A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

30Jun/160

Las banderas de Belgrano

Por Prudencio Bustos Argañarás

Los ejércitos enviados por la Junta porteña constituida en 1810 para someter a los pueblos del virreinato en nombre de Fernando VII, enarbolaban la misma bandera que las tropas a las que se enfrentaban, es decir, la española. Ello era así por cuanto la contienda que se estaba librando era una guerra civil entre súbditos del mismo rey, lo que creaba grandes problemas para identificar en la batalla a propios y ajenos.[1]

Advertido de ello, el 27 de febrero de 1812 Manuel Belgrano escribió al Triunvirato desde las cercanías de Rosario, informándole que “siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional”.[2]

Los triunviros desaprobaron la decisión por considerarla “una influencia capaz de destruir los fundamentos con que se justifica nuestras operaciones”, le exigieron “la reparación de tamaño desorden” y le ordenaron que

haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente y subrogándola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza y que hace el centro del Estado, procurando en adelante no prevenir las deliberaciones del gobierno en materia de tanta importancia.[3]

La enviada por el Triunvirato, “que hasta ahora se usa en esta fortaleza”, no era otra que la española, como lo demuestra la carta del ingeniero militar inglés Juan de Rademaker, enviado a Buenos Aires por la corte lusitana. Está fechada el 10 de junio de ese mismo año, y al relatar su partida de regreso, dice que “a bandeira espanhola ainda se ve nas baterias, despendindose pela ultima vez do Rio da Prata”.[4]

El 27 de junio siguiente, al enterarse de que Belgrano, ya jefe del Ejército del Norte, había vuelto a izar su bandera en Jujuy, lo amonestó severamente advirtiéndole que “esta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad”. La reacción del Triunvirato era congruente con el tratado firmado el 20 de octubre del año anterior con Francisco Javier de Elío, al que se lo reconocía como virrey, se reafirmaba la unidad de la nación española y se reiteraba el compromiso de no admitir otro monarca que Fernando VII. Belgrano respondió disculpándose y aclarando, respecto a la bandera, que “la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella”.[5]

No he hallado ningún documento en que se mencionen el orden y la distribución de los colores de esa primitiva bandera, pero existen dos que fueron usadas por Belgrano en el Alto Perú, una blanca con una banda celeste en medio y otra celeste con una banda blanca en medio. Ambas fueron halladas en 1885 en la capilla de Titiri, perteneciente a la parroquia de Macha, en la Provincia de Potosí, en donde fueron escondidas después de la derrota de Ayohuma. La primera se exhibe en el Museo de la Casa de la Libertad de la ciudad de Sucre, mientras que la segunda fue donada a la Argentina por el gobierno de Bolivia en 1896 y se encuentra en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

BanderaRéplica de la bandera de Macha obsequiada por Bolivia a Salta

En lo personal, opino que la bandera enarbolada por Belgrano en las márgenes del Paraná tenía dos franjas, blanca arriba y celeste abajo, como la que aparece en el retrato que el general se hizo pintar en Londres por Francois Casimir Carbonnier en 1815. Fundamento mi presunción en que la lógica indica que el artista reprodujo la enseña que el mismo Belgrano le indicó.

Ahora bien, más allá de su distribución, resulta pertinente preguntarse cuáles fueron las razones que movieron a Belgrano a elegir esos colores que hoy lleva nuestra bandera nacional. Habida cuenta de que el prócer no dejó ninguna indicación al respecto, solo nos es permitido exponer conjeturas. Algunos afirman que se inspiró en los colores del cielo, mientras otros sostienen que tomó los del manto de la Virgen María en las imágenes en que se la venera como la Inmaculada Concepción.

Como tercera hipótesis, me inclino a pensar que la elección provino del proyecto de Belgrano de coronar como rey de estas tierras a un vástago de la Casa de Borbón, lo que enseguida relataré. Fundo dicha sospecha en que esta dinastía tiene como propios los citados colores, al punto que la banda de los caballeros de la Orden de Carlos III es exactamente igual a la que llevan los presidentes argentinos.

La Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, instituida por dicho monarca el 19 de setiembre de 1771 para premiar notables servicios prestados a la Corona y confirmada por el Papa Clemente XIV el 21 de febrero de 1772, dispone que los caballeros que pertenecen a ella lleven “una banda de seda de 101 milímetros de ancho de color azul celeste, con una franja central de color blanco, de 33 milímetros de ancho. Dicha banda se unirá en sus extremos mediante un rosetón picado, confeccionado con la misma tela que la banda, del cual penderá la venera de la Real Orden. La venera es una cruz ensanchada con cuatro flores de lis, que lleva en el centro un óvalo con la imagen de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Orden, lo que abona una de las teorías antes expuestas. La rodea la divisa “Virtuti et merito”.

BandaVenera

 

Banda, rosetón y venera de la Orden de Carlos III

Esto puede confirmarse a través de los retratos de Carlos IV y sus hijos, de Fernando VII, del duque de San Carlos, del cardenal Luis María de Borbón y Villabriga, etc., en los que todos ellos, hasta el más pequeño, aparecen con una banda cruzada sobre su pecho con los mismos colores de nuestra bandera, como así también de las de Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

Carlos IVGoya   Fernando VII

Carlos IV, su familia y Fernando VII, pintados por Francisco de Goya

            La vocación monárquica de Belgrano fue una constante a lo largo de su vida. Ya en 1808 militaba en el grupo de los carlotinos, que propiciaban la designación como regente de la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hija de Carlos IV y mujer del entonces infante don Juan de Portugal. En un informe dirigido al conde de Linhares el 15 de noviembre de 1808, el agente lusitano Felipe Contucci incluía en dicho grupo a más de un centenar de personas. Además de Belgrano, la lista comprendía a Mariano Moreno, Saavedra, Paso, Azcuénaga, Chiclana, Posadas, Beruti, los Pueyrredón, los hermanos Gregorio y Ambrosio Funes y muchos más.[6]

También estaban Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Castelli e Hipólito Vieytes, quienes el 20 de setiembre de 1808 enviaron, junto con Belgrano y Beruti, una Memoria a la princesa, acusando al vizcaíno Martín de Álzaga de no haber cesado, desde 1806, “de promover partidos para constituirse en gobierno republicano so color de ventajas, inspirando estas ideas a los incautos e inadvertidos”.[7] Es bien sabido que Álzaga fue ahorcado cuatro años más tarde junto con otros treinta y siete hombres, acusados de preparar una de las tantas conspiraciones que hubo en esa etapa de nuestra historia.

Como el intento de nombrar regente a Carlota Joaquina se complicaba a causa de la oposición de su marido y del gobierno inglés, que en definitiva lo harían fracasar, Belgrano probó suerte con el infante don Pedro Carlos de Borbón y Braganza, primo hermano de aquella. Esta vez fue él mismo quien le escribió al conde de Linhares el 13 de octubre de 1808 pidiéndole que “no se difiera un instante su venida”, ante el temor de que “corra la sangre de nuestros hermanos, sin más estímulo que el de una rivalidad mal entendida y una vana presunción de dar existencia a un proyecto de independencia demócrata”.[8]

Tampoco prosperó este proyecto y un año más tarde Belgrano retomó el intento de persuadir a Carlota Joaquina. El 13 de agosto de 1809 le informaba alarmado acerca de la revuelta ocurrida en La Paz, a la vez que le advertía que “si V.A.R. no se digna tomar la determinación de venir a apagar el incendio (…) han de crecer los males que ya estamos padeciendo. Los momentos son los más preciosos para que V.A.R. tome la mano en estos dominios”.[9]

