A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

25May/162

Fragmentación y decadencia del Estado provincial

Por Raúl Faure

Si el destino no dispone lo contrario, en 2019 el peronismo habrá gobernado la Provincia durante dos décadas ininterrumpidas, con los mismos métodos que convirtieron a Córdoba en un Estado semifeudal.

No porque sus dos gobernadores designaran a sus respectivas esposas en altos cargos oficiales, apenas un detalle menor, sino porque demolieron las instituciones republicanas para reemplazarlas por una incontrolable trama de órganos y asociaciones corporativas, factor directo y decisivo, entre otros, que contribuyó a profundizar la crisis cada día mas visible.

No debe sorprender, entonces, que se hayan construido caminos y edificios de manera improvisada e irresponsable, o que se desarrollara el frívolo y costoso plan de construir un hotel de lujo en la ribera de Mar Chiquita o que se tomara deuda que compromete la totalidad de los recursos de tres presupuestos.

Pero más grave es que el Estado peronista cedió sus responsabilidades eminentes –garantizar el bienestar general y la seguridad– a una legión de corporaciones que, al margen y aun contra la ley, imponen sus intereses facciosos sobre el conjunto de la sociedad.

Entre ellas, y sin agotar la nómina, se destacan las llamadas agencias, los sindicatos de empleados del sector público y el ministerio al que el artículo 172 de la Constitución le atribuye con exclusividad la promoción de las acciones judiciales en defensa del interés público.

Las agencias actúan como un Estado paralelo. No están sometidas a la observancia de las reglas contables y presupuestarias de la administración central y disponen de forma discrecional de sus ingresos y egresos.

Su labor es sigilosa y pocos conocen los resultados de sus planes. Han sido, por lo general, vanos los esfuerzos legislativos para conocerlos y evaluarlos.

Sindicatos

Otro Estado paralelo –o, más bien, un supraestado– es el de los sindicatos de empleados del sector público y de los servicios esenciales.

Son los que con huelgas, paros sorpresivos, retenciones de servicios, asambleas y hasta sabotajes que causan daños a los bienes comunes, deciden cuándo los escolares pueden asistir a clases, los enfermos concurrir a los hospitales, la población utilizar los servicios básicos y transitar libremente.

A este sindicalismo intolerante y agresivo, los convencionales de 1987 le otorgaron la facultad de participar en la determinación de las remuneraciones que deben percibir los empleados públicos, quitándole a la Legislatura la potestad de aprobar o desaprobar las sumas que el presupuesto anual destina para esos fines, si no media conformidad de la autoridad sindical.

Esta disparatada disposición fue reglamentada por una ley de 1992 que le impuso a los poderes públicos –con excepción del Poder Judicial– la obligación de celebrar convenciones colectivas con los gremios. De ese modo, el Estado quedó equiparado a la condición de empleador del sector privado.

Extrapoder

Otro Estado paralelo es el Ministerio Público, al que la Constitución provincial le confiere con exclusividad “la facultad de preparar y promover la acción judicial en defensa del interés general y de los derechos de las personas”.

Hasta 1987, cuando se reformó el texto de la Constitución vigente desde 1923, esa facultad era ejercida por el llamado fiscal General, que integraba el Poder Judicial. Era la garantía de imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

Fue entonces cuando la fértil pero errónea imaginación de los convencionales acudió a esta indescifrable figura retórica: denominó al Ministerio Público como extrapoder.

A buen entendedor, pocas palabras: es un organismo que actúa fuera del sistema constitucional, cual si fuera un cuerpo celeste que vaga por el espacio sin conocerse a ciencia cierta cuál es su rumbo.

Como los fiscales subalternos dependen del fiscal General y deben someterse a sus instrucciones, carecen de independencia. De allí que, si el fiscal General considera y ordena que se investigue al o a los autores, la causa se instruye. De lo contrario, se archiva, sin más.

Por eso, no es un capricho que la opinión pública barrunte que cuando está comprometido un funcionario en la comisión de un ilícito, se opte por el segundo camino, esto es, por el archivo de las actuaciones.

Corporativismo

La desintegración del Estado se completó con la decisión de radicales y de peronistas de eliminar el Senado como cuerpo legislativo.

Hasta el 2000, la llamada Cámara Alta prestaba acuerdo para la designación de magistrados y se encargaba de controlar las decisiones de la Cámara de Diputados, para impedir que mayorías electorales circunstanciales pudieran imponerlas sin más trámite.

La honda crisis que afecta a la Provincia no debe asombrar. No es un relámpago que estalla en un día soleado. Fue provocada por la ejecución del plan antes descripto, inspirado por el corporativismo que intoxicó a la sociedad.

Plan que ha sido tolerado y profundizado por muchos funcionarios, legisladores, cátedras universitarias, magistrados judiciales, asesores y dirigentes políticos que carecen de la debida preparación para darse cuenta de que con sus consejos y sus decisiones terminaron reemplazando el Estado republicano por el actual Estado corporativo.

En otro contexto histórico, ante la descomposición moral y política de la antigua Roma, Cicerón dijo estas palabras, que bien pueden aplicarse a la realidad contemporánea: “No hay mayor plaga que la imaginación sin talento y la omnipotencia sin sentido”.

Fuente: La Voz dcl Interior

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23May/160

Hijo de los ´70

Por Arturo Larrabure*.

