A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

22may/150

Centro Cultural Kirchner

Por Adrián Simioni.

Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió”. La frase se atribuye a André Malraux. La dijo cuando visitó el país en 1964. Las residencias señoriales, los palacios públicos, los paseos y avenidas construidos en las primeras décadas del siglo pasado lo más cerca posible del Atlántico deben haber sorprendido a un extranjero, aun si provenía de la muy unitaria Francia.

Sobre todo por el brutal contraste con el vasto territorio semidesierto que había financiado la acomplejada belle époque criolla y debía subsistir con el mendrugo que sobraba.

Para la conciencia del argentino medio construida desde la hegemonía portuaria, en cambio, la exacción perpetua resulta invisible. No es política. Es tan natural como los ventarrones guadalosos que serruchan los caminos sin pavimento de la pampa seca; como que la sede de YPF siga estando a dos cuadras del río y no en Neuquén.

Después de 51 años de Malraux , los raquíticos argentinos del interior financian más que nunca el agua potable, las cloacas, todas las modalidades de transporte, la luz y el gas de un Gran Buenos Aires con obesidad mórbida. Buenos Aires es el único lugar del país donde el Estado nacional brinda servicios directos ambientales, de salud, seguridad y justicia ordinaria. Con el presupuesto de todos.

Ayer se renovó esa condena. A la ciudad a la que ya una vez le pagamos el Colón, le financiamos una obra que costó el triple que el Guggenheim de Bilbao, como bancaremos por décadas su burocracia y los eventos asombrosos a los que nunca asistiremos.

Fuente: La Voz de Interior

21may/150

Dos gobernadores, dos conductas

Por Raúl Faure.

En las elecciones realizadas en noviembre de 1918, quedaron consagrados como gobernador y vice de la Provincia Rafael Núñez y Jerónimo del Barco, adalides del Partido Demócrata.

Núñez, nacido en Cruz del Eje, era un joven abogado que se de­sempeñó como ministro de Ha­cienda del gobernador Ramón J. Cárcano (1913-1916) y uno de sus discípulos predilectos.

Por entonces, el primer man­datario era elegido por un breve período, por tres años, y no podía ser reelegido. La toxina antirrepublicana de la reelección de los gobernantes recién fue introducida por la sociedad radical-peronista en 1987. Pero, antes de cumplir su mandato, el gobernador Núñez renunció. ­Tomó la decisión en noviembre de 1921, el mismo día en que la con­vención de partidos conservadores de varias provincias lo proclamó candidato a vicepresidente para 
las elecciones fijadas para abril 
de 1922.

Aún le faltaban siete meses para completar su mandato. Pero, en la Argentina de criollos honrados e inmigrantes laboriosos, se le rendía culto al decoro y los gobernantes 
no utilizaban las representaciones ­públicas para obtener ventajas ­personales o políticas.

No es complicado entender que existe una incompatibilidad de acero entre el desempeño como gobernante obligado a defender el interés general y una candidatura parti­daria o de facción. Núñez, como gobernante de la ley y cumpliendo las normas éticas ineludibles, no dudó. Renunció como gobernador para tener autoridad moral como candidato de un partido político.

Nuestro actual gobernador, en cambio, se mantiene impertérrito en sus funciones, mientras anda 
por diversas regiones del país, ya hace un año, agitando su autoproclamada candidatura a presidente de la Nación.

Está bien que ignore el gesto de Núñez, pero no se comprende que sus asesores no le hayan advertido que constituye un error grave convertir al gobierno provincial en comité de su candidatura.

De todos modos, José Manuel de la Sota no debe preocuparse demasiado. Gran parte de la sociedad no condena su actitud. El decoro en el ejercicio de las funciones públicas es un bien devaluado. Es la misma parte de la sociedad que saluda la incorporación de deportistas, comediantes, de comerciantes exitosos en sus ramos, a la acción política.

Por lo general, se trata de personas que hasta se enorgullecen de no haber actuado nunca en política. Y que aprovechan la descomposición de los partidos para ofrecerse como salvadores providenciales.

José Aguirre Cámara decía: “La inexperiencia política no es título para gobernar”. Sobre todo cuando nadie puede ignorar que el Estado, por los arduos y complejos pro­blemas que se suscitan todos los días y que deben ser abordados y resueltos con suficiente preparación, no pueden quedar en manos 
de aficionados.

Aguirre Cámara llamaba “simuladores de estadistas” a quienes, declarándose apolíticos o ajenos a las luchas políticas, estaban siempre listos para ocupar funciones públicas. “Es gente –decía– que aspira a los honores sin esfuerzos, 
sin luchas, sin noviciados, sin aprendizaje...”

Y recordaba que cuando el Reino Unido afrontaba los estragos de 
la guerra y sobre Londres día a día los nazis arrojaban miles de tone­ladas de bombas, su pueblo no 
buscó a un apolítico para que condujera la resistencia sino a uno de sus dirigentes más aguerridos, a un político que lo era de los “pies a la cabeza”. Recurrieron a la experiencia y a los conocimientos adquiridos en las luchas cívicas por Winston Churchill.

Argentina y naturalmente nuestra provincia afrontarán años duros, años durante los cuales se deberán pagar los costos del irres­ponsable comportamiento del Gobierno central y desentrañar los secretos y compromisos asumidos en los recientes acuerdos con China y con Rusia, entre otros graves ­problemas.

No contamos con un Churchill, es sabido. Pero de allí a que recurramos a comediantes, a estrellas de festivales musicales, a deportistas, a personales seguramente con buenas intenciones pero sin preparación, hay una gran distancia.

Es una lástima. José Manuel de la Sota perdió la oportunidad de dar un buen ejemplo. El decoro en el ejercicio del poder no da réditos inmediatos. Pero a la larga es una credencial importante para que la sociedad respete a sus dirigentes.

Fuente: La Voz del Interior

12may/150

La influencia de Ortega y Gasset en Argentina a cincuenta años de su fallecimiento (publicado en 2005 pero siempre actual)

 

Por Sofanor Novillo Corvalán.

José Ortega y Gasset (1883-1955) probablemente sea el pensador hispano más influyente en la intelectualidad argentina de todo el siglo XX. No sería grandilocuente decir que en el siglo XIX no hubo un pensador español de esa talla.

La gravitación de José Ortega y Gasset en el campo de las ideas es equiparable a la de Alberdi y Sarmiento. Se podrá argumentar que estos últimos influyeron en otros planos del saber y que, además, las ideas transmitidas por los dos gigantes del pensamiento argentino, tenían un carácter más instrumental. Era en rigor, un proyecto de país lo que nos proponían. Sin lugar a dudas que es así. Ortega y Gasset contribuyó a crear el clima intelectual dentro del que actuaron y se formaron importantes segmentos de la intelectualidad y la dirigencia política y social de nuestro país. Si Sarmiento analizó el país desde la educación y la proto-sociología, y Alberdi lo hizo desde el derecho y la economía, Ortega y Gasset escrutaba a la Argentina desde la filosofía social y política.

