A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

21feb/150

A no dormirse, ellos todavía quieren ir por todo

Por Roberto Cachanosky.

La semana pasada debatíamos con Pablo Torres Barthe sobre la posibilidad de un autogolpe. Con sólidos argumentos, Pablo explicaba cómo sería operativamente ese autogolpe. No es que necesariamente vaya a ocurrir, pero, considerando los antecedentes de los K, no es descartable la posibilidad.

La cuestión viene a cuento porque todos sabemos que el proyecto que tenía el matrimonio era ir alternándose en las candidaturas a presidente de manera de, en principio, quedarse 20 años en el poder. Por supuesto que la muerte de Néstor Kirchner cerró esta posibilidad y la derrota electoral de CF en 2013 le impidió obtener los 2/3 para poder reformar la Constitución Nacional y así ir por la re reelección indefinida.

¿Por qué buscar ser reelectos indefinidamente? Porque todos los sistemas autoritarios buscan eso. Perón reformó la Constitución para ser reelegido. Hitler quería 1.000 del Tercer Reich, Fidel Castro está en el poder hace 56 años, el chavismo está en el poder hace 16 años y se mantienen a sangre y fuego y los ejemplos de todos los tiempos muestran lo mismo.

 Los gobiernos autoritarios quieren el poder para siempre, como dijo la autoproclamada estalinista Diana Conti: “Querían a Cris for ever”.

Es que los sistemas autoritarios solo pueden sostenerse en el poder violando los derechos individuales. Pero como al mismo tiempo no hay controles republicanos de los actos de gobierno, suelen desatarse importantes casos de corrupción que, si dejan el poder, también serán investigados. Es decir, el gobernante autoritario, por más que llegue por el voto, recordemos que el voto no asegura tener una democracia republicana, luego la destruye en nombre de la justicia social. Inventa enemigos que conspiran continuamente contra el bienestar de la población. Denuncian conspiraciones para derrocarlos a ellos con el único objeto de hacerle creer a la gente que ellos, los autoritarios, son los que van a defender a la gente de los malvados y siniestros grupos concentrados del interior del país apoyados por extrañas cofradías del exterior que quieren hacer que la gente viva en la miseria.

Y cuando el sistema populista colapsa económicamente, denuncian más conspiraciones como la hace este payaso de Maduro que acaba de meter preso a empresarios por “sabotear” la economía. Puesto de otra forma, el autoritario tiende a ponerse cada vez más violento y autoritario en la medida que su modelo económico le hace agua.

El comportamiento de Capitanich rompiendo un diario en una conferencia de prensa porque decía algo que él desmentía y finalmente fue cierto refleja el grado de descontrol que hay en el temperamento del Gobierno.

La gran duda que tenemos todos es si el Gobierno intentará hacer alguna pirueta institucional para tratar de quedarse en el poder o, en su defecto, condicionar a los que vienen.

En rigor sobre esto último ya están intentándolo pero puede ser revertido por el próximo gobierno. La pregunta que todos nos formulamos es si van a entregar tan fácilmente el poder considerando los casos de corrupción pendientes, lavado de dinero y las sospechas que hay sobre la muerte de Nisman.

Es cierto, como dice Pablo Torres Barthe, que podrían autogenerar un conflicto social en la calle para darle pie a CF a declarar el estado de sitio, encarcelar a los opositores (políticos, periodistas, economistas, etc.) e ir a las elecciones condicionando fuertemente a la oposición y a población bajo un régimen de terror.

No obstante, mi gran duda es si existe margen dentro de la sociedad para tolerar ese tipo de agresiones y estrategias. Puesto de otra manera, en su momento de esplendor, cuando Néstor Kirchner y CF tenían altas imágenes positivas, una estrategia de ese tipo era posible. Hoy solo sería posible derramando mucha sangre en la calle. Tendrían que recurrir a los violentos para que rompan cabezas en las manifestaciones que juntan multitudes pacíficas y que la policía deje la zona liberada.

¿Son capaces de hacerlo? Son capaces, pero en ese caso sería tan abierta la instauración de una dictadura que no podría disimularla ante el mundo. Obviamente quedaríamos aislados como lo estamos ahora y  con la gente sumergida en la pobreza. El sistema debería ser cada vez más brutal y autoritario.

En rigor, tanto los montoneros como el ERP era lo que querían imponer en los 70 mediante el terrorismo y las armas. Querían a sangre y fuego imponer un gobierno de terror. Derrotados en el campo militar, advirtieron que era mejor disfrazarse de demócratas para infiltrar la democracia y desde el poder destruirla e instaurar una dictadura como la que pretendían establecer en los 70 pero a sangre y fuego. Lo paradójico es que la situación de todos esos resentidos que hoy ocupan cargos en el poder es tan endeble políticamente que solo recurriendo nuevamente a la violencia podrían retener los resortes del poder.

Cerca del 70% de la gente los rechaza y la realidad es que solo con el apoyo inicial de la gente un autócrata puede lograr la suma del poder público. Luego utiliza el aparato estatal para doblegar al que piensa diferente o quiere ser libre.

La oposición no puede permanecer ajena a este dilema que tiene el kirchnerismo que consiste en dejar el poder y afrontar un tsunami de juicios o tratar de establecer una autocracia rompiendo cabezas opositoras. Debe salir a denunciar que quienes hoy gobiernan están entre la espada y la pared y pueden cometer actos de locura. La gente tiene que estar advertida del riesgo que corre su libertad.

Insisto, el kirchnerismo está en el gran dilema que tantos años de impunidad, corrupción y abuso del poder los deja en una delicada situación frente a la justicia. Y no me vengan con que en Argentina nadie va preso argumentando que Menem zafó.

La realidad es que Menem no había generado la división social, el grado de violencia verbal y física que generó el kirchnerismo y mucho menos el resentimiento que esta gente produjo. El destrato a funcionarios de carrera y a sus mismos seguidores han generado rencores muy grandes que no son comparables con la salida de Menem del poder.

Mi punto es, no hay que relajarse pensando que en octubre pierden las elecciones y se van pacíficamente. Por el contrario, este 2015 va a ser una batalla  a todo o nada que planteará el mismo oficialismo, por la sencilla razón que volver al llano puede significarle una catarata de juicios y condenas comparables a los juicios de Nuremberg.

A no dormirse, ellos todavía quieren ir por todo y es obligación de los dirigentes políticos y la gente plantarse ante la dictadura que, al igual que en los 70, pretende instalar a sangre y fuego.

Fuente: Tribuna de periodistas

15feb/151

El filósofo, el tritura diarios y la dama

Por Carlos Salvador La Rosa.

Existe un debate legítimo en todo el mundo acerca del creciente protagonismo de los medios de comunicación en una sociedad dependiente del conocimiento provisto a través de la tecnología informática.

Dichos medios aparecen como los principales concentradores del saber y la información, lo que les da un inmenso y creciente poder. Lo que ocurre es que sobre ese dato cierto de que estamos viviendo en una sociedad mediática, se pueden sacar distintas conclusiones de acuerdo al lugar donde está ubicado cada uno o según las diferentes ideologías.
Donde la postura crítica frente a la prensa se ha llevado más al extremo es en varios países de América Latina considerados, sin mayor reflexión, como progresistas simplemente porque reivindican ciertas ideologías izquierdistas sobre los medios de comunicación que se desarrollaron principalmente en Europa.

