A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

26jul/150

La demonización de los 90 obliga a los candidatos a esconder lo que realmente piensan

Por Domingo Cavallo.
Ni Scioli ni Macri piensan lo que dicen sobre las privatizaciones de los 90. Ambos mienten y lo hacen inducidos por las encuestas de quienes les organizan sus respectivas campañas.Yo he hablado muchas veces, tanto con Scioli como con Macri. Ambos fueron fuertes entusiastas de las privatizaciones de la energía, los transportes y los servicios públicos. Sobre la privatización de Aerolíneas Argentinas y de los teléfonos, que se hicieron cuando todavía había un enorme desorden inflacionario, nunca fueron más críticos que lo que fui yo mismo.
Y los contratos originales de Aerolíneas y de la vieja Entel fueron renegociados luego de la puesta en marcha de la convertibilidad, de tal forma que se corrigieron muchos de los errores iniciales.Por supuesto que todo el mundo sabe que los Kirchner, en particular Néstor, fue más entusiasta aún que Scioli y que Macri, porque él jugó un rol activo muy especial, tanto en la sanción de las leyes de reestructuración y privatización de YPF como, en general, de todas las reformas del Estado de los 90.
También fueron entusiastas de la convertibilidad y de la apertura de la economía. Son conscientes, como lo era también Néstor Kirchner, que gracias al clima de confianza que logramos a partir de 1991 se produjeron importantes inversiones que modernizaron la economía y crearon la capacidad productiva que nos ha permitido crecer, no sólo en aquella década, sino también durante los últimos 15 años. Y me refiero no sólo a las inversiones en el sector de la energía y la infraestructura en general, sino también a la inversión en el campo y en la industria. La innovación tecnológica que produjo una verdadera revolución verde se dio en los 90s y todas las nuevas plantas de producción de automóviles también se instalaron en aquella década.
Cuando entre 1999 y 2001, el exceso de gasto y endeudamiento de las provincias con el sistema bancario y los bajos precios internacionales de nuestros productos de exportación llevaron al país a la recesión, los tradicionales intereses proteccionistas y las empresas fuertemente endeudadas en dólares hicieron un lobby descomunal para achacar todos los problemas a la convertibilidad, a la apertura de la economía, a las privatizaciones y a la desregulación. Con gran apoyo mediático, aprovecharon un grave error del FMI, que nos quitó el apoyo justo cuando estábamos en medio de un complejo proceso de reestructuración ordenada de la deuda, para dar un golpe institucional y conquistar el poder.
A partir de allí, para justificar el ajuste brutal y tremendamente injusto que provocaría la pesificación compulsiva de la economía y la extrema devaluación que le sucedió, tuvieron que demonizar a la década del 90. Néstor Kirchner no compartía esta interpretación, pero como su objetivo probó ser más la acumulación de poder que la búsqueda del bien común, cuando vio la posibilidad de hacer campaña para Presidente compitiendo con Menem y Lopez Murphy, se sumó a la interpretación demonizante de los 90, contradiciendo todo lo que había pensado y contribuido a hacer en la década anterior.
Los dos años de Duhaldismo y los 12 años de Kirchnerismo han dado lugar a una interpretación de la historia que, lamentablemente, se va a constituir en una mochila muy pesada, probablemente por muchos años.
Lo estamos viendo. No sólo asistimos al increíble relato Kirchnerista, predicado por Scioli como si fuera un creyente fervoroso, sino que nos quedamos perplejos frente a pronunciamientos de Macri que desconciertan hasta el más alertado. Justo cuando miles de pasajeros sufrían el caos generado por la pésima administración demagógica e irresponsable de Aerolíneas Argentinas, Mauricio Macri aparece como abanderado de la estatización y crítico de las privatizaciones de los 90s. También desconcierta que no sostenga el argumento con el que se opuso a la confiscación de los fondos de los futuros jubilados para aceptar ahora la idea de que es bueno que esos fondos hayan pasado al pozo común de la Anses, desde el que distraen los ahorros de los trabajadores para financiar un alevoso esquema de clientelismo político.
No se va a preparar un buen gobierno con mentiras. Seguro que no con las mentiras del Kirchnerismo. Para ver lo que puede ocurrir cuando la realidad de 2016 le haga descubrir a Scioli (si es elegido Presidente) la necesidad de introducir ajustes impostergables, le va a pasar lo que le está ocurriendo a Dilma Rousseff.
Pero tampoco le va a resultar fácil a Macri, sobre todo si en lugar de sacar al pueblo del engaño al que ha sido sometido, acepta la presión amordazante de las encuestas en las que la gente vuelca opiniones que se formaron sobre la base de la repetición goebelliana de mentiras durante 14 años.
Fuente: blog personal del autor
23jul/151

Ay, Mauricio…

Por Vicente Massot.

Si a alguien se le ocurriese —con base en el resultado de la segunda vuelta electoral que se substanció el pasado domingo en la capital federal— calificar la performance de Horacio Rodríguez Larreta de victoria pírrica, estaría exagerando. Pero si, en lugar de tomar al próximo jefe de gobierno porteño como objeto de análisis, centrase en Mauricio Macri el argumento, llevaría alguna razón. Pirro, rey de Epiro, se hizo famoso en la antigüedad por el costo final de sus victorias en los campos de batalla de lo que luego sería Italia: triunfaba sobre sus enemigos pero, a la postre, las consecuencias que se seguían de su acción bélica transformaban el éxito en fracaso. Por eso se habla de victorias a lo Pirro.

No le caben las generales de la ley a Rodríguez Larreta porque —más allá de lo apretada que fue la elección— tiene por delante cuatro años para administrar una ciudad que conoce como pocos, con una situación acomodada en la Legislatura porteña. Lousteau no volverá a competir con él y difícilmente podría sumar la misma cantidad de votos en un comicio futuro. Por lo tanto, en este caso ganar por tres puntos no significa haber dejado jirones de su integridad en el camino. Todos preveían —y los del Pro antes que ninguno— una diferencia de, cuando menos, ocho puntos. Con lo cual todos se equivocaron. Pero, de ahora en más, el horizonte del futuro lord mayor luce despejado.

Distinto resulta el caso de su jefe y candidato a la presidencia. La magra diferencia que no afectó a su delfín sí, en cambio, hizo mella en la estrategia de campaña de un partido que el domingo no salía de su asombro y que reflejó la preocupación que lo embargaba al dar la cara sus principales dirigentes.

Sería incorrecto sostener que a tal punto lo ha a afectado a Macri el resultado que ya no podrá recomponerse de cara al duelo que sostiene con Daniel Scioli por el máximo galardón. Dicho lo cual, no lo es decir que tuvo algo o bastante de pírrica su victoria frente a Lousteau. En primera instancia, el Pro fue víctima de las expectativas generadas desde hace un par de meses. De no haber montado tamaño triunfalismo, el impacto habría sido diferente. Sobre el particular podría trazarse —sin faltar a la verdad— una comparación entre lo que sucedió en Santa Fe y lo que acaba de ocurrir en Buenos Aires. Es cierto que allá perdió y acá salió airoso; pero ello no quita que en uno y otro distrito las expectativas le jugaron en contra. En el litoral tanto como en la capital todo indicaba que ganaría el Pro. Cuando perdió Del Sel, y ahora que apenas superó a Lousteau por escasos tres puntos, parte de su estrategia se desmoronó.

Piénsese tan solo en este dato que no es antojadizo, ni mucho menos: por sólo tres puntos no naufragó la candidatura de Mauricio Macri. Es que si el artífice de la famosa 125 hubiese doblegado a Rodríguez Larreta, en el estrado donde Macri pronunció su discurso el domingo a la noche hubiera tenido que anunciar el fin de sus aspiraciones presidenciales. Esto habla a las claras de una improvisación que el Pro ya había puesto de manifiesto desde abril —cuando dieron comienzo los comicios provinciales— y que ahora se halla fuera de duda.

¿En qué cabeza cabe darle la espalda a la principal candidata posicionada en términos de votos y de imagen en la Capital —nos referimos a Gabriela Michetti— para respaldar a un excelente gerenciador con escaso carisma político? Los resultados están a la vista: casi pierden la pulseada. ¿A quién se le ocurre llevar a Carlos Reutemann en la boleta del Pro sin la exigencia de que recorriese la provincia en apoyo a Miguel del Sel? Porque el ex–corredor de Fórmula 1 no se movió de su casa y hasta se permitió dudar del candidato a gobernador del Pro. ¿Qué lógica tiene confrontar con un candidato que —en teoría— pertenece al mismo espacio, cuya primera declaración luego de cerrados los comicios y conocidos los resultados fue un torpedo lanzado en contra de Macri? …Con aliados así mejor hubiera sido convocarlo a Aníbal Fernández y a Máximo Kirchner para que le diesen consejos. ¿Cómo explicar la rotunda negativa a cerrar un acuerdo con Sergio Massa cuando el dirigente de Tigre estaba entregado y aceptar que un Lousteau públicamente hiciese saber su preferencia a la hora de votar: primero Sanz, y luego Stolbizer, nunca Macri.