¿Cuánta verdad es capaz de soportar un hijo sobre sus padres? ¿Hasta dónde se puede incomodar con una pregunta cuando esos padres han sido víctimas de lo peor o acusados de lo peor?
Estos acuciantes interrogantes son planteados por Carolina Arenes y Astrid Pikielny en el valioso libro Hijos de los 70, que reúne el testimonio de hijos de guerrilleros y militares, y de víctimas civiles asesinados por el terrorismo guerrillero o la Triple A.
Hay hijos, como Eva Donda, que admiten en sus páginas haber ido a hablar con la familia de aquellos a quienes pudieron haber matado sus padres desaparecidos, porque todos somos víctimas de la violencia de los años setenta. Otros hijos, como Alberto Saavedra, confesaron no resultarles relevante saber ni preguntar sobre lo que sus padres hicieron durante la militancia armada.
Hernán Vaca Narvaja desea saber qué piensan los hijos de los torturadores, sin trasladar el interrogante a los descendientes de su tío Fernando, partícipe en el secuestro y asesinato del general Pedro Aramburu.
Mariana Eva Leis recuerda con admiración a su padre Héctor, que, poco antes de morir, conmovió el falso relato de la memoria con sus confesiones y su pedido de perdón.
En Testamento de los años 70, Leis reveló: "Es falso afirmar la existencia de un terrorismo de Estado, como si fuera una entidad pura y separada del resto de la sociedad, tal como pretenden las organizaciones de derechos humanos y el Gobierno de los Kirchner. Un terrorismo no es más o menos terrorista en función de su origen, sino de su contribución a la dinámica de terror dentro de una comunidad política. [...]"
En el caso argentino, tanto el terrorismo que venía del Estado como el que se practicaba desde la sociedad civil eran ejercidos en contra de la comunidad política argentina. Por lo tanto, a pesar de que los crímenes individuales puedan ser diferenciados por sentencias y puniciones legales mayores o menores, el terrorismo de los montoneros, la Triple A y la dictadura militar son igualmente graves, ya que contribuyeron solidariamente a una ascensión a los extremos de la violencia. Montoneros tenía "un programa de asesinatos que no era pensado desde la política, sino desde el deseo, transformando el resultado de la acción en una ruleta rusa".
¿Cuántos ex guerrilleros han revelado, como Leis, que existía en montoneros "un cálculo inconfeso de medio millón de víctimas —entre prisión y fusilamientos— que serían necesarias luego de tomar el poder para que el socialismo pudiera sobrevivir"? ¿Cuántos miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) han admitido ante sus hijos que Mario Roberto Santucho elevaba esa cifra a un millón de muertos? ¿Piensan los hijos de los guerrilleros en el baño de sangre que pudieron haber generado sus padres de haber obtenido la victoria?
Al cumplirse cuarenta años del último golpe militar, nada tengo, felizmente, que reprochar al mío. Al coronel Argentino del Valle Larrabure, el ERP lo secuestró, torturó y asesinó antes del 24 de marzo de 1976, en pleno Gobierno constitucional.
Juan Arnold Kremer, uno de los miembros más importantes del buró político del ERP, ha reconocido: "Se le propuso a Larrabure que se ganara la libertad y le pedimos que dé cursos de explosivos y de ciertas técnicas a nuestros compañeros. Larrabure se puso en patriota y dijo que jamás iba a colaborar [...] Ya no sabíamos más que hacer, estábamos en tensión. Venían los compañeros que decían 'es una situación insostenible' [...] Larrabure en ese sentido nos derrotó".
No pudieron quebrarlo. Murió fiel a su patria y a su ejército, y los derrotó, pero no sólo una vez, Kremer, dos veces. Hoy su heroico ejemplo los acosa como un fantasma, que les pregunta: "¿Ustedes que pretendían sustituir la república por un régimen marxista, por qué guardaron un sepulcral silencio frente a la corrupción del gobierno kirchnerista? ¿Por qué el gobierno que integraron o apoyaron no disminuyó la pobreza, la desnutrición y la indigencia? ¿Cuál es el mundo más justo y menos corrupto que ha construido? ¿El de los patrimonios de funcionarios públicos obscenamente enriquecidos? ¿El de Lázaro Báez, socio comercial de Néstor y Cristina Kirchner? ¿El de los hoteles creados presuntamente para lavar dinero? Al fin y al cabo, ¿qué fueron ustedes? ¿Idealistas o farsantes?".
El 24 de marzo de 2016 propongo a los argentinos reflexionar estos interrogantes, releyendo la memorable carta que escribiera Oscar del Barco, y que dice: "Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay causas ni ideales que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano. Responsabilidad ante los seres queridos, responsabilidad ante los otros hombres [...].
Más allá de todo y de todos, incluso hasta de un posible dios, hay el No matarás. Repito, no existe ningún ideal que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un policía. El principio que funda toda comunidad es el No matarás. No matarás al hombre, porque todo hombre es sagrado y cada hombre es todos los hombres. La maldad, como dice [Emmanuel] Levinas, consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos, el decir una cosa y hacer otra, el apoyar la muerte de los hijos de los otros y levantar el No matarás cuando se trata de nuestros propios hijos.
En este sentido podría reconsiderarse la llamada teoría de los dos demonios, si por demonio entendemos al que mata, al que tortura, al que hace sufrir intencionalmente. Si no existen buenos que sí pueden asesinar y malos que no pueden asesinar, ¿en qué se funda el presunto derecho a matar? 
¿Qué diferencia hay entre Santucho, [Mario] Firmenich, [Roberto] Quieto y [Rodolfo] Galimberti, por una parte, y [Luciano] Menéndez, [Jorge Rafael] Videla o [Emilio] Massera, por la otra? Si uno mata, el otro también mata. Esta es la lógica criminal de la violencia. Siempre los asesinos, tanto de un lado como del otro, se declaran justos, buenos y salvadores. Pero si no se debe matar y se mata, el que mata es un asesino, el que participa es un asesino, el que apoya, aunque sólo sea con su simpatía, es un asesino. Y mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente".

*El autor es hijo del coronel Argentino del Valle Larrabure, asesinado por la guerrilla del ERP. Escribió el libro Un canto a la patria.

Fuente: Infobae
17Abr/160

La aclamación de Cristina, un problema cultural

Por Eduardo Fidanza

La aclamación de Cristina Kirchner, durante un discurso en la puerta de los juzgados, donde concurrió a declarar como sospechosa de un delito, excede a la política. Su naturaleza paradójica rebasa la lucha por el poder, para convertirse en un síntoma idiosincrático de la sociedad. Es una cuestión de su cultura, más que de su coyuntura; del mediano y del largo plazo, antes que de la actualidad; e involucra a muchos más actores, además de la protagonista. El juez que la cita también es sospechoso; la presunción de conducta no transparente involucra a otros miembros del poder, incluido el Presidente. Todos son figuras conocidas, y varios cuentan con importante apoyo popular.

¿Qué significa esta anomalía? ¿Por qué el lugar del prestigio lo ocupa la popularidad sospechada? La primera hipótesis es sombría: en la Argentina, el Poder Judicial es incapaz de atribuir a los dirigentes sanciones o absoluciones creíbles y acatables, por encima de las adhesiones políticas o las creencias personales. Está impotencia es una expresión de anomia colectiva. Cuando la ley no impera para todos, moderando las conductas, cada uno la interpreta según sus aspiraciones y deseos. Por eso la multitud cristinista desafió a los jueces y se burló de ellos, al pie de uno de los edificios emblemáticos de la Justicia. En rigor, lo ocurrido el miércoles es una escenificación del fracaso de la ley: idolatrando al sospechoso, la masa dicta su propio veredicto, contrario al de las instituciones. El líder ovacionado lo justificará según la ideología que sustente. En este caso, el populismo llega a conclusiones inspiradas en el marxismo: las leyes las elaboran los poderosos para defender sus propios intereses, en contra del pueblo o de la clase trabajadora.

