiario. La convertibilidad con tipo de cambio fijo lo evitó, porque el Banco Central estuvo dispuesto a comprar todos los dólares que se le ofrecieran a 1 peso. De no haberlo hecho, es probable que en lugar de 1 peso, el precio del dólar hubiera bajado a 0.70 o incluso a una cifra menor. Se produjo una fuerte expansión monetaria por acumulación de reservas, pero la inflación no aumentó sino que bajó rápidamente y tendió a desaparecer. La remonetización de la economía y la fuerte entrada de capitales, permitieron un inmediato aumento de la inversión y del consumo, dando lugar a un 10% de crecimiento del PBI en el primer año (1991) y del 34% acumulado entre 1991 y 1994. A esta política no se la puede denominar ni populista ni de atraso cambiario. Todo lo contrario. Fue una política de ajuste expansivo de la economía, basado en la capacidad que tuvo la convertibilidad, acompañada de las reformas económicas que le siguieron, de influir sobre las expectativas y atraer de inmediato un fuerte influjo de inversiones productivas.

Es cierto que en su etapa final el gobierno de Menem, cuando yo ya era su principal crítico, mucho más que los radicales, tuvo un período más populista,  que en realidad acompasó al populismo que nunca dejaron de hacer varios gobiernos provinciales, especialmente el de Duhalde. Fue entre 1997 y 1999 cuando aumentó el gasto público y se dispararon tanto el déficit fiscal de la Nación como el de las provincias. Fue ese el período de fuerte colocación de bonos en los mercados del exterior. El mayor error fue financiar el déficit provincial con endeudamiento con los bancos a tasas flotantes de interés, BADLAR mas 7% anual.

El Gobierno de De la Rúa heredó una situación desequilibrada y un endeudamiento peligroso que se agravó por los shocks externos que afectaron a la economía: devaluación del Real, fortaleza inédita del dólar, depreciación del Euro y precios bajísimos para la soja y demás productos de exportación. Intentó hacer un ajuste inevitable y ordenado, pero los populistas de su propio partido y los que estaban al frente de algunas provincias (tanto peronistas como radicales) lo boicotearon. Tanto a Machinea, como a López Murphy y a mí. Si no se hubiera producido el golpe institucional del 20 al 30 de diciembre de 2001, el ajuste habría estado completado para el mes de febrero del 2002, cuando se podría haber dejado flotar el Peso con déficit cero, fuerte reducción de la factura de intereses y sin vencimientos de deudas en dólares antes de tres años. La devaluación no hubiera superado el 20% y se hubiera evitado el ajuste monstruoso que implementó Duhalde. Sobre lo que este ajuste significó, está siendo muy elocuentemente explicado por  Fernando Iglesias, así que me abstengo de describirlo.

Este ajuste monstruoso era absolutamente innecesario y sólo se entiende como resultado del fortísimo lobby de los endeudados en dólares que quisieron sacarse de encima sus deudas a costa de los ahorros de los depositantes en el sistema bancario. Encontraron que el corralito les daba la excusa y podían echarle la culpa a Cavallo del robo alevoso que estaban cometiendo. Para compensar en algo la dureza del ajuste, congelaron precios y tarifas del sector público y, virtualmente, expropiaron el capital que había sido invertido en los sectores de energía e infraestructura. Por supuesto, fue el freno más fuerte a las inversiones productivas que pueda imaginarse. También introdujeron las retenciones a las exportaciones, supuestamente como medida transitoria para atenuar el efecto de la devaluación extrema sobre los precios, pero que Kirchner mantendría y acentuaría como forma de tener una herramienta para controlar a los gobiernos provinciales.

Las políticas del Kirchnerismo fueron tan o más populistas que las de los gobiernos de Perón y se prolongaron por más tiempo porque gozaron de una bonanza externa inédita. Primero funcionaron con la lógica del “tipo de cambio real alto” que le gusta a González Fraga y a Roberto Lavagna, y cuando la inflación llegó al 20% anual, como ineludiblemente iba a ocurrir a causa del deseo de mantener alto el precio del dólar, avanzaron hacia la inflación dibujada y reprimida con controles de precios, aumento de las retenciones y, finalmente, con controles de cambio. A partir de 2012, sin duda se puede hablar de atraso cambiario, y hay un indicador indiscutible de su magnitud: la brecha entre la cotización en el mercado paralelo y la cotización en el mercado oficial.