El 23 de junio de 1810, siendo ya vocal de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Rey Nuestro Señor don Fernando VII[10], escribía en El Correo de Comercio: “por patricios entendemos a cuantos han tenido la gloria de nacer en los dominios españoles, sean de Europa o sean de América, pues que formamos todos una misma Nación y una misma monarquía, sin distinción alguna de nuestros derechos y obligaciones”.[11]

Dos meses más tarde partió al mando de un ejército destinado a someter al Paraguay. Luego de salir airoso de una escaramuza en el pueblo de Candelaria, arengó a la tropa con estas palabras:

Soldados: vais a entrar en territorios de nuestro amado Rey Fernando VII que se hallan oprimidos por unos cuantos facciosos (…) manifestad con vuestra conducta, que sois verdaderos soldados de nuestro desgraciado Rey (…) haced palpable a los pueblos y habitadores de la banda septentrional del Paraná, la notable diferencia que hay de los soldados del Rey Fernando VII, que le sirven y aman de corazón y son gobernados por jefes que están poseídos sinceramente de esos sentimientos nobles, a los que solo tienen el nombre del Rey en la boca, para conseguir sus malvados e inicuos fines. Soldados: paz, unión, verdadera amistad con los españoles amantes de la Patria y del Rey; guerra, destrucción y aniquilamiento a los agentes de José Napoleón, que son los que encienden el fuego de la guerra civil (…) haced que estos pueblos os deban el uso de sus derechos, arrancadles las cadenas y haceos dignos de la patria a quien servís y del infeliz Rey a quien aclamáis.[12]

Él mismo relató años después que durante la batalla de Tacuarí, al ser intimado a rendirse por parte del coronel Manuel Atanasio Cabañas, “contesté que por primera y segunda vez había dicho a sus intimaciones que las armas de Su Majestad el señor don Fernando VII no se rinden en nuestras manos”.[13] Luego de ser derrotado le escribía al mismo Cabañas, asegurándole ser “vasallo de Su Majestad el Señor don Fernando séptimo”, y añadiendo que “aspiro a que se conserve la monarquía española en nuestro patrio suelo”.[14]

A fines de 1814, el director Posadas envió a Belgrano y a Bernardino Rivadavia a España, con la misión de felicitar al rey por su restitución en el trono y manifestarle “las más reverentes súplicas para que se digne dar una mirada generosa sobre estos inocentes y desgraciados pueblos, que de otro modo quedarán sumergidos en los horrores de una guerra interminable y sangrienta”. A causa de la actitud cerrada de Fernando, que se negó a recibirlos, Rivadavia y Belgrano le escribieron a su padre Carlos IV, exiliado en Roma, “a fin de conseguir del Justo y Piadoso Ánimo de su Majestad la institución de un Reino en aquellas provincias y cesión de él al Serenísimo señor Infante don Francisco de Paula, en toda y la más necesaria forma”.[15]

La petición, que fue llevada por el conde de Cabarrús, iba acompañada de un proyecto de Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile redactada por Belgrano, cuyo artículo 1° disponía que “los colores de su pabellón serán blanco y azul celeste”.[16] Huelga aclarar que la petición no fue concedida, a pesar de las presiones que sobre el ex monarca ejercieron su mujer, María Luisa de Parma, y Manuel Godoy.

Durante las sesiones del Congreso de Tucumán, antes de ser declarada la Independencia, Belgrano propuso la creación en estas tierras de un reino y la coronación de un descendiente de la dinastía incaica. Es obvio que la idea no tuvo éxito, a pesar de que fue apoyada por muchos congresales, pues de inmediato el grupo que lo apoyaba se fracturó entre quienes propiciaban instalar la capital en el Cuzco y los porteños, que querían que estuviera en Buenos Aires.

Tres años más tarde Belgrano seguía empeñado en reinstaurar una monarquía. En 1819, luego de sancionada la constitución unitaria que las provincias rechazaron, le decía en carta a José María Paz que se había opuesto al sistema republicano, pues “no teníamos ni las virtudes ni la ilustración necesarias para ser República y que era una monarquía moderada lo que nos convenía. No me gusta ese gorro y esa lanza en nuestro escudo de armas, y quisiera ver un cetro entre esas manos”.[17]

A nadie debe sorprender que Manuel Belgrano, al igual que José de San Martín y la mayor parte de los próceres de aquellos años, fuesen partidarios del régimen monárquico, el único que habían conocido y el que existía por entonces en todo el mundo, con la sola excepción de los Estados Unidos, cuyo futuro era aún una incógnita. Aclaremos por otra parte que el sistema que propiciaban, a diferencia del absolutismo que Fernando VII había restablecido en España, era una monarquía atemperada y controlada por un parlamento, a semejanza del que imperaba en Inglaterra, y que rige hoy en todas las monarquías europeas.

[1] La visión del autor acerca de los acontecimientos de mayo de 1810 está expuesta en el libro Luces y sombras de Mayo (Córdoba 2012, 2ª edición).

[2] El mismo Belgrano había sido quien, catorce días antes, había enviado una nota al triunvirato pidiendo autorización para sustituir la escarapela roja que llevaban sus hombres por una con los colores blanco y azul-celeste. El gobierno accedió a ello el día 18, disponiendo que de allí en más “deberá componerse de los dos colores blanco y azul celeste, quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían”.

[3] Cfr. CALVO, Carlos, Annales historiques de la révolution de l'Amérique latine, volumen 2, París 1865, pág. 28.

[4] Cfr. GANDÍA, Enrique de, Historia de las ideas políticas en la Argentina, tomo III, Las ideas políticas de los hombres de Mayo, Buenos Aires 1965, págs. 213 y 214.

[5] Cfr. CALVO, Carlos, op. cit., págs. 28 y 29.

[6] Cfr. LOZIER ALMAZÁN, Bernardo, Proyectos monárquicos en el Río de la Plata 1808-1825, Buenos Aires 2011, pág. 53.

[7] Cfr. INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO, Documentos para la Historia del general don Manuel Belgrano, vol. 3, parte 1, Buenos Aires 1998, pág. 20.

[8] Cfr. ibíd., pág. 61.

[9] Cfr. CORIGLIANO, Francisco, “Buenos Aires y Boston: dos focos revolucionarios, dos ciudades pioneras en el camino hacia la Independencia”, en El bicentenario de la Revolución de Mayo, Mar del Plata 2010, pág. 22.

[10] El propio Belgrano confiesa que no formó parte de quienes promovieron la Revolución de Mayo. “Aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto –relata en su autobiografía–, apareció una junta de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por donde” (cfr. BELGRANO, Manuel, Fragmentos autobiográficos, Buenos Aires 2007, pág. 24).

[11] Cfr. GANDÍA, Enrique de, op. cit., tomo III, pág. 193.

[12] Cfr. Gazeta de Buenos Ayres, 3 de enero de 1811.

[13] Cfr. Ibíd., pág. 187.

[14] Cfr. Biblioteca de Mayo…, op, cit. tomo 14, Buenos Aires 1963, pág. 66.

[15] Cfr. GANDÍA, Enrique de, op. cit., tomo III, págs. 221 a 227.

[16] Cfr. MÁRQUEZ, Armando Mario, "Manuel Belgrano jurista: Proyecto de Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile", en Segundo Congreso Nacional Belgraniano, Buenos Aires 1994, pág. 287.

[17] Cfr. Anales del Instituto Belgraniano Central, Nos 1 a 4, Buenos Aires 1979, pág. 137.

14Jun/161

Al amparo del pensamiento mágico

Por Adrián Simioni

Si el lunes los dueños de las estaciones de GNC de 
Córdoba logran frenar con un amparo la suba del combustible, con el argumento de que así se garantiza la viabilidad de sus negocios, habrá sido otro gran día para el pensamiento mágico argentino. Capaz que se queden cortos. Ya que todo es tan sencillo, deberían exigir que directamente les suministren gratis el GNC. De ese modo, 
podrían vender incluso más.

