A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

4jul/153

Libres de envidia

Prólogo al libro de Guillermo González Rodríguez

Por Gabriel Zanotti.

Los liberales aún somos en algún sentido, hijos del iluminismo, por más que nos aclare Hayek que hay dos racionalismos, uno verdadero y otro falso, explicándonos en la tradición de Hume los límites de la razón, un cierto espíritu «de las luces» está entre nuestros propios prejuicios empeñado en creer, contra toda evidencia, que la razón, con sus limitados poderes, tiene que ser más que suficiente para superar arraigados prejuicios anclados en hondos sentimientos.

Con esta contundente e importantísima afirmación, Guillermo Rodríguez González nos da pie para introducir su ensayo sobre la envidia y su relación con el socialismo.

En efecto, pocas veces, dentro de los ambientes liberales clásicos o libertarios, los temas psicológicos son abordados en profundidad. Nos manejamos bien en Economía, Derecho Filosofía Política y Filosofía, tratamos de argumentar racionalmente, estudiamos, leemos, escribimos, y entonces, desde allí, tratamos de “convencer al otro”. Pero “el otro” no se convence, no nos escucha, no nos lee. Y nos preguntamos entonces qué pasa con nuestra didáctica, qué cosa hemos hecho mal, etc. Y seguimos haciendo seminarios, cursos, a veces con mucho público, que ya está convencido, claro. Mientras tanto el socialismo sigue avanzando y en las horas más amargas uno llega a plantearse realmente si el mundo está loco o el loco es uno mismo.

Ni una cosa ni la otra. Nos falta un aspecto importante en todos nuestros estudios. No hemos profundizado suficientemente en las razones psicológicas de los movimientos de masas que son la base de todo socialismo. Las masas no están psicóticas en el sentido técnico del término: están alienadas, que es diferente, y nosotros tampoco estamos locos: sencillamente somos demasiado racionales en un mundo social que se maneja con otros parámetros. Ser conscientes de ello nos evitaría muchas angustias y nos permitiría enfocar nuestra acción política de modo diferente. Y en este sentido, el libro de Guillermo Rodríguez González es un paso muy importante en ese sentido.

Hay tres temas que, en ese sentido, nos ayudarían mucho. En primer lugar, los orígenes psicológicos de la alienación, explicado de manera casi insuperable por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. La masa es una regresión a una etapa infantil, una fijación en la figura paterna que convierte nuevamente al sujeto a la situación de hermandad en la horda primitiva cuyo jefe ha sido asesinado y convertido en tótem. Esa tesis freudiana, no histórica sino simbólica de lo más profundo e inconsciente de la psiquis, nos muestra que las masas alienadas son inmunes a todo discurso racional. Sólo un estadista, que haga una transferencia social, puede sacarla de su encantamiento.

Fromm colaboró de igual modo explicando que las neurosis escondidas detrás de los fenómenos sadomasoquistas están en el fondo de variadas circunstancias históricas y, por ende, también en los autoritarismos del s. XX. Si bien su comprensión del capitalismo deja mucho que desear, ello no quita lo esencial de sus reflexiones: el alienado se une a su victimario, el esclavo se une a su amo y viceversa alimentados por el placer que produce el dominio (sadismo) y el placer de ser dominado (masoquismo). Frente a ello, es obvio que ambos tipos de neurosis, habitando en lo más profundo del inconsciente, no producirán un sujeto precisamente apto para entender “La mentalidad anticapitalista” de MisesJ.

Frankl aporta su propia visión logoterapéutica a la dialéctica del amo y del esclavo. La pérdida del sentido de la existencia fomenta la búsqueda de un “sentido prestado”, que es proporcionado por el “amo”, que también encuentra en ese poder el sentido de su vida. El cerrojo no podría ser mayor: esclavo y dictador se ensamblan de manera simbiótica en una relación que anestesia su profundo sin sentido, una anestesia tan fuerte, un macabro sueño tan profundo, que es casi imposible despertarlos.

Nuestro autor no se queda atrás. Tomando elementos de Schoeck y de Hayek elabora una síntesis tal que es un novedoso aporte en esta dirección. Primero reseña, en una magnífica síntesis, la evolución del Estado de Derecho, al estilo Hayek. Pero ello le da pie para introducir lo central de su tesis. Porque en la evolución del orden espontáneo, que es el paso de la sociedad tribal a la gran sociedad, esto es, el orden extenso del mercado, no hay que suponer que el individuo adaptado al mercado ha olvidado los instintos atávicos de la sociedad tribal. No, ellos subsisten al mismo tiempo que se desempeña aparentemente sin problemas en instituciones liberales y en los intercambios del mercado.

Uno de estos “instintos atávicos” (y aquí viene el aporte de Schoeck) es la suposición de igualdad. Las sociedades tribales son sociedades “hermanadas”, al decir de Freud; toleran que el “jefe de la horda” distribuya la riqueza pero siempre reclamando la igualdad distributiva. Las desigualdades conforme a los aportes al mercado son ajenas a sus vivencias. Cuando estas comienzan a aparecer, hay un esfuerzo adaptativo, pero, como Freud diría nuevamente, se produce cierto “malestar”. Un malestar que subsiste en el inconsciente cuyo resultado es la envidia. ¿Cómo puede ser que el hermano sea mejor, se destaque, y tenga más bienes que yo? No, claro, no es una pregunta consciente, es un clamor inconsciente que luego se racionaliza en las críticas al mercado. La adhesión masiva a la teoría de la explotación de Marx es uno de los mejores ejemplos: “Karl Marx, -dice nuestro autor- en Trabajo Asalariado y Capital de 1849 racionaliza la envidia (sin mencionarla) como un malestar ante la desigualdad independiente de mejoras en el nivel de vida de los más pobres, asumiendo que aquellos se comparan siempre, única y exclusivamente, con los que tengan o ganen más que ellos y nunca con ellos mismos en un pasado en que estuvieran en peor condición, siendo la desazón el resultado de cualquier mejora propia si aquélla ocurre al  tiempo en que otros mejoren relativamente más”.

El resultado de todo esto (cap. III de este ensayo) es el salvaje. A modo de tipo ideal weberiano, el salvaje es ese individuo que, apenas bajan las defensas del orden civilizatorio del mercado, es capturado por los virus latentes de sus pulsiones tribales originarias. Ese salvaje es el enemigo interno de toda sociedad abierta, de todo orden constitucional, de todo mercado.

Contra “él”, y a pesar de él, evoluciona el mercado, en el mismo sujeto. Freud nos dice que el inconsciente es como ir a la Roma actual donde vive, en el mismo presente, la Roma antigua, no como ruina, sino como real. En el mismo sujeto está el salvaje y el civilizado. Por lo tanto, ¿cuál es la esperanza? La esperanza no puede fundarse en que uno de los dos va a prevalecer, sino en que las instituciones sean lo suficientemente fuertes como para sobrellevar el peso de las masas. Si: es una esperanza orteguiana. El liberalismo, emergente en medio de nuestras pulsiones más primitivas, ha sido un milagro, impulsado tal vez por el judeo-cristianismo al cual incluso Ayn Rand, como nos enseña nuestro autor, le atribuye algún valor, y mucho más Hayek, por supuesto. En ese sentido, los liberales clásicos y libertarios debemos seguir escribiendo, haciendo nuestros seminarios, etc., pero advertidos que rara vez llegaremos a las masas. Nuestro papel es el de ser un contrapeso de la historia. El mundo real siempre será un intermedio entre autoritarismo y libertad. Si es un intermedio, no es porque hayamos fracasado, sino al contrario: es porque estamos. Si no estuviéramos, el autoritarismo será completo y absoluto. Nosotros somos la voz de la conciencia de la horda primitiva, el super-yo que mantiene a la cultura a pesar de su malestar.

Fuente: Punto de vista económico

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2jul/151

Para comprender el problema de Grecia

Por Emilio Martínez.

La ruina de Grecia es una historia plagada de engaños, despilfarros, irresponsabilidad política y una gran hipocresía social

Grecia no sólo es un país quebrado, sino una de las economías más pobres y menos desarrolladas de Europa desde hace décadas. Y ello, pese a seguir, curiosamente, los dictados de la izquierda radical, puesto que el Estado heleno se ha caracterizado por ser uno de los más intervencionistas de Europa (ocupaba el puesto 100 del ranking mundial sobre facilidad para hacer negocios cuando estalló la crisis del euro) y con uno de los mayores niveles de gasto público.

Y es que, el origen de la tragedia griega, muy al contrario de lo que defienden Syriza o Podemos, no radica en la pretendida austeridad, sino en su desbocado e insostenible sector público. Grecia fue el país de la UE que más aumentó su gasto público real (un 80% entre 1996 y 2008) y su deuda pública (un 400% superior a sus ingresos públicos en 2011) durante los felices años de la burbuja crediticia. Pero estas grandes cifras, siendo relevantes, se tradujeron en hechos muy concretos, cuya realidad ocultan hábilmente partidos como Syriza en Grecia o Podemos en España.

A continuación, se resumen las diez grandes vergüenzas de Grecia que la izquierda europea se niega a reconocer. La ruina helena es una historia llena de mentiras, despilfarros y una enorme hipocresía.

  1. Mintieron sobre el déficit público

Lo primero que cabe señalar es que los políticos griegos ocultaron su déficit público real durante años. Cuando el nuevo gobierno de Atenas llegó al poder en 2009, se encontró un agujero fiscal equivalente al 14% del PIB, frente al dato oficial del 3,7% comunicado a Bruselas.