El Poder Judicial resiste mal este embate, potenciando las críticas. Su funcionamiento burocrático es deficiente y la percepción social no resulta favorable. Según un sondeo de Poliarquia e Idea Internacional realizado a fines de 2014, más del 70% de la población que recurrió a la Justicia consideró que ésta respondió regular o mal a sus requerimientos. Respecto del rol de los jueces, el resultado fue también negativo: el 60% estimó que no toman sus decisiones en forma independiente. Por otra parte, la Justicia está asediada por el periodismo de investigación, que indaga los negocios sucios con rigor profesional y sin discriminación. Sus denuncias constituyen el requisito indispensable para que la corrupción derive en escándalo. La narrativa de los detectives mediáticos resulta atractiva para el público: "La ruta del dinero K" o "Los Panamá Papers" tienen alto rating. Concientizan y entretienen.

La consagración del presunto corrupto posee otras razones, más próximas. El kirch-nerismo concluyó con una sociedad dividida casi por mitades. Quedaron de un lado los que querían la alternancia, asumiendo riesgos, y del otro, los que prefirieron la continuidad, premiando los logros o temiendo un ajuste. Unos eligieron el partido moderno, estético y con fama de eficaz; los demás abrazaron el populismo, quizás aceptando, con fatalidad, que "roba, pero hace". Como el ajuste inevitable lo está llevando a cabo, con poca anestesia, el partido novedoso, se reactualizó el mandato histórico del líder populista, que otorga aire a Cristina, disimulando su corrupción. Ella, una Evita rediviva, representará a los más humildes y no los abandonará. En esa deriva mítica podrá ir presa, pero no la silenciarán. Parece una reminiscencia de los rebeldes primitivos que tan bien retrató Eric Hobsbawm.

Las causas culturales de la corrupción son muy complejas. Debe buscárselas en la elite del poder y en las costumbres sociales. La investigación demoscópica arroja resultados paradójicos: la preocupación por el tema es estacional, espoleada por los escándalos y el malestar económico. Por eso, la sociedad no ejerce una fuerza de sanción suficiente y perdurable. Visto desde arriba, es una práctica generalizada de las elites, que excede la esfera política. La red transversal de nombres y negocios, de lazos familiares, económicos y políticos, da cuenta del fenómeno estructural que subyace al poder y la dominación. Al describir la corrupción de su país, a mediados del siglo pasado, el sociólogo Charles Wright Mills fue crudo: "La inmoralidad mayor es un rasgo sistemático de la elite norteamericana; su aceptación general constituye la característica esencial de una sociedad de masas".

En la Argentina, una pregunta inquietante recorre las entrañas del poder: ¿Mani pulite o pacto de impunidad? Según los estudiosos, la célebre campaña de moralización italiana no fue un rapto individual de funcionarios probos, sino el resultado contingente de una alianza tácita entre jueces independientes, poderosos empresarios y medios de comunicación vinculados a ellos. Tal vez el Gobierno quiera facilitar algo parecido. Si se decide, Macri puede tener una oportunidad histórica: ser el primer miembro de la elite económica que contribuye, desde la presidencia, a adecentar las prácticas de los poderosos de este país. Sería un acto de refundación de su identidad. Y un aporte decisivo para bajar las banderas míticas, pero muchas veces justificadas, del populismo.

Fuente: diario La Nación de Buenos Aires

15Abr/160

Más sobre coyuntura y las ideas de fondo

Por Alberto Benegas Lynch (h).

Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones con todo el rigor que resulte posible ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a las simples afirmaciones.

Es por ello que resulta indispensable contar con espacios para elaborar sobre ideas de fondo. Esa es la manera de correr el eje del debate al efecto de abrir plafones para que el político pueda articular discursos compatibles con la sociedad abierta ya que no puede proponer políticas que la opinión pública no entiende ni acepta.

Ahora bien, si nos dedicamos solo a la coyuntura nunca salimos del pantano. Más aun, con este procedimiento cada vez la coyuntura se hace más negra, precisamente porque nadie se dedicó a explicar las ideas de fondo y se dejan terrenos abiertos para que el espíritu totalitario avance con sus ideas colectivistas.

Es cierto que a la gente en general le resulta más atractivo y más fácil leer sobre la coyuntura que bucear en ideas de fondo pero, como queda dicho, es necesario hacer que las raíces de la libertad se exhiban en todas sus facetas. El dedicarse exclusivamente a la coyuntura es poner el carro delante de los caballos, es ocuparse de los efectos sin prestar atención a las causas. Por ello es que con toda razón el marxista Antonio Gramsci ha reiterado “tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”. La coyuntura es el resultado de las ideas de fondo que prevalecen para bien o para mal.

No hay conflicto ni incompatibilidad entre ideas e intereses que en no pocas ocasiones se suelen presentar en conflicto. Los intereses son también ideas, por lo que debe prestarse especial atención a este campo. En la mayor parte de las acciones y propuestas no hay maldad sino buena voluntad y las mejores intenciones, el tema estriba en la idea que se encuentra tras las conductas, es decir, como se conciben los nexos causales correspondientes, en otros términos, cual es la teoría que fundamenta tal o cual política. “Nada hay más práctico que una buena teoría” ha dicho con mucha razón Paul Painlavé.

Todo lo que ha creado el hombre se basa en una teoría, si el resultado en bueno quiere decir que la teoría es correcta si es malo significa que la teoría es equivocada. Esto va desde el método para sembrar y cosechar, la fabricación de una computadora, hasta la plataforma de un partido político.

Ideas y teorías son conceptos que interpretan diversos sucesos, como se ha apuntado tantas veces no se trata para nada de “ideologías” esa palabreja que en su acepción corriente significa propuestas cerradas e inexpugnables, por el contrario, se trata de procesos abiertos dado que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad sujeto a refutaciones y en un contexto siempre evolutivo.

Entonces, si la raíz del asunto estriba en las ideas es allí donde debe concentrarse el trabajo: en debates abiertos y en el estudio desapasionado de diversas corrientes de pensamiento ya que la cultura forma parte de un entramado de préstamos y donativos, de recibos y entregas múltiples que se alimentan entre sí conformando una textura que no tiene término.