Total, el mismo sujeto abstracto que ellos pretenden que cubra la diferencia entre lo que cuesta producir gas y el precio que ellos pagan seguramente podría hacerse cargo también de esa brecha. Total, acá se dicen y se hacen cosas así todo el tiempo, después de todo.

No son los únicos. En los barrios, los grupos de WhatsApp arden con arengas para firmar amparos colectivos contra las subas del gas residencial.

“El mes pasado pagué $ 69; hoy tengo que pagar $ 1.758”, cuenta una mujer en uno de esos grupos. A todos sorprende la segunda cifra, pero no la primera: el precio de menos de dos paquetes de cigarrillos al mes para calefaccionar, calentar el agua y cocinar en una vivienda estándar.

Cristina Fernández nos dejó gas. Pero qué mágica fue la década en la que vivimos como si el crudo costara 30 dólares el barril, cuando en realidad costaba más de 100. También fue mágica para la familia Kirchner y sus conocidos.

Entre otras cosas, esos precios deprimidos llevaron a Repsol a invertir en cualquier lugar del mundo menos acá, con la venia oficial. Néstor le permitió no reinvertir las utilidades y repartirlas. A cambio, Repsol debía “prestarles” parte de esas utilidades a los Eskenazi, unos viejos amigos de los Kirchner, que las usaron para “comprar” un cuarto de YPF.

Los mismos a los que todo aquello no sorprendió en su momento hoy se rasgan las vestiduras porque el ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, tiene acciones en Shell. Por suerte, la Justicia ya interviene para definir si hay incompatibilidad y si se violó la Ley de Ética Pública.

No como pasó con Lázaro Báez o Cristóbal López, que como jamás habían tenido nada que ver con el petróleo, no tuvieron necesidad de ser investigados cuando, en 2006 y sin ninguna trayectoria, les ganaron 14 concesiones petroleras de Santa Cruz a YPF, Tecpetrol, Enap Sipetrol, Petrobras, Pluspetrol, Roch y Geopark.

Aranguren tiene, declarados, 16 millones de pesos en acciones clase A de Royal Dutch Shell PLC, que es la central multinacional de Shell en Holanda. No son acciones de Shell Argentina, que, como todo el mundo sabe, no cotiza en Bolsa alguna. Shell Argentina es una parte minúscula de Royal Dutch Shell.

Para lograr que el valor de las acciones de la séptima mayor compañía de cotización bursátil en el mundo se incremente, Aranguren debería darle beneficios infinitos a una sección tan marginal como Shell Argentina.

En 2009, la Shell mundial facturó 279 mil millones de dólares (el peor nivel en 15 años). Shell Argentina facturó unos 2.070 millones de dólares. El 0,7 por ciento del total. O sea: para incrementar el valor de sus acciones en menos del uno por ciento, Aranguren debería lograr que sus medidas multipliquen por dos el valor de Shell Argentina.

Es como querer agrandar la superficie terrestre ganándole margen al río Suquía. Aun terraplenándolo, no agregaríamos nada. Pero, además, la medida más importante tomada hasta ahora por Aranguren debe haber afectado en forma negativa a Shell.

El ministro ratificó el precio ficcionalmente superior que antes de irse había establecido Cristina Fernández para el crudo argentino y que beneficia a las principales extractoras (YPF, Panam, Total), por un lado, y a los gobernadores y los gremios petroleros, por el otro.

A Shell (que sólo refina y prácticamente no extrae crudo ni gas) le hubiera convenido que se abriera la importación del barato crudo internacional y listo. Pero Aranguren mantuvo el alto costo del petróleo interno para beneficiar a los gobernadores y a los gremialistas petroleros que, perdidos en la paradoja, también meten amparos para frenar aumentos de los cuales son brutales beneficiarios. Otros grandes cultores del pensamiento mágico nacional.

Fuente: La Voz del Interior

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1Jun/162

La política económica y la grieta

Por Roberto Cachanosky

El desafío del PRO no es terminar con la brecha dejada por el kirchnerismo, sino con la brecha que genera este sistema económico. Hace rato que se viene hablando de la grieta, palabra que entiendo quiere significar que estamos divididos entre argentinos k y argentinos no k.

En rigor no es la primera vez que en nuestro país se produce este tipo de divisiones feroces, ya en el siglo XIX estuvo el famoso unitarios versus federales. A mitad de siglo XX Perón, con su política fascista dividió a los argentinos diciendo que unos eran pobres porque otros eran ricos. Lo que se olvidó de decir es que muchos de los nuevos ricos habían hecho plata con la corrupción de los gastos estatales. Perón dividió a la sociedad al punto de gritar desde el balcón 5×1 y vamos a distribuir “alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos”. Como puede verse, el hombre no se andaba con muchas vueltas. Era un “pacificador” nato.

Tampoco el Perón del 73, viejo y cansado, vino con mucho espíritu de pacificación. Desde el exilio él había contribuido a dividir a la sociedad estimulando las andanzas de los terroristas. Claro que cuando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el PJ buscó frenarlos. Pero los terroristas le asesinaron a su amigo Rucci y se desató el pandemónium de la violencia con la Triple A comandada por López Rega que perseguía a los terroristas y los terroristas que tiraban bombas y mataban gente por doquier. Una vez más el peronismo dividía a la sociedad con altos grados de violencia.

Ya de entrada, cuando Perón volvió al país, se produjo un enfrentamiento a los tiros en Ezeiza entre diferentes sectores del peronismo. El ala fascista contra el ala zurda. Hubo varios muertos en los bosques de Ezeiza ese día.

El kirchnerismo no hizo otra cosa que seguir con esa división de la sociedad buscando culpables imaginarios para señalarlos como los responsables de la pobreza de la gente, pobreza que en rigor era producto de las políticas populistas aplicadas por ellos que generaban un tsunami de destrucción del stock de capital produciendo desocupación, caída de la productividad, pobreza, indigencia y desocupación. Hoy se ve con toda claridad como esas políticas populistas no son otra cosa que una cortina de humo para esconder, en el caso del kirchnerismo, uno de los mayores latrocinios de la historia Argentina.

Pero desde la instauración del populismo en Argentina, con Perón a la cabeza, lo que hoy llamamos grieta, ya existía como resultado de la política económica que se viene aplicando desde hace décadas. Es una política económica que, por definición, lleva a la famosa grieta o al enfrentamiento social.

Es que se ha instaurado en Argentina una política económica por la cual un sector solo puede avanzar a costa de otro sector de la sociedad. Sectores empresariales utilizan al estado para que cierre la economía y así tener una renta extraordinaria vendiendo productos de mala calidad y a precios descomunales. Para que los dirigentes sindicales no protesten, entonces el estado establece salarios mínimos imposibles de pagar y una serie de beneficios “sociales”.

En Argentina un sector de la sociedad no logra avanzar económicamente gracias a que produce algo que beneficia a otros sectores de la sociedad, sino que logra avanzar consiguiendo que el estado les quite a otros para darme a mí. Las reglas de juego son muy claras. Yo le pido al estado que use el monopolio de la fuerza para quitarle su riqueza o su ingreso a otro sector, me lo de a mí en nombre de la justicia social y mediante una ley del Congreso para darle un aspecto legal al robo. El sector perjudicado reacciona y entonces el estado utiliza el monopolio de la fuerza para quitarle a un tercer sector y transferirle el producto del robo legalizado al sector perjudicado que me transfiere a mí. Y luego el tercer sector protesta, con lo cual el estado lo “conforma” con alguna ley social que le quita a un cuarto sector su ingreso para dárselo al tercero. En definitiva, es una lucha de todos contra todos. El conflicto social es permanente y ahí se produce la grieta social o el enfrentamiento social.