Sarmiento y Alberdi fueron -como se sabe- hombres del siglo XIX, mientras que Ortega de la primera mitad del siglo XX. No obstante la distancia en el tiempo, los tres aunque con sus matices se orientaron por las mismas coordenadas ideológicas. El liberalismo que profesan los tres, sólo se diferencia por las distintas circunstancias (Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo, decía Ortega en 1914). Tres años después de esa primera afirmación, Ortega observó el surgimiento en Rusia de la primera de las tres ideologías extremas que pusieron sitio al liberalismo y aterrorizaron al mundo durante el siglo XX; después vino lo de Italia en 1922 y en fin, Alemania en 1929. Ortega combatió a todos los extremos. Ante el drama de la guerra civil en su país se mantuvo neutral. Incluso vivió para presenciar el derrumbe del nazismo y el fascismo, mas no del comunismo. Su liberalismo fue muy peculiar como lo es en general todo liberal español. Aunque la peculiaridad del liberalismo de Ortega no le impidió a éste dar una de las más hermosas aunque no la más aguda de las definiciones de esta doctrina : “El liberalismo es la suprema generosidad, es el derecho que la mayoría otorga a la minoría, aunque ese enemigo sea débil”.
El liberalismo de Ortega que comenzó tan idealista y kantiano terminó en difusa sintonía con Hegel, a quien admiraba más que defendía. Su más famosa obra, “La rebelión de las masas”, que se comenzó a escribir por partes en 1929, fue concluida recién en 1938, luego de haberle añadido su autor un célebre prólogo para franceses y un no menos famoso epílogo para ingleses. Fue quizás el único libro de Ortega leído en múltiples lenguas en todo Occidente. Como tal es una obra que en el marco de un fondo liberal respira un conservadurismo cuya inspiración, directa o indirecta, mucho le debe al irlandés E. Burke.
Y aquí se empieza a encontrar la clave del porqué alcanza a tener tanta influencia ideológica e intelectual en Argentina. Porque Argentina, a diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, no tuvo nunca una diferencia entre los partidos y las ideologías liberal y conservadora. En Chile, Colombia, México y tantos otros, las fronteras entre una y otra doctrina eran nítidas. Algo distinto ocurrió en la Argentina. Estas dos visiones ideológicas se presentan fusionadas. El liberalismo argentino es, al cabo, un tanto peculiar al igual que el español. Esta es entonces la primera de las razones de la atracción que tuvo Ortega en la Argentina. De la Argentina, claro, de la segunda, tercera, cuarta y quinta década del siglo XX. Es recién promediando los cuarenta en que se produce un quiebre en el clima ideológico de nuestro país. La mentalidad antiliberal se desarrolló después y con ello la pérdida paulatina de la influencia de Ortega.
La segunda de las razones es que Ortega más que mirar a la América hispana, en realidad se dirigía y estudiaba a la Argentina. Por más que un gran colombiano, como fue Germán Arciniega, pudo decir “para los de mi generación, nuestra juventud fue un giro alucinado en torno a Ortega”. Y en verdad la influencia en la cultura hispano-americana de Ortega fue enorme e incuestionable. Una pléyade de brillantes intelectuales de distintos países de nuestro continente difundieron su obra. Citarlo al mejicano Alfonso Reyes es decirlo todo. Reyes llegó incluso, en 1954, a proponerlo como premio Nobel de Literatura. Como digresión anecdótica en relación al gran escritor mexicano , Jorge Luis Borges, sabiendo de la vinculación intelectual que tuvo con Ortega dijo: “Reyes tuvo buen gusto, nunca hubiera incurrido en la pedantería y cursilería de Ortega”. Más allá de postular que el estilo de Ortega era pretencioso y arrogante, Borges no desconocía que la revista Sur fue fundada por Victoria Ocampo a instancia de Ortega. Este incluso le habría sugerido a Victoria el nombre mismo de la célebre revista cultural. La idea era que en Argentina hubiera una especie de bisagra austral entre Occidente (Europa) y Latinoamérica. El propio Borges colaboró durante su período ultraísta en la Revista de Occidente de Ortega. La digresión viene a cuento porque revela distintos aspectos a subrayar. El primero es que la gravitación de Ortega en la Argentina se extendió a ámbitos vinculados al arte, la poesía y la literatura. Segundo, que su contribución no se circunscribió a lo que él dijo o escribió sino también a la construcción de instituciones culturales que hasta el día de hoy perviven. Y en tercer lugar, y el caso de Borges lo patentiza, que el eco de la prosa orteguiana muchas veces fue de adhesión y otras, como ya lo veremos después, de fuerte rechazo. No sólo por el fondo sino también por la forma y el estilo, como surge de la descalificación de Borges.
Los libros

Lo primero que podemos decir de las obras de Ortega, es que no dejó libros. Fue para usar una expresión de Paul Groussac aplicó a los hombres de la generación del 80, un “prosista fragmentario”. El mismo lo reconoció expresamente “y lo primero que necesito decir de mis libros es que propiamente no son libros”. Y más allá de lo que realmente nos quiso decir lo cierto es que sus libros, incluso el más “terminado” y famoso “La rebelión de las masas”, fueron un conjunto de artículos bien articulados entre sí. También sería tarea vana, buscar en las obras de Ortega un sistema de ideas estructurado.
Fue tan vasta y heterogénea su producción intelectual que resulta difícil decir cuál fue el foco del interés central. Ni siquiera la doctrina filosófica que muchos le adjudican o atribuyen, el “circunstancialismo” no tuvo la sistematicidad, consistencia y coherencia conceptual como para que los estrictos requisitos formales de la disciplina filosófica la acepten como tal. Lo que sí podemos afirmar aunque él lo haya negado es que fue un filósofo, habiendo incluso llegado a obtener en España una licenciatura en la materia. Después profundizó sus estudios filosóficos en Alemania . De ese modo, pudo más tarde transmitir a todo el mundo hispano parlante la filosofía alemana, que por la segunda década del siglo XX comenzó a gravitar en todo Occidente. Y aquí podemos encontrar otra de las fundamentales razones por las que influyó tanto en estas latitudes. Y esa razón está vinculada a su estilo literario. Este era claro, ingenioso y brillante. Digámoslo sin rodeos, por momentos llegaba a la genialidad. Así de esta manera pudo introducir y difundir a la filosofía y a los filósofos alemanes.
Las ideas de éstos, tan abstractas y por momentos abstrusas, de su pluma salían transparentes, inteligibles y ordenadas. En verdad entonces, si Ortega no construyó ningún sistema original de pensamiento, su estilo fue de una originalidad y cristalinidad insuperable.
Ortega fue en todo caso un filósofo. No desde luego con el status que tiene en la filosofía un Kant o un Hegel. Su estatura en este plano fue desde luego mucho menor.