Sin embargo, se observa que la mayoría de quienes desean de buena fe terminar con la malaria paradójicamente se dedican a la coyuntura y a repetir lo que está en los diarios y que todo el mundo sabe. Los que comentan coyunturas son espectadores pasivos de la agenda que determinan otros, los que se preocupan y ocupan de las ideas de fondo marcan su propia agenda.

El relato de la coyuntura no escarba en el fondo del asunto, se limita a mostrar lo que ocurre lo cual ni siquiera puede interpretarse si no se dispone de un adecuando esqueleto conceptual. Más bien es pertinente subrayar que la buena coyuntura se dará por añadidura si se comprende y comparte la teoría que permite corregir lo que haya que corregir.

Por parte de los que se dicen partidarios de la sociedad abierta hay un gran descuido de las faenas educativas, muy especialmente en lo que hace a la gente joven en ámbitos universitarios que constituye el microclima del que parirá el futuro. En cambio, se dirigen a quienes al momento tienen posiciones de poder sin percatarse de la futilidad de la tarea. Se dice que no hay tiempo que perder y que el trabajo estudiantil es a muy largo plazo, lo cual se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Por otra parte, los espíritus totalitarios operan con notable éxito en colegios y casas de estudio universitarias desde siempre, con lo que han logrado un plafón intelectual de enormes proporciones que naturalmente empujan a la articulación de un discurso político en sintonía con esa tendencia.

Está bien ilustrar la idea algunas veces con la coyuntura como anclaje para algún ejemplo, pero sin perder de vista que es aquella la que marca el rumbo y nada se gana con inundar de series estadísticas si no se tiene clara la teoría que subyace. Es que son pocos los que se circunscriben a los datos de coyuntura  que conocen los fundamentos de la propia filosofía que dicen suscribir. Esto se percibe ni bien surgen en el debate temas de fondo de la tradición liberal.

La dedicación a la enseñanza es tanto más necesaria cuanto que los socialismos de diversas tonalidades apuntan a sentimientos de superficie y evitan hurgar en razonamientos que permiten vislumbrar las ventajas de la libertad. En este mismo sentido, el premio Nobel en economía Friedrich Hayek nos advierte que “la economía es contraintuitiva” y el decimonónico Bastiat insistía en que el buen analista hurga en “lo que se ve y lo que no se ve”, lo cual demanda esfuerzos adicionales.

Como la energía es limitada y los recursos disponibles también lo son, conviene establecer prioridades para enfrentar los crecientes desmanes de los gobiernos, supuestos defensores de las autonomías individuales. Correr tras las coyunturas es equivocar las prioridades, se requiere como el pan de cada día el prestar debida atención al debate de ideas ya que son éstas precisamente las que generan tal o cual coyuntura.

Debe subrayarse que en el plano político se requiere el consenso y la negociación entre posturas diferentes al efecto de permitir la convivencia, pero lo que destacamos en esta nota es la imperiosa necesidad de esforzarse en incentivar debates de ideas en la esperanza de que la comprensión de los beneficios de la libertad se hagan más patentes, para lo que el enfrascarse en  mediciones y estadísticas no contribuye al objetivo de marras.

Es clave comprender y compartir el esqueleto conceptual de la sociedad abierta puesto que las estadísticas favorables son el resultado. Por el contrario, si se tratara de demostrar las ventajas de la libertad a puro rigor de estadísticas ya hace mucho tiempo que se hubiera probado la superioridad del liberalismo, el asunto es que, en definitiva, con cifras no se prueba nada, las pruebas anteceden a las series estadísticas, el razonamiento adecuado es precisamente la base para interpretar correctamente las estadísticas. Es por eso que resulta tan esencial la educación y no perder el tiempo y consumir glándulas salivares y tinta con números que desprovistos del esquema conceptual adecuado son meras cifras arrojadas al vacío.

El oxígeno vital es la libertad, si los debates se centran exclusivamente en las cifras se está desviando la atención del verdadero eje y del aspecto medular de las relaciones sociales. Como bien ha escrito Wilhelm Röpke en Más allá de la oferta y la demanda: “La diferencia entre una sociedad abierta y una sociedad autoritaria no estriba en que en la primera haya más hamburguesas y refrigeradoras. Se trata de sistemas ético-institucionales opuestos. Si se pierde la brújula en el campo de la ética, además, entre otras muchas cosas, nos quedaremos sin hamburguesas y sin refrigeradoras”.

En otras palabras, correr tras la coyuntura es un certamen destinado al completo fracaso puesto que los números serán cada vez peores debido, precisamente, a que no se han comprendido las ideas que posibilitan la corrección de datos que constituyen la expresión de lo que ocurre. Comprendo que en la desesperación -porque la barranca abajo puede es muy empinada- haya quienes se empeñan en batallar con cifras con la pretensión de que se entienda el desastre pero, como queda dicho, es equivalente a correr tras la sombra de uno mismo con el sol a las espaldas que nunca se alcanza, hasta que en nuestro caso se decida “tomar el toro por las astas” y encarar el problema de fondo y aclarar las ideas que subyacen en los datos de coyuntura.

Sin duda que los diarios y equivalentes se alimentan de noticias, es decir, de coyuntura puesto que de eso se trata y las columnas de opinión en gran medida se focalizan en torno a ese material, lo cual no excluye que una proporción de esas columnas inviten a los lectores al ejercicio de pensar y abrir cauce con ideas de fondo al efecto asegurar un futuro más despejado rumbo a la sociedad libre, lo cual tiene lugar en los medios de mayor peso ya que son conscientes que no puede comenzarse por el final.

© Libertad y Progreso

9Abr/163

La raíz de la corrupción sigue intacta

Por Iván Carrino.

Lázaro Báez quedó detenido. Igual Ricardo Jaime. Si nos guiamos por las tapas de los diarios, se le dio un golpe contundente a la corrupción en Argentina. ¿Será así?

El martes por la tarde, los medios de comunicación se pelaban entre sí por mostrar la detención del empresario más amigo del poder kirchnerista: el contador y constructor Lázaro Báez. Lo mismo sucedía en las redes sociales, donde nadie quería quedarse al margen de los comentarios suscitados por la estridente noticia.

Efectivamente, el juez federal Sebastián Casanello ordenó detener a Báez en el marco de la causa en su contra por lavado de activos por alrededor de USD 5,1 millones. Los motivos de la detención son el miedo del juez a que el sospechoso se fugue del país.

Días antes, otro juez federal, Julián Ercolini, había ordenado la detención de Ricardo Jaime, ex Secretario de Transporte, a quien se acusa de enriquecerse de manera ilícita con la compra de trenes a España y Portugal.