Con este esquema económico, que los argentinos venimos aplicando desde hace décadas, siempre hay enfrentamientos, recelos, conflictividad en la sociedad. Unos ganan y otros pierden y, dependiendo del momento y las circunstancias, en determinados momentos a algunos les toca perder más que a otros.

El desafío del PRO no es terminar con la brecha dejada por el kirchnerismo, sino con la brecha que genera este sistema económico que conduce al conflicto social permanente y al enfrentamiento de la sociedad. Es el sistema económico populista el que produce la brecha.

Por eso hay que pasar de este sistema populista, a la cooperación libre y voluntaria por la cual un sector solo puede mejorar si produce algo que beneficia a otros sectores de la sociedad. Mi mayor ingreso deja de depender de que el estado le robe su ingreso a otro y comienza a depender de mi capacidad para producir algo que beneficia a los demás.

La brecha no la inventaron los k. Los k ampliaron la brecha hasta llevarla niveles insoportables. Pero la brecha va a seguir existiendo mientras tengamos este sistema de robo legalizado por el cual todos quieren usar al estado para robarle a otros sectores el fruto de su trabajo en nombre de la justicia social y de las políticas estatales “solidarias”.

Fuente: Economía para todos.

25May/162

Fragmentación y decadencia del Estado provincial

Por Raúl Faure

Si el destino no dispone lo contrario, en 2019 el peronismo habrá gobernado la Provincia durante dos décadas ininterrumpidas, con los mismos métodos que convirtieron a Córdoba en un Estado semifeudal.

No porque sus dos gobernadores designaran a sus respectivas esposas en altos cargos oficiales, apenas un detalle menor, sino porque demolieron las instituciones republicanas para reemplazarlas por una incontrolable trama de órganos y asociaciones corporativas, factor directo y decisivo, entre otros, que contribuyó a profundizar la crisis cada día mas visible.

No debe sorprender, entonces, que se hayan construido caminos y edificios de manera improvisada e irresponsable, o que se desarrollara el frívolo y costoso plan de construir un hotel de lujo en la ribera de Mar Chiquita o que se tomara deuda que compromete la totalidad de los recursos de tres presupuestos.

Pero más grave es que el Estado peronista cedió sus responsabilidades eminentes –garantizar el bienestar general y la seguridad– a una legión de corporaciones que, al margen y aun contra la ley, imponen sus intereses facciosos sobre el conjunto de la sociedad.

Entre ellas, y sin agotar la nómina, se destacan las llamadas agencias, los sindicatos de empleados del sector público y el ministerio al que el artículo 172 de la Constitución le atribuye con exclusividad la promoción de las acciones judiciales en defensa del interés público.

Las agencias actúan como un Estado paralelo. No están sometidas a la observancia de las reglas contables y presupuestarias de la administración central y disponen de forma discrecional de sus ingresos y egresos.

Su labor es sigilosa y pocos conocen los resultados de sus planes. Han sido, por lo general, vanos los esfuerzos legislativos para conocerlos y evaluarlos.

Sindicatos

Otro Estado paralelo –o, más bien, un supraestado– es el de los sindicatos de empleados del sector público y de los servicios esenciales.

Son los que con huelgas, paros sorpresivos, retenciones de servicios, asambleas y hasta sabotajes que causan daños a los bienes comunes, deciden cuándo los escolares pueden asistir a clases, los enfermos concurrir a los hospitales, la población utilizar los servicios básicos y transitar libremente.

A este sindicalismo intolerante y agresivo, los convencionales de 1987 le otorgaron la facultad de participar en la determinación de las remuneraciones que deben percibir los empleados públicos, quitándole a la Legislatura la potestad de aprobar o desaprobar las sumas que el presupuesto anual destina para esos fines, si no media conformidad de la autoridad sindical.

Esta disparatada disposición fue reglamentada por una ley de 1992 que le impuso a los poderes públicos –con excepción del Poder Judicial– la obligación de celebrar convenciones colectivas con los gremios. De ese modo, el Estado quedó equiparado a la condición de empleador del sector privado.

Extrapoder

Otro Estado paralelo es el Ministerio Público, al que la Constitución provincial le confiere con exclusividad “la facultad de preparar y promover la acción judicial en defensa del interés general y de los derechos de las personas”.

Hasta 1987, cuando se reformó el texto de la Constitución vigente desde 1923, esa facultad era ejercida por el llamado fiscal General, que integraba el Poder Judicial. Era la garantía de imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

Fue entonces cuando la fértil pero errónea imaginación de los convencionales acudió a esta indescifrable figura retórica: denominó al Ministerio Público como extrapoder.

A buen entendedor, pocas palabras: es un organismo que actúa fuera del sistema constitucional, cual si fuera un cuerpo celeste que vaga por el espacio sin conocerse a ciencia cierta cuál es su rumbo.

Como los fiscales subalternos dependen del fiscal General y deben someterse a sus instrucciones, carecen de independencia. De allí que, si el fiscal General considera y ordena que se investigue al o a los autores, la causa se instruye. De lo contrario, se archiva, sin más.

Por eso, no es un capricho que la opinión pública barrunte que cuando está comprometido un funcionario en la comisión de un ilícito, se opte por el segundo camino, esto es, por el archivo de las actuaciones.

Corporativismo

La desintegración del Estado se completó con la decisión de radicales y de peronistas de eliminar el Senado como cuerpo legislativo.

Hasta el 2000, la llamada Cámara Alta prestaba acuerdo para la designación de magistrados y se encargaba de controlar las decisiones de la Cámara de Diputados, para impedir que mayorías electorales circunstanciales pudieran imponerlas sin más trámite.

La honda crisis que afecta a la Provincia no debe asombrar. No es un relámpago que estalla en un día soleado. Fue provocada por la ejecución del plan antes descripto, inspirado por el corporativismo que intoxicó a la sociedad.

Plan que ha sido tolerado y profundizado por muchos funcionarios, legisladores, cátedras universitarias, magistrados judiciales, asesores y dirigentes políticos que carecen de la debida preparación para darse cuenta de que con sus consejos y sus decisiones terminaron reemplazando el Estado republicano por el actual Estado corporativo.

En otro contexto histórico, ante la descomposición moral y política de la antigua Roma, Cicerón dijo estas palabras, que bien pueden aplicarse a la realidad contemporánea: “No hay mayor plaga que la imaginación sin talento y la omnipotencia sin sentido”.

Fuente: La Voz dcl Interior

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23May/160

Hijo de los ´70

Por Arturo Larrabure*.