Lo paradójico del caso es que en nuestros países esa crítica a los medios es asumida no por opositores al poder sino por gobiernos de clara vertiente autoritaria, en continua guerra contra la Justicia y la prensa de sus países (como las viejas dictaduras bananeras), que quieren cubrir con una pátina de teoría progre sus reales prácticas de censura, represión e incluso supresión de la prensa crítica e independiente.

Un filósofo nac y pop contra el mundo. El teórico por excelencia, el más osado acerca de estas nuevas teorías de izquierda puestas al servicio de prácticas de derecha es precisamente un argentino, José Pablo Feinmann, quien incluso ha escrito un mamotreto interminable llamado “Filosofía política del poder mediático” donde lleva hasta el delirio su convicción acerca de que los medios dominan el mundo y sólo los gobiernos que los enfrenten hasta las últimas instancias podrán recuperar la libertad de los pueblos.
Basta leer las principales declaraciones de Feinmann sobre esta cuestión para analizar desde dónde habla:

* “El sujeto mediático es el nuevo sujeto absoluto. Esta tesis es de una enorme riqueza. Creo que soy el primero que la postula pero, si no es así, me importa poco”.

* “El sujeto hegeliano hoy se ha encarnado en el inconmensurable propietario de medios de ultraderecha Rupert Murdoch. La News Corporation, el Times, el New York Times, la Fox y otras corporaciones. Ojo: no sería raro que el grupo Clarín fuera un desprendimiento menor del poder de Murdoch y la News Corporation”.

* “En la Argentina se lucha contra el capital, que hoy tiene su expresión fundante en la concentración de medios”.

* “La filosofía occidental de los últimos 45 años se ha equivocado gravemente... El fracaso es terrible y hasta patético... En tanto proponen la muerte del sujeto, el Imperio monta brillantemente al más poderoso sujeto de la filosofía y de la historia humana: el sujeto comunicacional. Y ésta -hace años que sostengo esta tesis que en Europa causa inesperado asombro cuando la desarrollo- es la revolución de nuestro tiempo”.

* “Asombrosamente ningún filósofo importante ha advertido esta revolución. Foucault se pasó la vida analizando el poder. Pero no el comunicacional... Nadie vio -además, y se me antoja imperdonable- al nuevo y monstruoso sujeto que se había consolidado. Superior al sujeto absoluto de Hegel”.
Las citas textuales de este extraño, surrealista y egocentrado pensamiento (de alguna manera hay que llamar a quien se ve superador de Foucault) nos quiere significar lo siguiente, traducido al criollo básico: Hace 45 años que todas las filosofías y filósofos de todo el mundo se vienen equivocando feo porque no se dieron cuenta de que Clarín y algunos otros medios internacionales han sustituido el espíritu absoluto de Hegel y el Capital de Marx en su busca de dominación mundial.

Nadie se dio cuenta salvo Feinmann porque vive en un país donde su presidenta piensa igual que él. Además, cada vez que va a los congresos de filosofía internacionales, todos los filósofos lo miran con admiración y asombro por haber descubierto algo que nadie vio, mientras le dicen: Te felicito, macho, no sé cómo en medio siglo y millones de sesudos estudios, no nos dimos cuenta de lo que vos descubriste en un santiamén con los Kirchner. Gracias hermano.
Está en manos del lector deducir si esta interpretación argentinocéntrica y egocéntrica de Feinmann es un descubrimiento en filosofía al nivel de los de Newton o Einstein en física (porque así él lo postula sin rubor alguno) o si es pura paranoia.

Clalín miente. A favor de la tesis de la paranoia juegan los dos hechos más patéticos de la semana producidos por el poder político: la rotura de dos páginas de Clarín por el jefe de Gabinete Jorge Capitanich y la mundialmente criticada frase de la presidenta argentina donde se burla, en la propia China, de cómo hablan los chinos.
Habiendo tantas páginas donde los medios dan opiniones controversiales e incluso donde se comenten errores, Capitanich no tuvo peor idea que romper dos páginas que ofrecían información concreta e interpretaban verazmente una primicia acerca de un borrador crucial del juez Nisman en su denuncia contra el poder que suscribió el ignominioso pacto con Irán.

De las tantas páginas que podría haber roto para simbolizar su repudio al tratamiento periodístico de las noticias que dan los medios, eligió las únicas dos que era imposible discutir, donde el periodismo cumplía al 100% su labor de informar y analizar.
Nadie se hunde tan bajo porque quiere sino porque sufre de paranoia, de feinmannitis aplicada. Cuando Capitanich creyó, en base a una información errónea que le dieron, que Clarín había sido descubierto ipso facto en una mentira, ansioso, feliz y anhelante se lanzó a denunciar la infamia.

Ahora tenía en sus manos algo más que acusaciones al boleo o meros slogans de cuarta como democracia versus corporaciones. Allí estaba, al fin, la prueba tan buscada; sólo bastaba escenificarla con un par de páginas rotas para que el mundo se diera cuenta. Y efectivamente el mundo se dio cuenta pero de la payasada cometida por el funcionario, porque todo lo dicho en esas páginas era verdad.
No pasaron ni dos días cuando con igual lógica feinmanniana, la presidenta de la Nación caería en la misma trampa de Capitanich. Es que Ella se fue a una de las misiones internacionales más importantes de su gestión con la mira puesta en el caso Nisman y el tratamiento que del mismo hacían los medios “enemigos”.

Por eso cuando se encontró con mil personas, ajenas a su claque, aplaudiéndola en China, en vez de pensar en todo lo bueno que eso significaba para la Argentina y para ella misma, sólo pensó en Clarín, en su odio hacia los medios, en vengarse de ellos.

Entonces, sin medir consecuencias, sin pensarlo, descargó su bronca traducida en clave de un humor pésimo y largó su tuit sobre “la Cámpola” y varias sandeces más.
En defensa de la presidenta, dejamos claro que estamos convencidos de que ella con ese chiste de mal gusto no se quiso burlar de los chinos como interpretaron todos los medios del mundo, sino que lo único que quiso hacer es burlarse de Clarín y los demás medios y periodistas argentinos que la critican.

Fue tan pequeña su mira frente a la grandeza de su misión, que quedó atrapada en su ira, su bronca, su insignificante petulancia frente a los que consideran, como Feinmann, la reencarnación hegeliana del mal. Si esto no es paranoia, no imaginamos qué otra cosa puede ser.

No se trata, como podría pensarse, de que la presidenta haya enloquecido, sino que su concepción conspiracionista frente a los medios la está llevando a perder todo sentido de las proporciones.

Fuente: diario Los Andes

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3feb/151

Del fin de ciclo al desmadre

Por Fernando Iglesias.

Hemos visto a la Presidente derrapar interminablemente en innumerables cadenas nacionales, pero lo de la última excede con mucho el límite de lo aceptable en un país que aún pretende ser una república democrática.

En un monólogo logorreico que no por ser grabado alcanzó un mínimo de racionalidad, la Presidente arrasó con casi todos los fundamentos de una sociedad regida por la ley y el Estado de derecho, sugiriendo líneas de investigación a la Justicia, usando la cadena nacional para defenderse ella misma de la denuncia efectuada por Nisman, afirmando sin pruebas que el fiscal asesinado no había sido el autor de su propia denuncia y que la misma había sido presentada de apuro para aprovechar "la conmoción por los sucesos de París" y acusando a un ciudadano, Lagomarsino, sobre la base de que su hermano trabaja en el área de sistemas informáticos de un estudio jurídico que tiene como uno de sus clientes a Clarín.