En el Pro convive un conjunto de improvisados que se considera a sí mismo inteligente en grado superlativo —con Jaime Durán Barba a la cabeza— y un pequeño equipo, liderado por Emilio Monzó, que tiene estaño político y conoce los entresijos de éste tipo de campañas. El problema es que la última palabra la tiene Macri, imantado intelectualmente, desde hace años, a un gurú ecuatoriano cuya suficiencia no se corresponde bien con su track record de éxitos. Por momentos, el Pro se parece, más que a un partido político, a un casting en donde sus dos socios se encierran, discuten y finalmente deciden qué rumbo corresponde tomar, haciendo caso omiso de la experiencia.

Mauricio Macri no está acabado. Al fin y al cabo su pollo ganó en la ciudad y retuvo el bastión. Sigue midiendo bien en las encuestas; y en las elecciones a las cuales se presentó —solo o acompañado— al Pro le fue mejor hasta ahora que al Frente para la Victoria y que al Frente Renovador. No hay razón, pues, para trazar un cuadro catastrofista ni pintar un futuro negro que Macri no estaría en condiciones de evitar. Sergio Massa, fruto de sus errores inconcebibles, ha rifado definitivamente sus posibilidades y no tiene retorno. A Macri no le ha pasado lo mismo aunque lo del domingo haya sido más que un susto. En realidad, ha sido un toque de atención que no debería desatender si es que realmente desea llegar a la Casa Rosada.

Su reacción inmediata después del triunfo de Rodríguez Larreta no pudo ser más desafortunada, al extremo de que se convirtió en el puching–ball de todo el oficialismo por el cambio de discurso vertebrado, entre gallos y medianoche, sin ninguna necesidad. Si quería hablar de Aerolíneas Argentinas en el mismo momento que la empresa estatal había generado un verdadero caos por la sobreventa de pasajes en plenas vacaciones de invierno, lo indicado hubiera sido evitar el tema de la estatización y pegarle a la administración de Recalde donde más le dolía: su incompetencia. Pero no: con una lógica difícil de entender se metió en una atolladero de manera gratuita. Otro tanto hizo con la asignación universal por hijo, y así podrían seguirse dando ejemplos de las torpezas, gazapos y errores que lo pusieron en ridículo.

En compensación con estas andanzas de inexpertos, la campaña de Daniel Scioli luce, por ahora, más sólida. Como el peronismo —y ni qué decir el kirchnerismo— no se anda con vueltas cuando lo que está en juego es el poder; y como la necesidad es ganar las elecciones, actúa como una máquina, en una sola dirección, sin que le tiemble el pulso. ¿Alguien se imaginaría una confrontación de las características de la que protagonizaron Rodríguez Larreta y Lousteau en el FPV? —La sola idea sería inconcebible— ¿O que el perdedor dijera que no votaría por Scioli y sí por Stolbizer, como si tal cosa? Lo hubieran puesto de patitas en la calle.

Macri no perdió aunque el triunfo de Rodríguez Larreta a él no le haya servido de mucho. Scioli por ahora no ganó aunque eso digan sus voceros, encuestadores y periodistas amigos. De ahora en más, estarán solos en la cancha con un mismo objetivo. Las PASO, a medida que se acercan, acrecientan su importancia en todos los órdenes. La pelea, a suerte y verdad, ha comenzado.

Fuente: La Prensa Popular

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16jul/151

¿Y quién dijo que Francisco tiene razón? (Una deuda del pontífice)

Por Roberto Cachanosky.
El papa Francisco acaba de lanzar una serie de afirmaciones en el campo de la economía que dan para el debate. No son nuevas estas cuestiones para mí. Habiendo estudiado en la Universidad Católica Argentina, estudié, entre otros temas, Doctrina Social de la Iglesia en la cual veíamos los contenidos de las encíclicas papales ligados a nuestra materia además de participar de los intensos debates en ESEADE, allá por la década del 80
Creo que no tiene ningún sentido tratar de encasillar a la doctrina católica en una corriente de pensamiento económico. En el evangelio hay párrafos en los que uno puede decir que la Iglesia es liberal, como es el caso de la parábola de los talentos, encontrar otros párrafos en que no es liberal o encontrar otros en los que puede ser una cosa o la otra. Ahora bien, más allá de ser estéril el esfuerzo por encasillar a la Iglesia en una corriente política u otra, si es importante insistir, hasta el cansancio, que cuando el Papa habla de cuestiones económicas no es otra cosa que la opinión de una persona más, con lo cual hasta el cristiano más ferviente puede estar en desacuerdo con lo que diga el papa en ese sentido.
Insisto, cuando el Papa formula una afirmación sobre economía, no es ex cátedra, es decir, que sí o sí tal afirmación tiene que ser acatada por los católicos. Recordemos que el Concilio Vaticano I, en 1870, estableció que cuando el Romano Pontífice define una doctrina de fe, es asistido por el Espíritu Santo y sus postulados no pueden ser reformados. Todos los católicos tienen que acatarlos. Esto quiero decir que la infalibilidad del papa solo corre para las cuestiones de fe. Lo que sí sabemos, es que no es infalible el papa cuando habla del crecimiento económico, la distribución del ingreso u otras cuestiones económicas como acaba de ocurrir con Francisco en su viaje por América Latina.
En mi opinión, Francisco tiene varias afirmaciones que uno puede tomarlas para un lado o para el otro, como por ejemplo cuando habla de un sistema que ha impuesto la lógica de la ganancia a toda costa. Uno podría decir que los privilegios que otorgan los gobiernos a determinados sectores productivos, como el proteccionismo, la corrupción en la obra pública o las restricciones a la competencia encuadran en ese concepto de ganancia a toda costa, por lo tanto podríamos afirmar que Francisco es liberal. ¿Se referirá a eso Francisco o querrá decir otra cosa? Lo cierto es que su mensaje deja abierta la puerta para interpretar sus palabras de una manera o de otra totalmente opuesta. Una de esas interpretaciones es que Francisco parce dar a entender que hay pobres porque otros lograron su riqueza haciendo componendas con el poder. La otra interpretación es hay pobres porque hubo gente que se ganó el favor de los consumidores, haciendo un trabajo honesto que beneficia a sus semejantes.
Lo preocupante del mensaje de Francisco es que deja abierta la puerta para el conflicto social. Veamos, hay dos formas de obtener ganancias, una consiste en invertir y producir algo en el precio y la calidad que el consumidor demanda. Esas ganancias no solo benefician al empresario sino también a los consumidores. Ambos salen ganando y hay cooperación pacífica entre las partes. Todos trabajan en paz y armonía buscando su propio beneficio pero en base a beneficiar al consumidor.
La otra forma de ganar dinero a toda costa, como dice Francisco, es logrando que el Estado le quite a otros para darme a mí, sea vía subsidios, protecciones, restricciones a la competencia, etc. El problema de este sistema es que, además de ser ineficiente desde el punto de vista económico, es profundamente inmoral y genera conflicto social. ¿Por qué? Porque para obtener mi utilidad tengo que convencer al Estado para que utilice el monopolio de la fuerza para quitarle a otro su ingreso o patrimonio para dármelo a mí.
Cuando el Estado utiliza el monopolio de la fuerza para atacar a los indefensos ciudadanos en vez de utilizarlo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad, entramos en un sistema de organización social en la cual solo gano si logro que el Estado le quite a otro para darme a mí. Así, si el Estado le quita parte de sus ingresos a A para dárselos a B, A va protestar y para tranquilizarlo el Estado le quitará sus ingresos a C para conformar a A. Pero C también protestará y, por lo tanto, el Estado le quitará a D para calmar a C y así seguirá la historia en la cual el que más gana es el que más poder de lobby tiene. Lo cierto es que ninguno puede progresar si no es a costa de sus semejantes. Bajo ese sistema es que, además de inmoral, impera el conflicto social permanente porque pocos son los que se dedican a producir y muchos los que usan al Estado para saquear al resto de la sociedad. Es una sociedad de saqueadores en la que todos luchan contra todos.
Ese es el modelo que en última instancia parece estar pregonando Francisco. Un modelo de conflicto social permanente, aunque su objetivo sea el opuesto. Desconozco porque impulsa un sistema de enfrentamiento social, pero en los hechos es lo que termina proponiendo.
Salvo un cretino y los populistas que necesitan generar pobres para mantenerse en el poder, nadie puede querer que aumente la pobreza. De manera que aquí no se trata de formular enunciados diciendo que queremos que haya menos pobres, desocupados o indigentes. Lo constructivo es formular las propuestas que permitan disminuir la pobreza, la indigencia y la desocupación en forma permanente. Y eso se consigue con calidad institucional, que atraiga inversiones para crear puestos de trabajo, mejorar la productividad y así incrementar los salarios reales en forma sostenida.
Mal asesorado, o tal vez por tener una ideología peronista, Francisco hace un discurso que lleva al camino opuesto, incrementando la pobreza, la indigencia y la desocupación. Y si no es así, deja abierta la puerta para que la gente interprete mal sus palabras y su laboral pastoral termine incentivando el conflicto social.
En síntesis, su discurso en su viaje por América Latina lejos estuvo de contribuir a disminuir la pobreza. Más bien tiende a incrementarla. Y en ese discurso no hay infalibilidad que valga. Francisco se equivoca de medio a medio proponiendo el camino de la pobreza y, lamentablemente, el de la confrontación entre hermanos al hacerle creer a los pobres que ellos son pobres porque otros trabajan honradamente.
Gran favor le haría a la humanidad el Romano Pontífice si denunciara con firmeza a los gobiernos corruptos y autoritarios que pululan por América Latina, en vez de recibir a esos aspirantes a tiranos como si fueran grandes estadistas y empezar a tratarlos como lo que son: descarados ladrones que no respetan los derechos humanos. La cabeza de la Iglesia sigue estando en deuda con los oprimidos por estos déspotas latinoamericanos.
Fuente: Urgente 24
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12jul/152

Un papa propenso a abrazar las raíces del populismo latinoamericano

Por Loris Zanatta.