De un día para otro, el déficit pasó de 7.000 a cerca de 30.000 millones de euros, casi cuatro veces más. Este manifiesto engaño evidencia la enorme irresponsabilidad política de los distintos gobiernos griegos.

  1. Atenas recurrió a la banca de inversión

La izquierda carga constantemente contra los mercados, en general, y la malvada banca de inversión, en particular, pero olvidan que su admirada Grecia recurrió a los financieros de Wall Street para ocultar sus desastrosas cuentas públicas.

El anterior Gobierno presidido por Yorgos Papandreu reconoció que Grecia mintió en las cifras de déficit y deuda para entrar en el euro y, por tanto, ofreció datos falsos hasta 2009, valiéndose, entre otros, de los servicios de Goldman Sachs. A este respecto, cabe señalar que el hoy presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dirigía las operaciones de Goldman en Europa en 2002, cuando Grecia inició sus fraudulentas operaciones de ingeniería financiera.

  1. El Estado causó la quiebra de la banca

Otra verdad incómoda es que, en el caso de Grecia, la quiebra de la banca fue responsabilidad directa del Estado heleno, no al revés. Las entidades financieras se cargaron de deuda pública helena durante los años de la burbuja para financiar el enorme y suntuoso gasto de los distintos gobiernos. Por ello, la banca griega entró en quiebra cuando se aplicó una quita del 50% sobre los bonos helenos en manos de los acreedores privados en 2011, tras acordar el segundo plan de rescate con la troika.

Posteriormente, Europa tuvo que inyectar dinero extra para salvar los depósitos de Grecia. Es decir, los depositantes griegos fueron rescatados con el dinero de los contribuyentes europeos a través de la troika, después de que la insolvencia de Atenas arrastrara a la banca nacional a la quiebra.

  1. Vida a todo tren, pero con el dinero de otros

Durante la burbuja, Grecia vivió muy por encima de sus posibilidades reales, recurriendo a una ingente deuda pública para poder financiar ese insostenible nivel de gasto. Más de la mitad de la economía griega dependía, de una u otra forma, del maná estatal, creando así una gran estructura clientelar a base de enchufes, corrupción y subvenciones. Algunos ejemplos:

Durante años, y pese a tener un PIB per cápita muy inferior al de España, el salario mínimo en Grecia era un 50% superior.

Durante décadas, cuando un partido llegaba al poder enchufaba a gente en el sector público a cambio de su voto, acrecentando de forma insostenible la plantilla estatal.

El Hospital Evagelismos, uno de los principales de Atenas, por ejemplo, llegó a tener en nómina a 45 jardineros para cuidar de las cuatro macetas de su entrada; algunos organismos públicos contaban con 50 conductores por cada coche; un antiguo ministro de Agricultura creó una unidad no contabilizada que daba empleo a 270 personas para digitalizar las fotografías de las tierras públicas griegas, sin que ninguno de los contratados tuviera experiencia en fotografía digital, ya que eran carteros, peluqueros, agricultores y, en general, afiliados del partido…

El gasto en educación, sanidad y política social fue, de lejos, el que más aumentó hasta el estallido de la crisis de deuda, superando el 31% del PIB en 2012.

Además, Grecia, el gran referente de la izquierda radical, era el país de la UE que más dinero destinaba a gasto militar antes de la crisis, con una media superior al 4% del PIB.

  1. Exceso de funcionarios e ineficiencia

El empleo público es, sin duda, uno de los grandes paradigmas del despilfarro griego.

– Durante la burbuja, Atenas ni siquiera sabía cuántos empleados tenía en nómina: los sindicatos estimaban unos 700.000, mientras el Gobierno hablaba de 800.000; pero, sumando los contratos temporales, la cifra superó el millón de personas en 2007, equivalente al 10% de la población y a casi el 20% de la fuerza laboral del país.

– Ganaban una media de 1.350 euros mensuales, superando el sueldo medio existente en el sector privado. Pero lo relevante es que la ganancia real de los empleados púbicos era muy superior: además de cobrar dos pagas extra, recibían pluses y remuneraciones adicionales aduciendo todo tipo de excusas, como llegar al trabajo en el horario previsto, presentarse correctamente vestido, usar ordenador o hablar idiomas. Los guardas forestales, por ejemplo, recibían un plus por trabajar al aire libre.

– Sumando todas las extras, los funcionarios de Grecia llegaron a ganar de media más de 70.000 euros al año frente a los 55.000 euros de Alemania.

– Asimismo, los funcionarios también disfrutaban de una pensión vitalicia de 1.000 euros mensuales para las hijas solteras de empleados fallecidos, entre otros muchos privilegios y prebendas.

– Grecia tenía cuatro veces más profesores que Finlandia, el país que mejor nota saca en el Informe PISA de calidad educativa, pero esa superpoblación de docentes sólo le ha servido para estar entre los países europeos con peor nivel en casi todas las pruebas de Enseñanza. Muchos griegos que envían a sus hijos a las escuelas públicas tienen que contratar luego profesores particulares de refuerzo.

– Otro dato curioso es que su Sanidad pública era de las que más invertía en suministros, superando la media de la UE, sin que los griegos sufrieran más enfermedades que el resto de europeos. ¿Razón? Uno de los muchos escándalos destapados durante estos años es que era tradición entre médicos y enfermeras salir de los hospitales cargados con todo tipo de material higiénico y sanitario…

  1. Empresas públicas, el culmen del despilfarro

Sin embargo, más allá del desproporcionado número de funcionarios, sus suculentos sueldos o la grave ineficiencia de los servicios públicos, el culmen del despilfarro era su sobredimensionada estructural estatal a base de cientos de empresas, organismos y entidades inútiles. Basta señalar algunos ejemplos para percatarse de dicho despropósito:

El sueldo medio en la Renfe griega llegó a superar los 70.000 euros al año, incluyendo las profesiones de baja cualificación. Sus ingresos operativos apenas rondaban los 100 millones al año, mientras que sus gastos alcanzaban los 700 millones.

“Hace veinte años, un próspero empresario llamado Stefanos Manos, nombrado después ministro de Finanzas, señaló que sería más barato meter a todos los pasajeros de los ferrocarriles griegos en taxis: sigue siendo verdad”, tal y como detalla Michael Lewis en su libro Boomerang: Viajes al nuevo tercer mundo europeo, publicado por Deusto, en donde explica buena parte de los desmanes helenos cometidos durante la burbuja.

El presupuesto del metro de Atenas rondaba los 500 millones de euros al año, mientras que los ingresos en taquilla apenas alcanzaban los 90 millones.

Grecia también creó un comité para gestionar el Lago Kopais, a pesar de que se secó en 1930.

Tras el rescate de la troika, Atenas anunció la eliminación o fusión de 75 organismos públicos en los que trabajan más de 7.000 personas y que, anualmente, recibían 2.700 millones de euros en subvenciones (unos 386.000 euros por cada empleado).

  1. Jubilación de oro

Hasta el estallido de la crisis, los griegos se podían jubilar con poco más de 61 años, cobrando casi el 96% de su sueldo, siendo uno de los sistemas de pensiones públicas más generosos (e insostenibles) de la UE.

Pero es que, además, en Grecia existían cerca de 600 categorías laborales que, alegando motivos de salud, podían optar a la jubilación anticipada, establecida en 50 años para las mujeres y 55 para los hombres. Y entre estos últimos beneficiados había todo tipo de profesiones, desde peluqueros hasta trompetistas, flautistas, cocineros, masajistas e incluso presentadores de televisión, entre otros.

Precisamente por ello, los griegos disfrutaban de la mayor esperanza de vida tras la jubilación, y no porque vivieran más, sino porque se jubilaban mucho antes. En concreto, mientras la media de la OCDE es de 18,5 años tras el retiro (en España es de 17,9), los helenos gozaban de más de 24 años de plácida existencia tras la jubilación, a base, eso sí, de pedir prestado un creciente volumen de dinero a los mercados en forma de deuda pública.

Además, el control sobre la gestión de las pensiones era inexistente. Durante la crisis, se han detectado miles de familias que cobraban jubilación años después de que fallecieran sus titulares o prestaciones de desempleo sin tener derecho a ello.

  1. Sobornos y evasión fiscal

Grecia también destaca por liderar todos los indicadores de evasión fiscal a nivel europeo. Antes de la crisis, uno de cada cuatro trabajadores no pagaba nada en impuestos, de modo que las arcas públicas dejaban de ingresar entre 15.000 y 20.000 millones de euros al año.

Prueba de ello es que, antes de la crisis, menos de 5.000 contribuyentes griegos, en una población total de casi 12 millones, reconocían cobrar más de 100.000 euros al año. Lewis, por ejemplo, explica en su obra que dos tercios de los médicos privados no pagaban ni un euro de impuestos, ya que declaraban unos ingresos de menos de 12.000 euros al año, el umbral mínimo para empezar a tributar.

Además, los sobornos estaban a la orden del día. Algunos estudios señalan que los griegos se gastaban unos 800 millones de euros al año en mordidas para evitar el pago de multas o para que los funcionarios hicieran la vista gorda, incluyendo los inspectores fiscales. Por poner tan sólo un ejemplo, el Ministerio de Hacienda despidió hace escasos años a 70 funcionarios con un patrimonio inmobiliario medio de 1,2 millones, cuando su sueldo no superaba los 50.000 euros.