La algarabía es notoria. Tanto los medios como la opinión pública parecen regodearse de que por fin comience a condenarse la “Corrupción K”.

En esta nota, sin embargo, voy a cuestionar esta sensación de triunfo generalizado.

Después de todo, las causas profundas que originan la corrupción siguen intactas.

Lo primero que llama poderosamente la atención es cómo la justicia, que por años permaneció dormida, a 100 días de comenzado un nuevo gobierno empieza a acelerar las causas de este tipo. Si la justicia es independiente como debería, el cambio de administradores en el poder ejecutivo no tendría que influir en sus sentencias ni en la velocidad de sus procedimientos. Así, si la nueva rapidez responde al giro político, entonces no habla bien del poder judicial, sino todo lo contrario.

Al margen de esto, lo relevante del caso es que aún cuando Lázaro Báez, Ricardo Jaime y tantos otros funcionarios sospechados de corrupción puedan terminar condenados, lo cierto es que eso no contribuirá a que el verdadero origen de la corrupción desaparezca.

Si analizamos cada uno de los casos, vemos que la corrupción es un subproducto de la intervención estatal y el tamaño del gasto público. Lázaro Báez es sospechado por el intento de blanquear el dinero que habría cobrado de los sobreprecios en los contratos de obra pública. Por su parte, Jaime recibió dinero que el estado tenía que destinar a la compra de trenes.

Comisiones”, que le llaman.

Ahora la pregunta no es cómo puede ser que haya empresarios que cobren comisiones oscuras, sino cómo no va a suceder esto en un país cuyo gasto público se disparó de una manera fenomenal.

Como explica el profesor de la Universidad de Chicago, Luigi Zingales:

Cuanto más grande sea el gobierno, mayor será el pastel para repartirse y mayores serán los incentivos de las empresas para obtener una parte de ese pastel. En 1900, el gasto federal (en Estados Unidos) no destinado a la defensa representaba solamente el 1,8% del PBI, mientras que el gasto en defensa ascendía al 1%. En el año 2005, el gasto público no destinado a defensa representó el 16% del PBI y el gasto en defensa el 4%. En el período de un siglo, la tajada del gobierno sobre la producción se multiplicó por 7.”

El dato para nuestro país es todavía más alarmante. En el año 2003 el gasto público ascendía al 20,6% del PBI, mientras que en 2015 fue del 40,3%. En solo 12 años se multiplicaron por 2 las erogaciones estatales, lo que incrementó sideralmente el “pastel” para que políticos y amigos del poder se repartan.

Mirando los números de la obra pública arribamos a que en 2015 se gastaron nada menos que casi $ 195.000 millones con ese fin. Es decir que cualquier empresa que recibiera aunque sea el 1% de ese total podría hacerse de $ 162 millones de facturación mensual.

¿A quién extraña que, en este contexto, políticos y pseudoempresarios colaboren para saquear las arcas públicas?

El verdadero problema de la corrupción no son los Lázaro Báez. Ni siquiera lo son Cristina o Néstor Kirchner. El problema es el sistema que genera el caldo de cultivo para que la corrupción exista.

Una economía hiperregulada, con un gasto público enorme y creciente es el verdadero origen de la cuestión. Las regulaciones excesivas promueven las coimas como forma de evitarlas y “aceitar los trámites”. Por su parte, el gasto promueve la discrecionalidad y la capacidad de los funcionarios de beneficiar a los amigos del poder.

Le doy la bienvenida al accionar de la justicia siempre que se garanticen los procesos judiciales y se dicten sentencias de manera independiente. Pero advierto al mismo tiempo que hasta que no desmantelemos el sistema de hiperintervencionismo en el que vivimos, es poco lo que haremos para reducir los actos corruptos.

Lázaro Báez es apenas la punta del iceberg.

Fuente: El inversor global

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1Abr/160

«El islam es incompatible con Occidente»

Entrevista a Giovanni Sartori.

«Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible».

En esta larga entrevista, Giovanni Sartori, de noventa y dos años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como «Partidos políticos» o «Teoría de la democracia»-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, superpoblación, etcétera.

Ideas proféticas

Profesor en Florencia, su ciudad natal, y en Stanford, Harvard, Yale y Columbia, con nueve «laureas honoris causa» y numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), ha escrito con estilo vivaz y muy directo ensayos que han abierto grandes debates: «Qué es la democracia» (1997); «La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros» (2001); »Homo videns: la sociedad teledirigida» (1998). Publicó su último libro en junio pasado: «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro».

Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso «renegar de nuestra cultura», media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. «Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones».

Falta de respeto

Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.

En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras dos ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90 por ciento de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.

Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: «La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad».

¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: «El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular».

Sentido común

¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: «Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia»; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: «El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta».

A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: «A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa».

Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: «La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común».

La integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, «el islam no tiene capacidad de evolución». Cita, por ejemplo, a la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».

En peligro

La inmigración actual se está produciendo sin un flujo ordenado, porque, aparte de la que tiene motivaciones económicas, es fruto de guerras. Ante la suspensión de los acuerdos de Schengen en algunos países hasta ahora muy favorables a la inmigración, como Dinamarca o Suecia, Sartori indica: «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura».

En definitiva, sostiene Sartori que «Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico». Hace ya quince años que, en el «Corriere della Sera», Sartori afirmó que estábamos asistiendo a «una guerra inédita con cuatro características: terrorista, global, tecnológica y religiosa». Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: «En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo».

«Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política». ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: «Veremos. Este es un mundo que se está suicidando».

Sartori está escribiendo la segunda parte de «La carrera hacia ninguna parte», ensayo para el que pensó otro título, «La carrera hacia la ruina». «Caminamos sin ideas sobre cómo progresar con tantos como somos, demasiados…», dice. Precisamente, «la superpoblación es el cáncer de fondo de nuestra sociedad». Es una de sus grandes preocupaciones, a la que dedicó «La tierra explota, superpoblación y desarrollo» (2003).

Especialmente crítico con la Unión Europea, asegura: «Es un monstruo. La Europa de los 28 es una entidad muerta, no existe. No es capaz ni de parar la inmigración. En mi nuevo libro aporto soluciones: Europa necesita un presidente experto en economía».

El «tranquilismo»

«Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el “tranquilismo” que conducen a no hacer nada».