¿Cuánta verdad es capaz de soportar un hijo sobre sus padres? ¿Hasta dónde se puede incomodar con una pregunta cuando esos padres han sido víctimas de lo peor o acusados de lo peor?
Estos acuciantes interrogantes son planteados por Carolina Arenes y Astrid Pikielny en el valioso libro Hijos de los 70, que reúne el testimonio de hijos de guerrilleros y militares, y de víctimas civiles asesinados por el terrorismo guerrillero o la Triple A.
Hay hijos, como Eva Donda, que admiten en sus páginas haber ido a hablar con la familia de aquellos a quienes pudieron haber matado sus padres desaparecidos, porque todos somos víctimas de la violencia de los años setenta. Otros hijos, como Alberto Saavedra, confesaron no resultarles relevante saber ni preguntar sobre lo que sus padres hicieron durante la militancia armada.
Hernán Vaca Narvaja desea saber qué piensan los hijos de los torturadores, sin trasladar el interrogante a los descendientes de su tío Fernando, partícipe en el secuestro y asesinato del general Pedro Aramburu.
Mariana Eva Leis recuerda con admiración a su padre Héctor, que, poco antes de morir, conmovió el falso relato de la memoria con sus confesiones y su pedido de perdón.
En Testamento de los años 70, Leis reveló: "Es falso afirmar la existencia de un terrorismo de Estado, como si fuera una entidad pura y separada del resto de la sociedad, tal como pretenden las organizaciones de derechos humanos y el Gobierno de los Kirchner. Un terrorismo no es más o menos terrorista en función de su origen, sino de su contribución a la dinámica de terror dentro de una comunidad política. [...]"
En el caso argentino, tanto el terrorismo que venía del Estado como el que se practicaba desde la sociedad civil eran ejercidos en contra de la comunidad política argentina. Por lo tanto, a pesar de que los crímenes individuales puedan ser diferenciados por sentencias y puniciones legales mayores o menores, el terrorismo de los montoneros, la Triple A y la dictadura militar son igualmente graves, ya que contribuyeron solidariamente a una ascensión a los extremos de la violencia. Montoneros tenía "un programa de asesinatos que no era pensado desde la política, sino desde el deseo, transformando el resultado de la acción en una ruleta rusa".
¿Cuántos ex guerrilleros han revelado, como Leis, que existía en montoneros "un cálculo inconfeso de medio millón de víctimas —entre prisión y fusilamientos— que serían necesarias luego de tomar el poder para que el socialismo pudiera sobrevivir"? ¿Cuántos miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) han admitido ante sus hijos que Mario Roberto Santucho elevaba esa cifra a un millón de muertos? ¿Piensan los hijos de los guerrilleros en el baño de sangre que pudieron haber generado sus padres de haber obtenido la victoria?
Al cumplirse cuarenta años del último golpe militar, nada tengo, felizmente, que reprochar al mío. Al coronel Argentino del Valle Larrabure, el ERP lo secuestró, torturó y asesinó antes del 24 de marzo de 1976, en pleno Gobierno constitucional.
Juan Arnold Kremer, uno de los miembros más importantes del buró político del ERP, ha reconocido: "Se le propuso a Larrabure que se ganara la libertad y le pedimos que dé cursos de explosivos y de ciertas técnicas a nuestros compañeros. Larrabure se puso en patriota y dijo que jamás iba a colaborar [...] Ya no sabíamos más que hacer, estábamos en tensión. Venían los compañeros que decían 'es una situación insostenible' [...] Larrabure en ese sentido nos derrotó".
No pudieron quebrarlo. Murió fiel a su patria y a su ejército, y los derrotó, pero no sólo una vez, Kremer, dos veces. Hoy su heroico ejemplo los acosa como un fantasma, que les pregunta: "¿Ustedes que pretendían sustituir la república por un régimen marxista, por qué guardaron un sepulcral silencio frente a la corrupción del gobierno kirchnerista? ¿Por qué el gobierno que integraron o apoyaron no disminuyó la pobreza, la desnutrición y la indigencia? ¿Cuál es el mundo más justo y menos corrupto que ha construido? ¿El de los patrimonios de funcionarios públicos obscenamente enriquecidos? ¿El de Lázaro Báez, socio comercial de Néstor y Cristina Kirchner? ¿El de los hoteles creados presuntamente para lavar dinero? Al fin y al cabo, ¿qué fueron ustedes? ¿Idealistas o farsantes?".
El 24 de marzo de 2016 propongo a los argentinos reflexionar estos interrogantes, releyendo la memorable carta que escribiera Oscar del Barco, y que dice: "Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay causas ni ideales que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano. Responsabilidad ante los seres queridos, responsabilidad ante los otros hombres [...].
Más allá de todo y de todos, incluso hasta de un posible dios, hay el No matarás. Repito, no existe ningún ideal que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un policía. El principio que funda toda comunidad es el No matarás. No matarás al hombre, porque todo hombre es sagrado y cada hombre es todos los hombres. La maldad, como dice [Emmanuel] Levinas, consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos, el decir una cosa y hacer otra, el apoyar la muerte de los hijos de los otros y levantar el No matarás cuando se trata de nuestros propios hijos.
En este sentido podría reconsiderarse la llamada teoría de los dos demonios, si por demonio entendemos al que mata, al que tortura, al que hace sufrir intencionalmente. Si no existen buenos que sí pueden asesinar y malos que no pueden asesinar, ¿en qué se funda el presunto derecho a matar? 
¿Qué diferencia hay entre Santucho, [Mario] Firmenich, [Roberto] Quieto y [Rodolfo] Galimberti, por una parte, y [Luciano] Menéndez, [Jorge Rafael] Videla o [Emilio] Massera, por la otra? Si uno mata, el otro también mata. Esta es la lógica criminal de la violencia. Siempre los asesinos, tanto de un lado como del otro, se declaran justos, buenos y salvadores. Pero si no se debe matar y se mata, el que mata es un asesino, el que participa es un asesino, el que apoya, aunque sólo sea con su simpatía, es un asesino. Y mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente".

*El autor es hijo del coronel Argentino del Valle Larrabure, asesinado por la guerrilla del ERP. Escribió el libro Un canto a la patria.

Fuente: Infobae
17Abr/160

La aclamación de Cristina, un problema cultural

Por Eduardo Fidanza

La aclamación de Cristina Kirchner, durante un discurso en la puerta de los juzgados, donde concurrió a declarar como sospechosa de un delito, excede a la política. Su naturaleza paradójica rebasa la lucha por el poder, para convertirse en un síntoma idiosincrático de la sociedad. Es una cuestión de su cultura, más que de su coyuntura; del mediano y del largo plazo, antes que de la actualidad; e involucra a muchos más actores, además de la protagonista. El juez que la cita también es sospechoso; la presunción de conducta no transparente involucra a otros miembros del poder, incluido el Presidente. Todos son figuras conocidas, y varios cuentan con importante apoyo popular.

¿Qué significa esta anomalía? ¿Por qué el lugar del prestigio lo ocupa la popularidad sospechada? La primera hipótesis es sombría: en la Argentina, el Poder Judicial es incapaz de atribuir a los dirigentes sanciones o absoluciones creíbles y acatables, por encima de las adhesiones políticas o las creencias personales. Está impotencia es una expresión de anomia colectiva. Cuando la ley no impera para todos, moderando las conductas, cada uno la interpreta según sus aspiraciones y deseos. Por eso la multitud cristinista desafió a los jueces y se burló de ellos, al pie de uno de los edificios emblemáticos de la Justicia. En rigor, lo ocurrido el miércoles es una escenificación del fracaso de la ley: idolatrando al sospechoso, la masa dicta su propio veredicto, contrario al de las instituciones. El líder ovacionado lo justificará según la ideología que sustente. En este caso, el populismo llega a conclusiones inspiradas en el marxismo: las leyes las elaboran los poderosos para defender sus propios intereses, en contra del pueblo o de la clase trabajadora.

El Poder Judicial resiste mal este embate, potenciando las críticas. Su funcionamiento burocrático es deficiente y la percepción social no resulta favorable. Según un sondeo de Poliarquia e Idea Internacional realizado a fines de 2014, más del 70% de la población que recurrió a la Justicia consideró que ésta respondió regular o mal a sus requerimientos. Respecto del rol de los jueces, el resultado fue también negativo: el 60% estimó que no toman sus decisiones en forma independiente. Por otra parte, la Justicia está asediada por el periodismo de investigación, que indaga los negocios sucios con rigor profesional y sin discriminación. Sus denuncias constituyen el requisito indispensable para que la corrupción derive en escándalo. La narrativa de los detectives mediáticos resulta atractiva para el público: "La ruta del dinero K" o "Los Panamá Papers" tienen alto rating. Concientizan y entretienen.