Otro dato llamativo es que la proporción de autónomos en Grecia era también de las más altas de la UE, y no porque fueran especialmente emprendedores, sino por la facilidad de ocultar ingresos al Fisco. Por si fuera poco, en años electorales, como 2009, la recaudación bajaba de forma muy sustancial (hasta el 30%), con independencia de cómo evolucionara el PIB, ya que los políticos, sobre todo a nivel local, solían perdonar el pago de impuestos como forma de comprar votos.

  1. Deuda pública desbocada

Como consecuencia, toda esta borrachera de gasto y despilfarro estatal se financió emitiendo deuda. Grecia fue el país que más recurrió a la deuda pública durante la época de burbuja y, por ello, su factura anual en el pago de intereses superó, hasta el segundo rescate a Grecia, el 12% de los ingresos públicos (en 2011, antes del rescate alcanzó, el 17%), mientras que en Alemania dicha factura se ha mantenido estable en el 6% de todos los ingresos públicos.

  1. Pueden pagar, pero no quieren

Syriza y Podemos reclaman ahora una nueva quita soberana, pese a que el Estado heleno se endeudó voluntariamente para cometer todos los excesos descritos anteriormente, en lugar de que Grecia asuma su responsabilidad y pague lo que debe.

Aunque muchos dicen que es imposible, lo cierto es que, según el Banco Central Europeo (BCE), Atenas posee una enorme cartera de activos públicos, cuyo valor estimado asciende a 300.000 millones de euros, incluyendo empresas, infraestructuras, acciones, participaciones, suelo y todo tipo de bienes inmuebles. Además, Grecia también podría vender islas, playas, oro y hasta monumentos si es necesario con tal de cumplir sus compromisos y evitar el doloroso estigma de la quiebra y posible salida del euro.

Pero ni siquiera haría falta llegar tan lejos: si Atenas redujera el peso del Estado a la mitad (unos 60.000 millones), con la consiguiente privatización de pensiones, sanidad y educación, y vendiera el 50% de sus activos públicos (otros 100.000 millones por lo bajo) su deuda quedaría reducida al 70% del PIB; ello, unido a un compromiso serio de equilibrio presupuestario (déficit cero) y a un ambicioso plan de reformas para liberalizar la economía y bajar impuestos, permitiría reducir aún más su endeudamiento a medio plazo por la vía del crecimiento económico. Grecia puede pagar, lo que pasa es que no quiere y, por lo tanto, todo apunta a que no lo hará.

Fuente: Libremercado.com

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29jun/150

La economía argentina está atada con alambres

Por Manuel Solanet.

En la jerga de la mecánica doméstica se dice que "está atado con alambres" un artefacto que se deterioró pero al que sólo se lo quiere hacer durar con una reparación precaria. Puede aplicarse este dicho a la economía argentina de esta época. La consigna oficial es llegar al 10 de diciembre sin una crisis, aunque esto implique dejar una herencia cada vez más comprometida. La historia le enseñó al Gobierno que debe evitar a toda costa cualquier peligrosa aceleración inflacionaria o una escapada del dólar paralelo que puedan provocar una corrida cambiaria y bancaria. El cepo causa enormes perjuicios, pero de ninguna manera ocasiona una reacción popular como la que en su momento produjo el corralito y el corralón. Igualmente, una inflación del 30% provoca conflictos y castiga a los asalariados, pero no derrumba un gobierno como ocurrió con la hiperinflación. Un importante déficit fiscal puede por un tiempo financiarse con los ahorros de los jubilados, con emisión o con deuda a un muy alto interés. El grave compromiso a futuro que esto implica no es percibido por el hombre de la calle, como tampoco no cumplir sentencias ni negociar con los acreedores. Por lo contrario, este desplante adorna el discurso populista y parece aportar rédito político.

Tal vez el ejemplo más ingenioso de "atar con alambres" es la forma de mantener controlada la cotización del dólar paralelo mediante la venta abundante de dólar ahorro. Se quita demanda y al mismo tiempo se genera oferta en el mercado informal. Claro está que para ello deben usarse reservas del Banco Central mientras el duro cepo se las escatima dramáticamente a los importadores y a otros usos esenciales. Las ventas de dólar ahorro fueron abundantes, cercanas a los 500 millones mensuales. Si se proyecta este uso de las reservas disponibles junto al pago del Boden 15, se advierte que para llegar a diciembre se tendrá que recurrir nuevamente a captar deuda costosa. El maquillaje de las reservas del Banco Central no resuelve el problema.

Pero ni todas estas dificultades ni el retraso cambiario comprometen políticamente tanto como lo haría una escapada del dólar y de la brecha cambiaria. En buena medida esta supuesta paz cambiaria y la leve caída de la actividad económica reducen la inflación y generan una sensación de tranquilidad que les permitió a la Presidenta y al ministro Axel Kicillof burlarse de los economistas que, según ellos, pronosticaban problemas que no se produjeron. Tal vez el mejor aporte reciente a una mayor racionalidad en el frente oficial lo haya hecho Miguel Bein, quien aconsejó priorizar la venta de reservas a los importadores por sobre el dólar ahorro, y que esta semana aconsejó acordar con los holdouts con una quita.

El mejor termómetro de la confianza en un país y del buen o mal manejo de su economía es la magnitud de la inversión extranjera directa. La Cepal acaba de publicar un informe que muestra un deterioro de la posición argentina con una caída del 41% en 2014. Es lamentable, pero es la realidad. Debe decirse además que la visión del inversor externo no difiere de la del interno. A pesar de que los mercados financieros reflejan algunas expectativas de cambio político, la inversión doméstica en construcciones y equipos sigue por ahora en bajos niveles.

Las decisiones de inversión de largo plazo dependerán de lo que suceda en los próximos meses con las encuestas electorales. Los capitales externos buscan mejores rendimientos ante la demorada reacción de las tasas de interés internacionales. La Argentina aún desaprovecha esta oportunidad y el empeño del virtual candidato del oficialismo de ratificar la continuidad del modelo posterga la recuperación de la confianza. Será así hasta que se disipen sus chances electorales o en caso de que gane, hasta que produzca el giro que algunos esperan y muchos más descreen. La Argentina sigue siendo un país en el que las instituciones y las políticas están sujetas al arbitrio de las personas que acceden al poder y ese acceso requiere usualmente omitir la racionalidad en el discurso preelectoral.

Todo esto lleva a pensar en una escasa probabilidad de cambios positivos en el escenario económico durante este año. La inflación encontró un nivel del orden del 2% mensual como lo confirmó el índice Congreso de abril pasado, lo que en el acumulado anual suma un 27 por ciento.

Si bien el Indec fantasea con la mitad de esa inflación, el Gobierno estableció esa pauta para los aumentos salariales. La dificultad es la mayor incidencia del impuesto a las ganancias y la pérdida de salario real en 2014 que reclama una recuperación. Esta semana, los bancarios pararon 48 horas y los aceiteros del principal polo del país en el Gran Rosario llevaron adelante una huelga prolongada. Lo paradójico es que hay acuerdo en las paritarias, pero el Gobierno asumió un poder de veto sobre lo que exceda la pauta oficial. Tal vez la cuestión finalice con mejoras disimuladas en artificios remuneratorios que alcancen lateralmente las demandas gremiales ya acordadas originalmente.

Frente a estos aumentos de costos, el empeño de continuar con el retraso del tipo de cambio oficial pone más presión a la competitividad, particularmente sobre las producciones regionales que enfrentan mayores fletes y además precios internacionales en caída. Hay que hablar con los productores frutícolas del valle del Río Negro, los azucareros de Tucumán o los sojeros de Chaco o Santiago del Estero. Además, en este manejo parece no haber una percepción oficial de que prácticamente todas las monedas se están devaluando frente al dólar. Tampoco el Gobierno insinúa ajustar las tarifas de energía y transporte para reducir los subsidios que desbordan el déficit fiscal. Esta política de mirar para otro lado significa más presión en la olla que alguien deberá destapar después del próximo 10 de diciembre.