Intelectual o político

Dentro de este orden de ideas se podría preguntar, ¿cuál fue la verdadera vocación y profesión de Ortega? La cuestión no es menor, pues el propio Ortega le dio a estos dos temas una importancia central.
Fue antes que nada un escritor de ideas. Gran parte de ellas lo hizo como periodista de diarios o revistas propias o ajenas. Alguien dijo que es a través del periodismo que Ortega pudo canalizar su vocación por la filosofía. Más bien es dable pensar que Ortega al igual que tantos, tuvo una vocación en conflicto como es el de la política y la reflexión sobre la política. No por una casualidad su más brillante ensayo es aquel en que explica la diferencia entre el político y el científico o el intelectual de la política. Así en “Mirabeau y el político” dirá: “Pero la verdad es que la mentira cuesta nada al político ni la verdad al intelectual. Una y otra manan naturalmente de su distinta condición”... “el intelectual vive, principalmente, una vida interior, vive consigo mismo...”, “el hombre de acción en cambio no existe para sí mismo, no se ve a sí mismo”..., “hay pues dos clases de hombres : los ocupados y los preocupados; políticos e intelectuales. Pensar es ocuparse antes de ocuparse. El intelectual no siente la necesidad de la acción. Al contrario siente la acción como una perturbación... hay hombres que es preciso no se ocupen en nada y éstos son los intelectuales... al intelectual de casta le sobrecoge siempre ese don de la mentira que tiene el político. Tal vez en el fondo envidia esa tranquilidad prodigiosa con que los hombres públicos dicen lo contrario de lo que piensan. Esta envidia descubre íntegramente la virtud específica del buen intelectual”.
Como se advierte con claridad Ortega explica “demasiado vívidamente” esa envidia que en el fondo el intelectual tiene del político. Al igual que Max Weber que tenía ese mismo conflicto vocacional, y que es quizás el que lo lleva a escribir su magistral “El sabio y el político”, en Ortega se replantea la misma problemática. Tanto uno como otro, Ortega y Weber, intentaron la carrera política. En los dos casos éstas fueron breves y poco fecundas. En el caso de Ortega fue diputado constituyente por la circunscripción de León. Y tanto en uno como en otro caso, la frustración como políticos de acción le allanaron el camino a una luminosa actividad intelectual.

En clave argentina

La visión de América que tuvo Ortega era tomada de la realidad argentina. Muy poco se refirió a otros pueblos y poco también estuvo en ellos.
Ortega en rigor vivió solamente en la Argentina, incluso pensó en radicarse en Buenos Aires. Viajó a nuestro país en tres oportunidades: la primera vez en 1916, la segunda en 1928 y el tercer viaje -en que permaneció casi por tres años- fue en 1939. Sus trabajos sobre la Argentina son numerosos. La mayoría de ellos polémicos. A raíz de eso muchos orteguianos convencidos dejaron de serlo o menguaron su entusiasmo por el pensador español. Tan controversiales son los trozos que he escogido que prefiero que se expresen por sí mismos : “...mi prédica que les grita: ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones personales, de suspicacias, de narcisismos”...“el aire de Buenos Aires a pesar de lo mal que huele” ... “la vida aquí no es tan agradable, tiene muchos lados francamente desagradables, espinosos, broncos, ásperos...”, ... “la vida de una ciudad como Buenos Aires ofrece un programa de existencia cotidiana mucho menos rica y variada que el que ofrecen las grandes urbes europeas” (“Meditación del pueblo joven”, 1939). “... he tardado mucho en averiguar por qué las calles de Buenos Aires me hacen pensar en Kant con incongruente presencia... por fin he sorprendido la sencilla explicación. A esa hora los vendedores de periódicos pregonan: ¡Crítica!, ¡La Razón! Y en la asociación surge inevitable el título de la obra de Kant”... “en rigor, el alma criolla está llena de promesas heridas... siente dolor en miembros que le faltan y que, sin embargo, no ha tenido nunca”... “si yo pudiese asomarme al alma de cualquier viejo criollo creo que sorprendería su secreta impresión de que se le ha ido la vida todo en vano por el arco de la esperanza, es decir, que se le ha ido la vida sin haber pasado...” (“La Pampa: promesas” (1929).
“El argentino actual es un hombre a la defensiva. Esto excluye la cordialidad en el trato”. ... “si intentamos hablar con él de ciencia, de política, notaremos que resbala sobre el tema. Es natural que sea así porque su energía no está puesta sobre aquel asunto sino ocupada en defender su propia persona. Pero, ¡en defenderla de quién, de qué, si no lo atacan. He aquí precisamente la peculiaridad que nos sorprende. Que el atacado se defiende es lo más congruente, pero vivir en Estado de sitio cuando nadie nos asedia es una profesión superlativamente extraña!” .. “En vez de estar viviendo activamente eso mismo que pretende ser en vez de estar sumido en su oficio o destino, se coloca fuera de él y, cicerone de sí mismo, nos muestra su posición social, como se muestra un monumento” ... “el argentino vive atento, no a lo que especialmente constituye su vida, no lo que de hecho es su persona, sino una figura ideal que de sí mismo posee” ... “no hay modo de eludir la única expresión rigurosa: el argentino se gusta a sí mismo” ... “el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imaginación. Es sobre manera narciso”. (“El hombre a la defensiva”, 1929).

Epílogo para cordobeses

Muchos pensadores de Latinoamérica han señalado, hasta con acritud, que cuando Ortega hablaba de América en realidad se refería a Argentina.
Existe el convencimiento de que cuando escribía sobre la Argentina y los argentinos, Ortega y Gasset se estaba refiriendo a Buenos Aires y a los porteños. ¿Algún lector se ha sentido “tocado” por las consideraciones de Ortega que se transcriben en el parágrafo anterior sobre los argentinos? Antes de contestar no se debe olvidar que Ortega escribió en la década de los veinte y de los treinta Mucho ha cambiado de entonces a ahora.
Probablemente los medios masivos de comunicación de Buenos Aires, en tanto alcanzan a todo el país, pueden haber contribuido a moldear un barniz cultural a escala nacional que nos pueda igualar en una personalidad social predominante. No obstante eso, en el fondo, las diferencias entre porteños y provincianos son hasta hoy, muchas, variadas e importantes.
El error, en fin, en el que incurrió Ortega es muy común.
En gran parte de Latinoamérica, la opinión que se tiene de los argentinos, es en realidad de los porteños.
¿Cuando Ortega habla del guarango como arquetipo del argentino se está refiriendo a los provincianos? Aun en la propia Buenos Aires cuando sus dirigentes, intelectuales, periodistas, empresarios, hablan de Argentina, en rigor, se están refiriendo a Buenos Aires.
Este epílogo entonces es para cordobeses, porque lo que aquí se escribe sólo será un modesto prólogo a lo que en poco tiempo más, los diarios de Buenos Aires, escribirán acerca de este español que a través de sus conferencias y libros tantos elogios y reprimendas les prodigo y propinó.

"¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones personales, de suspicacias, de narcisismos"..."el aire de Buenos Aires a pesar de lo mal que huele" ... "la vida aquí no es tan agradable, tiene muchos lados francamente desagradables, espinosos, broncos, ásperos...".

Fuente: La Mañana de Córdoba

25abr/152

Bicentenario de una traición

Por Prudencio Bustos Argañarás.

La llamada Asamblea del Año XIII, que mediante torpes maniobras nació dominada por Buenos Aires –por caso, los dos diputados que “representaban” a Córdoba eran el porteño Gervasio Antonio de Posadas y el catalán Juan Larrea– impidió que se declarara la independencia, llegando al extremo de impedir la incorporación de los representantes de la Banda Oriental, que llevaban ese expreso mandato. El licenciado Nicolás Laguna, diputado por Tucumán, fue expulsado de la Asamblea por haber declarado que el mandato otorgado por sus coterráneos le obligaba a votar una constitución federal, lo que le mereció ser incluido entre los “hombres díscolos, malditos, revoltosos y enemigos del orden”. Huelga decir que tampoco se sancionó ninguna constitución.

El 26 de enero de 1814 la Asamblea creó un gobierno unipersonal bajo el nombre de Director Supremo y designó para ejercerlo a Posadas, disponiendo que se concentraran en él “la Suprema Potestad Ejecutiva” y “todas las facultades y preeminencias acordadas al Supremo Gobierno”.

El 11 de febrero 1814 Posadas declaró a Artigas “infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la Patria”, ordenó que fuese “perseguido y muerto” y ofreció una recompensa de 6.000 pesos a quien lo entregare. A poco de cumplir un año de su mandato, Posadas renunció y fue reemplazado por su sobrino, Carlos María de Alvear.

El 28 de enero de 1815, en la mayor clandestinidad, partía hacia Río de Janeiro Manuel José García portando dos cartas de Alvear fechadas el 25 de dicho mes, quince días después haber asumido como director. Una de ellas iba dirigida a lord Strangford, embajador inglés en Río de Janeiro, y la otra a lord Castlereagh, ministro de Relaciones Exteriores británico. La primera de ellas decía textualmente:

Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver a todos los hombres de juicio y opinión que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo y que necesita una mano exterior que la dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía (...) En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas provincias, que obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer. (…) La Inglaterra (…) no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo en que se arrojan a sus brazos generosos.

El pliego destinado a lord Castlereagh, cuya entrega fue encomendada por García a Bernardino Rivadavia, que partía a Londres, era aún más elocuente respecto a las sórdidas intenciones de Alvear, cuando afirmaba sin ambages:

Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. Que vengan tropas que impongan a los genios díscolos y un jefe autorizado que empiece a dar al país las formas que sean del beneplácito del Rey y de la Nación, a cuyos efectos espero que V.E. me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente su ejecución.

No se habían cumplido aún nueve años de las invasiones inglesas a Buenos Aires y desde el más alto sitial de poder se ofrecía la entrega del país a su gobierno. Vicente Fidel López intenta exculpar estas conductas vituperables aludiendo a la “incompatibilidad absoluta de volver a entrar en el gobierno español bajo forma alguna”, a cuyos efectos no resultaba grave, a su juicio, el intento de “poner al país bajo el protectorado de un gobierno libre, que daba garantías eficaces a todos los progresos y medios de prosperidad que hacen cultos y felices a los pueblos”.

Pero Alvear no se mostraba muy constante en sus “incompatibilidades absolutas” para con España ni tampoco en sus ofrecimientos de sumisión a Inglaterra. El 23 de agosto de ese mismo año, destituido ya de su cargo y refugiado en Río de Janeiro, escribía a Andrés Villalba, encargado de negocios de Fernando VII en Portugal, proclamando su intención de “poner término a esta maldita revolución” y protestando que “mi decidido conato ha sido volver a estos países a la dominación de un Soberano que solamente puede hacerlos felices”.

Tras manifestar su arrepentimiento por haber sido desleal al rey, se presentaba a “vindicar su conducta en actitud de delincuente y con la sombra de rebelde o enemigo de su Majestad”, suplicando “la clemencia de mi Soberano y la indulgencia de sus ministros (…) considerándome como vasallo que sinceramente reclama la gracia de su Soberano”.

También Rivadavia, portador como dije de la carta que Alvear enviara a Castlereagh, dio un giro a su lealtad hacia los ingleses y la derivó hacia España. Desde Madrid le escribió el 28 de mayo de 1815 a Pedro de Ceballos, ministro de Fernando VII, manifestándole que la comisión que se le había conferido se reducía

...a cumplir con la sagrada obligación de presentar a los pies de su Majestad las más sinceras protestas de reconocimiento de su vasallaje, felicitándolo por su venturosa y deseada restitución al trono, y suplicarle humildemente el que se digne, como padre de sus pueblos, darles a entender los términos que han de reglar su gobierno y administración.

Las estatuas de Alvear y Rivadavia lucen en Buenos Aires y sus nombres abundan en las calles de todo el país. Pero sus intrigas no pudieron impedir su marcha hacia la Independencia que, ya sin retorno, culminaría un año más tarde, el 9 de Julio de 1816, con la declaración del Congreso de Tucumán.

Fuente: La Voz del Interior

Archivado en: Historia 2 Comentarios
13abr/150

Presentación libro

Bergallo

11abr/157

Carta abierta al Papa Francisco

Por Alfredo Leuco.

No soy quien para darle consejos a nadie y mucho menos a usted a quien considero el argentino mas importante y valioso de todos los tiempos. Alguna vez escribí una columna diciendo que usted tenía lo mejor de cada uno de los mejores argentinos. No soy creyente pero admiro a los creyentes. Y creo en usted y en los valores que predica. En su austeridad franciscana, en su defensa de los más débiles y los mas pobres, en vivir como se piensa, en su apuesta a construir la paz en el mundo y el ecumenismo fraternal de las religiones. Permitame Papa Francisco que le cuente lo que pienso de usted para que sepa desde que lugar me atrevo a expresarle una disidencia, con todo respeto.  Creo que nadie hizo tanto por abrir la iglesia a la vida cotidiana, por condenar a los corruptos y perdonar a los pecadores, por aplicar eso de a Dios rogando y con el mazo dando a los curas violadores y a los colaboradores de las dictaduras. Me gustó llamarlo el Papa celeste y blanco. El Papa nuestro que está en el Vaticano, como rezando una plegaria laica.