Tampoco se privó de hacer insinuaciones sobre la relación entre Nisman y Lagomarsino ("de su íntima confianza, de su íntima amistad, que concurría asiduamente a su departamento según pudimos saber") ni de negar haber afirmado que se trataba de un suicidio cuando pocas horas después de la aparición del cadáver había escrito en su Facebook "¿Qué fue lo que llevó a una persona a tomar la terrible decisión de quitarse la vida?".

Lejos de asumir su papel de jefa de Estado de un Gobierno que con el relato de la reconstrucción del rol del Estado viene aburriendo desde hace once años, Cristina volvió a confirmarnos que es incapaz de hacerse cargo de nada. Su memorable fallido ("No se puede seguir manejando a la República Argentina de esta manera") repite la habitual estrategia peronista de concentrar el poder mientras se alega impotencia y de gritar al complot destituyente cuando se es parte del único partido que los ha llevado a cabo con éxito, en 1989 y 2001.

Lamentablemente para la Señora Kirchner, la realidad es inocultable: era ella la responsable de la seguridad de Nisman y el eslabón en que terminaba la cadena de mando de su custodia; fueron ella y su marido quienes utilizaron por años los servicios de inteligencia para apretar opositores y miembros de la Justicia, Nisman incluido; y fue ella personalmente quien manejó la Secretaría de Inteligencia con la ineptitud que la caracteriza hasta llevarla al actual descontrol. Aún más, debió haber sido ella la que se condoliera con la familia del fiscal y decretado un día de duelo, así como era su obligación ofrecer respuestas y garantías de seguridad y justicia a los ciudadanos, los funcionarios del Poder Judicial, los periodistas y los miembros de la oposición, en vez de insultarnos.

Para no mencionar las tomaduras de pelo presidenciales, según las cuales a Nisman no lo designó Kirchner sino un señor llamado Eduardo Ezequiel Casal; la autofelicitación cristinista por el insólito hecho de que el Estado terrorista de Irán, cuyos funcionarios han escapado de la Justicia argentina por décadas, "estén dispuestos por primera vez a discutir" (a discutir ¿qué?, ¿su propio veredicto?); o su queja sobre que nunca se hicieron tantas denuncias contra un presidente de la Nación como contra ella, como si la abundancia de denuncias no estuviera directamente relacionado con los niveles de corrupción existentes.

Un calificado menú de delirios, bien completado por el fantasioso giro que fue desde "Miren al Norte" a "...un hombre insospechado de cualquier vinculación con el terrorismo por haber sido Jefe del Servicio Secreto de los Estados Unidos"; por la supresión del habitual escritorio para facilitar la visibilización de la silla de ruedas; por la asombrosa suposición de que la Ministra de Seguridad que le estaba informando de la muerte de Nisman podía estar haciéndole una broma a las 0.30 horas ("¿María Cecilia, vos me estás tomando el pelo o me estás hablando en serio?") o la repetición de la tradicional acusación peronista de "traidores a la Patria", usada hasta al hartazgo por el kirchnerismo hasta ahora, que se les volvió en contra.

En cuanto al país, hemos llegado a un punto de inflexión. Resta por ver si cambiamos hacia arriba o aceleramos la caída. La República todavía es posible, pero agoniza. Sin convocatoria de la oposición a movilizarse ni pedido conjunto de juicio político a la Presidente que deje a sus cómplices en evidencia, los médicos no son optimistas. Menos mal que gobiernan los peronistas, únicos capaces de manejar la Argentina según la leyenda que han sabido instalar a pesar de que en estos últimos veinticinco años de gobierno casi ininterrumpido del PJ las cosas se les hayan ido de las manos.

Lo que no deja de sorprender es que después de once años de kirchnerismo y de usar los servicios de inteligencia para apretar e intimidar, quieran dejar antes de irse una SIDE camporista bien armada, con autoridades designadas por los cuatro años que durará el próximo gobierno y transferencia del sistema de escuchas al Ministerio Público Fiscal; es decir: a Gils Carbó. Si hasta tienen el nombre: AFI (Agencia Federal de Investigaciones), porque -como Cristina dijo y todos sabemos- el cambio de nombre de SIDE a SI no modificó nada pero el pasaje de SI a AFI obrará maravillas. Así que no hay que ofuscarse: tenemos Patria. Lo que no tenemos es Justicia, Libertad, República, energía, infraestructura, salud, educación, ni aparato productivo. En la vida hay que elegir.

Del fin de ciclo al desmadre. Otra vez. Con La Cámpora en el rol de Cámpora y Cristina como Isabel. De todas maneras, no es necesario preocuparse ya que en pocos meses nos rescatarán Sergio Massa y los peronistas buenos, o Daniel Scioli y la banda de los kirchneristas dubitativos. Vaya uno a saber.

"A mí no van a extorsionar ni intimidar. Yo no les tengo miedo" dice, mientras tanto, la jefa de Estado. Desde luego, señora Presidente. Los que tenemos miedo somos nosotros.

Fuente: Infobae

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28ene/151

El huracán Cristina devastando la Argentina

Por Federico Tessore.