No se siente solo el profesor Sartori desde el punto de vista intelectual. Coincide con su duro diagnóstico europeo el sociólogo francés Alain Touraine, que acaba de recibir en Italia el Premio Nonino como «maestro de nuestro tiempo»: «Los países europeos son hoy incapaces de integrarse completamente en la economía mundial y globalizada. Acabo de volver de California y me ha impactado, hablando con los americanos, que para ellos el mundo de mañana se refiere solo a EE.UU. y China. Han abandonado Europa. No nos toman en serio. Para ellos somos solamente un destino para sus vacaciones».

Desde el punto de vista sentimental, Sartori siempre tiene cerca, también durante esta conversación, a su mujer, Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa, de la que le separan «solo» treinta y nueve primaveras. ¿La receta de la convivencia? «Buen humor y no preocuparse por el paso del tiempo». Así concluye la entrevista el viejo y sabio profesor, que ha sembrado cultura política en la derecha y la izquierda, y que todavía tiene mucho que enseñar: «Al menos espero acabar este libro. Después, basta. No soy infinito».

 

Fuente: ABC Cultural

 

24Mar/161

Echale la culpa a EE.UU.

Por Adrián Simioni.

¡Es tan sencillo, tan aséptico, tan autosatisfactorio culpar a Estados Unidos...!

La instigación del gobierno estadounidense a voltear gobiernos latinoamericanos no es una fantasía. Su respaldo a dictadores, tampoco. El rol de la CIA y de Henry Kissinger en el golpe de Estado pinochetista a Salvador Allende es sólo el caso más documentado. Pero quedarse sólo en eso es reducir la historia. En beneficio del que la reduce.

Por empezar, los primeros interesados en voltear a los gobiernos de Juan Perón y de Isabel Perón fueron las organizaciones guerrilleras y terroristas.

En abril de 1973, el ERP explicó en un largo documento por qué no dejaría de combatir pese a la asunción de Héctor Cámpora, cosa que profundizó contra los gobiernos de Juan Perón y de Estela Martínez.

Montoneros –que había contribuido a elegir a los tres presidentes, controlaba las principales gobernaciones y las universidades y cubría importantes puestos en el Estado– también decidió empujar a Perón y a Martínez desde 1974.

En el caos provocado por grupos decididos a imponer cosas que la sociedad no había votado, sectores de todos los gustos impulsaron el golpe.

Hoy, los organismos de derechos humanos se declaran heridos y violentados por la visita de Barack Obama al Museo de la Esma.

Es notoria la selectividad con Estados Unidos. Nunca se escuchó a nadie pedirles a Fidel y a Raúl Castro que desclasifiquen archivos sobre el financiamiento y entrenamiento que dieron en la década de 1960 a grupos violentos que querían voltear gobiernos democráticos y no democráticos.

En todas sus reuniones con ellos, Cristina Fernández nunca les pidió saber qué pasó con multimillonarios rescates pagados por ciudadanos argentinos secuestrados en democracia por Montoneros, que luego derivó parte de esos fondos a Cuba.

Los organismos de derechos humanos nunca reclamaron explicaciones sobre por qué Cuba calló tanto durante la dictadura argentina. Porque callaron muchísimo más que Estados Unidos.

En enero de 1977, cuando asumió la presidencia James Carter, a sólo 10 meses de instalada la dictadura argentina, EE.UU. se transformó en el único país en hablar, fuerte, de los derechos humanos en Argentina.

El padre del excanciller Jacobo Timerman fue liberado tras gestiones del gobierno estadounidense, que les concedió la ciudadanía a sus hijos y lo acogió como exiliado.

Pese a la Guerra Fría en desarrollo, que transformaba en un riesgo geopolítico cualquier crítica a una dictadura de derecha, Carter presionó a los militares argentinos hasta lograr que, en 1979, una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitara la Argentina.

No sólo eso: Carter designó a Patricia Derian como secretaria de Derechos Humanos. Y Derian se las agarró con los dictadores argentinos.

Derian declaró en el juicio a las juntas de la década de 1980 y contó su reunión con Massera el 10 de agosto de 1977 (no en 2003), en la Esma (no en un museo). “Es posible que mientras nosotros hablamos, en el piso de abajo se esté torturando a alguien”, contó Derian a los jueces que le dijo a Massera. Y siguió: “Entonces, sucedió lo que realmente fue asombroso: él me sonrió con una enorme sonrisa, hizo el gesto de lavarse las manos y me dijo: ‘Usted recuerda lo que pasó con Poncio Pilatos’”.

Pueden preguntarle: Derian aún vive. Anda por los 87 años de edad. Si no, pueden seguir repitiendo sólo la media verdad que los cínicos que sí saben les repetirán, una y otra vez, a los ignorantes que no lo saben.

Fuente: La Voz del Interior

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11Mar/167

Sobre el protocolo antipiquetes

Por Prudencio Bustos Argañarás

La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, dio a conocer recientemente un protocolo de actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en manifestaciones públicas, al que adhirió la mayor parte de las provincias.

Si bien discrepo con la metodología dispuesta –por razones que luego expondré–, no puedo dejar de celebrar que el Gobierno nacional busque por fin dar solución a un problema que ha alcanzado dimensiones preocupantes.

La reacción indignada de los grupos que en forma permanente realizan manifestaciones cortando calles y rutas, detonando bombas de estruendo, quemando cubiertas y provocando daños en los edificios públicos y privados, monumentos históricos y estatuas, no se hizo esperar.

Un legislador provincial del Frente de Izquierda y de los Trabajadores –participante habitual de cuanta marcha hay en la ciudad– habló de un “cercenamiento al derecho de protesta social”, en un artículo publicado hace pocos días en este diario.

Lo primero que debemos analizar es si realmente existe un derecho de protesta, que no encuentro mencionado ni en la Constitución Nacional ni en la de la provincia. Existen sí los derechos de expresión y de petición a las autoridades, pero no parece que la protesta pueda incluirse en alguna de esas categorías.

En todo caso, podría tratarse de uno de los derechos comprendidos en el artículo 19 de la Constitución Nacional, cuando dice que “nadie será privado de hacer lo que la ley no prohíbe”.

Pero aun cuando así fuera, todo derecho, incluso los constitucionales, debe ejercerse “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” y dentro del respeto a los derechos ajenos, por aquel principio básico de la convivencia republicana que dice que el derecho de uno termina donde comienza el derecho de los demás.

Los derechos afectados por las conductas aludidas están sí consagrados de forma taxativa en el 
artículo 14 de la Constitución Nacional; tales los casos del derecho a transitar libremente, el de trabajar y el de ejercer toda industria lícita.