Usted confiesa que es un pecador.  Reconoce que no es Dios y por lo tanto no es perfecto. Eso me da coraje como para expresarle mi humilde disidencia con la decisión de recibir por quinta vez a Cristina Fernández de Kirchner. Soy periodista, busco la verdad aunque nunca la encuentre del todo y mi misión en la vida es contar lo que pasa o lo que creo que pasa y lo que pienso de las cosas. Sabrá usted disculpar semejante atrevimiento. Pero aquí abajo, en el fin del mundo y con los pies sobre la tierra, le cuento que una gran porción de los argentinos está molesta, disgustada o desilusionada con la nueva cita que le dió a Cristina para el 7 de junio. 

Insisto, usted tiene todo el derecho a hacer lo que considere correcto y dialogar con quien le plazca. Otra vez, yo no soy nadie. Pero mi trabajo tiene siempre la obligación de la mirada crítica, de ser abogado del hombre común y fiscal del poder. Creo, como dice el Talmud, que nuestra tarea es acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Usted es un gran combatiente contra la hipocresía y yo no quiero ser hipócrita y menos con usted. 

Mucha gente, tal vez una mayoría de compatriotas, piensa que usted está por cometer un error. Que está devaluando su propia palabra que vale oro. Usted dijo que no iba a recibir a ningún político mas hasta después de las elecciones y que se había sentido usado por la política argentina. Algunos amigos que lo han visitado me contaron que en confianza, usted hizo clara referencia a dos momentos. Cuando Martin Insaurralde y El Cuervo Larroque abusaron de su confianza y lo utilizaron para hacer propaganda electoral. Uno directamente hizo su afiche de campaña con la foto y el otro puso en sus manos una camiseta de La Cámpora, una de las organizaciones mas dogmáticas y agresivas del cristinismo y no del cristianismo.  Por eso no se entiende el motivo que usted tiene para faltar a su palabra y abrirle las puertas de su casa  por quinta vez a la candidata Cristina. Ella será candidata a gobernadora o a diputada y si no es asi,  será la que lleve de la mano por todo el país a los candidatos de su partido. Ella es una mujer poderosa desde todo punto de vista y mostrarse a su lado es una ayuda muy grande que se suma a la utilización del aparato del estado en beneficio propio que hacen los Kirchner. 

Pemitame que le diga admirado Papa Francisco: Usted reclama manos limpias, uñas cortas y etica para la función pública y este gobierno es el mas corrupto de la historia argentina. Usted habla de ayudar a los pobres y este gobierno dejó de medir la pobreza. Usted fomenta el camino del encuentro y el diálogo y este gobierno instaló el odio. Usted nos reclama abrir nuestros corazones y este gobierno es el que lo espió a usted a traves de Antonio Stiuso, según contó su amigo Gustavo Vera. Ni que hablar de la calificación de ” montaje de Hollywood” que hizo Cristina del Estado Islámico que está cometiendo un genocidio en cuotas con el pueblo cristiano.

Me gustaría que sepa, Papa Francisco, que la mayoría de los argentinos según todas las encuestas, creen que el ciclo de Cristina tiene fecha de vencimiento y tal como dice la Constitución, debe terminar su mandato en orden y en paz. La foto que ella exibirá con usted no ayuda a los que quieren alternancia democrática y mas república. No respalda a los que denuncian como usted mismo lo hizo, que aquí en este país se fabrica droga y el gobierno mira para otro lado o no hace lo necesario para extirpar ese cáncer social.

Me gustó mucho la columna y la idea rectora de Mariano Obarrio. Hubiera sido una genialidad de su parte invitar a Cristina y a todos los candidatos a presidente. Sería una señal de convivencia pacífica que ayude a los argentinos que queremos cerrar las heridas que el kirchnerismo abrió en nuestra comunidad. ¿Se imagina esa foto? Cristina, Macri o Sanz, Scioli o Randazzo, Sergio Massa, Margarita Stolbizer, entre otros y usted como un mensaje de que se puede pensar distinto pero tirar todos para el mismo lado de la patria. Es una oportunidad perdida que esto no se haga. Es una piedra en el camino de la reconciliación que usted la reciba una vez mas a ella sola y por quinta vez. ¿No es suficiente? 

Otra vez le pido mil disculpas por mi atrevimiento. Le juro que lo hago con la mejor de las intenciones. Quiero preservar su figura que alumbra una sociedad mejor. Nosotros rezamos por usted y cuidamos a Cristina, pero usted tambíen rece por nosotros y cuide un poco a todo los ciudadanos de este país que tanto lo aman.

Papa Francisco, se lo digo de todo corazón. Le mando el mejor de los abrazos y mis mejores deseos. Usted siempre apostó a la sana rebeldía y no al silencio cómplice ni obsecuente. Usted nos pidió que hiciéramos lío y en eso estoy. Haciendo lío que para un periodistas es decir la verdad y nada mas que la verdad. Si juro.

Fuente; Le doy mi palabra

Archivado en: Actualidad 7 Comentarios
8abr/152

Las herencias K

Por Alejandra Torres*

Más allá del resultado de las elecciones de octubre, estamos ante el fin de un ciclo. El próximo gobierno nacional tendrá la difícil tarea de revertir una situación económica signada por la alta inflación, el estancamiento productivo y el deterioro en el empleo.

Será necesario revisar varias de las medidas implementadas durante los últimos años, entre ellas el cepo cambiario, la reforma del Banco Central, las relaciones internacionales y una profunda reforma del Estado con el objetivo de replantear las prioridades de gasto público y el nivel de los impuestos.

Sin duda, se trata de temas muy complejos. Pero lamentablemente no son los únicos, ni los más importantes, ni los más difíciles de resolver.

Estoy convencida de que el legado más negativo que recibirá el próximo gobierno es la cultura de la dádiva que se ha instalado profundamente dentro de nuestra sociedad.

Una de sus facetas –tal vez la más comentada y visible– es la de haber inculcado entre las familias más pobres la convicción de que su subsistencia depende de su sometimiento al asistencialismo clientelar.

Años de políticas sociales mal diseñadas e instrumentadas le han cercenado a la gente la posibilidad de que, sobre la base de trabajo, estudio y esfuerzo, tenga la posibilidad de construir un camino de ascenso social.

Pero menos asumida, aunque más dañina, es la profunda penetración de la cultura de la dádiva entre estratos medios y altos de la sociedad.

Esto se manifiesta en la ferviente aspiración por obtener un empleo público, ante la percepción de que en el Estado se puede lograr un mejor salario por mucho menor esfuerzo y con la tranquilidad adormecedora de disfrutar de estabilidad laboral extrema. También, en la resistencia a pagar tarifas que permitan financiar la provisión de los servicios públicos.

Es paradójico que el fenómeno sea más intenso en las aéreas geográficas donde viven las personas de más alto poder adquisitivo.

La reconstrucción

Esta visión de que todos pueden sacar del Estado sin considerar de dónde se obtendrán los recursos para sostenerlo se asume de varias maneras. Por ejemplo: cuando se cree que es posible acceder a una jubilación sin haber hecho aportes o cuando no se toma conciencia de que cada partido de Fútbol para Todos, cada avión que despega de Aerolíneas Argentinas, cada ramal ferroviario que se reinaugura demandan recursos que alguien tiene que generar.