Le confieso que es la primera vez que me ocurre que una noticia política me impacta tanto emocionalmente. A medida que leía los primeros rumores de la muerte del fiscal Alberto Nisman por Twitter, el pasado domingo por la noche, me estremecía cada vez más. En un momento me sorprendí a mí mismo con los ojos llorosos y la piel de gallina.
¿Cuáles fueron esas emociones que me movilizaron tanto? Aún no lo tengo totalmente claro. Tal vez fueron una mezcla de sensaciones, pero seguro que la tristeza estaba a la cabeza de todas ellas. Es que ver a tu país llegar a tal límite de degradación, de desintegración, mortifica.
Porque la muerte del fiscal Nisman no solo es importante por sí misma, por su cargo y por la importancia de los temas que llevaba adelante. Es mucho más importante como símbolo de un país que no sabe organizarse. Como símbolo de un país derrotado por el descontrol y por la doctrina del “sálvese quien pueda”.
Ésa es la única forma de explicar la desazón que sentimos la gran mayoría de argentinos el lunes pasado. Centrando la importancia en el símbolo que implica la muerte del fiscal, el desconsuelo se vuelve más lógico, más explicable.
La muerte de Nisman es un ejemplo claro y contundente de una forma de organización que fracasó. De una forma de Gobierno, que finalmente, hace evidente para todos los argentinos su peor cara. Una forma de Gobierno centrada en la búsqueda de cada vez más poder y cada vez más dinero.
Una estrategia implementada por un Gobierno invadido por delincuentes, obsecuentes e inútiles que lo único que saben hacer es enfrentar, dividir, encerrarse y robar. Por algunos años, la magia del marketing político puede esconder las consecuencias de un Gobierno sin moral ni principios, pero a la larga, el descontrol termina pasando la factura.
¿Qué paso con la muerte del fiscal Alberto Nisman? ¿Quién lo mató o quién lo “obligó” a matarse? Ya poco importa si fueron los propios miembros del Gobierno, si fueron los servicios de inteligencia locales o extranjeros los que lo mataron. Lo que importa es que estamos ante un Estado infectado, podrido, estamos ante un Estado mafioso.
Un Estado que perdió la poca autoridad moral que le quedaba. Un Estado que solo puede representar a los delincuentes o a los distraídos que todo país siempre tiene.
El Gobierno de Cristina ya se encargó de destruir la economía argentina. Se ocupó -sin prisa pero sin pausa- de derribar cada uno de los sectores de la economía argentina. Aquellos sectores que hoy aún funcionan están apoyados en alguna variable que no se podrá mantener por mucho tiempo más: o en un subsidio, o en un privilegio, o en una protección gubernamental.
Pero ahora Cristina está yendo por más, ella quiere seguir derribando. La Presidenta está terminando su obra desmoronando lo poco que le queda de “república” a nuestro país. ¿Qué quiero decir con “república”? Mire la definición de esta palabra en Wikipedia:
República es un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley y la igualdad ante la ley como la forma de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo.
Luego de leer esta definición, le pregunto: ¿Queda algo de “república” en la Argentina actual? Si a usted le parece que algo queda, ¿cuánto más va a durar eso poco que queda?
Volviendo a la muerte del fiscal Nisman, ¿no era justamente un símbolo de una república que un fiscal pueda denunciar a un Presidente cuando le parece que éste hizo algo contra la ley? Si somos todos iguales ante la ley, inclusive aquéllos que tienen mayor poder, ¿no tendría que ser esto algo normal y corriente en un país civilizado y que se considera una “república”?
Esto que tendría que ser algo corriente. De hecho, no lo es. Luego de la denuncia del fiscal Alberto Nisman, el Gobierno salió a descalificarlo mediante todos los recursos posibles. Una mediática política aliada de Cristina declaró que le “iban a ir con los tapones de punta”. Otro esbirro de la Presidenta inclusive llego a decir que nos “habían advertido” que si se metían con Cristina iba a haber muertos…
El fiscal que se atrevió a denunciar a la autoridad máxima de un país no solo fue agredido por el Gobierno -que teóricamente lo tenía que defender-, sino que, peor aún, terminó muerto. Un Gobierno que tendría que ser el encargado de custodiar a la república, la ataca.
Por eso, la muerte de Nisman es un símbolo tan importante que nos deja sin aire a todos. Porque es un símbolo, aún mucho más claro que se suma a los cientos de incidentes anteriores que desde Inversor Global venimos denunciando desde el año 2011. Es un símbolo de que en la Argentina la república ya no está más vigente.
Y cuando eso ocurre, cuando todos nos damos cuenta de que en un país solo sobrevive el más fuerte, cuando nos damos cuenta de que no solo nadie nos protege contra los ladrones y los violentos, sino que, peor aún, éstos que nos tendrían que proteger nos terminan amenazando, allí es donde la sensación de vacío y peligro nos invade.
Cristina está terminando de destruir nuestro país. Si no hacemos nada antes, es muy probable que la Presidenta termine de destruir los pocos vestigios de civilización que le quedan a la Argentina hoy.
Lo más sano sería que todos los ciudadanos salgamos a la calle y reclamemos la renuncia inmediata de Cristina y sus esbirros. Es cierto, nada nos asegura que el próximo presidente no tenga las mismas “cualidades” que Cristina. Pero vale la pena el intento. O seguimos esperando y presenciamos pasivamente cómo la destrucción se sigue llevando a cabo. O asumimos el protagonismo y reclamamos el adelanto de elecciones ahora mismo.
Cuanto antes tengamos la oportunidad de reconstruir la Argentina, menos doloroso será.
Fuente: Inversor global
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12ene/150

Cristina y el terrorismo: La insoportable levedad del ser

Por Ignacio Fidanza.

La Presidenta intentó imprimirle al principal conflicto geoestratégico la lógica maniquea del kirchnerismo.

Cristina Kirchner no le ahorra casi ningún papelón a su administración, pese a que el ridículo es una de las cosas que más la incomodan. La posición del Gobierno frente a la masacre de París es ya uno de los mayores desaciertos históricos de sus dos mandatos y suma una nueva mancha a la política exterior argentina, que se caracteriza por su incoherencia.

La Presidenta afecta a utilizar Twitter en sus cíclicos retiros, esta vez se sumió en un pesado silencio pese a que la única afección conocida que padece es una fractura de tobillo, que hasta donde se sabe no impide escribir ni hablar.

La condena de su Gobierno fue un escueto, formal y frío –casi helado- comunicado, emitido por la Cancillería horas después de la masacre en la redacción de Charlie Hebdo. Líderes del mundo como Barack Obama entendieron de inmediato que se estaba en presencia de uno de esos hechos que pueden resignificar el mundo, como ocurrió con el 11S.

Obama habló ante los medios no una sino dos veces, para explicar lo que estaba en juego y ofrecer su ayuda y amistad al francés Hollande. La democracia, la libertad de expresión, la tolerancia religiosa y casi todo lo que constituye el núcleo de valores de Occidente se vio amenazado. Por eso, la reacción histórica de decenas de presidentes marchando juntos por las calles de París, con la impactante síntesis de ver juntos al israelí Netanyahu y al palestino Abbas.

El kirchnerismo, fiel a su tradicional tara de pasar el mundo por el filtro distorsionado su propia “Guerra Santa” contra Clarín y ese fantasma multipropósito y maleable de “las corporaciones”; vio por el contrario la oportunidad de marcar las “falencias” de las potencias que engendran sus propios monstruos.

Osciló entre el silencio contenido y el progresismo ramplón de avenida Corrientes que expresó la ultrakirchnerista decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, Florencia Saintout, cuando pidió mirar “el contexto” que llevó a los yihadistas a masacrar ilustradores de caricaturas cómicas y periodistas que utilizaron como única arma la parodia, el humor y la ironía.

Mezcló viejos pleitos –Malvinas, los supuestos excesos en la libertad de prensa, las conspiraciones imperialistas-, en una bochornosa sucesión de disparates propalados con entusiasmo por la red de medios ultraoficialista; que culminó con el papelón mayúsculo del canciller Héctor Timerman, intentando marcarle el paso moral a Occidente por no condenar con la misma energía el reciente atentado terrorista en un mercado de Nigeria.

Patético intento de trasladar al plano de la geopolítica, la manipulación maniquea que diariamente se destina a consumo interno, para fabricar enfrentamientos que siempre, tienen que dejarlos a ellos del lado de los más postergados. Verónica que se repite aún a costa de los más forzados razonamientos, como es en este caso pretender contraponer atentados “primermundistas” a ignorados ataques “tercermundistas”.

Ridículo que llega al extremo porque fue precisamente Francia una de las potencias que más se movilizó a nivel internacional por las más de 200 niñas que secuestró Boko Haram, la banda terrorista sospechada de haber provocado el atentado en Nigeria que hoy despertó una redescubierta preocupación de Timerman por las penurias de esa nación africana.

Lo más triste es que la saga de torpezas desnuda sobre todo confusión. Puede haber algo de resentimiento –siempre lo hay en el kirchnerismo-, pero más que nada exhibe un gobierno atontado, desconectado de los flujos globales más significativos, que responde con reflejos desacompasados a situaciones que no termina de entender.

Contradicción y oportunismos varios jalonan una "política exterior" que quedó desnuda con el tardío tuit de las 19:32 de este domingo, cuando varias horas después que la histórica marcha de Paris conmocionara al mundo, alguien en el Gobierno pensó que acaso había que "hacer algo" y volvió a tuitear el link al post del 7 de enero del Facebook de la Presidenta, que lejos de sus habituales comentarios personales se limitó a subir el burocrático comunicado de la Cancillería. Ni siquiera les dio para escribir unas nuevas líneas.

Cristina suele decir que impulsó el fracasado acuerdo con Irán por la Amia porque se dio cuenta –tardíamente, si se le creyera- que esa causa había sido peón de un juego de las potencias. Si esto es así ¿Qué extraño correlato, que compromisos no dichos y sobre todo con qué potencias, llevaron a su Gobierno a esta incomprensible posición?