En dos años, Francisco ya visitó varios países de América latina. Y no lo duden: él causa un gran temblor político. ¿Por qué? ¿No son visitas pastorales? Así es. Y precisamente por eso causan temblores. Guste o no, la religión está en la base de las civilizaciones. Es la sal de la cultura, ordena los valores de las sociedades; como tal, orienta la política. El Papa lo sabe muy bien: no casualmente se casó con la "teología de la cultura". El temblor, en realidad, ya se siente. Se ve en Roma, donde los presidentes latinoamericanos se precipitan para pedir audiencias, sacarse una foto, llevarse una bendición. Algunos de ellos, varias veces?

"Usan al Papa", gritan los inocentes. Pero no crean que un viejo jesuita se deja manipular. Al revés. Todo presidente que sintió necesidad de arrodillarse frente a su autoridad admitió que el fundamento antropológico de la cultura latinoamericana y la legitimidad de sus sistemas políticos no radican en el pacto político: por encima de él está su herencia católica, cuyo custodio es el pueblo, comunidad pura y sin fisuras.

El Papa piensa o desea reconquistar América latina para la cristiandad; es su oficio. ¿Quién solucionará el diferendo entre Estados Unidos y Cuba? El Papa. ¿Quién logrará devolverle a Bolivia la salida al mar? El Papa. ¿Quién unirá a la "patria grande"? El Papa. Como corresponde: ¿sobre qué puede basarse, al final, si no sobre el acervo católico?

A primera vista, Francisco dice cosas que quien tenga un poco de sensatez suscribe: garantizar la paz, combatir el hambre, proteger la naturaleza, priorizar al humano y su dignidad, luchar contra la explotación, la desigualdad, la cultura del descarte.

Claro, se puede objetar que sus diatribas en contra de la economía de mercado son simplistas y no ayudan a combatir la pobreza, y que su forma de demonizar el dinero recuerda la que en un tiempo la Iglesia reservaba al sexo. Pero las palabras del Papa son populares, reflejan el sentido común.

Si se las mira en una perspectiva histórica, sin embargo, son menos inocuas. En ese sentido, Francisco tiene enemigos: para Jorge Bergoglio, eran "la racionalidad iluminista" y las clases medias de América latina, enfermas de "mentalidad colonial", laicas, consumistas.

Y tiene preferencias: "Los movimientos populares de signo nacional", vehículos de la cultura católica. ¿La política, la Constitución, la democracia, el Estado de Derecho? Muy bien. Pero antes está la "cultura", sobre la cual deben inspirarse las instituciones políticas para conservar su legitimidad.

¿Sorprende la preferencia del Papa por los gobiernos populistas? Claro, no son todos iguales entre ellos. Pero es secundario: los Morales, los Castro, los Correa, los peronistas, los chavistas y los sandinistas encarnan lo nacional y lo popular. Los otros son de otro palo. Son éstas las raíces del populismo en América latina y Bergoglio siempre adhirió a ellas.

Es cierto, hubo un tiempo en que el populismo se fue por otro camino. Pero ya el comunismo pasó y el Papa está feliz de poder reconducir al redil a las ovejas desorientadas. ¿Acaso la fe comunista no había sido la herejía cristiana del siglo XX? ¡Así que nadie le pida a Rafael Correa aprobar una ley sobre el aborto! Y qué rápido fue Evo Morales en marginar sus rituales incaicos.

Nicolás Maduro hoy, como Hugo Chávez ayer, invoca a Cristo, y el "enemigo colonial" es el opositor Henrique Capriles, demasiado laico. ¿Y Raúl Castro? Ya volvió a las fuentes jesuíticas que siempre inspiraron al régimen cubano. ¿Cristina Kirchner? Mutatis mutandis, lo mismo.

Más que las palabras de Francisco, sin embargo, hacen ruido sus silencios. ¿Por qué tanto escándalo contra la "cultura del descarte" y ni una palabra para las víctimas de la represión en Cuba o en Venezuela? ¿Acaso no tienen dignidad? ¿El papa político le gana en esos casos al pastor? Qué decir del arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, hombre cercano al Papa, y de sus grotescas declaraciones: en Cuba no hay prisioneros políticos. Mientras, una conocida artista era llevada a la cárcel por leer a Hannah Arendt en la calle.

¿Por qué el Papa lleva flores a la isla de Lampedusa, lugar simbólico del egoísmo europeo frente a la inmigración, y nunca pensó hacerlo en el Malecón de La Habana? ¡Miles de personas han muerto en el estrecho de Florida tratando de evadir la isla! Silencio.

Y raras y tímidas palabras sobre las violaciones de la independencia del Poder Judicial, los ataques a la prensa, el clientelismo descarado, el uso del Estado como patrimonio del poder en nombre del pueblo.

¿Habrá entendido la Iglesia el drama del populismo, el grado de destrucción institucional, de descalabro económico, de división social e ideológica causados en nombre del monopolio sobre "lo popular"? ¿O repetirá el error pensando que ha sido un éxito?

El autor es profesor de historia en la Universidad de Bolonia.

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10jul/153

Éramos tan progres

PRESENTA

“ÉRAMOS TAN PROGRES”, de Adrián Simioni.

 

 JUEVES 16 DE JULIO - 19 horas - Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, Av. Vélez Sarsfield 299.
Acompañará al autor: Mario Pereyra.

A Adrián Simioni no le tiembla el pulso. El típico argentino es cínico y simplón. Lo llama populista, progrepopulista, progre nac & pop, escondido en el closet de la corrección política.
La palabra, que es pluma y espada, se hunde en el corazón de la última década y se revuelve a sus anchas en las entrañas de las vacas sagradas, los mitos mal curados, las frases hechas, las historias tuertas y los chicos expiatorios del progresismo argentino.
¿Por qué se glorifica al Estado y se demoniza al empresariado en un país con un sector público disfuncional y empresas raquíticas? ¿Por qué esa defensa cerrada de las corporaciones estatales en las que se reproduce una casta social hegemónica, temerosa de cualquier cambio, inmune a la autocrítica y negadora de su obligación de contribuir con eficiencia a la torta social?
Simioni tiene una tesis: el monopolio de la bondad marketinera y el humanitarismo sin riesgos que ha escriturado el progresismo, se pone al servicio de la extorsión moral a los que no se someten a un relato “mediocre y, en el fondo, conservador”.
Pero el mérito del libro no se agota en su valentía. Es un ejercicio inteligente y agudo que insta a la polémica, una “ciencia” que parece perdida en la Argentina de los últimos años, en los que el enfrentamiento suplantó a la discusión.
Éramos tan progres no cae en ese error. Detrás de cada idea hay un fundamento, detrás de cada fundamento, un dato. Sea sobre la educación, Cuba, Aerolíneas o YPF. Con un objetivo claro: poner en cuestión un sistema de valores que ha gobernado los últimos años pero que atravesó con éxito narrativo buena parte de la historia argentina.
Adrián Simioni nació en Charras, provincia de Córdoba. Graduado en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba.
Ganó los premios Adepa y Citibank.
Es columnista y editor adjunto de Política y Negocios en el diario La Voz del Interior, de la ciudad de Córdoba.
Conductor de Algo Ha Fallado, en Radio Continental Córdoba. Éste es su primer libro.

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8jul/150

El desorden fiscal no se arregla con gradulismo ni shock

Uno de los más recónditos secretos –mantenido por quienes buscan ser elegidos en octubre próximo- consiste en eludir la mención de la palabra “ajuste”, fingiendo oponerse al mismo y proclamando su apoyo al “gradualismo” en contra del ”shock”.