Fuente: diario La Nación

7jun/150

Don Julio y Cristina

Por  Alfredo Leuco.
Digamos de entrada que es una realidad que indigna. Pero si fuera otra película de Francis Ford Coppola, debería titularse: “El Padrino y la Presidenta”.
La primera escena es documental. Hay que buscarla en el archivo de los noticieros de televisión. Es el día 20 de agosto del año 2009 y transcurre en una carpa gigantesca que el gobierno levantó en el predio que la AFA tiene en Ezeiza.
Hay 800 invitados que brindan con champagne y encienden su hoguera de vanidades. De pronto, aterriza el helicóptero y ella baja ante el aplauso de la concurrencia. Al pie de la nave reciben a Cristina don Julio Humberto Grondona y don Diego Armando Maradona. Uno está de traje y el otro ataviado con el buzo de director técnico de la selección nacional.
Los tres intercambian besos, sonrisas y elogios. Suben al escenario principal que se ilumina con todos los flashes y a donde apuntan todas las cámaras. Cristina viste de rojo y está eufórica.
¿Quiénes más comparten la mesa con ese trío tan poderoso? Eduardo Fellner, un señor feudal pejotista y el cacique del gabinete, Aníbal Fernández que con el tiempo iba a ser presidente de Quilmes. Hay cadena nacional, por supuesto.  La locutora anuncia que hablará la doctora para los cuarenta millones de argentinos y Cristina hace algunos anuncios que se cumplieron y otros que fueron mentiras, según podemos confirmar hoy seis años después.
La sociedad entre Grondona y Cristina se firma en ese momento.  En ese pacto, la presidenta se compromete a darle 600 millones de pesos de todos los argentinos y el patrón de la AFA a cambio le da la transmisión exclusiva de los partidos de fútbol por diez años.
Fue el nacimiento de Fútbol para Todos. Fue la consagración del mayor concubinato entre fútbol y gobierno del que se tenga memoria.
Por eso Don Julio, el que acaba de ser acusado por la justicia norteamericana de cobrar una coima de 15 millones de dólares, dice mirando a Cristina: “Este es el día más importante de la historia de la AFA” y todos aplauden de pie. Incluso el Diego que siempre denunció a la FIFA como una multinacional de la corrupción, pero que le da dos besos en las mejillas al padrino que es el vice presidente de esa organización mafiosa y criminal desde hace 25 años y que además, no casualmente está a cargo de la “Comisión de Finanzas, Marketing y Televisión”, es decir donde se reparte el botín, la parte más jugosa de la estafa planetaria que manchó la pelota.
Aquel día fue realmente histórico. No solo porque se selló un pacto entre el grondonismo y el kirchnerismo que todavía sigue vigente, aún después de muertos Néstor y don Julio.
Cristina apeló a una metáfora que denigró a las víctimas de la dictadura cuando dijo eso de que “Tenían secuestrados los goles, como habían secuestrado a 30 mil argentinos”. De inmediato, por aclamación y por unanimidad se resolvió llamar al campeonato “Torneo Néstor Carlos Kirchner”.
Hoy queda claro que la gran mentira de Cristina fue que la publicidad privada iba a financiar esa movida y que la mitad de las ganancias iban a destinarse a potenciar los olvidados deportes amateur y olímpicos. Era una buena idea. Era una buena promesa.
La realidad dice que los bolsillos de todos los argentinos subsidiamos a los clubes fundidos y a los dirigentes corruptos y que jamás fue un centavo a parar a los bolsillos de esos esforzados deportistas.
El gobierno gastó fortunas incalculables y utilizó el fútbol como el más formidable aparato de propaganda. Hay varias denuncias ante la justicia por eso. Todos coinciden en que si Grondona estuviera vivo, hoy estaría  preso.
Pero don Julio estaba chocho. Su famoso anillo del dedo meñique que decía “Todo pasa” debería haberse transformado en un “Pasa de todo”.
La justicia norteamericana conmovió al mundo con sus denuncias rigurosas de mega corrupción globalizada pero nosotros, los argentinos, no nos sorprendimos demasiados. Lo sospechábamos desde un principio, podríamos decir con algo de tragicomedia, de la mano del Chapulín Colorado.
En setiembre del 2011, Marcelo Araujo en plena transmisión de Boca vs Independiente dijo lo siguiente: “Nunca el fútbol argentino tuvo tanta representación en una de las multinacionales más importantes del mundo. El maneja las finanzas y dio la orden de pasarse del dólar al euro y crecieron fuertemente los depósitos. Grondona era y es el Kirchner de la FIFA” Daniel Arcucci que recordó esto, no comento si al relator después se le cayó la cara de vergüenza.
La presidenta, por ahora, guarda un prudente silencio. Muchos de sus amigos entraron en pánico porque la olla que se destapó es gigantesca y tiene un olor a podrido fenomenal.  Le resumo la noticia: “Acusan de cobrar coimas por 15 millones de dólares al principal socio que tuvo el gobierno de Cristina en el fútbol de estos últimos 6 años”. Si no es cierto lo que digo, que alguien lo desmienta. Los negociados del fútbol argentino con estafas millonarias, asociaciones ilícitas, barras bravas criminales y narcos siempre fueron vox populi.
Todo el mundo sabía lo que pasaba. Por eso Don Julio, pasó de Sarandí a Zúrich, fue un zar, un emperador blindado, el patrón de la pelota. Se inició en plena dictadura y se hizo eterno.
Pasaron 15 presidentes de la Nación y don Julio siguió allí atornillado, eterno, sentado en una montaña de dólares manchados de corrupción y sobornos. Nadie pudo con él. Abrazado a Videla en el comienzo y a Cristina en el final.  Solo la muerte logró derrotarlo. A Don Corleone, lo sacaron la AFA con los pies para adelante como él quería y había vaticinado.
Es Grondona también, un símbolo de lo que somos. Es también el ejemplo de la tolerancia que esta sociedad tiene con los militantes del “roban pero hacen”. Es una vergüenza para todos. Don Julio no descansa en paz. El gobierno tampoco.
Fuente: Notiar
5jun/150

La delgada línea que separa al cómplice del bien intencionado

Por Gabriela Pousa.

Después de algunas semanas poniendo el énfasis en la responsabilidad y en el rol de la sociedad frente a una dirigencia que no le proporciona soluciones de ningún tipo, centrémonos en los políticos propiamente dichos. Adentrarse en las internas dentro de las mismas fuerzas, implica apañar un juego bastante siniestro por cierto. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de operación mediática y/o política?

El límite es difuso: de la ofensa e insulto se pasa en décimas de segundo al abrazo y el beso si eso suma en los sondeos. No hay amor propio aún cuando, en apariencia, parece haberlo y en exceso. Se confunde todo: la imagen con la impostura, la oportunidad con la conveniencia, la política con el marketing, la idea con el tema, la ciudadanía con la clientela.

Así desvirtuado el panorama, la confusión reina. Y esa es quizás la meta. Sumidos todos en una nebulosa, es fácil establecer cualquier candidatura. La acción psicológica legítima hasta el menos apto de los candidatos. En materia proselitista, el libre mercado debería ser admitido hasta por la izquierda más vernácula. Pero claro, a esa mismísima libertad es a la que coartan apenas empieza la campaña.

En ese sentido, el proselitismo es similar a un supermercado donde, según midan en las encuestas, los aspirantes a un cargo se ubican en la góndola que más registra el ojo del electorado. Así, Daniel Scioli puede ocupar el principal escaparate. Ese hecho dice mucho y no dice nada al mismo tiempo.

Dice o diría mucho, si hubiese certeza de la fiabilidad de los estudios de opinión pública. Pero en Argentina contemporánea, hasta el rigor científico de las estadísticas se devaluó y pasó a ser un producto de consumo consumado. Los porcentajes suben o bajan según quien pague claro. Esto se debe no solo a la irrupción de consultoras poco serias, sino también a un factor que ha sido generador de un sinfín de males: el miedo a expresarse, y el consecuente camino a ser “políticamente correctos”.

Por el afán de cumplir con ello y evitar represalias, la gente tiende a responder aquello que menos conflicto pueda acarrearle, en lugar de sincerarse. Ese ha sido uno de los primeros “éxitos” (valgan las comillas) del gobierno. “Hay que tenerle miedo a Dios y a mí un poquitito”, dijo la Presidente. No fueron palabras improvisadas, todo lo contrario. Lo triste es que parece haberlo logrado.

Una digresión: En estos días se ha visto un sinfín de proclamas basadas en un slogan políticamente correcto, “Ni una menos” que, en realidad, hacen hincapié en la legalización del aborto. Bastante contradictorio por cierto. Bajo el pretexto de apoyar algo que resulta lógico, existen también oscuros intereses. Lamentablemente, muchos no notan nada de eso.

A su vez, hay legisladores sacándose la foto con el cartelito de promoción como si fuesen totalmente ajenos al hecho. Van a marchar a una plaza para reclamar lo que ellos mismos no hacen en el recinto. Marchar otorga crédito popular y es “políticamente correcto”, sentarse en sus bancas a legislar (para lo cual se les paga un sueldo) no parece redituar y puede incluso enfrentarlos a la sociedad. Y es año electoral…

Como frutilla del postre, termina siendo la Presidente Cristina Kirchner quién toma la posta y se hace eco de esto. Por mi parte, la violencia que repelo no hace diferencia de edad ni mucho menos de género.

Asimismo, resulta paradójico que en un país donde no hay estadísticas para saber la cantidad de pobres, de indigentes o de enfermos haya sí estadísticas que indiquen cuántas mujeres mueren por día como consecuencia de actos violentos.

Eso sí, no pretendan conocer los datos de incremento de delitos y homicidios en “entraderas”, “salideras”, arrebatos, balaceras, secuestros, etc., porque no hay gestión nacional, provincial, ni municipal capaz de ofrecerlas. ¿Cuánto interesa la delincuencia más allá del sexo de la víctima? Silencio.

El nivel de hipocresía es digno del libro Guinness de récords. Quien sabe, esta tarde de miércoles, alguien se tope en la marcha con personajes de la índole del renunciado juez Horacio Piombo, Benjamin Sal Llargués, y tantos otros…

Regresando a las cuestiones proselitistas, lo que acontece no abandona tampoco las premisas fabricadas por aparatos de difusión, y esconden proclamas tanto o más turbias. Cualquiera puede escuchar a Sergio Massa ofrecer soluciones a los males que sembró el kirchnerismo sin considerar datos que no emergen precisamente de encuestas o sondeos contratados sino de la realidad sin dobleces.

Veamos: de 143 meses que lleva la gestión Kirchner, el titular del Frente Renovador, ha estado 121 trabajando en ella sin “darse cuenta” que las cosas no se estaban haciendo bien. Recién lo notó cuando encontró la oportunidad de ser un competidor. Es complejo creer en los políticos cuando no puede vérseles siquiera la fecha de vencimiento.