¿Cómo es posible que el Gobierno de Argentina, acaso el país de Latinoamérica que los franceses sienten más cercano, marque semejante distancia en su hora más vulnerable? No es un secreto que es en los momentos límite, tanto en la vida de las personas como de las naciones, cuando se forjan los lazos más perdurables.

Dicho de otra manera: ¿Si no es con Francia, con quien se supone que estamos en este conflicto? ¿A quién está tributando Cristina con la "condena" a reglamento que su Gobierno expresa?

Argentina hace mucho tiempo que dejó de ser un actor relevante en el plano internacional. Esa es acaso la única ventaja que quizás atenúe en el futuro el oprobio de estas horas.

Fuente: La Política on line

7ene/150

Carlos Menem y Cristina Kirchner: Silencios cómplices

Por Roberto García.

Merece un concurso la investigación sobre la doble personalidad política de Carlos Menem, una suerte de Jekyll o Hyde, según los gustos, alguien que fue presidente de los argentinos durante diez años y no se sabe ahora, senador nacional, si su vida responde a ciertas ideas, tendencias o amistades del pasado reciente o a otras opuestas, contrarias e irreconciliables de hoy. Un dilema de identidad o, tal vez, una falta de respeto a quienes lo querían y votaron.Si el peronismo ha sabido reunir sin rubores en un mismo espacio a López Rega con Firmenich, por citar uno de los tantos ejemplos escandalosos que alberga la historia del partido (bajo la excusa de que cualquier medio justifica alcanzar el poder), ahora la proeza de Menem como travestido no se funda sólo en esa inclinación ambiciosa e impune. Tampoco en un fenómeno repentino de bicefalía ideológica: es la transformación camaleónica de quien, por miedo o interés, vota contra lo que piensa, auxilia a quien lo detesta. Lamentable ocaso.

Cuesta encontrar antecedentes para esta actitud de doblez facial tan sospechosa y radicalmente negativa a su propia naturaleza, cuando se observa al riojano en el Senado vestido y perfumado (según la leyenda, como  alistaban muerto en su jaca al Cid Campeador para pelear contra los moros) votando a favor del Gobierno que más lo ha denostado. Y en los precisos momentos que su odiada Cristina más lo necesita para aprobar leyes y salvarla, como la semana pasada, con la indemnidad del Parlasur que Ella, gobernadores o ministros podrían requerir para no ser arrestados. Así, comandar una lista electoral este año que, supone el optimista oficialismo, será el arrastre de una segunda que también llevará un candidato a presidente.

Generoso Menem con su gracia, convocado especialmente, a menos que uno imagine sórdidos ardides, chantajes judiciales con los que lo amenazan para no ir preso o seducciones irresistibles que han sido moneda corriente en el Congreso (basta ver algunas presencias inesperadas para dar quórum o votos inimaginables para conseguir mayorías). Amén de otras caracterizaciones, de la promoción y aceleración de causas (la famosa Balenco) al episodio divulgado como borocotización, del cual con curiosidad se ha valido el cristinista Diego Bossio para descalificar a rivales, como si esa operación política no hubiera sido planificada por sus venerados líderes.

Irritación. Dicen que el reiterado servicio legislativo de Menem al Gobierno irritó, por lo humillante sobre él mismo, al mínimo entorno que le quedaba. Gente que hasta bramó, por atentatorio al buen gusto y las razonables conductas,  ante el fotografiado beso bíblico que el senador Juan Manuel Abal Medina le aplicó en el recinto. Igual, nadie piensa que este bisoño Catón haya sido responsable de las operaciones de inteligencia y de extorsión judicial que se mencionan sobre el ex presidente, ni de las aceitadas facilidades que le han concedido desde la cúpula de la Cámara alta presidida por Miguel Pichetto y el dúctil Aníbal Fernández, ahora personal asistente de Cristina. Esa tenaza de rigor y tentación, dicen, es lo que somete a Menem, aunque él ha dejado trascender que nunca lo acompañaron desde el resto del sector político opositor, que lo dejaron aislado y ni siquiera le agradecieron la noche que abandonó su internación para ir a votar contra el kirchnerismo.

Alguien dirá como justificativo que también Alan García, dos veces presidente del Perú,  cambió, como el senador, de pensamiento: al revés, claro, mudó de un fracasado populismo hiperinflacionario en su primer mandato a una gestión más abierta en el segundo. En todo caso, García le explicó al electorado su proceso de maduración; Menem, en cambio, nada dice y teme que se oscurezca más si pretende aclararlo.

Así, el  admirador de Bush y Rockefeller,  dilecto vecino de los EE.UU., cultor de la libre empresa, proclive a la menor injerencia del Estado –hechos distintivos de su administración–, termina aliado a un kirchnerismo que trató de pulverizar esa década del 90 en la creencia de que lo hace irreversible y patrióticamente, prefiriendo a cambio la intervención en los mercados, el control de la actividad y vidas privadas y las relaciones carnales con otros huéspedes externos, de Venezuela a Rusia, y ahora China.

Son diferencias políticas que, en lo personal, se agravaron por la intencionalidad deliberada de enjuiciarlo, proponer su escarnio y una burla barrial (recordar “los cuernitos” públicos de Néstor cuando se pronunciaba el nombre del ex presidente) para atribuirle toxicidad a su cercanía o el carácter infame de jettatore.

Ella tampoco. Si Menem ni se defiende de su naufragio, tampoco el oficialismo explica su complicidad, por lo menos, para utilizarlo en beneficio propio a la hora de votar, sirviéndose de lo que le repugna. Es otro doble de cuerpo, como el ahora senador. Nunca un tuit o una mención de la locuaz mandataria, siempre atenta a la moral y la ética o al destino de las mascotas en los aviones.

Quizá le correspondería, ya que preside un gobierno, representa a un país, se supone que temporalmente constituye una fuerza institucional superior a la de un individuo que fue presidente y poco parece importarle –por más amedrentamiento que lo asedie o fortuna que le renueven– el desaliño histórico en el que se ha sumergido.

Nadie tampoco parece inquietarse por estos silencios de dos personas que han ocupado más de veinte años de la vida argentina: en el subdesarrollo, pocos preguntan.

Fuente: Perfil

2ene/150

Chile: El asalto populista

Una acertada descripción de la decadencia populista, que aunque está referida a Chile, se ajusta perfectamente a nuestro país. Sigamos buscando líderes "carismáticos" que profundicen este modelo perverso.

Por Axel Kaiser.

Desde los tiempos de la Unidad Popular, Chile no había tenido un gobierno en la clásica tradición populista latinoamericana. La irrupción de un gobierno populista se caracteriza por la promesa refundacional que hacen sus líderes, la que va siempre en el sentido de darles más poderes a los gobernantes y menos a los individuos. Un elemento esencial de esta refundación es su carácter redistributivo: se asegura que los males de la sociedad serán resueltos, quitándoles a los que tienen mucho para darles a los que tienen poco. Esta lógica implica, además, la creación de un enemigo al cual culpar de todos los males del país: "Los poderosos de siempre", es decir, los ricos, son de costumbre la impopular minoría elegida.