Pero mucho peor que el atraso cambiario fue el atraso tarifario que comenzó en 2002  y se mantuvo por 14 años. Fue mucho peor porque dio lugar a una paralización de inversiones productivas y a subsidios que representan un 4% del PBI y el 60% del déficit fiscal. El atraso tarifario es más serio que el atraso cambiario porque, al persistir, obliga a continuar cobrando impuestos distorsivos que constituyen un freno adicional a la inversión y deterioran la competitividad.

El mayor error que cometió Macri en el diseño de su política de estabilización fue el gradualismo en el ajuste tarifario. Tendría que haber sido gradualista en la unificación del mercado cambiario, reemplazando de inmediato el mercado paralelo por un mercado financiero y turístico libre, por el que deberían haberse dejado entrar a las inversiones, para después avanzar gradualmente hacia la unificación. Esto hubiera evitado el fuerte impacto sobre la tasa de inflación del  primer semestre de 2016 que tuvo la devaluación del Peso en el mercado comercial. La eliminación de las retenciones sí tenía que ser de golpe y debía ampliarse de inmediato con la eliminación de los impuestos más distorsivos: impuestos a las transacciones financieras, contribuciones patronales a la seguridad social e ingresos brutos provinciales en las etapas intermedias de producción. Todo esto hubiera sido posible si el gasto público se reducía inmediatamente en un 4% del PBI gracias al reajuste completo de las tarifas.

El efecto inicial sobre la inflación del ajuste tarifario completo no hubiera sido muy diferente al que produjo la inmdiata unificación cambiaria, pero la respuesta de la inversión hubiera sido inmediata. La fuerte inversión, entrando por el mercado financiero, hubiera provocado la apreciación del Peso en ese mercado y en el momento de la reunificación completa, unos pocos meses después, el salto devaluatorio hubiera sido menor al que resultó a largo de todo el año 2016, con la gran ventaja de que después de ese salto la gente podría haber esperado estabilidad cambiaria y de los precios porque ya habría desaparecido del horizonte el fantasma de los ajustes graduales de tarifas de los servicios públicos.

El haber elegido una estrategia gradualista en materia de ajuste de las tarifas públicas, que significó una demora en la contención del gasto público y del déficit fiscal, hizo imposible la eliminación temprana de los impuestos distorsivos. Esta es la causa principal de la ausencia de inversiones. Para colmo, si la estabilización iba a basarse en una política monetaria de altas tasas reales de interés, que sólo influye sobre las expectativas inflacionarias a través de la caída de la demanda y la apreciación insostenible del peso, la recesión puede demorar en revertirse. Otra causa de la demora de las inversiones.

Este error no se hubiera cometido si Macri y sus principales asesores no hubieran subestimado la gravedad de la crisis fiscal y de precios relativos que heredaron y si no hubieran identificado la crisis que enfrentaba su gobierno con la del 2001. No se puede razonar de la misma forma cuando hay que salir de una crisis deflacionaria (como la del 2001) que cuando la crisis a resolver es inflacionaria, fiscal y de precios elativos distorsionados (como la de 2015).

Por eso, me preocupa el consejo que pueda darle Javier González Fraga a Macri, consejo que seguramente no le daba ni le daría Carlos Melconián.

No es que yo crea ahora que Macri debe hacer de golpe el ajuste que debió haber hecho y no hizo al comienzo de su gobierno. Entiendo que la cercanía al proceso electoral y las complicaciones que, aún con pocos e imperfectos ajustes, enfrentó en 2016, lo lleven a no querer hacer grandes olas. Pero me preocupa que puedan no aprovechar el año electoral para que algún equipo trabaje en preparar un buen plan de estabilización y crecimiento para lanzar inmediatamente después de la elección. Pensar que los mercados internos y externos le van a seguir ofreciendo crédito en condiciones aceptables durante 2018 y 2019 es una quimera. Y las inversiones no llegarán hasta que los ajustes imprescindibles se hayan completado o, al menos, los inversores se convenzan que no quedarán como manifestaciones de deseo.

Fuente: blog del autor

5Ene/170

La opinión de Cavallo sobre la renuncia de Prat Gay

Les mando el enlace a un artículo del diario La Tercera, de Santiago de Chile, con una entrevista a Domingo Cavallo sobre la renuncia de Alfonso Prat Gay. Vale la pena

Domingo Cavallo, ex ministro de Economía de Argentina: “Es probable que Prat-Gay haya buscado ser el primus inter pares y eso le debe haber disgustado al presidente”

 

12Dic/161

La patria piquetera

Por Raúl Faure.