Esos aprendices de brujo quieren dar a entender que el “gradualismo” es bueno y el “shock” es malo. Pero en el fondo reconocen que hay cuestiones fundamentales que corregir y arreglar. Sin embargo, este planteo entre “shock” y “gradualismo” es una falsa opción, sumamente peligrosa para nosotros, el pueblo. Porque los que trabajan, ahorran, invierten y pagan impuestos, están sosteniendo a Gobiernos que los esquilman y necesitan imperiosamente, que la pesadilla termine sin causar más daño.

MAYORES DÉFICITS DE LA HISTORIA ARGENTINA

La política económica de Kicillof, calificado por Cristina como “mi asistente”, ha sido un total disparate basado en la ilusión que provoca la emisión desaforada de dinero, un sideral Gasto público, un pueril estímulo al consumo en 12 cuotas, el aislamiento del resto del mundo y la superchería de creer que puede seguirse consumiendo el capital sin ahorrar, ni invertir, ni comerciar con el mundo.

El déficit consolidado que provoca esta política es uno de los más altos en los últimos cien años de historia argentina y se aproxima peligrosamente a la híper de Alfonsín en 1989. Al cambio oficial, hoy nuestro déficit consolidado es de u$s 49.478 mill. y el PBI es u$s 603.390 mill. De allí resulta el 8,2%. Esa constatación permitió a José Luis Espert definirlo como un “tsunami fiscal” en formación.

El mayor déficit corresponde a Isabelita-Gelbard & Celestino Rodrigo: 12% en 1975. Luego, en 1981, a la tablita de Videla-Martínez de Hoz & Sigaut con el 10%. Por último, la hiper de Alfonsín-Pugliese & Jesús Rodríguez: 9 %. Ahora estamos en 8,2 %,.

DESORDEN EN LAS CUENTAS Y EL EMPLEO

En un reciente artículo examinamos la situación económica que, a través de las cuentas del Bº Central, presentaba verdaderos “Planes de riego en medio del diluvio”. Habíamos calculado que el crecimiento anual de la emisión de dinero (junio 2014/15) era del 46,5%, mientras que la irracional política de crear dinero ex-nihilo para el Estado y luego esterilizarlo con emisión de Lebac, provocaba el pago anual de intereses a bancos comerciales por u$s 9.276,8 millones.

Esa utilidad, casi obscena, representa una regresiva distribución de renta desde las personas humildes y de clase media hacia las opulentas entidades bancarias, las cuales acordaron en la última paritaria nacional, repartir parte de esta fácil ganancia con un “bonus” a sus empleados.

El desorden fiscal se traduce en dos áreas: a) en la adulteración de prioridades del Gasto Público y su financiamiento; b) en la distorsión de la ocupación laboral promovida por el despilfarro en las cuentas públicas.

FINANZAS DEGRADADAS

Partiendo de los propios datos oficiales, el economista Espert ha puesto en relieve la desvirtuación de prioridades en el Gasto público, porque en lugar de la austeridad otorgan primacía al derroche, la suntuosidad y el antojo del gobernante. Sueldos para 3,6 millones de empleados públicos ocupados en tareas improductivas. Jubilaciones a 6,5 millones de personas muchas de las cuales no aportaron nada en su vida. Subsidios extravagantes a Enarsa, Aerolíneas, Libre.AR y empresas estatizadas como Ciccone calcográfica. Compras de trenes y vagones sin arreglar las vías por donde deben transitar, Represas patagónicas de poca prioridad. Blindados chinos para un ejército desarmado. Gastos suntuarios en Fútbol para todos. Uso dispendioso de aviones y helicópteros presidenciales. Millonaria propaganda oficial. Destrucción de la estatua centenaria de Colón. Reemplazo por la escultura de una valiente miliciana boliviana que luchó bajo órdenes del general Belgrano. Sustitución de las efemérides patrias por mitines partidarios. Masivos y onerosos traslados de militantes a los actos políticos. Sideral importación de gas y combustibles por bloqueo de la producción nacional. Todo esto y mucho más cuesta anualmente al pueblo argentino la extravagante cifra de 2,35 billones de pesos (dos seguido de doce ceros)

Su financiamiento se hace mediante desalentadoras retenciones a la exportación e impuestos nacionales, provinciales y municipales, cargas laborales, emisión espuria de papel moneda, costosas Lebac emitidas para esterilizar el dinero creado de la nada, mayor deuda interna y dadivosos bonos en divisas para cancelar deudas con Club de París, indemnizar a Repsol y cancelar juicios perdidos en el Ciadi. El desorden fiscal representa una apropiación media de $ 22.104 por familia y por mes, casi 2,5 veces el salario medio de bolsillo acordado en las últimas paritarias nacionales.

DEFORMACIÓN DE LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL

Al mes de junio de 2015, como consecuencia de la política intervencionista reflejada en las Cuentas Fiscales, se ha producido una gran distorsión en la estructura ocupacional. El Estado ha querido hacer de todo y ha creado una economía burocrática a su imagen y semejanza. Hoy tenemos 13,9 millones de rentistas que cobran dinero del Estado como empleados públicos, jubilados y beneficiarios de planes o subsidios. Enfrente hay 9,2 millones de trabajadores en blanco e irregulares que son quienes producen los bienes y servicios que los otros usufructúan.

Por cada trabajador que trabaja en blanco tenemos 3,3 personas que cobran sueldos y planes. En USA, Europa, Japón y el Asia Pacífico la proporción es de 1,18 individuos por trabajador.

¿Cuánto tiempo más podrá durar esta distorsión laboral?

¿COMO SE HACE EL AJUSTE?

Lo estamos viendo delante de nuestros ojos. En Grecia existen dos alternativas para corregir el desorden fiscal y ocupacional: ajusta el Estado o ajusta la Sociedad.

El ajuste convencional, requerido por el FMI consiste en salvar al Estado a costa del sector privado y se basa en este paquete de medidas: a) fuerte devaluación, b) tarifazo en servicios públicos, d) impuestazo a empresas y familias, e) congelamiento salarial y de pensiones, f) bloqueo y desvirtuación de contratos privados, g) paralización de la obra pública, h) pago prioritario de la deuda.

Según la gravedad de la situación, se dispone un “shock” (descarga de golpe) o “gradualmente”. Pero la suma de efectos impactos e inducidos son lo mismo.

 

SANEAMIENTO FINANCIERO EN LUGAR DE GRADUALISMO

Para superar el debate entre ajuste por “shock” o “gradualismo”, hay que tener ideas claras y bien definidas. Decidirse a emprender de una buena vez el saneamiento financiero y económico, con un conjunto de medidas racionalmente estructuradas que cubran la totalidad de nuestros actuales problemas económicos. La técnica de saneamiento fue científicamente elaborada por Jacques Rueff & Louis Armand [Sortir de l'impasse budgétaire sans augmenter les impôts] y aplicada valientemente por el Gral. Charles De Gaulle cuando Francia decidió en 1958 sanear su economía y crear la V República actualmente vigente.

 

Obrando con un Plan de medidas globales y simultáneas que entran en vigencia inmediata o diferida, es posible obtener un “gradualismo de resultados” en lugar de un “gradualismo de medidas”.

 

El Plan de Saneamiento no sólo debe considerar medidas coyunturales, como: resolver el cepo cambiario y las retenciones agrícolas, sino también la reforma de la estructura económica, para que a mediano plazo desaparezcan rigideces, bloqueos, trabas, esclerosis e interferencias estatales. Porque son estas cuestiones estructurales las que neutralizan y anulan los resultados del shock. La revisión de estructuras debe comenzar ineludiblemente por la reforma integral de la Administración pública con el fin de aliviar gastos, reducir impuestos, aumentar la eficacia del Estado y simplificar la vida de la gente, sin crearle más complicaciones.