Los líderes populistas son, en general, personas altamente ideologizadas que ven en el Estado —o sea, ellos mismos— una especie de ente divino capaz de construir un orden social cercano a la perfección. Si hay pensiones bajas, si no hay educación gratuita y de calidad para todo el mundo y si no todos tienen acceso a una salud de primer nivel, es porque falta más Estado. Olvídese del principio de escasez que enseña la economía y según el cual los recursos no alcanzan para todos. Tampoco cuenta la demoledora evidencia de que el Estado hace casi todo peor que los privados. El populista ofrece borrón y cuenta nueva, un nuevo orden cercano al paraíso, donde, gracias a ese ente metafísico y omnisciente llamado Estado, habrá de todo para todos. Este paraíso, por cierto, suele partir con el sueño erótico de todo intelectual que apoya el proyecto refundacional: una nueva Constitución. Sin ella, el porfiado principio de escasez, ese que el líder populista debe ignorar para poder prometer mayor bienestar a las masas, no será superado.

Los populistas son, por lo mismo, siempre anti capitalistas y anti libertarios. El capitalismo o "neoliberalismo", dada su fría racionalidad de lo posible, debe abiertamente ser denunciado como enemigo y el régimen de lo estatal o de lo "público", como le llaman eufemísticamente los promotores de la refundación, es presentado como la panacea solidaria que garantizará prosperidad e igualdad para todos. Típicamente, para avanzar este mensaje utópico los populismos cuentan con líderes carismáticos capaces de sintonizar con la masa. En general, estos líderes carecen de todo fondo. Es decir, son ignorantes sobre los asuntos de Estado y desconocen los más elementales principios económicos, pero saben cómo conectar con el público. Son seductores, simpáticos, empáticos, divertidos y hablan mucho sin decir nada.

A diferencia de los intelectuales que los apoyan, no tienen ideas, sino a lo más ocurrencias del minuto y un discurso que combina la denuncia con ofertones de diverso tipo. Como es obvio, una vez en el poder, nada de lo prometido se cumple.

Los populistas, que en su discurso sobreexplotan conceptos de alta carga emotiva, como "democracia", "igualdad" y "justicia social", utilizan el Estado para amedrentar, desacreditar y perseguir a opositores y potenciales amenazas a su proyecto. Así, van destruyendo las bases de la convivencia democrática y concentrando el poder en sus manos. Sus políticas económicas generan efectos desastrosos, pero el régimen se mantiene mientras tiene recursos para seguir comprando apoyos. Alzas de impuestos, inflación y deuda pública se utilizan típicamente para satisfacer las expectativas creadas. Salvo que se encuentre en medio de un boom de commodities , los populismos llevan a un colapso de la inversión, del crecimiento y de la tasa de empleo. Los líderes populistas hacen paralelamente del Estado un botín con el cual llenarse los bolsillos, y los de sus parientes y adláteres. Así se produce una captura de todos los niveles del aparato público, todo en nombre del "pueblo", que en buena parte pasa a ser también un dependiente de la repartija estatal.

Cuando un país entra en la senda populista es muy difícil que salga de ella. La lógica del conflicto ya instalada debe ser agudizada para justificar el fracaso populista, los diversos grupos de interés que viven del Estado luchan cada vez más desesperados por su cuota de privilegios, el discurso de intelectuales que culpan a otros del desastre de su proyecto se torna más agresivo. Según ellos, toda la crisis se debe a conspiraciones externas e internas y a que falta más Estado aún. Pasado un cierto punto, la espiral populista se torna inmanejable. Es importante tener claro que el populismo no es solo una forma de llegar al gobierno y ejercerlo; es una cultura. Es la cultura del todo gratis, de la fe ciega en el Estado y su líder carismático, de culpar siempre a otro por las propias desventajas, de agarrar lo que se pueda mientras se pueda, de la intolerancia y amenaza al que opina distinto y de la legitimación de la violencia para avanzar intereses gremiales.

Un país en que un régimen populista se instaló es, por lo tanto, un país con un problema de fondo, que no se arregla con un mero cambio de gobierno. Es un país con un problema cultural que atraviesa, desde las élites, hasta los grupos medios y bajos de la sociedad. ¿Cuánto de todo esto se está viendo hoy en Chile? Más de lo que jamás alguien imaginó hace una década. La pregunta es si el deterioro que llevó a la situación actual será reversible o si el país se ahogará definitivamente, como nuestros vecinos, en el fango del desorden, el conflicto y la mediocridad.

Fuente: El Mercurio, Chile

 

29dic/141

El país de la “Gestión Fulano”

Bienvenido este valioso aporte de Claudio Fantini a la campaña que desde nuestro programa Palabra de Honor venimos haciendo en favor de la ética en el ejercicio de la función pública, tan ignorada y avasallada por los comportamientos corruptos de nuestros gobernantes. P.B.A.

Por Claudio Fantini.

Debería descalificar totalmente a un gobernador o intendente aparecer actuando en publicidades oficiales. Sólo lo permite una democracia bobalicona o fatigada.

Que a un perro le falte una pata, implica que a quien lo rescató de la calle le sobra bondad y sensibilidad.

Se supone que eso quiere mostrar el gobernador con el video que cuenta la historia de su perro de tres patas. Un par de escalones más ingenioso que la remanida postal de los políticos que besan niños y abrazan ancianos, pero básicamente lo mismo.

Milan Kundera dio una explicación de la palabra kitsch , que va más allá de la acepción de pretencioso mal gusto o arte inferior y vulgar, que normalmente se le asigna. El escritor checo dice que ese término alemán de origen idish alude a aquello que se expresa con grandilocuencia para ocultar o disfrazar su poquedad o insignificancia.

En La insoportable levedad del ser apunta dos kitsch políticos: el de la democracia y el del totalitarismo. Como ejemplo del segundo, describe los Primero de Mayo en Checoslovaquia y demás países comunistas, con multitudinarios desfiles “proletarios” que pretendían mostrar un fervor ideológico y una unanimidad en el respaldo al sistema que eran inexistentes. Y como ejemplo del “ kitsch de la democracia”, describe la postal sensiblera del político que besa niños y abraza ancianos.

Normalmente, la representación encubre una realidad inversa. Nadie que respete verdaderamente a los niños y ancianos los usa para hacerse el bueno. La realidad de la Municipalidad de Córdoba es una burocracia pesada e indolente, aunque machaquen con la voz de un niño llamándola “la Muni”.

En ese kitsch sensiblero, se inscriben casi todos los políticos argentinos. También la Presidenta, con sus baños de devoción juvenil en los patios de la Rosada y con esos festivales gratuitos en la Plaza de Mayo, donde baila y canta junto a populares artistas oficialistas.

Por cierto, el kitsch kirchnerista es más cool y refinado que el rudimentario “sensiblerismo” de los demás dirigentes. Pero en el fondo es lo mismo. Una manipulación deplorable.

De todos modos, es menos grave que otras dos prácticas totalmente instaladas en la Argentina: la propaganda y la autopromoción del gobernante.

En la Argentina, un aparato de propaganda estigmatiza a críticos y opositores, al tiempo que impone un culto personalista de matriz totalitaria, aunque “aggiornado” y sintonizado con el ego de la Presidenta.

Muchos que no están en la feligresía adoctrinada por la propaganda se dieron cuenta de que el último afiche kirchnerista utiliza un lema del nazismo. En ese afiche que empapeló Buenos Aires, la Presidenta, de perfil como efigie de moneda, mira la posteridad junto a un lema que dice “un pueblo, un proyecto, una conductora”.

Igual que aquel perfil de Hitler sobre un mapa de Alemania en el que dice “ ein Volk, ein Reich, ein Führer ” (un pueblo, un Estado, un líder).

¿Significa esto que el kirchnerismo es nazi? Obviamente, no. Lo que significa es que tiene aparato de propaganda, igual que los regímenes totalitarios que endiosaron a líderes: el nazismo, el estalinismo, el maoísmo, el mussolinismo, el franquismo, etcétera.