También entre los empresarios se extiende la cultura de la dádiva, pues cada vez más su éxito depende de las vinculaciones espurias con el Estado que de la capacidad para producir competitivamente en función de innovaciones e inversiones.

Sin dudas será muy difícil la tarea que deberá afrontar el próximo gobierno que elijan los argentinos. No sólo porque tendrá que desplegar una inteligente estrategia de reformas económicas para salir de la estanflación e impulsar transformaciones políticas que permitan sustituir la intolerancia y la prepotencia por el diálogo y el consenso.

Aún más difícil e importante será reconstruir la cultura del trabajo. Que el ingreso a un puesto público sea por mérito y no por contactos y sometido a condiciones similares a las del sector privado; que se asuma que todo beneficio tiene un costo; que se entienda que hay derechos pero también obligaciones, y que se generen las condiciones para que todos tengan la oportunidad de ser gestores de su progreso a partir del trabajo, la educación y el esfuerzo.

*Directora ejecutiva de Idesa

Fuente: La Voz del Interior

Archivado en: Actualidad 2 Comentarios
5abr/152

“Los pesticidas matan menos que un analgésico”

Por Leticia Costa Delgado.

"Comer sin miedo" es el título de su libro publicado por el bioquímico español José Miguel Mulet, cuya edición en la región motivó a El País a mantener una charla con quien no tiene pruritos en sostener que los transgénicos sí son buenos, los pesticidas no son dañinos, la agricultura ecológica no es más sana que la industrial y que el ganado que crece con hormonas no es más saludable que el que vive a campo abierto.

La forma de fundamentar estas afirmaciones, la formación que lo respalda y la sorpresa que genera al defender su posición con ahínco, están detrás de los cinco millones de resultados de búsqueda que su nombre arroja en Google.

Profesor titular de biotecnología, experto en bioquímica y biología molecular en la Universidad Politécnica de Valencia, publicó en 2011 el libro "Productos naturales, vaya timo" y su popularidad motivaron a la editorial Destino (Grupo Planeta) a proponerle, en 2013, "Comer sin miedo", que vendió más de 10.000 copias y fue editado luego en Colombia y México, generando tanto detractores como partidarios.

Consultado por El País sobre qué miedos considera son infundados, Mulet se refirió a los alimentos que usan químicos en su producción y dijo que es falso que sean menos sanos. "La gente compra comida orgánica porque cree que es mejor para la salud y para el medio ambiente, pero ninguna de estas dos afirmaciones es cierta", enfatizó. "Todos los estudios demuestran que nutricionalmente es igual".

Comida orgánica, precisó, es aquella que se produce en base a un reglamento (en Uruguay está reglamentada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca) que exige que todo lo que se le ponga al cultivo sea natural. La gente se piensa que porque le compra directamente al productor ya es ecológico pero no es así".

Desde su óptica, no tiene sentido evitar comer la cáscara de una fruta porque podría acumular químicos . "No es verdad que nos estemos intoxicando. Ningún agricultor quiere tratar la fruta porque sí; para él es caro y trabajoso. Si lo hace es porque no tiene más remedio, por las plagas", señaló.

"Entonces, utiliza los que le marca la ley, que es muy estricta y solo autoriza los que no ocasionan problema para la salud. Además, deja ponerlos en franjas de tiempo, como mucho un mes antes de cosechar", aseguró Mulet, quien dirige el máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas en la Universidad de Valencia (UPV) y es investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de la UPV y el consejo de investigaciones español.

En relación a la calidad de los productos cosechados al aire libre y no en cámara, respondió que lucen mejores pero eso no los hace más sanos.

"Si el señor que va a la feria recogió el tomate el día antes posiblemente esté más bueno, porque en la mayoría de los supermercados maduran en cámara para poder distribuirlos, pero nutricionalmente son iguales", asegura y va más allá: "en esas ferias hay menos control sanitario y es más fácil que haya algún accidente. Si en una feria detienen a alguien con algún producto contaminado al día siguiente puede estar en otra y nadie se entera".

Transgénicos.

La Intendencia de Montevideo incorporó el año pasado a su digesto una norma que obliga a identificar los alimentos que genéticamente modificados. La medida se adoptó por "razones de salud, económicas, ambientales, religiosas y éticas".

Sin embargo, Mulet los defiende y asegura que son los alimentos más controlados que existen. "Antes de salir al campo, un transgénico tiene que superar más controles que cualquier otro alimento en la historia de la humanidad. Los ambientalistas dicen ha pasado poco tiempo y aún no sabemos su efecto. No es cierto, sí que lo sabemos", enfatiza.

Uno de los trabajos sobre los que se basa fue realizado en Estados Unidos y comparó la salud del ganado desde 1980, cuando no había granos genéticamente modificados, hasta la actualidad en donde prácticamente todo el forraje que reciben proviene de soja y maíz transgénico.

El resultado, asegura el científico español, fue que no hubo ningún impacto en salud ni en medio ambiente. "El ganado estaba exactamente igual cuando comía tradicional que cuando come transgénico. No tenemos ningún estudio tan completo en ningún otro alimento", subrayó y agregó que si los transgénicos usan menos fertilizantes y pesticidas ayudan a evitar la contaminación.

Consultado acerca de las agrupaciones ecologistas que aseguran que en Argentina la producción de amplias zonas de soja transgénica aumentó los casos de cáncer de tiroides, Mulet respondió que no ha visto ningún estudio científico que lo demuestre.

Por el contrario, defendió el glifosato, el principal herbicida que se utiliza en las plantaciones. Según Mulet, es menos tóxico que un analgésico.

"Existe un índice de toxicidad, el IC50, que es la cantidad que tenés que darle a 50 ratones para que 25 se mueran y 25 queden tocados. Bueno, el IC50 del glifosato es menor que el de la cafeína o un analgésico. O sea le harías más mal dándole un analgésico que glifosato, tiene una toxicidad muy baja, por eso se usa", subrayó.

La semana pasada la Organización Mundial de la Salud lo calificó entre otros cuatro pesticidas como "posibles" o "probables" cancerígeno, aunque las "pruebas son limitadas".

Para Mulet, si fuera tóxico haría tiempo que no se utilizaría porque los agricultores no quieren contaminarse.

Por último, el científico español enfatizó que agricultura nunca es sinónimo de ecología. "Si querés que en un campo haya biodiversidad lo que tenés que hacer es no sembrar. Porque desde el momento en que sacás la azada y arrancas toda la maleza, arrancás toda la diversidad del terreno.