 

El programa de medidas interrelacionadas y completas debe ser la base de una PNS Política Nacional de Saneamiento financiero-económico, para recuperar la iniciativa privada, el gusto por trabajar, la pasión por crear y el respeto riguroso de los derechos y deberes individuales. Esta opción supera la discusión entre shock y gradualismo y sus pasos son expuestos en el siguiente cuadro

 

UN PLAN SOCIALMENTE BENEFICIOSO

El plan de medidas globales y simultáneas debiera ser dictado en los primeros 100 días de gestión del nuevo gobierno y a partir de diciembre de 2015. Tendría que atender imprescindiblemente a estas cuestiones:

 

  • a) Suprimir la inflación por la vía del ahorro, dejando de incitar políticamente el consumo.
  • b) Cortar el círculo vicioso de que “hay inflación porque no hay ahorros monetarios; y nadie ahorra en pesos porque la inflación se los devora”.
  • c) Ofrecer una moneda sana mediante el sistema de monedas de libre uso, mercado de cambios libres en las Bolsas de Comercio y prohibición al Bº Central de vender divisas a importadores o apropiarse de las divisas de exportación.
  • d) Garantizar que los dólares son de quienes producen y exportan y no del Estado.
  • e) Crear certezas de que el gasto público no sobrepasará el monto de la recaudación de impuestos más el ahorro interno.
  • f) Mostrar el firme propósito de anular gastos públicos suntuarios, inútiles, estériles y prescindibles, sean gastos corrientes o inversiones en obras públicas.
  • g) Establecer ministerios, organizados por funciones y no por propósitos, eliminando secretarías, subsecretarías, direcciones generales, direcciones de asuntos jurídicos y gabinetes de asesores. Suprimir el presupuesto de todos los organismos superfluos.
  • h) Cerrar el robinete de la inflación para impedir su recrudecimiento, lo cual implica: establecer convenios colectivos por empresa, aumentos salariales por productividad y no por decreto, rebajar aranceles aduaneros (sin dumping) para permitir la competencia externa, reducir a favor del trabajador los impuestos laborales hasta que el salario nominal sea igual al de bolsillo y permitir la capitalización de empresas de servicios públicos derogando impuestos específicos.
  • i) Favorecer la repatriación de divisas resguardadas fuera del sistema, derogando el régimen de la renta universal, los impuestos a cheques y bienes personales y eliminando cláusulas discriminatorias de lavado de dinero.
  • j) Permitir la emisión de deuda pública sólo para financiar proyectos de inversiones inelásticos y necesarios con garantía de rentabilidad real y en condiciones técnicas documentadas y certificadas por consultoras independientes de la política.
  • k) Evitar la recesión, estimulando el aumento de la demanda global no por el lado del consumo sino haciendo que la inversión permita alcanzar el nivel de la oferta global.
  • l) En caso de que el atesoramiento en divisas no se invierta, habrá que crear programas públicos ofreciendo proyectos rentables para que ellas puedan ser socialmente usadas. Por ejemplo: modernización y mejoramiento urbanístico de ciudades, plan de grandes acueductos y cloacas domiciliarias, proyectos de erradicación de chabolas y villas miserias, plan Laura de autopistas inteligentes autofinanciables, recuperación del sistema ferroviario de alta velocidad para cargas y pasajeros, instalación de plantas de tratamiento de residuos domiciliarios, igualación de las condiciones accionarias y jurídicas de las empresas del Estado con las sociedades privadas comerciales.
  • m) Reforma, integral del sistema impositivo, derogando impuestos distorsivos, acabar con la doble imposición, eliminar todas las retenciones a la exportación, simplificar requisitos legales y administrativos, reducir el sistema a dos impuestos básicos con idéntica alícuota: a personas físicas y a sociedades, ajustar los mínimos exentos, definir la coparticipación por número de habitantes censados, unificar la recaudación en una sola administración federal con un Directorio profesionalizado y no-político, establecer la cláusula del contribuyente más favorecido para que cualquiera pueda requerir idéntico tratamiento impositivo que aquellos que logran privilegios, ventajas o reducciones tributarias.
  • Fuente: Notiar.com
4jul/153

Libres de envidia

Prólogo al libro de Guillermo González Rodríguez

Por Gabriel Zanotti.

Los liberales aún somos en algún sentido, hijos del iluminismo, por más que nos aclare Hayek que hay dos racionalismos, uno verdadero y otro falso, explicándonos en la tradición de Hume los límites de la razón, un cierto espíritu «de las luces» está entre nuestros propios prejuicios empeñado en creer, contra toda evidencia, que la razón, con sus limitados poderes, tiene que ser más que suficiente para superar arraigados prejuicios anclados en hondos sentimientos.

Con esta contundente e importantísima afirmación, Guillermo Rodríguez González nos da pie para introducir su ensayo sobre la envidia y su relación con el socialismo.

En efecto, pocas veces, dentro de los ambientes liberales clásicos o libertarios, los temas psicológicos son abordados en profundidad. Nos manejamos bien en Economía, Derecho Filosofía Política y Filosofía, tratamos de argumentar racionalmente, estudiamos, leemos, escribimos, y entonces, desde allí, tratamos de “convencer al otro”. Pero “el otro” no se convence, no nos escucha, no nos lee. Y nos preguntamos entonces qué pasa con nuestra didáctica, qué cosa hemos hecho mal, etc. Y seguimos haciendo seminarios, cursos, a veces con mucho público, que ya está convencido, claro. Mientras tanto el socialismo sigue avanzando y en las horas más amargas uno llega a plantearse realmente si el mundo está loco o el loco es uno mismo.

Ni una cosa ni la otra. Nos falta un aspecto importante en todos nuestros estudios. No hemos profundizado suficientemente en las razones psicológicas de los movimientos de masas que son la base de todo socialismo. Las masas no están psicóticas en el sentido técnico del término: están alienadas, que es diferente, y nosotros tampoco estamos locos: sencillamente somos demasiado racionales en un mundo social que se maneja con otros parámetros. Ser conscientes de ello nos evitaría muchas angustias y nos permitiría enfocar nuestra acción política de modo diferente. Y en este sentido, el libro de Guillermo Rodríguez González es un paso muy importante en ese sentido.

Hay tres temas que, en ese sentido, nos ayudarían mucho. En primer lugar, los orígenes psicológicos de la alienación, explicado de manera casi insuperable por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. La masa es una regresión a una etapa infantil, una fijación en la figura paterna que convierte nuevamente al sujeto a la situación de hermandad en la horda primitiva cuyo jefe ha sido asesinado y convertido en tótem. Esa tesis freudiana, no histórica sino simbólica de lo más profundo e inconsciente de la psiquis, nos muestra que las masas alienadas son inmunes a todo discurso racional. Sólo un estadista, que haga una transferencia social, puede sacarla de su encantamiento.

Fromm colaboró de igual modo explicando que las neurosis escondidas detrás de los fenómenos sadomasoquistas están en el fondo de variadas circunstancias históricas y, por ende, también en los autoritarismos del s. XX. Si bien su comprensión del capitalismo deja mucho que desear, ello no quita lo esencial de sus reflexiones: el alienado se une a su victimario, el esclavo se une a su amo y viceversa alimentados por el placer que produce el dominio (sadismo) y el placer de ser dominado (masoquismo). Frente a ello, es obvio que ambos tipos de neurosis, habitando en lo más profundo del inconsciente, no producirán un sujeto precisamente apto para entender “La mentalidad anticapitalista” de MisesJ.

Frankl aporta su propia visión logoterapéutica a la dialéctica del amo y del esclavo. La pérdida del sentido de la existencia fomenta la búsqueda de un “sentido prestado”, que es proporcionado por el “amo”, que también encuentra en ese poder el sentido de su vida. El cerrojo no podría ser mayor: esclavo y dictador se ensamblan de manera simbiótica en una relación que anestesia su profundo sin sentido, una anestesia tan fuerte, un macabro sueño tan profundo, que es casi imposible despertarlos.

Nuestro autor no se queda atrás. Tomando elementos de Schoeck y de Hayek elabora una síntesis tal que es un novedoso aporte en esta dirección. Primero reseña, en una magnífica síntesis, la evolución del Estado de Derecho, al estilo Hayek. Pero ello le da pie para introducir lo central de su tesis. Porque en la evolución del orden espontáneo, que es el paso de la sociedad tribal a la gran sociedad, esto es, el orden extenso del mercado, no hay que suponer que el individuo adaptado al mercado ha olvidado los instintos atávicos de la sociedad tribal. No, ellos subsisten al mismo tiempo que se desempeña aparentemente sin problemas en instituciones liberales y en los intercambios del mercado.

Uno de estos “instintos atávicos” (y aquí viene el aporte de Schoeck) es la suposición de igualdad. Las sociedades tribales son sociedades “hermanadas”, al decir de Freud; toleran que el “jefe de la horda” distribuya la riqueza pero siempre reclamando la igualdad distributiva. Las desigualdades conforme a los aportes al mercado son ajenas a sus vivencias. Cuando estas comienzan a aparecer, hay un esfuerzo adaptativo, pero, como Freud diría nuevamente, se produce cierto “malestar”. Un malestar que subsiste en el inconsciente cuyo resultado es la envidia. ¿Cómo puede ser que el hermano sea mejor, se destaque, y tenga más bienes que yo? No, claro, no es una pregunta consciente, es un clamor inconsciente que luego se racionaliza en las críticas al mercado. La adhesión masiva a la teoría de la explotación de Marx es uno de los mejores ejemplos: “Karl Marx, -dice nuestro autor- en Trabajo Asalariado y Capital de 1849 racionaliza la envidia (sin mencionarla) como un malestar ante la desigualdad independiente de mejoras en el nivel de vida de los más pobres, asumiendo que aquellos se comparan siempre, única y exclusivamente, con los que tengan o ganen más que ellos y nunca con ellos mismos en un pasado en que estuvieran en peor condición, siendo la desazón el resultado de cualquier mejora propia si aquélla ocurre al  tiempo en que otros mejoren relativamente más”.