Padecimos la patria de Evita (el que entonces no era peronista, no era argentino); la patria montonera (que asesinaba por la espada a soldados, policías, obreros y empresarios); la patria terrorista (que oficializó el crimen político); la patria sindical (de los dirigentes convertidos en monarcas de sus gremios); la patria de la tablita, del uno a uno y del corralito (que demolieron el trabajo y la industria). Y, hace poco, la patria de la corrupción, fundada por extravagantes multimillonarios. ¿Y ahora? Ahora padecemos la “patria piquetera”.

Fanáticos “ambientalistas” que deliran retrotraer la sociedad a la edad preindustrial; organizaciones no gubernamentales que tratan de adueñarse de las funciones que las leyes ponen a cargo del Estado; sindicatos con dirigentes designados a perpetuidad, que se valen de patotas de activistas para intimidar a sus compañeros de trabajo a quienes humillan degradándolos a la condición de rebaño; cooperativistas que se adueñan de recursos públicos en forma fraudulenta, como Tupac Amaru y Sueños Compartidos; improvisados e irresponsables decanos de facultades universitarias artificiales que de prepo impiden deliberar a las autoridades legítimas; sectas de izquierda que recitan los dogmas del estalinismo; patotas de enmascarados organizados por militantes nazis, no poco fieles del catolicismo, y algunos prelados que sacan de los templos las imágenes de sus santos milagrosos para sumarse a las marchas.

Hace poco, también lo hizo Juan Grabois, conductor del Movimiento de Trabajadores Excluidos, quien exhibe credenciales de asesor del Vaticano.

Todos, a pesar de la diversidad de sus creencias, unidos por la metodología inspirada en las fuentes fascistas; esto es, la utilización de la fuerza para domesticar a las autoridades legales.

Por eso, esas organizaciones, sin más argumentos que la fuerza, son las que deciden si la población puede o no utilizar los servicios públicos esenciales. Por lo general, al amparo de la inactividad de los organismos encargados de preservar la paz social.

El Ministerio Público, establecido por la Constitución Provincial para promover acciones en defensa del interés público y los derechos de las personas, impertérrito, por lo general se oculta cuando las agresiones afectan a ciudadanos indefensos.

El piquete es la metodología que utilizan los grupos neofascistas como paso previo para asaltar el poder. Así lo revelan las enseñanzas de la historia.

Cuando en Italia, en 1919, aparecieron las primeras formaciones (los llamados fasci di combattimento ), el periodismo preguntó a uno de sus jefes cuál era su programa y recibió esta respuesta: “El puño es la síntesis de nuestro programa”.

Y Benito Mussolini, ya proclamado duce en 1922, cuando se le pidieron precisiones sobre la relación del fascismo con los demócratas contestó: “¿Acaso los demócratas quieren saberlo? Nuestro programa es muy simple: romperle sus huesos”.

Lisandro de la Torre, en 1937, al tomar conocimiento de la alianza comercial entre las dictaduras de Italia y Alemania y la Rusia Soviética, dijo proféticamente: “El fascismo y el nazismo ajustaron los engranajes de sus dictaduras siguiendo las grandes líneas del modelo soviético”.

Por eso, no puede sorprender que en las marchas piqueteras confraternicen filocomunistas como Martín Sabbatella, Hugo Yasky y Carlos Heller, peronistas como Hebe de Bonafini y el exvicepresidente Amado Boudou, patoteros como Luis D’Elía y Fernando Esteche e impresentables dirigentes del cristinismo. Es que, siguiéndolo a De la Torre, “la adhesión al fascismo importa, en esencia, el desconocimiento a la soberanía del pueblo...”.

Todos estos hechos revelan que se ha formado un frente de tormenta que, cuando se desencadene, provocará graves problemas al gobierno democrático.

Los improvisados jefes de los partidos políticos (o, mejor, lo poco que queda de ellos) parecen no advertir el peligro que acecha a nuestra débil república. Ni siquiera lo denuncian, subestimando las claras y muchas evidencias que demuestran la existencia de un siniestro plan para demolerla.

En el radicalismo, casi en soledad, Eduardo Angeloz sobreponiéndose a su avanzada edad (luego de admitir que fue un gran error impulsar la reforma constitucional que le permitió sucederse a sí mismo como gobernador) retornó a las tribunas para evocar que la misión histórica de la UCR es actuar como centinela insobornable de la Constitución.

Hacía falta que se diera ese paso para agitar la conciencia dormida de muchos de sus correligionarios. Cerrarle el paso al neofascismo es el deber republicano de estos días. Antes que sea tarde.

Fuente: La Voz del Interior

Archivado en: Actualidad 1 Comentario