La consagración del presunto corrupto posee otras razones, más próximas. El kirch-nerismo concluyó con una sociedad dividida casi por mitades. Quedaron de un lado los que querían la alternancia, asumiendo riesgos, y del otro, los que prefirieron la continuidad, premiando los logros o temiendo un ajuste. Unos eligieron el partido moderno, estético y con fama de eficaz; los demás abrazaron el populismo, quizás aceptando, con fatalidad, que "roba, pero hace". Como el ajuste inevitable lo está llevando a cabo, con poca anestesia, el partido novedoso, se reactualizó el mandato histórico del líder populista, que otorga aire a Cristina, disimulando su corrupción. Ella, una Evita rediviva, representará a los más humildes y no los abandonará. En esa deriva mítica podrá ir presa, pero no la silenciarán. Parece una reminiscencia de los rebeldes primitivos que tan bien retrató Eric Hobsbawm.

Las causas culturales de la corrupción son muy complejas. Debe buscárselas en la elite del poder y en las costumbres sociales. La investigación demoscópica arroja resultados paradójicos: la preocupación por el tema es estacional, espoleada por los escándalos y el malestar económico. Por eso, la sociedad no ejerce una fuerza de sanción suficiente y perdurable. Visto desde arriba, es una práctica generalizada de las elites, que excede la esfera política. La red transversal de nombres y negocios, de lazos familiares, económicos y políticos, da cuenta del fenómeno estructural que subyace al poder y la dominación. Al describir la corrupción de su país, a mediados del siglo pasado, el sociólogo Charles Wright Mills fue crudo: "La inmoralidad mayor es un rasgo sistemático de la elite norteamericana; su aceptación general constituye la característica esencial de una sociedad de masas".

En la Argentina, una pregunta inquietante recorre las entrañas del poder: ¿Mani pulite o pacto de impunidad? Según los estudiosos, la célebre campaña de moralización italiana no fue un rapto individual de funcionarios probos, sino el resultado contingente de una alianza tácita entre jueces independientes, poderosos empresarios y medios de comunicación vinculados a ellos. Tal vez el Gobierno quiera facilitar algo parecido. Si se decide, Macri puede tener una oportunidad histórica: ser el primer miembro de la elite económica que contribuye, desde la presidencia, a adecentar las prácticas de los poderosos de este país. Sería un acto de refundación de su identidad. Y un aporte decisivo para bajar las banderas míticas, pero muchas veces justificadas, del populismo.

Fuente: diario La Nación de Buenos Aires

15Abr/160

Más sobre coyuntura y las ideas de fondo

Por Alberto Benegas Lynch (h).

Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones con todo el rigor que resulte posible ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a las simples afirmaciones.

Es por ello que resulta indispensable contar con espacios para elaborar sobre ideas de fondo. Esa es la manera de correr el eje del debate al efecto de abrir plafones para que el político pueda articular discursos compatibles con la sociedad abierta ya que no puede proponer políticas que la opinión pública no entiende ni acepta.

Ahora bien, si nos dedicamos solo a la coyuntura nunca salimos del pantano. Más aun, con este procedimiento cada vez la coyuntura se hace más negra, precisamente porque nadie se dedicó a explicar las ideas de fondo y se dejan terrenos abiertos para que el espíritu totalitario avance con sus ideas colectivistas.

Es cierto que a la gente en general le resulta más atractivo y más fácil leer sobre la coyuntura que bucear en ideas de fondo pero, como queda dicho, es necesario hacer que las raíces de la libertad se exhiban en todas sus facetas. El dedicarse exclusivamente a la coyuntura es poner el carro delante de los caballos, es ocuparse de los efectos sin prestar atención a las causas. Por ello es que con toda razón el marxista Antonio Gramsci ha reiterado “tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”. La coyuntura es el resultado de las ideas de fondo que prevalecen para bien o para mal.

No hay conflicto ni incompatibilidad entre ideas e intereses que en no pocas ocasiones se suelen presentar en conflicto. Los intereses son también ideas, por lo que debe prestarse especial atención a este campo. En la mayor parte de las acciones y propuestas no hay maldad sino buena voluntad y las mejores intenciones, el tema estriba en la idea que se encuentra tras las conductas, es decir, como se conciben los nexos causales correspondientes, en otros términos, cual es la teoría que fundamenta tal o cual política. “Nada hay más práctico que una buena teoría” ha dicho con mucha razón Paul Painlavé.

Todo lo que ha creado el hombre se basa en una teoría, si el resultado en bueno quiere decir que la teoría es correcta si es malo significa que la teoría es equivocada. Esto va desde el método para sembrar y cosechar, la fabricación de una computadora, hasta la plataforma de un partido político.

Ideas y teorías son conceptos que interpretan diversos sucesos, como se ha apuntado tantas veces no se trata para nada de “ideologías” esa palabreja que en su acepción corriente significa propuestas cerradas e inexpugnables, por el contrario, se trata de procesos abiertos dado que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad sujeto a refutaciones y en un contexto siempre evolutivo.

Entonces, si la raíz del asunto estriba en las ideas es allí donde debe concentrarse el trabajo: en debates abiertos y en el estudio desapasionado de diversas corrientes de pensamiento ya que la cultura forma parte de un entramado de préstamos y donativos, de recibos y entregas múltiples que se alimentan entre sí conformando una textura que no tiene término.

Sin embargo, se observa que la mayoría de quienes desean de buena fe terminar con la malaria paradójicamente se dedican a la coyuntura y a repetir lo que está en los diarios y que todo el mundo sabe. Los que comentan coyunturas son espectadores pasivos de la agenda que determinan otros, los que se preocupan y ocupan de las ideas de fondo marcan su propia agenda.

El relato de la coyuntura no escarba en el fondo del asunto, se limita a mostrar lo que ocurre lo cual ni siquiera puede interpretarse si no se dispone de un adecuando esqueleto conceptual. Más bien es pertinente subrayar que la buena coyuntura se dará por añadidura si se comprende y comparte la teoría que permite corregir lo que haya que corregir.

Por parte de los que se dicen partidarios de la sociedad abierta hay un gran descuido de las faenas educativas, muy especialmente en lo que hace a la gente joven en ámbitos universitarios que constituye el microclima del que parirá el futuro. En cambio, se dirigen a quienes al momento tienen posiciones de poder sin percatarse de la futilidad de la tarea. Se dice que no hay tiempo que perder y que el trabajo estudiantil es a muy largo plazo, lo cual se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Por otra parte, los espíritus totalitarios operan con notable éxito en colegios y casas de estudio universitarias desde siempre, con lo que han logrado un plafón intelectual de enormes proporciones que naturalmente empujan a la articulación de un discurso político en sintonía con esa tendencia.

Está bien ilustrar la idea algunas veces con la coyuntura como anclaje para algún ejemplo, pero sin perder de vista que es aquella la que marca el rumbo y nada se gana con inundar de series estadísticas si no se tiene clara la teoría que subyace. Es que son pocos los que se circunscriben a los datos de coyuntura  que conocen los fundamentos de la propia filosofía que dicen suscribir. Esto se percibe ni bien surgen en el debate temas de fondo de la tradición liberal.

La dedicación a la enseñanza es tanto más necesaria cuanto que los socialismos de diversas tonalidades apuntan a sentimientos de superficie y evitan hurgar en razonamientos que permiten vislumbrar las ventajas de la libertad. En este mismo sentido, el premio Nobel en economía Friedrich Hayek nos advierte que “la economía es contraintuitiva” y el decimonónico Bastiat insistía en que el buen analista hurga en “lo que se ve y lo que no se ve”, lo cual demanda esfuerzos adicionales.