Debilidad moral

Es grave que, en el país, un aparato de propaganda imponga el culto personalista de una presidenta con notable egolatría. La propaganda y el culto personalista son la contracara de la cultura democrática.

Menos grave, pero grave al fin, es el “publicitismo” desembozado que practican intendentes, gobernadores y también la Presidenta, con la permisividad de una sociedad sin reacción.

Tal pasividad permite que haya hasta “defensores del pueblo” que rompen el “absurdómetro” con sus autopromociones.

En lugar de la comunicación sobria de los actos de gobierno y de la información de interés comunitario, la mayoría de los gobernantes a nivel municipal, provincial y nacional se publicitan a sí mismos pagando con fondos públicos.

En las democracias maduras, es impensable que un alcalde o un gobernador estadal aparezca en un spot radial o televisivo mostrando obras como si las hubiera financiado con sus ahorros; o como si no fuera esa, precisamente, la tarea que le corresponde hacer y por la cual le pagan un sueldo y una corte de aduladores mantenidos con el erario público.

Debiera descalificar totalmente a un gobernador o intendente aparecer actuando en publicidades oficiales. Sólo lo permite una democracia bobalicona o fatigada. Una democracia de baja intensidad, en la que el ciudadano se vuelve súbdito y tolera de sus gobernantes las arbitrariedades más irracionales.

Sólo en Villa General Belgrano un grupo de argentinos se indignó –o sea, reaccionó con dignidad– ante semejante tropelía. Es una minoría que redime a la mayoría atontada por el kitsch , la propaganda y el “publicitismo”.

Frederich Ratzel, el geógrafo alemán que acuñó el término lebensraum (espacio vital), explicó que “la arbitrariedad de los gobernantes no se apoya solo en su poder o en el poder del Estado, sino fundamentalmente en la debilidad moral de la sociedad que tolera la arbitrariedad del gobernante”.

Los intendentes y gobernadores que pagan con los impuestos del pueblo la promoción de sí mismos, llegando incluso al absurdo de actuar en los spots publicitarios, son una muestra de la “debilidad moral” que impuso en la sociedad una dirigencia decadente.

Argentina es el país de la “Gestión Fulano” en los carteles y en los anuncios radiales, gráficos y televisivos. También el país que permite a la Presidenta hacer, por cadena nacional, stand ups donde actúa de heroína valiente y esclarecida.

Fuente: La Voz del Interior

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27dic/144

El problema es el comunismo, no el embargo

Por Alberto Benegas Lynch.

Nota bene: Reproduzco este artículo de Alberto Benegas Lynch, un pensador serio, que muestra otra visión del acuerdo entre Cuba y los Estados Unidos. Los que vieron el prorama Palabra de Honor el lunes pasado, saben que la mía es menos pesimista y que abrigo esperanzas de que pueda ayudar a poner fin a la tiranía de los Castro. Pero como a eso lo dirá el tiempo, me pareció oportuno invitarlos a leer una postura diferente.

Prudencio Bustos Argañarás

En mi artículo publicado el 14 de octubre de 2007, titulado “Mi primo, el Che” distribuido por LiberPress, me refería sucintamente  a la situación de Cuba antes del advenimiento del castrismo, así consignaba que, a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Ahora el gobierno estadounidense se prepara para reanudar las relaciones diplomáticas con la isla-cárcel que solo este año ha detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco, un acto simbólico aquél que trasmite la falsa idea de que en ese país ahora las cosas han cambiado y que merecen el reconocimiento del otrora baluarte del mundo libre.

Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (ahora, ¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos y los recursos naturales de la URSS y luego con parte de lo obtenido por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el precio del oro negro se ha desplomando y el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se dirigen a Estados Unidos al efecto de poder financiar a los carceleros para lo cual sirve el reconocimiento diplomático.

Por su parte, el embargo no es el problema, más bien ha servido como pretexto para endosar todos los males de la isla cuando hipócritamente todas las operaciones se hacían y se hacen a través de triangulaciones. El problema es el antedicho reconocimiento ante el mundo y la consiguiente pretensión de usar a Estados Unidos para que el régimen totalitario no decaiga en el alimento para sustentarlo, del mismo modo que lo hacían antes con los criminales soviéticos y los payasos peligrosos del Orinoco.

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, las espantosas condiciones de las pocilgas que son los hospitales (solo se mantiene algún centro de salud en la vidriera para la gilada) y los sistemáticos lavados de cerebro que se dicen escuelas o universidades donde debe escribirse con lápiz en los cuadernos para que la próxima camada pueda borrar y escribir nuevamente debido a la escasez de papel.

Conozco de cerca aquellos imbéciles norteamericanos que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al barbudo de la isla cubana diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los snobs de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

Por supuesto que esta noticia del “reencuentro” entre Cuba y Estados Unidos es celebrado por las izquierdas que se percatan de las maniobras del castrismo para seguir en las mismas. Por eso hay gobernantes que se han adelantado a decir que este acercamiento significa redoblar las posibilidades de que el espíritu de la Cuba del Che mantenga las banderas en alto. Ninguno de los cuales por cierto es consistente con sus declamadas profesiones de fe ya que son en general millonarios con fondos obtenidos por medio del robo descarado a las poblaciones que gobiernan, tal como sucede con los Castro cuyos patrimonios siempre presiden las auditorias internacionales.

Si duda que siguen los idiotas útiles que hacen de carne de cañón pero que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos cristianos peculiares que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la caridad que, para que sea tal, siempre es realizada con recursos propios y de modo voluntario (dicho sea al pasar, como ha señalado muy documentadamente J. F. Revel, Estados Unidos, desde el siglo dieciocho hasta el presente ha sido el país donde el promedio ponderado de caridad por persona es la más alta del orbe).

Después están los tilingos superlativos que proclaman a los cuatro vientos que la reanudación de las relaciones diplomáticas son “un hecho histórico” por la mera circunstancia de que hace más de medio siglo que las botas comunistas vienen aplastando a los cubanos indefensos y ahora se revierten esas relaciones cortadas desde 1961, aunque no cesa el referido estrangulamiento y consecuente oprobio.

Invito a los lectores que meditemos juntos con detenimiento lo que escribe Carlos Alberto Montaner, como es sabido, un pensador de fuste al que leen más de dos millones de personas sus columnas semanales. Dice Montaner en su último artículo referido al asunto que venimos tratando en una nota titulada “La normalización”: “Para mi no hay duda de que se trata de un triunfo político total de la dictadura cubana”.

Por su parte, el senador estadounidense Marco Rubio ha escrito en el Wall Street Journal un artículo con el sugestivo título de “Una victoria para la opresión” que “El anuncio hecho por el presidente Obama el miércoles de dar legitimidad diplomática y acceso a dólares estadounidenses al régimen de Castro no solamente es malo para el oprimido pueblo cubano, o para los millones que viven en exilio y perdieron todo en las manos de la dictadura. La nueva política cubana de Obama es una victoria para los gobiernos opresivos de todo el mundo y tendrá consecuencias negativas reales para el pueblo estadounidense. Desde que Estados Unidos rompió sus relaciones diplomáticas en 1961, la familia Castro ha controlado el país y la economía con una mano de hierro que castiga a los cubanos que expresan su oposición y exigen un futuro mejor. Bajo los Castro, Cuba también ha sido una figura central en el terrorismo, el narcotráfico y todo tipo de miseria y caos en nuestro hemisferio”.