Duele contemplar a los trabajadores que no pueden tomar el 
ómnibus que los lleve de regreso a su casa o a los comerciantes que ven dañada su actividad de forma casi cotidiana en el centro de la ciudad.

En lo que hace a la Constitución provincial, el propio Preámbulo establece la finalidad para la que fue hecha, que no es otra que “exaltar la dignidad de la persona y garantizar el pleno ejercicio de sus derechos”.

A los enumerados en la Nacional, añade el derecho a “gozar 
de un medio ambiente sano” y a vivir en un ambiente “libre de 
factores nocivos para la salud” (artículo 66).

No parece que el trauma acústico provocado por las bombas o el humo envenenado de cubiertas ardiendo contribuyan a ello. Por si no bastare, el artículo 38, al mencionar las obligaciones del ciudadano, incluye las de “no abusar del derecho” y “actuar solidariamente”, ambas incumplidas en las manifestaciones.

Si dos derechos entran en colisión, uno de ellos debe prevalecer. Y el sentido común nos dice que deberá ser el de mayor jerarquía o el que afecte a mayor número de personas. Ergo, serán prioridad los derechos de rango constitucional y los que perjudican a toda la población.

A lo dicho, debemos añadir que el Código Penal sanciona en su artículo 194, con pena de hasta dos años de prisión, a quien “impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra”. Sorprende, pues, que no haya un solo fiscal de instrucción que promueva acción penal a quienes cometen este delito.

Huelga aclarar que los responsables de garantizar el goce de los derechos vulnerados son los gobernantes, quienes al asumir sus cargos juran observar y hacer observar ambas constituciones. Quienes lo omiten, incurren en el delito de incumplimiento de sus funciones.

La Municipalidad ha modificado el Código de Faltas –llamado ahora Código de Convivencia– e incluye la prohibición de detonar bombas de estruendo y quemar cubiertas. Pero ha omitido la sanción de la interrupción del tránsito y postergó su entrada en vigencia hasta abril. Esperemos que, para entonces, se haga efectivo.

No se trata sólo de las molestias que esos actos incivilizados nos provocan, sino del grave daño que infligen a la ciudad. Por un lado, la virtual parálisis de la actividad comercial en las áreas afectadas perjudica al conjunto de la sociedad. Por el otro, se desalienta cualquier inversión, que tanta falta hacen para mejorar nuestra productividad y generar nuevas fuentes de trabajo. Nadie, en su sano juicio, invierte donde reina el caos.

La repetición permanente de esas acciones ha convertido a Córdoba en un sitio hostil y anárquico, condenándola a una perpetua decadencia y al empobrecimiento.

No está aquí en discusión la justicia de la causa invocada por quienes llevan adelante esos atropellos, pues, como dice Tzvetan Todorov, “las causas nobles no disculpan los actos innobles”.

Por otra parte, si el presunto derecho de protesta se considerara legítimo, debería tener carácter universal, pues en el sistema republicano todos los ciudadanos somos iguales ante la ley. Y si todos decidiéramos ejercerlo, ese caos en que hoy vivimos se transformaría en un verdadero infierno.

En lo que no concuerdo con el protocolo es en la intervención de las fuerzas de seguridad en la represión de las violaciones a las normas mencionadas, pues ello conllevaría el uso de la violencia, que debe ser evitado a toda costa.

Una multa importante, con fuertes incrementos por reincidencia, resultará un disuasivo poderoso para aquellos que se sienten con derecho a tomarnos a los demás de rehenes.

Apelo, pues, a mi derecho constitucional de peticionar a las autoridades –provinciales y municipales–, para exigirles que cumplan con su deber y cesen en esa negligencia cómplice que está aniquilando el ambiente de paz y orden que requieren la convivencia civilizada y el progreso.