El resultado de todo esto (cap. III de este ensayo) es el salvaje. A modo de tipo ideal weberiano, el salvaje es ese individuo que, apenas bajan las defensas del orden civilizatorio del mercado, es capturado por los virus latentes de sus pulsiones tribales originarias. Ese salvaje es el enemigo interno de toda sociedad abierta, de todo orden constitucional, de todo mercado.

Contra “él”, y a pesar de él, evoluciona el mercado, en el mismo sujeto. Freud nos dice que el inconsciente es como ir a la Roma actual donde vive, en el mismo presente, la Roma antigua, no como ruina, sino como real. En el mismo sujeto está el salvaje y el civilizado. Por lo tanto, ¿cuál es la esperanza? La esperanza no puede fundarse en que uno de los dos va a prevalecer, sino en que las instituciones sean lo suficientemente fuertes como para sobrellevar el peso de las masas. Si: es una esperanza orteguiana. El liberalismo, emergente en medio de nuestras pulsiones más primitivas, ha sido un milagro, impulsado tal vez por el judeo-cristianismo al cual incluso Ayn Rand, como nos enseña nuestro autor, le atribuye algún valor, y mucho más Hayek, por supuesto. En ese sentido, los liberales clásicos y libertarios debemos seguir escribiendo, haciendo nuestros seminarios, etc., pero advertidos que rara vez llegaremos a las masas. Nuestro papel es el de ser un contrapeso de la historia. El mundo real siempre será un intermedio entre autoritarismo y libertad. Si es un intermedio, no es porque hayamos fracasado, sino al contrario: es porque estamos. Si no estuviéramos, el autoritarismo será completo y absoluto. Nosotros somos la voz de la conciencia de la horda primitiva, el super-yo que mantiene a la cultura a pesar de su malestar.

Fuente: Punto de vista económico

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2jul/151

Para comprender el problema de Grecia

Por Emilio Martínez.

La ruina de Grecia es una historia plagada de engaños, despilfarros, irresponsabilidad política y una gran hipocresía social

Grecia no sólo es un país quebrado, sino una de las economías más pobres y menos desarrolladas de Europa desde hace décadas. Y ello, pese a seguir, curiosamente, los dictados de la izquierda radical, puesto que el Estado heleno se ha caracterizado por ser uno de los más intervencionistas de Europa (ocupaba el puesto 100 del ranking mundial sobre facilidad para hacer negocios cuando estalló la crisis del euro) y con uno de los mayores niveles de gasto público.

Y es que, el origen de la tragedia griega, muy al contrario de lo que defienden Syriza o Podemos, no radica en la pretendida austeridad, sino en su desbocado e insostenible sector público. Grecia fue el país de la UE que más aumentó su gasto público real (un 80% entre 1996 y 2008) y su deuda pública (un 400% superior a sus ingresos públicos en 2011) durante los felices años de la burbuja crediticia. Pero estas grandes cifras, siendo relevantes, se tradujeron en hechos muy concretos, cuya realidad ocultan hábilmente partidos como Syriza en Grecia o Podemos en España.

A continuación, se resumen las diez grandes vergüenzas de Grecia que la izquierda europea se niega a reconocer. La ruina helena es una historia llena de mentiras, despilfarros y una enorme hipocresía.

  1. Mintieron sobre el déficit público

Lo primero que cabe señalar es que los políticos griegos ocultaron su déficit público real durante años. Cuando el nuevo gobierno de Atenas llegó al poder en 2009, se encontró un agujero fiscal equivalente al 14% del PIB, frente al dato oficial del 3,7% comunicado a Bruselas.

De un día para otro, el déficit pasó de 7.000 a cerca de 30.000 millones de euros, casi cuatro veces más. Este manifiesto engaño evidencia la enorme irresponsabilidad política de los distintos gobiernos griegos.

  1. Atenas recurrió a la banca de inversión

La izquierda carga constantemente contra los mercados, en general, y la malvada banca de inversión, en particular, pero olvidan que su admirada Grecia recurrió a los financieros de Wall Street para ocultar sus desastrosas cuentas públicas.

El anterior Gobierno presidido por Yorgos Papandreu reconoció que Grecia mintió en las cifras de déficit y deuda para entrar en el euro y, por tanto, ofreció datos falsos hasta 2009, valiéndose, entre otros, de los servicios de Goldman Sachs. A este respecto, cabe señalar que el hoy presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dirigía las operaciones de Goldman en Europa en 2002, cuando Grecia inició sus fraudulentas operaciones de ingeniería financiera.

  1. El Estado causó la quiebra de la banca

Otra verdad incómoda es que, en el caso de Grecia, la quiebra de la banca fue responsabilidad directa del Estado heleno, no al revés. Las entidades financieras se cargaron de deuda pública helena durante los años de la burbuja para financiar el enorme y suntuoso gasto de los distintos gobiernos. Por ello, la banca griega entró en quiebra cuando se aplicó una quita del 50% sobre los bonos helenos en manos de los acreedores privados en 2011, tras acordar el segundo plan de rescate con la troika.

Posteriormente, Europa tuvo que inyectar dinero extra para salvar los depósitos de Grecia. Es decir, los depositantes griegos fueron rescatados con el dinero de los contribuyentes europeos a través de la troika, después de que la insolvencia de Atenas arrastrara a la banca nacional a la quiebra.

  1. Vida a todo tren, pero con el dinero de otros

Durante la burbuja, Grecia vivió muy por encima de sus posibilidades reales, recurriendo a una ingente deuda pública para poder financiar ese insostenible nivel de gasto. Más de la mitad de la economía griega dependía, de una u otra forma, del maná estatal, creando así una gran estructura clientelar a base de enchufes, corrupción y subvenciones. Algunos ejemplos:

Durante años, y pese a tener un PIB per cápita muy inferior al de España, el salario mínimo en Grecia era un 50% superior.

Durante décadas, cuando un partido llegaba al poder enchufaba a gente en el sector público a cambio de su voto, acrecentando de forma insostenible la plantilla estatal.

El Hospital Evagelismos, uno de los principales de Atenas, por ejemplo, llegó a tener en nómina a 45 jardineros para cuidar de las cuatro macetas de su entrada; algunos organismos públicos contaban con 50 conductores por cada coche; un antiguo ministro de Agricultura creó una unidad no contabilizada que daba empleo a 270 personas para digitalizar las fotografías de las tierras públicas griegas, sin que ninguno de los contratados tuviera experiencia en fotografía digital, ya que eran carteros, peluqueros, agricultores y, en general, afiliados del partido…

El gasto en educación, sanidad y política social fue, de lejos, el que más aumentó hasta el estallido de la crisis de deuda, superando el 31% del PIB en 2012.

Además, Grecia, el gran referente de la izquierda radical, era el país de la UE que más dinero destinaba a gasto militar antes de la crisis, con una media superior al 4% del PIB.

  1. Exceso de funcionarios e ineficiencia

El empleo público es, sin duda, uno de los grandes paradigmas del despilfarro griego.

– Durante la burbuja, Atenas ni siquiera sabía cuántos empleados tenía en nómina: los sindicatos estimaban unos 700.000, mientras el Gobierno hablaba de 800.000; pero, sumando los contratos temporales, la cifra superó el millón de personas en 2007, equivalente al 10% de la población y a casi el 20% de la fuerza laboral del país.

– Ganaban una media de 1.350 euros mensuales, superando el sueldo medio existente en el sector privado. Pero lo relevante es que la ganancia real de los empleados púbicos era muy superior: además de cobrar dos pagas extra, recibían pluses y remuneraciones adicionales aduciendo todo tipo de excusas, como llegar al trabajo en el horario previsto, presentarse correctamente vestido, usar ordenador o hablar idiomas. Los guardas forestales, por ejemplo, recibían un plus por trabajar al aire libre.

– Sumando todas las extras, los funcionarios de Grecia llegaron a ganar de media más de 70.000 euros al año frente a los 55.000 euros de Alemania.

– Asimismo, los funcionarios también disfrutaban de una pensión vitalicia de 1.000 euros mensuales para las hijas solteras de empleados fallecidos, entre otros muchos privilegios y prebendas.

– Grecia tenía cuatro veces más profesores que Finlandia, el país que mejor nota saca en el Informe PISA de calidad educativa, pero esa superpoblación de docentes sólo le ha servido para estar entre los países europeos con peor nivel en casi todas las pruebas de Enseñanza. Muchos griegos que envían a sus hijos a las escuelas públicas tienen que contratar luego profesores particulares de refuerzo.

– Otro dato curioso es que su Sanidad pública era de las que más invertía en suministros, superando la media de la UE, sin que los griegos sufrieran más enfermedades que el resto de europeos. ¿Razón? Uno de los muchos escándalos destapados durante estos años es que era tradición entre médicos y enfermeras salir de los hospitales cargados con todo tipo de material higiénico y sanitario…

  1. Empresas públicas, el culmen del despilfarro

Sin embargo, más allá del desproporcionado número de funcionarios, sus suculentos sueldos o la grave ineficiencia de los servicios públicos, el culmen del despilfarro era su sobredimensionada estructural estatal a base de cientos de empresas, organismos y entidades inútiles. Basta señalar algunos ejemplos para percatarse de dicho despropósito:

El sueldo medio en la Renfe griega llegó a superar los 70.000 euros al año, incluyendo las profesiones de baja cualificación. Sus ingresos operativos apenas rondaban los 100 millones al año, mientras que sus gastos alcanzaban los 700 millones.