Sin acaso vencen pronto, mañana puede hallárselos del otro lado del escritorio, y el pasado se anula para ellos. Se queman los archivos. Ese pasado que en Argentina, los kirchneristas pretenden mantener vigente moldeándolo a conveniencia, no es apto cuando se trata de analizar a sus candidatos. Parece haber una historia oficial y otra historia blue o paralela. De ser así, la pregunta del millón apunta a desentrañar: ¿Cuál cotiza más en la ciudadanía?

Finalmente, donde el cinismo es un ingrediente cotidiano que se ha naturalizado tanto como el horror o el espanto, es muy difícil prever quién es realmente el candidato con mayor intención de voto. Hay muchas cortinas de humo y poca seriedad que facilite ver con claridad.

El análisis político debe atender el presente e intentar lo imposible: proyectar el país, independientemente de quién se alce con el triunfo en octubre próximo. Las diferencias pueden ser sustanciales desde ya, pero también es verdad que no hay modo de garantizar nada cuando nadie es lo que dice ser, cuando las máscaras y el maquillaje convierten a los candidatos en bufones del rey (de la reina en este caso)

Muy probablemente, para Cristina, Daniel Scioli sea el Néstor Kirchner del Eduardo Duhalde de ayer. El jeque que manejaba el conurbano cuando el sureño fue electo, creía que obraría acorde a sus órdenes. A los pocos meses, el matrimonio Kirchner lo llamaba “el padrino”. ¿Por qué Scioli no podría obrar del mismo modo?

Si acaso el gobernador bonaerense ha sido un súbdito hasta hoy es porque su ley es la del fin que justifica los medios. Lo que le importa al ex motonauta es llegar a vestir la banda y el cetro. Si en todo este tiempo no ha logrado gestión para mostrar sus éxitos, ¿por qué la tendría el año próximo? De llegar a la presidencia, Scioli lo haría sin saber qué hacer, ni siquiera si dejará que sea Cristina quien le maneje el poder.

En la década de los funcionarios que sistematizaron la mentira, ¿quién puede creer en promesas proselitistas? Hoy Daniel Scioli es Cristina, como ayer Néstor Kirchner era Duhalde. Ese es el punto de partida en base al cual hay que votar. Lo que sigue es monopolio del enigma. De todos modos, estar viviendo como rehenes de quienes no tienen escrúpulos para cambiar en décimas de segundos de camiseta, es una rifa de la dignidad misma.

Ahora bien, ¿esa rifa es por desinterés o por estrategia? Es posible que la gente no demande plataformas electorales precisas porque sabe que le dirán una mentira. Si así fuera, la sociedad estaría mostrando un síntoma de madurez, pero también un asunto a contemplar urgentemente. Y es que si no se retoma la credibilidad, Argentina seguirá con un destino de incertidumbre y misterio permanente más allá de quién sea Presidente.

Hoy se compran versiones prefabricadas porque de lo contrario, la anarquía en que vivimos terminaría en una suerte de guerra civil, y el triunfo sería del más fuerte y no del mejor o del más bueno. Por eso, cuando se plantea el suicidio del fiscal Alberto Nisman por ejemplo, puede que haya un silencio colectivo que no resulte muy digno. Pero de ahí a pensar que toda la sociedad compra la palabra oficial hay un abismo.

El silencio muchas veces es complicidad pero otras tantas es una espera de la oportunidad. Esa oportunidad es la que se nos ofrece en los próximos comicios. Allí votaremos no sólo a quien tripule un barco hundido sino también y por sobre todo, elegiremos si somos cautos que rifamos la dignidad en pro de rescatarla luego, o si somos cómplices que merecemos todo esto.

Fuente: El informador público

4jun/150

La violencia no tiene género

Por Agustín Laje.

No puede negarse que la violencia contra la mujer constituye una problemática seria en nuestra sociedad. Los datos empíricos muestran que la cantidad de mujeres que han resultado víctimas de lo que ha empezado a denominarse “violencia de género” es significativa. Ello impulsó la gestación de un lema que corrió, como reguero de pólvora, por los medios de comunicación y terminó materializado en una manifestación: #NiUnaMenos.

Dado que la política está hecha de palabras, las palabras encierran poder. Y si éste debiera medirse en función de cuánta gente es capaz de ser hegemonizada por esas palabras, es evidente entonces que el eslogan que movilizó a la marcha feminista del 3 de junio tuvo un peso específico importante. Y ello no en referencia a la convocatoria en estricto sentido cuantitativo; sino a la capacidad de movilización emotiva que generó #NiUnaMenos en las masas, que tornaron cualquier duda al respecto en una muestra de execrable “machismo”.

“Cuando todos piensan igual es porque ninguno está pensando” decía Walter Lippman. Yo agregaría que, cuando uno no puede dar una visión alternativa respecto de determinado asunto sin por ello ser condenado al ostracismo, es porque se ha bloqueado socialmente cualquier posibilidad de diálogo. ¿Podemos atrevernos a pensar que, en verdad, la violencia no tiene género?

Plantear la pregunta no implica sugerir que se reivindica la violencia contra la mujer, ejercida por bestias que se dicen hombres; ante el fanatismo de los eslóganes, siempre es bueno dejar algunas cosas claras. Plantear la pregunta tampoco conlleva la intención de relativizar la problemática en cuestión; al contrario, lo que encierra la pregunta es la intención de complejizar la problemática. Y es que sólo admitiendo que la violencia no tiene género, podemos empezar a ver una situación mucho más completa de la que presenta una visión que recorta la realidad social por los bordes del género.

La violencia se ha desbordado por todas las grietas de nuestra sociedad, y eso es una verdad sobre la cual las estadísticas oficiales (sí, aún las oficiales) dan cuenta.  Los homicidios dolosos de las últimas dos décadas, por ejemplo, arrojan que más de siete personas son asesinadas diariamente en Argentina, aumentando la cantidad de casos año a año, a tal punto que el gobierno ha dejado de publicar datos al respecto. No hace falta remarcar que las víctimas de estos homicidios son de todas las edades, todos los géneros y todas las clases sociales.

También es sabido que, según los datos de la ONU, Argentina es el país con mayor cantidad de robos por habitante en toda América Latina. Las víctimas son de todas las edades, todos los géneros, todas las clases. Si bien el hecho de quitarle a alguien coactivamente su propiedad es en sí mismo un acto de inconmensurable violencia, estos robos siempre conllevan dosis extra de violencia física y psicológica.

La violencia, se quiera o no se quiera ver, es una nota distintiva de nuestra realidad. La vemos a diarios en los hombres que maltratan a las mujeres, pero la vemos también a diario en un sinfín de otras circunstancias: en la escuela, en la calle, en el fútbol, en el gobierno.

La violencia no conoce géneros. Es por ello que el foco debe ser puesto en la violencia, no en el género; lo contrario abre un espacio donde se entremezcla la ideología (sí: esa ideología que propone advertir una inexistente guerra entre hombres y mujeres). Por eso, mi consigna es #‎NiUnaPersonaMenos: sea mujer u hombre, niño o anciano, persona nacida o persona por nacer. #NiUnaPersonaMenos, para poder ver el cuadro completo y no sólo una parte.

Si bien no tengo duda que mucha gente que apoya #NiUnaMenos lo hace con el expreso y excluyente objeto de repudiar la violencia de determinados hombres hacia las mujeres y peticionar por una reacción estatal (lo cual considero muy loable), premítaseme dudar respecto del discurso feminista que pretende hegemonizar la causa.

Horas antes de la marcha, escribí en mi muro que a no sorprenderse si advertían que se utilizaba esta causa para desplegar pancartas en favor del genocidio contra la persona por nacer, es decir, en favor del aborto. Muchos me saltaron a la yugular, pero sólo el tiempo me dio la razón: los grupos feministas se apoyaron en la legítima demanda de #NiUnaMenos que, como una pantalla, le brindó una visibilidad que pocas veces han tenido para manifestar lo que verdaderamente les interesa: la legalización de la violencia contra el niño por nacer.

No es casual, en efecto, que entre las peticiones más destacadas de la manifestación, se encontrara la “reglamentación de la totalidad de los artículos de la Ley Nacional 26845, de Protección Integral de las Mujeres, con asignación de presupuesto acorde”. Dicha ley, en su artículo 3 inciso e) establece el derecho de la mujer a “Decidir sobre la vida reproductiva, número de embarazos y cuándo tenerlos”. Es decir, a decidir matar o no matar al ser que, portador de un ADN diferente del suyo, se encuentra en su vientre.

Comoquiera que sea, nadie puede desconocer que el feminismo es un fenómeno ideológico complejo que aparece hoy como una de las patas del llamado “socialismo del Siglo XXI”. En efecto, la batalla cultural que está dando la renovada izquierda precisa de un pasaje de la lucha de clases característica del marxismo clásico, a una lucha de “posiciones de sujeto” no determinada por la variable económica: la “lucha de géneros” es sólo una de las nuevas divisiones que nos presenta esta izquierda culturalista.

Chantal Mouffe, importante teórica del postmarxismo, escribía en El retorno de lo político que “la política feminista debe ser entendida no como una forma de política, diseñada para la persecución de los intereses de las mujeres como mujeres, sino más bien como la persecución de las metas y aspiraciones feministas dentro del contexto de una más amplia articulación de demandas”. Es decir: el feminismo debe ser parte del proyecto del socialismo del Siglo XXI, y debe usar estos banderines como pantalla para ocultar esa “más amplia articulación” que no aparece frente a los ojos de los bienintencionados que apoyan sus causas.