Asimismo, la célebre neurocirujana Hilda Molina radicada en Buenos Aires repite en cuanta entrevista le es solicitada y en cuanta conferencia se la invita que considera su deber desmentir la propaganda sobre Cuba y denunciar los crímenes atroces de la dictadura insoportable que se percibe en los más mínimos resquicios de la vida del sufrido pueblo cubano. Es ésta una persona de apariencia frágil pero que articula un discurso de gran fuerza y vigor espiritual, siempre pronunciado con respeto y en un tono educado (sabemos que los gritones ocultan bajo sus vociferaciones la sinrazón y la incapacidad de argumentar).  Me congratulo que esta luchadora incansable, que a veces se siente tan desamparada, hace un tiempo haya incorporado mi nombre entre los miembros del Consejo Consultivo de su institución Crecer en Libertad.

Lo de nuestros hermanos de Cuba no es un tema simplemente de solidaridad hacia sus padecimientos y para con las vidas de tantos exiliados que lo han perdido todo en su tierra natal, sino que es en interés propio puesto que todos estamos interesados en la vigencia de libertad. Por eso nuestro homenaje a las personas mencionadas a la que agregamos el recuerdo de Huber Matos que alguna vez nos visitó en Buenos Aires y al formidable defensor de la sociedad abierta, Armando

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25dic/143

Fray Fernando de Trejo y Sanabria. Cuarto Centenario de su muerte

Por Prudencio Bustos Argañarás.

A mediados del siglo XVI Asunción del Paraguay, la primera ciudad del cono sur, se había convertido en el centro de irradiación de la conquista del Río de la Plata y en la sede de sus autoridades. La convivencia con las pacíficas tribus comarcanas, que habituadas a la poligamia cedían voluntariamente sus hijas a los españoles, generó un ambiente de relajación moral en el que cada conquistador poseía un verdadero harem. Asunción fue llamada por ello el Paraíso de Mahoma y los abundantes mestizos frutos de esas uniones, denominados eufemísticamente “mancebos de la tierra”, conformaron las huestes con que se fundarían años más tarde Santa Fe, Buenos Aires y Corrientes.

Preocupado por esta situación, Felipe II nombró adelantado a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien procuró ponerle fin, pero en 1544 los asuncenos lo tomaron preso y lo enviaron encadenado de regreso a España. Cinco años más tarde, el rey firmó capitulaciones con Juan de Sanabria, que paso a ser el tercer adelantado del Río de la Plata, con especial encargo de traer familias peninsulares y mujeres solteras para restablecer el orden y consolidar la presencia española.

La expedición que debía trasladarlo a América partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 10 de enero de 1550, pero Sanabria no iba a bordo pues había muerto unos meses antes. Su hijo Diego, de apenas 18 años, lo reemplazaba en el cargo, pero la verdadera autoridad de la expedición era su viuda, doña Mencía Calderón. Mujer de carácter firme y temple excepcional, debió afrontar toda clase de vicisitudes durante el viaje. Tempestades, naufragios, ataques de corsarios franceses y normandos, y ya en tierra de los antropófagos tamoyos, fueron algunos de los contratiempos que demoraron su arribo a Asunción hasta abril de 1556.

Entre el medio centenar de doncellas que trajo consigo doña Mencía se contaban dos hijas suyas. Doña María de Sanabria, la mayor, se casó en el campamento de San Francisco de Mbiazá, en la isla de Santa Catarina, con el capitán Hernando de Trejo, de quienes nació en 1554 un niño llamado Hernando (o Fernando) de Trejo y Sanabria. Viuda, doña María casó nuevamente con Martín Suárez de Toledo, con el que tuvo ocho hijos, entre ellos el célebre Hernandarias de Saavedra, primer gobernador criollo del Río de la Plata.

Fernando de Trejo y Sanabria pasó su niñez en Asunción y en 1568 fue enviado a estudiar a Lima, en donde ingresó en el convento franciscano, ordenándose sacerdote en 1576. Seis años antes, el 10 de mayo de 1570, el Papa Pío V había creado el Obispado del Tucumán, cuya jurisdicción comprendía la Gobernación del mismo nombre, integrada por las actuales provincias de Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba, Catamarca y La Rioja. La sede episcopal estaba en la ciudad de Santiago del Estero, capital de la Gobernación, y en 1699 seria trasladada a Córdoba.

El primer obispo que ocupó efectivamente la nueva diócesis, el dominico fray Francisco de Vitoria, la abandonó y renunció a su cargo por desavenencias con el gobernador. En su reemplazo fue designado, en 1592, fray Fernando de Trejo y Sanabria, el primer criollo en ocupar la silla episcopal tucumanense, quien fue consagrado en Quito y se hizo cargo de su diócesis en 1595.

Su obra pastoral fue extraordinaria. Ni bien arribó a Santiago convocó un sínodo diocesano en el que se adoptaron importantes medidas destinadas a la protección de los naturales y a su evangelización. Entre sus disposiciones se cuenta la de usar el quechua, la lengua del Perú, que los aborígenes del Tucumán comprendían por haber sido invadidos por los incas.

A él y al gobernador Juan Ramírez de Velasco se debe la instalación en estas tierras de la Compañía de Jesús, a la que el prelado era muy afecto. Entre las obras que llevó adelante se cuenta la creación del primer colegio seminario de la Gobernación, con sede en Santiago del Estero, que puso en manos de los jesuitas.

Pero fue sin duda Córdoba la ciudad que más beneficios obtuvo de su parte. Superadas las serias dificultades que padeció hasta fines del siglo XVI, que la llevaron al borde de la desaparición, la ciudad se perfilaba ya como la más importante del Tucumán. El obispo la visitaba a menudo y pasaba aquí largas temporadas, alojado en la residencia jesuítica.

El 2 de julio de 1613 dejó solemnemente instalado el monasterio de Santa Catalina de Sena, fundado por doña Leonor de Tejeda, el primero en el actual territorio argentino. Trece días antes, el 19 de junio, había suscrito ante el escribano Pedro de Cervantes una escritura mediante la cual se comprometió, bajo la garantía de todos sus bienes, a donar a la Compañía dentro del plazo de tres años, cuarenta mil pesos para el sostenimiento de su Colegio Máximo, que por razones económicas se había trasladado a Santiago de Chile. Manifestaba en dicho documento su pretensión de que en él, “los hijos de los vecinos de esta Gobernación y de la del Paraguay se puedan graduar de bachilleres, licenciados, doctores y maestros, dando para ello su Majestad licencia (...) para el bien espiritual y eterno de españoles e indios”.

Por impulso de este acto de munificencia, el regreso del Colegio se dispuso de inmediato y en 1614 se hallaba de nuevo en Córdoba. Nueve años más tarde, el Cabildo ordenaría la ejecución del breve In Supereminenti de Gregorio XV, dando vida a la Universitas Cordubensis Tucumanae, la primera en estas tierras, llamada hoy con justicia la Casa de Trejo.

No alcanzó a ver el prelado la culminación del proceso que había impulsado. La muerte lo sorprendió en el camino de Córdoba a Santiago, en la Nochebuena de ese año de 1614. Su cuerpo fue traído a esta ciudad y sepultado en el templo de la Compañía, en donde una lápida de mármol escrita en latín nos recuerda su presencia.

Sorprende que las autoridades de la Universidad, que lo consideran su fundador, hayan dejado pasar este centenario sin siquiera recordarlo. Estarán ocupados en cosas más importantes.

Fuente: diario La Voz del Interior

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