“Hace veinte años, un próspero empresario llamado Stefanos Manos, nombrado después ministro de Finanzas, señaló que sería más barato meter a todos los pasajeros de los ferrocarriles griegos en taxis: sigue siendo verdad”, tal y como detalla Michael Lewis en su libro Boomerang: Viajes al nuevo tercer mundo europeo, publicado por Deusto, en donde explica buena parte de los desmanes helenos cometidos durante la burbuja.

El presupuesto del metro de Atenas rondaba los 500 millones de euros al año, mientras que los ingresos en taquilla apenas alcanzaban los 90 millones.

Grecia también creó un comité para gestionar el Lago Kopais, a pesar de que se secó en 1930.

Tras el rescate de la troika, Atenas anunció la eliminación o fusión de 75 organismos públicos en los que trabajan más de 7.000 personas y que, anualmente, recibían 2.700 millones de euros en subvenciones (unos 386.000 euros por cada empleado).

  1. Jubilación de oro

Hasta el estallido de la crisis, los griegos se podían jubilar con poco más de 61 años, cobrando casi el 96% de su sueldo, siendo uno de los sistemas de pensiones públicas más generosos (e insostenibles) de la UE.

Pero es que, además, en Grecia existían cerca de 600 categorías laborales que, alegando motivos de salud, podían optar a la jubilación anticipada, establecida en 50 años para las mujeres y 55 para los hombres. Y entre estos últimos beneficiados había todo tipo de profesiones, desde peluqueros hasta trompetistas, flautistas, cocineros, masajistas e incluso presentadores de televisión, entre otros.

Precisamente por ello, los griegos disfrutaban de la mayor esperanza de vida tras la jubilación, y no porque vivieran más, sino porque se jubilaban mucho antes. En concreto, mientras la media de la OCDE es de 18,5 años tras el retiro (en España es de 17,9), los helenos gozaban de más de 24 años de plácida existencia tras la jubilación, a base, eso sí, de pedir prestado un creciente volumen de dinero a los mercados en forma de deuda pública.

Además, el control sobre la gestión de las pensiones era inexistente. Durante la crisis, se han detectado miles de familias que cobraban jubilación años después de que fallecieran sus titulares o prestaciones de desempleo sin tener derecho a ello.

  1. Sobornos y evasión fiscal

Grecia también destaca por liderar todos los indicadores de evasión fiscal a nivel europeo. Antes de la crisis, uno de cada cuatro trabajadores no pagaba nada en impuestos, de modo que las arcas públicas dejaban de ingresar entre 15.000 y 20.000 millones de euros al año.

Prueba de ello es que, antes de la crisis, menos de 5.000 contribuyentes griegos, en una población total de casi 12 millones, reconocían cobrar más de 100.000 euros al año. Lewis, por ejemplo, explica en su obra que dos tercios de los médicos privados no pagaban ni un euro de impuestos, ya que declaraban unos ingresos de menos de 12.000 euros al año, el umbral mínimo para empezar a tributar.

Además, los sobornos estaban a la orden del día. Algunos estudios señalan que los griegos se gastaban unos 800 millones de euros al año en mordidas para evitar el pago de multas o para que los funcionarios hicieran la vista gorda, incluyendo los inspectores fiscales. Por poner tan sólo un ejemplo, el Ministerio de Hacienda despidió hace escasos años a 70 funcionarios con un patrimonio inmobiliario medio de 1,2 millones, cuando su sueldo no superaba los 50.000 euros.

Otro dato llamativo es que la proporción de autónomos en Grecia era también de las más altas de la UE, y no porque fueran especialmente emprendedores, sino por la facilidad de ocultar ingresos al Fisco. Por si fuera poco, en años electorales, como 2009, la recaudación bajaba de forma muy sustancial (hasta el 30%), con independencia de cómo evolucionara el PIB, ya que los políticos, sobre todo a nivel local, solían perdonar el pago de impuestos como forma de comprar votos.

  1. Deuda pública desbocada

Como consecuencia, toda esta borrachera de gasto y despilfarro estatal se financió emitiendo deuda. Grecia fue el país que más recurrió a la deuda pública durante la época de burbuja y, por ello, su factura anual en el pago de intereses superó, hasta el segundo rescate a Grecia, el 12% de los ingresos públicos (en 2011, antes del rescate alcanzó, el 17%), mientras que en Alemania dicha factura se ha mantenido estable en el 6% de todos los ingresos públicos.

  1. Pueden pagar, pero no quieren

Syriza y Podemos reclaman ahora una nueva quita soberana, pese a que el Estado heleno se endeudó voluntariamente para cometer todos los excesos descritos anteriormente, en lugar de que Grecia asuma su responsabilidad y pague lo que debe.

Aunque muchos dicen que es imposible, lo cierto es que, según el Banco Central Europeo (BCE), Atenas posee una enorme cartera de activos públicos, cuyo valor estimado asciende a 300.000 millones de euros, incluyendo empresas, infraestructuras, acciones, participaciones, suelo y todo tipo de bienes inmuebles. Además, Grecia también podría vender islas, playas, oro y hasta monumentos si es necesario con tal de cumplir sus compromisos y evitar el doloroso estigma de la quiebra y posible salida del euro.

Pero ni siquiera haría falta llegar tan lejos: si Atenas redujera el peso del Estado a la mitad (unos 60.000 millones), con la consiguiente privatización de pensiones, sanidad y educación, y vendiera el 50% de sus activos públicos (otros 100.000 millones por lo bajo) su deuda quedaría reducida al 70% del PIB; ello, unido a un compromiso serio de equilibrio presupuestario (déficit cero) y a un ambicioso plan de reformas para liberalizar la economía y bajar impuestos, permitiría reducir aún más su endeudamiento a medio plazo por la vía del crecimiento económico. Grecia puede pagar, lo que pasa es que no quiere y, por lo tanto, todo apunta a que no lo hará.

Fuente: Libremercado.com

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29jun/150

La economía argentina está atada con alambres

Por Manuel Solanet.

En la jerga de la mecánica doméstica se dice que "está atado con alambres" un artefacto que se deterioró pero al que sólo se lo quiere hacer durar con una reparación precaria. Puede aplicarse este dicho a la economía argentina de esta época. La consigna oficial es llegar al 10 de diciembre sin una crisis, aunque esto implique dejar una herencia cada vez más comprometida. La historia le enseñó al Gobierno que debe evitar a toda costa cualquier peligrosa aceleración inflacionaria o una escapada del dólar paralelo que puedan provocar una corrida cambiaria y bancaria. El cepo causa enormes perjuicios, pero de ninguna manera ocasiona una reacción popular como la que en su momento produjo el corralito y el corralón. Igualmente, una inflación del 30% provoca conflictos y castiga a los asalariados, pero no derrumba un gobierno como ocurrió con la hiperinflación. Un importante déficit fiscal puede por un tiempo financiarse con los ahorros de los jubilados, con emisión o con deuda a un muy alto interés. El grave compromiso a futuro que esto implica no es percibido por el hombre de la calle, como tampoco no cumplir sentencias ni negociar con los acreedores. Por lo contrario, este desplante adorna el discurso populista y parece aportar rédito político.

Tal vez el ejemplo más ingenioso de "atar con alambres" es la forma de mantener controlada la cotización del dólar paralelo mediante la venta abundante de dólar ahorro. Se quita demanda y al mismo tiempo se genera oferta en el mercado informal. Claro está que para ello deben usarse reservas del Banco Central mientras el duro cepo se las escatima dramáticamente a los importadores y a otros usos esenciales. Las ventas de dólar ahorro fueron abundantes, cercanas a los 500 millones mensuales. Si se proyecta este uso de las reservas disponibles junto al pago del Boden 15, se advierte que para llegar a diciembre se tendrá que recurrir nuevamente a captar deuda costosa. El maquillaje de las reservas del Banco Central no resuelve el problema.

Pero ni todas estas dificultades ni el retraso cambiario comprometen políticamente tanto como lo haría una escapada del dólar y de la brecha cambiaria. En buena medida esta supuesta paz cambiaria y la leve caída de la actividad económica reducen la inflación y generan una sensación de tranquilidad que les permitió a la Presidenta y al ministro Axel Kicillof burlarse de los economistas que, según ellos, pronosticaban problemas que no se produjeron. Tal vez el mejor aporte reciente a una mayor racionalidad en el frente oficial lo haya hecho Miguel Bein, quien aconsejó priorizar la venta de reservas a los importadores por sobre el dólar ahorro, y que esta semana aconsejó acordar con los holdouts con una quita.