Nuestra sociedad ya muy dividida está. No la sigamos dividiendo con arreglo a categorías que sólo sirven para quitar de la mirada pública a otras categorías. La violencia no tiene género; y si realmente se condena la violencia, entonces hagamos de #NiUnaMas un eslogan universalizador: #NiUnaPersonaMenos.

Fuente; La Prensa Popular

29may/150

San Miguel de Tucumán, 450 años de su Fundación

Por Prudencio Bustos Argañarás.

Por Real Cédula del 29 de agosto de 1563, Felipe II creó la gobernación del Tucumán, Juríes y Diaguitas, sustrayéndola de la jurisdicción de Chile y poniéndola bajo la dependencia del Virreinato del Perú en lo político y de la Real Audiencia de los Charcas en lo judicial. Para entonces, en este gran territorio que comprendía las actuales provincias de Córdoba, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy y parte de las de Chaco y Formosa, había solo una ciudad, Santiago del Estero, la más antigua de nuestro país, que sobrevivía a duras penas, gracias al coraje y la tenacidad de sus vecinos.

Las otras que hasta poco antes existían (Londres, Cañete, Córdoba del Calchaquí y Nieva), fundadas en tierras del dominio del poderoso cacique don Juan Calchaquí gracias a la amistad que logró tejer con él Juan Pérez de Zurita, habían sucumbido a causa de la torpeza de su sucesor, Gregorio de Castañeda. Durante una discusión que mantuvo con el cacique, este oscuro personaje le propinó una bofetada, lo que dio lugar a una feroz invasión de los diaguitas que destruyeron las cuatro ciudades, matando a sus vecinos.

El primer gobernador efectivo del Tucumán, nombrado interinamente por el virrey del Perú, conde de Nieva, fue el célebre Francisco de Aguirre, “la primera lanza de Chile”, el hombre que efectuó el tercer traslado de la ciudad del Barco y le cambió su nombre por Santiago del Estero.

Una de sus primeras disposiciones fue enviar a su sobrino Diego de Villarroel a fundar una nueva ciudad “en el campo que llaman en lengua de los naturales Ibatín, ribera del río que sale de la quebrada”, hoy llamado río Pueblo Viejo o río del Tejar. En cumplimiento de ello, Villarroel fundó el 31 de mayo de 1565 la ciudad de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión en el sitio indicado, probablemente el mismo en donde habían estado Cañete y la primitiva Barco, unos sesenta kilómetros al sur de su actual ubicación, en el lugar conocido como la Quebrada del Portugués.

A Aguirre le sucedió don Jerónimo Luis de Cabrera, el Fundador de nuestra ciudad, y a este, otro gobernador para el olvido, Gonzalo de Abreu de Figueroa, que lo hizo matar. Durante su mandato Abreu despobló las tres ciudades (Santiago, San Miguel y Córdoba) para realizar una campaña en busca de la mítica ciudad de los Césares, a causa de lo cual San Miguel fue atacada en la noche del 28 de octubre de 1578 por diaguitas, solcos y juríes, comandados por el yanacona Galuán, un gigante con fama de feroz guerrero.

Los indios atacaron la ciudad desde distintos puntos y le prendieron fuego, rodeando al teniente de gobernador Gaspar de Medina y a otros dos españoles en la plaza. Estos se defendieron con denuedo, logrando Medina en un acto de arrojo matar a Galuán, cortándole la cabeza. Esto atemorizó a los indios que a la llegada de otros vecinos emprendieron la huida.

Abreu de Figueroa recibió en Soconcho una carta de Medina relatándole lo ocurrido y envió en su socorro al maestre de campo Hernán Mejía Mirabal, logrando así devolver la paz a la sufrida San Miguel.

La tercera y última guerra de Calchaquí, provocada por las intrigas del impostor andaluz Pedro de Bohórquez, que levantó en armas a los indios proclamándose heredero del trono inca, afectó severamente a la ciudad. A ello se añadió la aparición de enfermedades endémicas como el paludismo y trastornos tiroideos por la escasez de yodo del agua del río del Tejar, que además cambió su curso y produjo grandes inundaciones.

Todo ello determinó que el gobernador don Juan Díez de Andino solicitara al rey autorización para mudarla en 1680. Obtenida la venia real su sucesor, don Fernando de Mendoza Mate de Luna, dispuso el traslado a la actual ubicación, unos 64 kilómetros al noreste de Ibatín, en el sitio conocido como La Toma. La mudanza fue realizada en setiembre de 1685 por el teniente de gobernador, Miguel de Salas y Valdés.

En su nuevo sitio, San Miguel de Tucumán comenzó a cobrar relevancia, hasta convertirse en una de las ciudades más importantes del actual territorio argentino. El censo dispuesto por Carlos III el 10 de noviembre de 1776 y realizado aquí entre 1778 y 1779 la sitúa, con 20.074 habitantes, como la tercera en población, después de Córdoba, con 46.509, y Buenos Aires, con 37.130.

Nuestra hermana mayor se apresta a celebrar el 31 del corriente mes los 450 años de su Fundación, antesala de la que todos los argentinos compartiremos el año próximo, cuando conmemoremos allí mismo el bicentenario de la declaración de la Independencia. Ese gran logro la tuvo por escenario, cuando tras seis años de dominación porteña, logramos realizar allí un congreso, por vez primera fuera de Buenos Aires y con una representación proporcional de todas las provincias. Allí nació, el 9 de Julio de 1816, la Nación Argentina como estado independiente.

Fuente: La Voz del Interior

26may/150

La musa inspiradora del “Centro Cultural Néstor Kirchner”

Por Nicolás Márquez.

Ponerle a un centro cultural el nombre Néstor Kirchner equivale a bautizar con el nombre de Herminio Iglesias a un centro de lucha contra el analfabetismo. Sin embargo, el régimen vigente se da esos gustos y desde que el malviviente insistentemente homenajeado murió en octubre del 2010, el régimen no deja mausoleo por construir, ni estatua por imponer ni nombre suyo por encajar. Pero ahora, siempre con plata ajena, el régimen elevó el culto a la personalidad a una escala más ambiciosa que lo habitual, al construir el mencionado centro cultural, el cual es un suntuoso centro proselitista que cuenta con 116.000 metros cuadrados, nos costó 2400 millones de pesos (según informó el cajero Julio de Vido) y las dos salas abiertas al público que ya pueden ser visitadas tienen muestras permanentes de propaganda partidaria: una dedicada a Néstor Kirchner y la otra, a Eva Perón. La coherencia y la correspondencia no podía haber sido mayor ni mejor, siendo que estas vergonzosas inmoralidades no podrían haber contado con una mejor musa inspiradora que en la venerada “abanderada de los humildes”.

La Jefa Espiritual

Promediaba 1952 y la vida de Eva Perón se apagaba como consecuencia de un cáncer que la venía consumiendo desde hacía dos años. Cada acto o ceremonia era una ocasión obligada para replicar loas a la sufriente matrona y el feriado del 1 de mayo (día del Trabajador) brindaba un renovado motivo para agasajarla. Fue allí cuando la agonizante consorte hizo su última aparición pública en el tradicional acto de masas en Plaza de Mayo, brindando probablemente el discurso más frenético de su corta y trajinada vida. Tras comenzar su arenga calificando a Perón como “el líder de la humanidad”, llevó su furia verbal al paroxismo sentenciando: “yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la patria, muerta o viva, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista…yo quiero que mi pueblo sepa que estamos dispuestos a morir por Perón, y que sepan los traidores que ya no vendremos aquí a decirle ¡Presente!, a Perón, como el 28 de septiembre, sino que iremos a hacernos justicia por nuestras propias manos”[1].

Días después, el Congreso de la Nación, en un marco de interminables y empalagosos discursos sancionó la Ley 13.202 a fin de que la “Abanderada de los Humildes” tuviera derecho al uso del collar de la Orden del Libertador General de San Martín, soberbia joya de 4.584 piezas, de las cuales 3.821 eran de oro y platino, y el resto 763 piezas preciosas  (diamantes, rubíes y esmeraldas). Pesada alhaja confeccionada puntillosamente por la joyería Ghiso (que luego demandaría al Estado por el cobro de la joya)[2]. Dentro de la maratónica competencia de alabanzas que se disputó en el recinto, probablemente una de las más rastrera haya sido la efectuada por la diputada Escardó, quien elevó a Eva Perón por encima del Gral. San Martín: “San Martín renunció a todo después de su lucha titánica y se alejó de la patria por la incomprensión de sus contemporáneos. Eva Perón renuncia a la vicepresidencia de la Nación y continúa firme en su puesto de lucha con el beneplácito y el amor de su pueblo, haciendo, alentando, orientando, iluminando todo con el haz poderoso de su corazón, porque ese corazón es luz de estrella, tutela para la patria toda”[3]. Sin embargo, piropos de este tenor quedarían reducidos a la nada comparado con los que Eva recibió el 7 de mayo, cuando cumplió los treinta y tres años de edad y la obsecuencia parlamentaria la nombró como “Jefa Espiritual de la Nación”, un honor inventado por el inefable Héctor Cámpora. En esa extenuante sesión se llevaron adelante 84 discursos en los cuales los legisladores ya no sabían qué elogio imaginar para ganarse una palmada o un ascenso. La Senadora Castiñeira dijo que “Eva Perón reúne en sí lo mejor de Catalina la Grande, de Isabel de Inglaterra, de Juana de Arco y de Isabel de España, pero todas estas virtudes las ha multiplicado, las ha elevado a la enésima potencia”. Sin embargo, la Senadora Larrauri en franca discrepancia con su antecesora retrucó: “Yo no acepto…que a Eva Perón se la compare con ninguna mujer, con ninguna heroína de ningún tiempo, porque a muchas de ellas por no decir a todas, eminentes escritores tuvieron que magnificar su historia. En cambio no hay escritor, por inteligente que sea, que pueda trazar fielmente la historia de las realidades de Eva Perón”. El diputado Teodomiro de la Luz Agüero teologizó el elogio y habló de “la esencia semidivina de Evita”. El diputado Rodríguez osó decir que el libro de Eva “La Razón de mi vida” “es un método global de lectura y escritura”. La Diputada Ortíz de Sosa habló de “la sublime autora del libro más excelso que hayan leído los hombres” y para rematar, el sindicalista Alonso aseguró que el texto de marras no fue editado en Estados Unidos “porque el libro amenaza la estabilidad del régimen opresivo”[4].