"Todo ha sido domesticado"

Para José Miguel Mulet, los consumidores olvidan que todo lo que el hombre domesticó lo modificó, desde las verduras hasta los animales. "Todas las razas de perros vienen de los lobos y la mayoría son del siglo XIX o XX, son recientes. En la Edad Media no había pastores alemanes, porque no existían", remarcó. Para él, el mismo razonamiento vale para el maíz, la soja, o el tomate. "Que sean genéticamente modificadas simplemente es ir un paso más allá de lo que estábamos haciendo hasta ahora", consideró. Por otra parte, dijo que cuestionar los conservantes es criticar algo que también se hace desde tiempos inmemoriales, solo que antes se hacía con procesos artesanales y ahora se conocen las técnicas. "Decir ahora que no queremos conservantes la verdad es que llega un poco tarde", ironizó. En la misma línea, hay colorantes desde el azafrán, en el siglo XVI.

"La homeopatía es la azúcar más cara".

Recientemente fue editado en España el último libro de José Miguel Mulet, bioquímico español controversial por sus posturas a favor de la agricultura industrial. Se titula "Medicina sin engaños" y en él cuestiona duramente a la homeopatía, la acupuntura, la medicina tradicional china y todas las disciplinas que se conocen como alternativas. En cuanto a la homeopatía, consideró que "es el azúcar más caro del mundo". Consultado sobre el por qué, respondió: "Es

muy fácil: cuando un tratamiento es válido quiere decir que ha pasado pruebas, está comprobado para qué sirve y para qué no sirve. Curiosamente, todo lo que no ha superado esos controles y no tenemos evidencia científica de que funcione le llamamos medicina alternativa". Para él esto es así más allá de los casos puntuales que puedan asegurar que tuvieron mejorías. "Mi abuela rezaba el rosario cuando le dolía la cabeza y aseguraba que eso la curaba, pero yo no puedo decir que eso de resultado", objetó, y dijo que para él, lo milenario no le da garantías porque hace miles de años la gente se moría por una infección de oídos, paperas o sarampión y la medicina occidental encontró cómo superarlas.

Fuente: Diario El País de Montevideo

Archivado en: Actualidad 2 Comentarios
24mar/151

La mala costumbre de homenajear asesinos en Argentina

Por David Rey.

“Para seguir hablando con vos de este tema necesito autorización de mi supervisor”, fueron las palabras de Jorge Daniel Agusto, director del IPEM 289 –“Dr. Ramón Pico”, colegio secundario de la ciudad de Oliva, en la provincia de Córdoba. Quien subscribe simplemente lo llamó para saber por qué ese establecimiento educativo rendía homenaje, mediante placa, al terrorista del ERP Mario Eugenio Pettigiani.

En efecto, la institución señalada, desde el año 2008 conserva una placa en la pared para “recordar” a “Quico”. Y que dice:“Nuestros sueños florecerán en tu nombre y en la memoria de tu generoso ejemplo”. Una bazofia, pues. Sobre todo si tenemos en cuenta que el mentado Mario Eugenio Pettigiani, mientras que realizaba el Servicio Militar, en el año 1974, también formaba parte de la organización guerrillera Ejército Revolucionario del Pueblo. Sobre todo si pensamos que fue el que permitió el ingreso del ERP, en Agosto de ese año, a la Fábrica Militar de Villa María. Sobre todo si por culpa suya fue posible otra de las tantas masacres terroristas, con el consiguiente secuestro del Coronel Argentino del Valle Larrabure, quien se entregó “para que dejen de matar”. Y sobre todo si sabemos que el simpático “Quico” le disparó a su compañero de guardia (su amigo), Daniel Fernández, dos tiros en la cabeza y uno en el pecho, conminándolo a 28 años de cuadriplejia.

No obstante, el señor Agusto ha sido amable conmigo (fuerza es decirlo). Me atendió el teléfono y me dispensó su tiempo para que yo pueda realizar mi trabajo. Pero todo su palabrerío se reduce a un balbuceo escurridizo. Es francamente imposible entrevistar a una persona que dice, por un lado, que la placa en conmemoración a un homicida está puesta para “olvidar el pasado” y por el otro dice que es para“mantenerlo presente”. Mucho más no se le puede preguntar. Es imposible entrevistar a alguien que venera a un terrorista. Me hubiera gustado preguntarle qué le diría a los familiares de Larrabure, Fernández y otros tantos más… pero, honestamente… ¿qué iba a ganar con ello? Simple: seguir insultando a esas familias que hoy no son recordadas en los colegios ni en ningún otro lugar. Los rufianes que asesinaron a sus familiares, homenajeados cual héroes y cuál víctimas. Yo no quiero participar de un insulto superior a ése, por favor.

“Pero tienen la placa tapada con una tela”, me dijo quien sacó la foto aquí consignada. “Yo tuve que destapar para ver”. También entrevistado por teléfono, el doctor Mariano Ludueña, me dice: ”En Oliva se sabe mucho de ese tema. Pero todo el mundo habla de puertas para adentro”. Nadie se anima. Eso es lo que han conseguido con tanta hipocresía: que la gente tenga miedo de contar la verdad. Y peor: que sientan vergüenza de “tener” la verdad. Pero, a pesar de todo, ésta gente al menos no balbucea cuando encuentra en quién confiar. En contraste con los que hoy no temen y que han aprendido a “tapar” la vergüenza… pero que no pueden hilar una sola frase coherente, y que sencillamente no tienen en qué confiar más que en una ilusión vaga y mentirosa.

Sería facilista de nuestra parte, no obstante, “agarrárnoslas” solamente con el director o la comisión directiva del IPEM 289 por semejante falta de respeto y consideración para con las víctimas del terror. Claramente, si el mismo director no puede responder a una pregunta por falta de “autorización”, queda al descubierto el clima antidemocrático que rige la estructura institucional de nuestro país. Pongámonos en el lugar del director, por ejemplo, y hagamos de cuenta que nos oponemos a la “ucase” de rendir homenaje a un terrorista; no debería resultarnos sorprendente la olímpica patada en el trasero que recibiría por parte de sus “superiores”, como él mismo los ha ponderado en la entrevista. Es, pues, la forma más compasiva que tenemos para comprender la situación.

Lo cierto es que hace tiempo ya que está de moda ponerles nombres de terroristas o pro terroristas a instituciones preferentemente relacionadas con el ámbito educativo. Lo celebran – la película siempre es la misma – como a un “logro” más que se consigue en pos de seguir apedreando a un Goliat imponderable aunque ficticio. Muchos hay que, sin embargo, tienen razones reales para celebrarlo, como es el caso del hermano del aquí referido Pettigiani, quien habría cobrado la jugosa suma de 250 mil dólares, en concepto de indemnización, y que gracias a lo mismo tiene la suerte de vivir holgadamente en Europa.