El mejor termómetro de la confianza en un país y del buen o mal manejo de su economía es la magnitud de la inversión extranjera directa. La Cepal acaba de publicar un informe que muestra un deterioro de la posición argentina con una caída del 41% en 2014. Es lamentable, pero es la realidad. Debe decirse además que la visión del inversor externo no difiere de la del interno. A pesar de que los mercados financieros reflejan algunas expectativas de cambio político, la inversión doméstica en construcciones y equipos sigue por ahora en bajos niveles.

Las decisiones de inversión de largo plazo dependerán de lo que suceda en los próximos meses con las encuestas electorales. Los capitales externos buscan mejores rendimientos ante la demorada reacción de las tasas de interés internacionales. La Argentina aún desaprovecha esta oportunidad y el empeño del virtual candidato del oficialismo de ratificar la continuidad del modelo posterga la recuperación de la confianza. Será así hasta que se disipen sus chances electorales o en caso de que gane, hasta que produzca el giro que algunos esperan y muchos más descreen. La Argentina sigue siendo un país en el que las instituciones y las políticas están sujetas al arbitrio de las personas que acceden al poder y ese acceso requiere usualmente omitir la racionalidad en el discurso preelectoral.

Todo esto lleva a pensar en una escasa probabilidad de cambios positivos en el escenario económico durante este año. La inflación encontró un nivel del orden del 2% mensual como lo confirmó el índice Congreso de abril pasado, lo que en el acumulado anual suma un 27 por ciento.

Si bien el Indec fantasea con la mitad de esa inflación, el Gobierno estableció esa pauta para los aumentos salariales. La dificultad es la mayor incidencia del impuesto a las ganancias y la pérdida de salario real en 2014 que reclama una recuperación. Esta semana, los bancarios pararon 48 horas y los aceiteros del principal polo del país en el Gran Rosario llevaron adelante una huelga prolongada. Lo paradójico es que hay acuerdo en las paritarias, pero el Gobierno asumió un poder de veto sobre lo que exceda la pauta oficial. Tal vez la cuestión finalice con mejoras disimuladas en artificios remuneratorios que alcancen lateralmente las demandas gremiales ya acordadas originalmente.

Frente a estos aumentos de costos, el empeño de continuar con el retraso del tipo de cambio oficial pone más presión a la competitividad, particularmente sobre las producciones regionales que enfrentan mayores fletes y además precios internacionales en caída. Hay que hablar con los productores frutícolas del valle del Río Negro, los azucareros de Tucumán o los sojeros de Chaco o Santiago del Estero. Además, en este manejo parece no haber una percepción oficial de que prácticamente todas las monedas se están devaluando frente al dólar. Tampoco el Gobierno insinúa ajustar las tarifas de energía y transporte para reducir los subsidios que desbordan el déficit fiscal. Esta política de mirar para otro lado significa más presión en la olla que alguien deberá destapar después del próximo 10 de diciembre.

Fuente: diario La Nación

7jun/151

Don Julio y Cristina

Por  Alfredo Leuco.
Digamos de entrada que es una realidad que indigna. Pero si fuera otra película de Francis Ford Coppola, debería titularse: “El Padrino y la Presidenta”.
La primera escena es documental. Hay que buscarla en el archivo de los noticieros de televisión. Es el día 20 de agosto del año 2009 y transcurre en una carpa gigantesca que el gobierno levantó en el predio que la AFA tiene en Ezeiza.
Hay 800 invitados que brindan con champagne y encienden su hoguera de vanidades. De pronto, aterriza el helicóptero y ella baja ante el aplauso de la concurrencia. Al pie de la nave reciben a Cristina don Julio Humberto Grondona y don Diego Armando Maradona. Uno está de traje y el otro ataviado con el buzo de director técnico de la selección nacional.
Los tres intercambian besos, sonrisas y elogios. Suben al escenario principal que se ilumina con todos los flashes y a donde apuntan todas las cámaras. Cristina viste de rojo y está eufórica.
¿Quiénes más comparten la mesa con ese trío tan poderoso? Eduardo Fellner, un señor feudal pejotista y el cacique del gabinete, Aníbal Fernández que con el tiempo iba a ser presidente de Quilmes. Hay cadena nacional, por supuesto.  La locutora anuncia que hablará la doctora para los cuarenta millones de argentinos y Cristina hace algunos anuncios que se cumplieron y otros que fueron mentiras, según podemos confirmar hoy seis años después.
La sociedad entre Grondona y Cristina se firma en ese momento.  En ese pacto, la presidenta se compromete a darle 600 millones de pesos de todos los argentinos y el patrón de la AFA a cambio le da la transmisión exclusiva de los partidos de fútbol por diez años.
Fue el nacimiento de Fútbol para Todos. Fue la consagración del mayor concubinato entre fútbol y gobierno del que se tenga memoria.
Por eso Don Julio, el que acaba de ser acusado por la justicia norteamericana de cobrar una coima de 15 millones de dólares, dice mirando a Cristina: “Este es el día más importante de la historia de la AFA” y todos aplauden de pie. Incluso el Diego que siempre denunció a la FIFA como una multinacional de la corrupción, pero que le da dos besos en las mejillas al padrino que es el vice presidente de esa organización mafiosa y criminal desde hace 25 años y que además, no casualmente está a cargo de la “Comisión de Finanzas, Marketing y Televisión”, es decir donde se reparte el botín, la parte más jugosa de la estafa planetaria que manchó la pelota.
Aquel día fue realmente histórico. No solo porque se selló un pacto entre el grondonismo y el kirchnerismo que todavía sigue vigente, aún después de muertos Néstor y don Julio.
Cristina apeló a una metáfora que denigró a las víctimas de la dictadura cuando dijo eso de que “Tenían secuestrados los goles, como habían secuestrado a 30 mil argentinos”. De inmediato, por aclamación y por unanimidad se resolvió llamar al campeonato “Torneo Néstor Carlos Kirchner”.
Hoy queda claro que la gran mentira de Cristina fue que la publicidad privada iba a financiar esa movida y que la mitad de las ganancias iban a destinarse a potenciar los olvidados deportes amateur y olímpicos. Era una buena idea. Era una buena promesa.
La realidad dice que los bolsillos de todos los argentinos subsidiamos a los clubes fundidos y a los dirigentes corruptos y que jamás fue un centavo a parar a los bolsillos de esos esforzados deportistas.
El gobierno gastó fortunas incalculables y utilizó el fútbol como el más formidable aparato de propaganda. Hay varias denuncias ante la justicia por eso. Todos coinciden en que si Grondona estuviera vivo, hoy estaría  preso.
Pero don Julio estaba chocho. Su famoso anillo del dedo meñique que decía “Todo pasa” debería haberse transformado en un “Pasa de todo”.
La justicia norteamericana conmovió al mundo con sus denuncias rigurosas de mega corrupción globalizada pero nosotros, los argentinos, no nos sorprendimos demasiados. Lo sospechábamos desde un principio, podríamos decir con algo de tragicomedia, de la mano del Chapulín Colorado.
En setiembre del 2011, Marcelo Araujo en plena transmisión de Boca vs Independiente dijo lo siguiente: “Nunca el fútbol argentino tuvo tanta representación en una de las multinacionales más importantes del mundo. El maneja las finanzas y dio la orden de pasarse del dólar al euro y crecieron fuertemente los depósitos. Grondona era y es el Kirchner de la FIFA” Daniel Arcucci que recordó esto, no comento si al relator después se le cayó la cara de vergüenza.
La presidenta, por ahora, guarda un prudente silencio. Muchos de sus amigos entraron en pánico porque la olla que se destapó es gigantesca y tiene un olor a podrido fenomenal.  Le resumo la noticia: “Acusan de cobrar coimas por 15 millones de dólares al principal socio que tuvo el gobierno de Cristina en el fútbol de estos últimos 6 años”. Si no es cierto lo que digo, que alguien lo desmienta. Los negociados del fútbol argentino con estafas millonarias, asociaciones ilícitas, barras bravas criminales y narcos siempre fueron vox populi.
Todo el mundo sabía lo que pasaba. Por eso Don Julio, pasó de Sarandí a Zúrich, fue un zar, un emperador blindado, el patrón de la pelota. Se inició en plena dictadura y se hizo eterno.
Pasaron 15 presidentes de la Nación y don Julio siguió allí atornillado, eterno, sentado en una montaña de dólares manchados de corrupción y sobornos. Nadie pudo con él. Abrazado a Videla en el comienzo y a Cristina en el final.  Solo la muerte logró derrotarlo. A Don Corleone, lo sacaron la AFA con los pies para adelante como él quería y había vaticinado.
Es Grondona también, un símbolo de lo que somos. Es también el ejemplo de la tolerancia que esta sociedad tiene con los militantes del “roban pero hacen”. Es una vergüenza para todos. Don Julio no descansa en paz. El gobierno tampoco.
Fuente: Notiar
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