A pesar de estar en la última etapa de su corta vida, Eva no escatimaba en ambiciones. Tanto es así que ella misma desde hacía meses venía planificando la construcción de un faraónico monumento en cuyo interior quería que tras su deceso se depositaran sus restos a modo de cripta. El encargo de tan egolátrico proyecto le fue encomendado al escultor italiano León Tomassi, quien recibió expresas instrucciones de la interesada de que el interior del mausoleo se pareciera a la tumba de Napoleón. Luego, entre junio y julio de 1952, el Congreso votó una serie de leyes para poner en marcha el proyecto y Eva dio expresa instrucción de que su colosal panteón fuera ubicado en la Plaza de Mayo, con el inconveniente de que las desaforadas dimensiones del monumento que Eva ordenó para homenaje de sí misma excedían los tamaños de la plaza[5], lo cual motivó al diligente Héctor Cámpora a proponer la siguiente solución: “Se pueden demoler los edificios de la Intendencia Municipal y de La Prensa”[6].

El ministro Dupeyrón calculó la confección de la construcción en 140 metros de altura, con una estatua de 53 metros y 16 figuras de 5 metros de alto cada una. Esto equivalía a un conjunto arquitectónico mucho más alto que la Basílica de San Pedro, una vez y media más grande que la Estatua de la Libertad en Nueva York y tres veces el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Su dimensión era similar a la pirámide de Keops, aunque mucho más ostentosa puesto que  debía adornarse en mármol de Carrara[7]. El mausoleo estaba valuado en más de 400 millones de pesos.

Hacía tiempo que en la cúpula gubernamental se había perdido el sentido común y el lastimoso espectáculo con visos mortuorios todos los días sorprendía con alguna nueva extravagancia sin escatimar ningún recurso demagógico con tal de explotar las sensibilidades de la gente más humilde de la comunidad: el 18 de julio Perón ordenó a uno de los médicos que la atendía (el Dr. Pedro Ara Sarriá), que tras su muerte a Eva se le embalsamara el cuerpo.

En tanto, las sufrientes masas peronistas acudían en constantes plegarias, regalos, amuletos y todo tipo de ritos convencionales y no tanto, pero tendientes a implorar por la recuperación de su obsequiosa jefa, cuyo triste desenlace se apreciaba como inminente.

El sábado 26 de julio Eva Perón cayó en coma y su cura confesor Hernán Benítez le administró el Sacramento de la extremaunción. A las 8:23 de la noche de ese día los médicos confirmaron su muerte. El siempre atento Raúl Apold (el Secretario de propaganda de Perón) decidió que esa hora no era conveniente desde el punto de vista propagandístico y entonces se determinó que Eva “murió a las 8:25”, cifra redonda y más entradora para la posterior campaña mediática que él ya tenía preparada para lanzar con toda la parafernalia.

Sin perder un segundo, tras el anuncio del deceso se trabajó a gran velocidad para embalsamar el cuerpo de la difunta mientras el aparato del Estado preparaba una soberbia puesta en escena para explotar al máximo el episodio luctuoso. Los coreógrafos y vestuaristas encargados del espectáculo determinaron que se exhibiría el cuerpo de la difunta en la sede de la CGT, se colocaría en sus manos el Rosario que le otorgó el Papa Pío XII, se le anexaría una mortaja con la bandera argentina y el hermético ataúd tendría una tapa de vidrio, a fin de facilitar la visualización del público asistente a la exhibición mortuoria que la dictadura de Perón pondría en marcha durante intensas semanas. Al mejor estilo hollywoodense y sin descuidar el menor detalle, para montar el show business el régimen contrató a la firma 20tH Century Fox para filmar la función a colores, tecnología novedosa y costosísima para entonces.

El cuerpo fue trasladado al Ministerio de Trabajo en el marco de una procesión organizada y multitudinaria plagada de ofrendas florales. La dictadura declaró lunes y martes el duelo e impuso a todos los empleados públicos de cualquier área y envergadura llevar el luto obligatorio bajo pena de encarcelamiento a quien incumpliera la medida. El miércoles, ya sin duelo, los negocios debían obligatoriamente exhibir escaparates con fotos de Eva en homenaje compulsivo e institucionalizado. Las agujas de la torre del Ministerio de Trabajo quedaron fijas para siempre a las 8:25. Los noticieros de la noche que empezaban a las 8:30, por decisión del régimen ahora empezarían a las 8:25, siempre en honor al adulterado horario fabricado por Apold. Los cines vespertinos a las 8:25hs cortaban la emisión del filme para que se conmemorase a Eva con un minuto de silencio y el público de pie. Todas las mañanas los argentinos debían observar quince minutos de silencio para escuchar la lectura de pasajes del libro “La Razón De Mi Vida” que se transmitían en vivo por micrófonos, y a la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, se le cambió el nombre rebautizándola como Eva Perón[8]. Todos los días a las 8:25hs la luz eléctrica en todo el país relampagueaba durante un minuto en señal de “homenaje” y por radio y televisión era obligatorio emitir el siguiente mensaje: “ocho y veinticinco, hora en que Eva Perón entró en la inmortalidad”, costumbre que el régimen impuso y extendió hasta su caída en 1955.

Durante todas esas semanas el gobierno ordenó que las crónicas sobre Eva incluyan los siguientes elogios: “Jefa Espiritual de la Nación”, “ilustre extinta”, “la más grande mujer de América”, “abanderada de los humildes”, “impar ciudadana”, “mártir del trabajo”, “puente de amor entre el pueblo y Perón” y “símbolo de todas las virtudes que modelan la arcilla humana de la divinidad”[9], entre otros conceptos de barniz sobrenatural. Los diarios del régimen competían por ver cuál era el más audaz en sus elogios, torneo que quizás haya ganado el matutino La Época, el cual colocó a la difunta por encima de Santa Teresa y también de Juana de Arco[10].

El carnaval fúnebre de las procesiones oficiales se extendió casi dos semanas más en un organigrama de pomposos desfiles de enfermeras de la Fundación Eva Perón, obreros de la CGT y elegantes columnas militares. En total hubo 17.000 efectivos de las tres armas participando de la formación[11]. La última procesión se dio paseando el cuerpo finalmente hasta el Congreso, en donde se exhibió el cadáver un día más.

Nada se economizaba a la hora de prolongar, exacerbar y mantener sensibilizadas sine die las elementales pasiones de los sectores más domesticables de la sociedad, inmoral mecanismo político que el kirchnerismo heredó e incorporó con notable capacidad de adaptación.



[1] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág. 309.

[2] Ver Gambini, Hugo. “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág. 57

[3] ORONA, JUAN V.: “La dictadura de Perón”. Colección Ensayos Políticos Militares, Tomo IV; Bs.As, Talleres Gráficos Zlotopioro, 1970, pág 135

[4] LUNA, FÉLIX: “Perón y su tiempo. 1950-1952. La Comunidad Organizada”. Tomo II. Ed. Sudamericana, BsAs. 1985, págs. 264, 265.

[5] Entre los primeros aportes para financiar el monumento figuran retenciones de sueldos hechas compulsivamente a los trabajadores y aportes del Club Boca Juniors.

[6] Citado en Gambini, Hugo. Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955) Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág. 83.

[7] GAMBINI, HUGO: “Historia del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.85.

[8] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág.315.

[9] MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 201.

[10] Ver Gambini, Hugo. “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.68.

[11] GAMBINI, HUGO: “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.71

Fuente: La Prensa Popular

25may/151

Relatos salvajes de lumpenización y barras bravas

En lo que el peronismo kirchnerista convirtió a la Argentina.

Por Fernando Iglesias.

Supuesta encarnación de la patria y los trabajadores, el peronismo se ha transformado en un régimen de lúmpenes para lúmpenes. Un gobierno de oportunistas desclasados cuyo binomio presidencial lo dice todo sin necesidad de hablar. Abogadas exitosas que se enriquecieron sin haber ejercido jamás la profesión y cuyo título oficial es otra de las asignaturas pendientes. Aventureros procesados por truchar documentos para quedarse con el auto de la mujer. Líderes políticos que acarician cajas fuertes y se declaran en éxtasis. Personajes dignos de un film de Tarantino.

La lumpenización impulsada por el peronismo kirchnerista no ha consistido sólo en la reducción a condiciones de servidumbre de un tercio de la población nacional, que carece de trabajo y de futuro desde hace tres generaciones, sino en el reemplazo de las dirigencias políticas y económicas del país por contingentes de gángsters y desclasados favorecidos por la complicidad con el poder, por el desarrollo de actividades improductivas como el juego, y por leyes aberrantes como la del blanqueo de capitales, que ya va por su tercera prórroga.