Como la energía es limitada y los recursos disponibles también lo son, conviene establecer prioridades para enfrentar los crecientes desmanes de los gobiernos, supuestos defensores de las autonomías individuales. Correr tras las coyunturas es equivocar las prioridades, se requiere como el pan de cada día el prestar debida atención al debate de ideas ya que son éstas precisamente las que generan tal o cual coyuntura.

Debe subrayarse que en el plano político se requiere el consenso y la negociación entre posturas diferentes al efecto de permitir la convivencia, pero lo que destacamos en esta nota es la imperiosa necesidad de esforzarse en incentivar debates de ideas en la esperanza de que la comprensión de los beneficios de la libertad se hagan más patentes, para lo que el enfrascarse en  mediciones y estadísticas no contribuye al objetivo de marras.

Es clave comprender y compartir el esqueleto conceptual de la sociedad abierta puesto que las estadísticas favorables son el resultado. Por el contrario, si se tratara de demostrar las ventajas de la libertad a puro rigor de estadísticas ya hace mucho tiempo que se hubiera probado la superioridad del liberalismo, el asunto es que, en definitiva, con cifras no se prueba nada, las pruebas anteceden a las series estadísticas, el razonamiento adecuado es precisamente la base para interpretar correctamente las estadísticas. Es por eso que resulta tan esencial la educación y no perder el tiempo y consumir glándulas salivares y tinta con números que desprovistos del esquema conceptual adecuado son meras cifras arrojadas al vacío.

El oxígeno vital es la libertad, si los debates se centran exclusivamente en las cifras se está desviando la atención del verdadero eje y del aspecto medular de las relaciones sociales. Como bien ha escrito Wilhelm Röpke en Más allá de la oferta y la demanda: “La diferencia entre una sociedad abierta y una sociedad autoritaria no estriba en que en la primera haya más hamburguesas y refrigeradoras. Se trata de sistemas ético-institucionales opuestos. Si se pierde la brújula en el campo de la ética, además, entre otras muchas cosas, nos quedaremos sin hamburguesas y sin refrigeradoras”.

En otras palabras, correr tras la coyuntura es un certamen destinado al completo fracaso puesto que los números serán cada vez peores debido, precisamente, a que no se han comprendido las ideas que posibilitan la corrección de datos que constituyen la expresión de lo que ocurre. Comprendo que en la desesperación -porque la barranca abajo puede es muy empinada- haya quienes se empeñan en batallar con cifras con la pretensión de que se entienda el desastre pero, como queda dicho, es equivalente a correr tras la sombra de uno mismo con el sol a las espaldas que nunca se alcanza, hasta que en nuestro caso se decida “tomar el toro por las astas” y encarar el problema de fondo y aclarar las ideas que subyacen en los datos de coyuntura.

Sin duda que los diarios y equivalentes se alimentan de noticias, es decir, de coyuntura puesto que de eso se trata y las columnas de opinión en gran medida se focalizan en torno a ese material, lo cual no excluye que una proporción de esas columnas inviten a los lectores al ejercicio de pensar y abrir cauce con ideas de fondo al efecto asegurar un futuro más despejado rumbo a la sociedad libre, lo cual tiene lugar en los medios de mayor peso ya que son conscientes que no puede comenzarse por el final.

© Libertad y Progreso

9Abr/163

La raíz de la corrupción sigue intacta

Por Iván Carrino.

Lázaro Báez quedó detenido. Igual Ricardo Jaime. Si nos guiamos por las tapas de los diarios, se le dio un golpe contundente a la corrupción en Argentina. ¿Será así?

El martes por la tarde, los medios de comunicación se pelaban entre sí por mostrar la detención del empresario más amigo del poder kirchnerista: el contador y constructor Lázaro Báez. Lo mismo sucedía en las redes sociales, donde nadie quería quedarse al margen de los comentarios suscitados por la estridente noticia.

Efectivamente, el juez federal Sebastián Casanello ordenó detener a Báez en el marco de la causa en su contra por lavado de activos por alrededor de USD 5,1 millones. Los motivos de la detención son el miedo del juez a que el sospechoso se fugue del país.

Días antes, otro juez federal, Julián Ercolini, había ordenado la detención de Ricardo Jaime, ex Secretario de Transporte, a quien se acusa de enriquecerse de manera ilícita con la compra de trenes a España y Portugal.

La algarabía es notoria. Tanto los medios como la opinión pública parecen regodearse de que por fin comience a condenarse la “Corrupción K”.

En esta nota, sin embargo, voy a cuestionar esta sensación de triunfo generalizado.

Después de todo, las causas profundas que originan la corrupción siguen intactas.

Lo primero que llama poderosamente la atención es cómo la justicia, que por años permaneció dormida, a 100 días de comenzado un nuevo gobierno empieza a acelerar las causas de este tipo. Si la justicia es independiente como debería, el cambio de administradores en el poder ejecutivo no tendría que influir en sus sentencias ni en la velocidad de sus procedimientos. Así, si la nueva rapidez responde al giro político, entonces no habla bien del poder judicial, sino todo lo contrario.

Al margen de esto, lo relevante del caso es que aún cuando Lázaro Báez, Ricardo Jaime y tantos otros funcionarios sospechados de corrupción puedan terminar condenados, lo cierto es que eso no contribuirá a que el verdadero origen de la corrupción desaparezca.

Si analizamos cada uno de los casos, vemos que la corrupción es un subproducto de la intervención estatal y el tamaño del gasto público. Lázaro Báez es sospechado por el intento de blanquear el dinero que habría cobrado de los sobreprecios en los contratos de obra pública. Por su parte, Jaime recibió dinero que el estado tenía que destinar a la compra de trenes.

Comisiones”, que le llaman.

Ahora la pregunta no es cómo puede ser que haya empresarios que cobren comisiones oscuras, sino cómo no va a suceder esto en un país cuyo gasto público se disparó de una manera fenomenal.

Como explica el profesor de la Universidad de Chicago, Luigi Zingales:

Cuanto más grande sea el gobierno, mayor será el pastel para repartirse y mayores serán los incentivos de las empresas para obtener una parte de ese pastel. En 1900, el gasto federal (en Estados Unidos) no destinado a la defensa representaba solamente el 1,8% del PBI, mientras que el gasto en defensa ascendía al 1%. En el año 2005, el gasto público no destinado a defensa representó el 16% del PBI y el gasto en defensa el 4%. En el período de un siglo, la tajada del gobierno sobre la producción se multiplicó por 7.”

El dato para nuestro país es todavía más alarmante. En el año 2003 el gasto público ascendía al 20,6% del PBI, mientras que en 2015 fue del 40,3%. En solo 12 años se multiplicaron por 2 las erogaciones estatales, lo que incrementó sideralmente el “pastel” para que políticos y amigos del poder se repartan.

Mirando los números de la obra pública arribamos a que en 2015 se gastaron nada menos que casi $ 195.000 millones con ese fin. Es decir que cualquier empresa que recibiera aunque sea el 1% de ese total podría hacerse de $ 162 millones de facturación mensual.

¿A quién extraña que, en este contexto, políticos y pseudoempresarios colaboren para saquear las arcas públicas?

El verdadero problema de la corrupción no son los Lázaro Báez. Ni siquiera lo son Cristina o Néstor Kirchner. El problema es el sistema que genera el caldo de cultivo para que la corrupción exista.

Una economía hiperregulada, con un gasto público enorme y creciente es el verdadero origen de la cuestión. Las regulaciones excesivas promueven las coimas como forma de evitarlas y “aceitar los trámites”. Por su parte, el gasto promueve la discrecionalidad y la capacidad de los funcionarios de beneficiar a los amigos del poder.