372 días pasó el Coronel Argentino del Valle Larrabure en una de las “cárceles del pueblo” (dos en realidad; muy poco tiempo en la primera – donde habría recibido un buen trato –, y todo el resto en una celda de un metro y medio por un metro, donde fue salvajemente torturado para finalmente ser asesinado por sus captores). Desde allí rogaba a su familia que no odiara a sus captores y que aprendieran a perdonarlos; desde allí escribía poesías y resolvía problemas matemáticos para matar tanto tiempo muerto; desde allí entonó las estrofas del himno nacional argentino, como un último suspiro de lucha, antes de caer muerto por el maltrato recibido. Señales de haber sido torturado con picana eléctrica consignan los peritajes; los terroristas querían obtener información, querían aprender de la ciencia de Larrabure (fue subdirector de la Fábrica de Pólvora y Explosivos de la Fábrica Militar de Villa María, Córdoba).

Y hoy los padres de los alumnos, calladamente, tienen que soportar que sus hijos asistan a un colegio que homenajea el nombre de la persona que hizo posible todo eso: Mario Eugenio Pettigiani. “En Oliva se saben muchas cosas, pero la gente habla de puertas para adentro”. En Argentina hay dos clases de personas: las que callan, y que esperan el advenimiento insobornable de la Justicia; y los que parlotean fétidamente todos los días de su vida, y por la sencilla razón de pretender “tapar” la vergüenza de ser cómplices de la peor injusticia que tiene lugar en nuestro país. Para unos, la Justicia es la esperanza que protegen “puertas adentro”; para otros, la horrible amenaza de la que – lo saben – no podrán seguir escapando durante mucho tiempo más.

Fuente: DAVIDREY.com.ar

Archivado en: Actualidad 1 Comentario
21mar/153

Populismo insostenible

Por Manuel Tagle (h)

"El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la predica de la envidia. Su virtud inherente: es la distribución igualitaria de la miseria". Winston Churchill.

El discurso reciente de la Presidenta en la apertura de sesiones ordinarias del congreso de la nación nos remonta, por analogía, a aquella reflexión memorable del estadista Británico, otorgándole actualidad a pesar del tiempo transcurrido. 
Fiel a sus convicciones ideológicas, la Presidenta demostró una vez más, falta de autocrítica y de honestidad conceptual.
En primera instancia, resaltó índices de desempeño económico superlativos, basados en estadísticas distorsionadas, que no se condicen con la realidad. En segundo lugar, ocultó y soslayó, las graves dificultades que su política viene generando y que la abruman en el final de su mandato
No dedicó ninguna mención a la inflación, ni a sus graves consecuencias. Tampoco mencionó el importante déficit fiscal, ocasionado por su administración, que representa ya el cinco por ciento del PBI, como tampoco, la preocupación por su financiamiento en un país en default y declarado en desacato durante su gestión.
Eludió referirse, asimismo, al gravísimo déficit energético, que le cuesta al país mas de 12.000 millones de dólares de egresos anuales, cuando al comienzo de "la era K", el país se auto abastecía. Ninguna mención sobre la descontrolada inseguridad y el narcotráfico. 
Tampoco aludió a las severas restricciones a las libertades económicas: representadas por la limitación para comprar divisas, ya sea para importar, viajar o atesorar. Nada dijo sobre las prohibiciones a las exportaciones. Omitió mencionar alguna estrategia para resolver la preocupante pobreza, superficialmente abordada con indignos subsidios. Por último, soslayó plantear soluciones crediticias para resolver la falta generalizada de obras de infraestructura, como también la insuficiencia de viviendas. 
A esta altura de los acontecimientos, la Presidenta, debería haber advertido la conveniencia de rectificar el rumbo de la política económica.
El estrepitoso fracaso económico en Venezuela, cuyas derivaciones afectan ahora también a las libertades civiles, debería despertar un elemental instinto de supervivencia, al poder imaginar cual será el futuro del país, de continuar emulando la política del gobierno Chavista.  
Por contraposición, podría imitar a países cuyos gobiernos son verdaderos ejemplos de evolución ideológica y conceptual, ya que supieron amalgamar sus antecedentes socialistas con el funcionamiento de economías de libre mercado. Privilegiaron el crecimiento económico, el progreso y el bienestar que merecen sus gobernados. 
En esa línea se encuentran Chile, Uruguay, Perú y últimamente Bolivia. Por idéntica razón, la poderosa economía de Brasil, también venía desenvolviéndose con eficiencia, tanto económica como socialmente, hasta que las inclinaciones demagógicas de su Presidenta Dilma Rousseff, generaron cierto desorden en las cuentas públicas e inflación, quitándole el ímpetu que llevaba, como también, la aprobación de la sociedad. Sin embargo, después de las elecciones, ha dado un giro auspicioso con el nombramiento en la cartera de economía, de un ortodoxo liberal, para recuperar la confianza y la senda del progreso. Iniciativa que comenzará a dar sus resultados, cuando se logren superar los cuestionamientos de corrupción en su gobierno, que hoy complican y opacan la gestión.
Muy distinto es el caso de Argentina, que en un acto de rebeldía intelectual, abrazó sostenidamente el populismo, que es la versión actualizada de aquel fracasado socialismo del siglo 21. Dicha corriente de pensamiento, se caracteriza en ilusionar a la sociedad en la inmediatez, generando grandes frustraciones en el mediano y largo plazo. 
Su mecánica consiste en distribuir "riqueza", a un ritmo más acelerado al que se la genera, mediante un gasto público desmedido con relación a los recursos. A medida que se consolida este circulo vicioso, se necesitan férreos controles, mediante recurrentes intervenciones del estado en el proceso económico, para sujetar los desequilibrios inflacionarios que comienzan a aparecer. En este contexto, los impulsos creativos del sector privado, como las inversiones, se repliegan, afectando el crecimiento y el desarrollo de la economía, realimentando ese proceso negativo. 
Sin embargo, toda política populista concluye cuando se terminan los recursos. El tiempo de supervivencia depende de la cuantía de los mismos y también, de la osadía e irresponsabilidad de los gobernantes para conseguirlos. 
Este gobierno, ha desarrollado habilidades superlativas en ese sentido. Recordemos en primer término, las desmedidas retenciones al sector agropecuario, la estatización de los fondos de las exAFJP y la libre emisión de moneda, lograda mediante la peligrosa modificación de la carta orgánica del Banco Central. Como así también, el discutible acuerdo con China, que según trascendidos, significa la entrega de recursos naturales y de negocios muy trascendentes, con idéntico objetivo, el de obtener recursos para financiar gastos desmedidos e intentar sostener por un tiempo más el modelo económico. 
Todo esto es una demostración elocuente, de la involución que viene sufriendo nuestro país en el terreno de las ideas. Pareciera que para los Argentinos, el tiempo se hubiera detenido. Aún no se ha comprendido, que las razones del asombroso progreso y desarrollo que exhiben los países ordenados y exitosos, responden a un común denominador, conformado por el celoso respeto a la Constitución, las instituciones de la República y la economía de libre mercado.
Fuente: La Voz del Interior
Archivado en: Actualidad 3 Comentarios