El menú viene aderezado con el habitual abuso del término solidaridad y de enunciados esotéricos pero edificantes como “La Patria es el otro”. Pero es la realidad la que es otra, y la vida en la Argentina se parece cada vez más a una batalla de todos contra todos, a una sucesión de agresiones y venganzas sorprendentemente bien retratada por un simpatizante kirchnerista, Damián Szifron, en una película cuyo enorme éxito nacional sólo puede explicarse por las identificaciones del público con sus personajes y de la vida en el país con su título: Relatos salvajes.

La Argentina K es un país sin ley, un relato salvaje hecho de lumpenización y barras bravas. Los argentinos no respetamos las reglas ni bajo amenaza. Es que queda mal hacerlo. Probablemente, es de derecha. “Sos un b...” nos dicen nuestros amigos cuando se enteran de que cometimos algún acto de servil sometimiento a la ley. “Te estás poniendo superyoico”, nos reta nuestro analista. “Sos tan rígido que no sabés disfrutar”, opina la vecina. “Respetate el deseo. Permitite un desliz”, aconsejan nuestros conocidos.

El resultado es hoy un país en el que la ética y la mera civilidad han adquirido mala prensa, donde violamos la ley no por necesidad o conveniencia sino por goce. Transgresión, la llamamos, para darnos aire cool mientras bajamos con la 4x4 a la playa, si somos ricos, u orinamos en la puerta de los demás, si somos pobres. ¡Y cómo nos gusta! Sobre todo, porque nos imaginamos como astutos estafadores cuando en realidad somos los estúpidos estafados.

El que mejor lo interpretó, por supuesto, fue Néstor Kirchner, quien en una de sus grandes intuiciones, la tercera después de “Las cosas que nos pasaron a los argentinos” y el “Vengo a proponerles un sueño”, afirmó: “A los jóvenes les digo: sean transgresores... Tienen que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo”, reemplazando el “Serás lo que debas ser” sanmartiniano, tan demodeé, superyoico, honestista y kantiano, por un vía libre generalizado cuyo significado la sociedad comprendió inmediatamente.

Desde entonces, la ley y las reglas de comportamiento civil no pueden siquiera ser nombradas. Las hemos reemplazado por los “códigos”, es decir: por reglamentos mafiosos de silencio y complicidad nacidos en los ambientes tumberos, trasplantados al ámbito futbolístico y extendidos al conjunto de la sociedad a medida que el Partido Populista fue ganando la batalla cultural.

¿Cómo sorprenderse de lo que sucede en las canchas de fútbol si la Feria de la Salada, el mayor mercado de evasión fiscal, contrabando, piratería, fraude y falsificación de marcas de Suramérica, es un modelo de negocios incorporado a las misiones de comercio oficiales; si la corrupción, la obsecuencia militante, el juego y el narcotráfico son los principales métodos de enriquecimiento y ascenso social; si el subsidio se ha establecido como sucedáneo del salario; si tenemos ya tres generaciones de Ni-Ni-Ni, que ni trabajan ni estudian, ni esperan hacerlo nunca?

En un cuarto de siglo, el peronismo nos ha llevado desde la Revolución Productiva anunciada por Menem en 1989 a la lumpenización general de la Argentina. Por eso su columna vertebral, basada ayer en los sindicatos de trabajadores, ha mutado a una red clientelista que intermedia entre los ciudadanos desocupados y el Estado, distribuyendo comida para comedores comunitarios, turnos para atención médica, subsidios, planes, terrenos para ocupantes ilegales y todo tipo de productos y servicios financiados con los impuestos de todos en beneficio del voto clientelar cautivo de la oligarquía en el poder desde hace un cuarto de siglo.

Como en todo proceso de cambio social, tampoco en éste han faltado los íconos, en este caso: la barra brava, erigida a objeto de culto y modelo de comportamiento social generalizado. Basta ver las formas de diversión de los jóvenes argentinos de todas las clases, el vocabulario prostibulario que han adoptado como habla, los cantos guturales que utilizan como expresión, el fútbol erigido a tema monopólico de conversación, el nivel de agresión que emplean en sus comunicaciones entre pares y el rock chabón y futbolero que consideran su música los nietos de una generación que parió el tango, una de las más importantes músicas populares de la Historia, e hijos de quienes produjeron el mejor rock en castellano del mundo, para entender la futbolización de este país, en el cual la barra brava se ha convertido en el modelo de comportamiento aceptado por la sociedad.

Con el apoyo del peronismo, gran lumpenizador, cuyo gobierno no sólo ha sido impotente ante el crecimiento indetenible de la violencia en el fútbol, sino que ha sido cómplice; gastando fortunas en hacerse propaganda a través de Fútbol para Todos, financiando la creación de Hinchadas Unidas Argentinas y sus viajes mundialistas, y alentando el uso de las barras bravas como fuerza de choque fascista por parte de la política y los sindicatos.

Barras desfilando por las calles y violando todas las reglas escoltados por la Policía, barras entrando a los hospitales para vengarse de médicos que no han sabido salvar de la muerte a sus heridos, barras revoleando sillas a los expositores en presentaciones de libros críticos al Gobierno, barras exhibiendo banderas de “Clarín miente” en las tribunas, son parte ya del paisaje habitual de la Argentina, único país del mundo en que el campeonato de fútbol de primera división se juega en estadios sin hinchas visitantes y la violencia sigue creciendo sin parar.

La barra brava es el ícono del país que parieron veinticuatro años sobre veintiséis de peronismo en el poder. No lo digo yo, sino la presidente peronista del país, quien en su discurso del 30 de julio de 2012 afirmó: “Últimamente se ha recargado mucho todo el tema de la violencia en el fútbol, de los barrabravas y de las hinchadas... con una clara intencionalidad política... Veo y observo que hay cada ‘bombeada’ que no se puede creer.

Y la verdad que cuando hay bombeada la gente se indigna y hasta el más pintado, el más educado por ahí se manda un macanón... Quería realmente hacer justicia con miles y miles de gentes que tienen una pasión que los ha convertido en un verdadero ícono de la Argentina... Yo no entiendo mucho de fútbol y no me gusta el fútbol, pero cuando iba a la cancha porque me llevaban o cuando lo iba a acompañar a Néstor, yo, ¿saben qué miraba?, las tribunas, porque lo que más me maravillaba eran las tribunas.

Esos tipos parados en las para-avalanchas con las banderas que los cruzan así, arengando... Son una maravilla... nunca mirando el partido, porque no miran el partido, arengan y arengan y arengan. La verdad, mi respeto para todos ellos. Porque la verdad que sentir pasión por algo, sentir pasión por un club, es también, ¿sabés qué?, estar vivo... A mí me gusta mucho la gente pasional”.

La barra brava, ícono de la Argentina que ha dejado el peronismo en un país en el cual supimos ser Borges, Piazzolla y Houssay, no es un azar del destino sino el producto deliberado de una política a favor de la anomia general, ejecutada con la excusa de que el delincuente es una víctima (“Ningún pibe nace choro”) con el objetivo de garantizar el ascenso de la oligarquía peronista dominante mediante la destrucción de toda meritocracia, y su impunidad mediante la destrucción de la ley.

La vida en la Argentina K se ha convertido en un relato salvaje de lumpenización y barras-bravas. Fue una verdadera política de Estado mantenida por más de una década cuya base legitimativa fue el abolicionismo disfrazado de garantismo del doctor Zaffaroni, que transformó el sistema judicial y penal nacional en una enorme puerta giratoria, y que concluyó con intervenciones políticas directas en las cárceles, cuyo estandarte es el Vatayon Militante.

Si faltaba alguna confirmación de la existencia de esta política de lumpenización y marginalización deliberadas acaban de darla las elecciones porteñas, en las que el candidato del Frente para la Victoria, Mariano Recalde, ganó un solo distrito: el de las cárceles y penitenciarios de la ciudad de Buenos Aires.

Fuente: diario Los Andes

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22may/150

Centro Cultural Kirchner

Por Adrián Simioni.

Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió”. La frase se atribuye a André Malraux. La dijo cuando visitó el país en 1964. Las residencias señoriales, los palacios públicos, los paseos y avenidas construidos en las primeras décadas del siglo pasado lo más cerca posible del Atlántico deben haber sorprendido a un extranjero, aun si provenía de la muy unitaria Francia.

Sobre todo por el brutal contraste con el vasto territorio semidesierto que había financiado la acomplejada belle époque criolla y debía subsistir con el mendrugo que sobraba.

Para la conciencia del argentino medio construida desde la hegemonía portuaria, en cambio, la exacción perpetua resulta invisible. No es política. Es tan natural como los ventarrones guadalosos que serruchan los caminos sin pavimento de la pampa seca; como que la sede de YPF siga estando a dos cuadras del río y no en Neuquén.

Después de 51 años de Malraux , los raquíticos argentinos del interior financian más que nunca el agua potable, las cloacas, todas las modalidades de transporte, la luz y el gas de un Gran Buenos Aires con obesidad mórbida. Buenos Aires es el único lugar del país donde el Estado nacional brinda servicios directos ambientales, de salud, seguridad y justicia ordinaria. Con el presupuesto de todos.

Ayer se renovó esa condena. A la ciudad a la que ya una vez le pagamos el Colón, le financiamos una obra que costó el triple que el Guggenheim de Bilbao, como bancaremos por décadas su burocracia y los eventos asombrosos a los que nunca asistiremos.

Fuente: La Voz de Interior