Le doy la bienvenida al accionar de la justicia siempre que se garanticen los procesos judiciales y se dicten sentencias de manera independiente. Pero advierto al mismo tiempo que hasta que no desmantelemos el sistema de hiperintervencionismo en el que vivimos, es poco lo que haremos para reducir los actos corruptos.

Lázaro Báez es apenas la punta del iceberg.

Fuente: El inversor global

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1Abr/160

«El islam es incompatible con Occidente»

Entrevista a Giovanni Sartori.

«Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible».

En esta larga entrevista, Giovanni Sartori, de noventa y dos años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como «Partidos políticos» o «Teoría de la democracia»-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, superpoblación, etcétera.

Ideas proféticas

Profesor en Florencia, su ciudad natal, y en Stanford, Harvard, Yale y Columbia, con nueve «laureas honoris causa» y numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), ha escrito con estilo vivaz y muy directo ensayos que han abierto grandes debates: «Qué es la democracia» (1997); «La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros» (2001); »Homo videns: la sociedad teledirigida» (1998). Publicó su último libro en junio pasado: «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro».

Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso «renegar de nuestra cultura», media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. «Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones».

Falta de respeto

Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.

En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras dos ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90 por ciento de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.

Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: «La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad».

¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: «El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular».

Sentido común

¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: «Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia»; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: «El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta».

A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: «A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa».

Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: «La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común».

La integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, «el islam no tiene capacidad de evolución». Cita, por ejemplo, a la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».

En peligro

La inmigración actual se está produciendo sin un flujo ordenado, porque, aparte de la que tiene motivaciones económicas, es fruto de guerras. Ante la suspensión de los acuerdos de Schengen en algunos países hasta ahora muy favorables a la inmigración, como Dinamarca o Suecia, Sartori indica: «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura».

En definitiva, sostiene Sartori que «Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico». Hace ya quince años que, en el «Corriere della Sera», Sartori afirmó que estábamos asistiendo a «una guerra inédita con cuatro características: terrorista, global, tecnológica y religiosa». Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: «En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo».

«Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política». ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: «Veremos. Este es un mundo que se está suicidando».

Sartori está escribiendo la segunda parte de «La carrera hacia ninguna parte», ensayo para el que pensó otro título, «La carrera hacia la ruina». «Caminamos sin ideas sobre cómo progresar con tantos como somos, demasiados…», dice. Precisamente, «la superpoblación es el cáncer de fondo de nuestra sociedad». Es una de sus grandes preocupaciones, a la que dedicó «La tierra explota, superpoblación y desarrollo» (2003).

Especialmente crítico con la Unión Europea, asegura: «Es un monstruo. La Europa de los 28 es una entidad muerta, no existe. No es capaz ni de parar la inmigración. En mi nuevo libro aporto soluciones: Europa necesita un presidente experto en economía».

El «tranquilismo»

«Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el “tranquilismo” que conducen a no hacer nada».

No se siente solo el profesor Sartori desde el punto de vista intelectual. Coincide con su duro diagnóstico europeo el sociólogo francés Alain Touraine, que acaba de recibir en Italia el Premio Nonino como «maestro de nuestro tiempo»: «Los países europeos son hoy incapaces de integrarse completamente en la economía mundial y globalizada. Acabo de volver de California y me ha impactado, hablando con los americanos, que para ellos el mundo de mañana se refiere solo a EE.UU. y China. Han abandonado Europa. No nos toman en serio. Para ellos somos solamente un destino para sus vacaciones».

Desde el punto de vista sentimental, Sartori siempre tiene cerca, también durante esta conversación, a su mujer, Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa, de la que le separan «solo» treinta y nueve primaveras. ¿La receta de la convivencia? «Buen humor y no preocuparse por el paso del tiempo». Así concluye la entrevista el viejo y sabio profesor, que ha sembrado cultura política en la derecha y la izquierda, y que todavía tiene mucho que enseñar: «Al menos espero acabar este libro. Después, basta. No soy infinito».

 

Fuente: ABC Cultural

 

24Mar/161

Echale la culpa a EE.UU.

Por Adrián Simioni.

¡Es tan sencillo, tan aséptico, tan autosatisfactorio culpar a Estados Unidos...!

La instigación del gobierno estadounidense a voltear gobiernos latinoamericanos no es una fantasía. Su respaldo a dictadores, tampoco. El rol de la CIA y de Henry Kissinger en el golpe de Estado pinochetista a Salvador Allende es sólo el caso más documentado. Pero quedarse sólo en eso es reducir la historia. En beneficio del que la reduce.

Por empezar, los primeros interesados en voltear a los gobiernos de Juan Perón y de Isabel Perón fueron las organizaciones guerrilleras y terroristas.

En abril de 1973, el ERP explicó en un largo documento por qué no dejaría de combatir pese a la asunción de Héctor Cámpora, cosa que profundizó contra los gobiernos de Juan Perón y de Estela Martínez.

Montoneros –que había contribuido a elegir a los tres presidentes, controlaba las principales gobernaciones y las universidades y cubría importantes puestos en el Estado– también decidió empujar a Perón y a Martínez desde 1974.

En el caos provocado por grupos decididos a imponer cosas que la sociedad no había votado, sectores de todos los gustos impulsaron el golpe.

Hoy, los organismos de derechos humanos se declaran heridos y violentados por la visita de Barack Obama al Museo de la Esma.

Es notoria la selectividad con Estados Unidos. Nunca se escuchó a nadie pedirles a Fidel y a Raúl Castro que desclasifiquen archivos sobre el financiamiento y entrenamiento que dieron en la década de 1960 a grupos violentos que querían voltear gobiernos democráticos y no democráticos.

En todas sus reuniones con ellos, Cristina Fernández nunca les pidió saber qué pasó con multimillonarios rescates pagados por ciudadanos argentinos secuestrados en democracia por Montoneros, que luego derivó parte de esos fondos a Cuba.

Los organismos de derechos humanos nunca reclamaron explicaciones sobre por qué Cuba calló tanto durante la dictadura argentina. Porque callaron muchísimo más que Estados Unidos.

En enero de 1977, cuando asumió la presidencia James Carter, a sólo 10 meses de instalada la dictadura argentina, EE.UU. se transformó en el único país en hablar, fuerte, de los derechos humanos en Argentina.

El padre del excanciller Jacobo Timerman fue liberado tras gestiones del gobierno estadounidense, que les concedió la ciudadanía a sus hijos y lo acogió como exiliado.

Pese a la Guerra Fría en desarrollo, que transformaba en un riesgo geopolítico cualquier crítica a una dictadura de derecha, Carter presionó a los militares argentinos hasta lograr que, en 1979, una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitara la Argentina.

No sólo eso: Carter designó a Patricia Derian como secretaria de Derechos Humanos. Y Derian se las agarró con los dictadores argentinos.

Derian declaró en el juicio a las juntas de la década de 1980 y contó su reunión con Massera el 10 de agosto de 1977 (no en 2003), en la Esma (no en un museo). “Es posible que mientras nosotros hablamos, en el piso de abajo se esté torturando a alguien”, contó Derian a los jueces que le dijo a Massera. Y siguió: “Entonces, sucedió lo que realmente fue asombroso: él me sonrió con una enorme sonrisa, hizo el gesto de lavarse las manos y me dijo: ‘Usted recuerda lo que pasó con Poncio Pilatos’”.

Pueden preguntarle: Derian aún vive. Anda por los 87 años de edad. Si no, pueden seguir repitiendo sólo la media verdad que los cínicos que sí saben les repetirán, una y otra vez, a los ignorantes que no lo saben.

Fuente: La Voz del Interior

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