Fuente: La Voz del Interior

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24Feb/160

Un nuevo aporte K a la decadencia de la UNC

Por Gabriel Osman

ilustra mirta iriondo

Los dichos de la decana de Famaf, Mirta Susana Iriondo, en la reunión del miércoles pasado de apoyo a la candidatura a la reelección de Francisco Tamarit -“Me importa un carajo lo académico”- han producido una verdadera conmoción en la UNC y probablemente marcado un antes y un después en las chances reeleccionistas del actual titular de la Casa de Trejo y Sanabria.
“A mi ni me interesa un carajo lo académico, no me importa. Yo no soy universitaria ni me interesa. Yo provengo de la militancia partidaria, soy peronista kirchnerista. Como Pancho (Tamarit), con el cual venimos trabajando para gobernar la Universidad”, son las palabras textuales de Iriondo que han recorrido como reguero de pólvora las redes sociales y los ámbitos universitarios.
Es infrecuente sino inédito escuchar tamañas palabras de boca de los atildados docentes de la unidad académica que, junto a Ciencias Químicas, es la de mayor prestigio en la UNC. Infrecuente y paradójico. Porque hace apenas días, LIGO, el observatorio experimental de detección de ondas gravitacionales, confirmó predicciones de Albert Einstein, verificables en fenómenos cósmicos masivos tales como choque de galaxias, explosión de supernovas, formación de agujeros negros, etcétera. La vocera de LIGO que tuvo a su cargo dar a conocer la constatación del fenómeno, el pasado 11 de febrero, fue Gabriela González, egresada de Famaf.
Se trata de dos egresadas del Famaf con destinos muy diversos. Algunos se han apresurado a afirmar que el descubrimiento de LIGO (la sigla proviene del inglés Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory) pone a este grupo de científicos, González incluida, en la competencia por el próximo Nobel de Física. Las sentencias de Iriondo también recorrerán los claustros estas semanas por motivos bien que distintos.
Aunque tremendamente incómodo para las pretensiones de Tamarit, Iriondo es una funcionaria volcánica que se supo desempeñar como subsecretaria de Investigación Científica de Defensa cuando era ministro de Defensa Arturo Puricelli, en el gobierno de Cristina Kirchner. Su renuncia al cargo se produjo en medio del escándalo por el embargo de la fragata Libertad en el puerto ghanés de Tema, sumado a la interna entre Arturo Puricelli y la ministra de Seguridad Nilda Garré.
Aunque no le faltan pergaminos científicos, esta política devenida en física y matemática –según su propio orden de prioridades- tiene una historia de resistencia en los años ’70. Fue secuestrada cuando tenía 20 años (1977), torturada en La Perla por los militares de la dictadura y luego exiliada en Suecia. Volvió al país en los ’90, cuando ocupó el primer peldaño docente en Ciencias Químicas como Jefa de Trabajos Prácticos en la Unidad de Matemática, entre 1996-1998. Su carrera ni tampoco su formación se detuvieron allí. Es Master en Ingeniería Física, Licenciada en Física Teórica, Doctora en Matemáticas, etcétera. Ha sido docente en Químicas, Famaf y en el Instituto Aeronáutico, desde donde desarrollo buenos vínculos con los militares (un periplo propio de muchos montoneros o filo montoneros).
¿Por qué se le salió la cadena? ¿Por qué dijo lo que dijo, cuando la fórmula de confrontación de Tamarit con su ex rival en 2013, Alfredo Blanco, era: “Blanco es la política; yo, la academia”. Es un misterio, aunque la militancia K tiene estos excesos. El “relato” ha dicho y reiterado hasta el hartazgo que el kirchnerismo cambió el país. Los que más creyeron este discurso fueron los profesionales de “la década ganada”.
Pero en Córdoba es donde menos crédulos tienen, como quedó demostrado en las recientes elecciones. Sin excesos, se puede decir que la UNC es hoy una ínsula rodeada de un mar de antkirchnerismo. Es un contexto que no beneficia las posibilidades de Tamarit, que incluso quedó en evidencia en la reunión en la que pronunció Iriondo sus penosas palabras.
A esa reunión asistieron nueve decanos: Iriondo (Famaf), Gustavo Chiabrando (Químicas), Myriam Kitroser (Artes), Diego Tatian (Filosofía), Roberto Terzariol (Ingeniería), Mirta Lutri (Odontología), Elena Pérez (Lenguas), Marcelo Yorio (Médicas) y Pedro Yanzi Ferreira (Derecho). Es decir, cuatro incondicionales y cinco más distantes, aunque algunos con posturas funcionales al actual rector.
En esa reunión realizada a las 19, en la sala de reuniones del Rectorado (2º piso del Pabellón Argentina), Tamarit formuló su ya célebre “oferta académica”: ¿quién me apoya? Hubo expresiones entusiastas y un poco más, como la de Iriondo, y palabras de algunos menos convencidos que inquirían sobre su proyecto. Es decir, más distantes o, al menos, no incondicionales. Y fue esto lo que sacó de las casillas a la decana de Famaf.
Tal vez las palabras de Iriondo terminaron por remover las dudas que tenían. Tal vez no, porque en la UNC hay un “seguidismo” consistente a apostar siempre a ganador. Si “Pancho” Tamarit logra reunir una masa crítica de adhesiones, allí irán esos votos, comprando a la decana de Famaf en el combo.
Pero es probable que exabrutos como el del miércoles marquen un punto de inflexión que le será difícil de sortear al actual oficialismo. Como le fue muy difícil al hoy rector la expulsión del ex de Médicas, Gustavo Irico, a manos de Carolina Scotto, que él debió luego repatriar. Claro, entonces gobernaba el kirchnerismo y en la Secretaria de Políticas Universitarias, hoy en manos de un hombre de la cantera franjista Albor Cantard, estaba Martín Gill.

Fuente: diario Alfil

18Feb/162

El Papa y los pecados de Milagro Sala

Por Carmen de Carlos.

El Papa le ha enviado a la cárcel un rosario bendecido a Milagro Sala.  Francisco sigue de cerca la política argentina pero parece estar lejos de ver bien la realidad.

El gesto con la dirigente social indígena, convertida con los años en explotadora de seres humanos, lleva implícito un mensaje de respaldo a la mujer que sometió a los jujeños más pobres a un cruel estado de servidumbre.

Los testimonios de sus víctimas resultan estremecedores.  Los hay de todos los colores que se pueden hallar en el Código Penal. Desde cabezas rotas a culatazos, - asestados por ella misma -, hasta órdenes de asesinato, desalojos violentos de viviendas y  tráfico de una menor prostituida que identificó a Sala como testigo o miembro de la organización delictiva que lideraba su tío, el primero en violarla.

Estado dentro de un Estado en la necesitada provincia de Jujuy, Milagro Sala empezó siendo una dirigente social solidaria pero pronto se transformo en lo que era antes de que los jueces ordenaran su detención, primero por incitación a la violencia y tumulto y después por organización ilícita y un rosario ( no del Papa ) de acusaciones.

Sala ocupó un espacio que el Estado provincial de Jujuy y el nacional le dejaron libre hace años. Aliada al kirchnerismo medular estuvo protegida y mantenida financieramente por la ex presidenta Cristina Fernández, su cuñada Alicia Kirchner y el ex ministro Julio De Vido.

Recibía mensualmente decenas de millones que usaba - y cobraba en efectivo - sin fiscalización. Construyó viviendas con su organización Tupac Amaru a precios difíciles de sostener y con materiales pobres y pagaba, cuando pagaba, en negro. A la vista saltan algunas viviendas donde se aprecian las ventanas torcidas en los muros.

Milagro Sala se impuso por la fuerza como intermediaria de cooperativas de pobres y se quedó con su dinero, estafó a los argentinos, aterrorizó a los jujeños ( llego  a incendiar la Gobernación ) y pasó por encima de la ley sin que ésta moviera un dedo hasta que cambió el gobernador. Llegó a tener unas 60 causas judiciales “cajoneadas”.

En diciembre, a los dos días de la investidura de Gerardo Morales ( Unión Cívica Radical ), Sala montó un campamento frente a la gobernación. La acompañaron miles de Tupac.

Su objetivo real era demostrarle que ella seguía mandando como hizo mientras el gobernador fue Eduardo Fellner (Presidente del Partido Justicialista).

Morales, buen conocedor del personaje y de los desfalcos, no se doblegó y prescindió de su intermediación. Reconoció directamente a los cooperativistas y convenció – a medias - a los jujeños de que no debían tener más miedo, que ahora habrá justicia y Milagro no volvería ser dueña y señora de jueces, policías, políticos corruptos y de la calle.

Sin chequera de Milagro y con ésta entre rejas, su “ejército” se retiró y la dejó sola. Todo el esfuerzo y el riesgo ( hasta personal ) de Gerardo Morales (amenazado con su familia) y de los jujeños, el Papa parece no percibirlo.

La imagen de mártir que el kirchnerismo ha querido dar de Milagro Sala Francisco parece avalarla. Alguien debería explicarle al Santo Padre en el Vaticano que se equivoca, que no le hace ningún favor al santoral ni a su país porque en Argentina, digan lo que digan, todo el mundo sabe quién es Milagro Sala.

Francisco, quizás, lo que debió enviarle a la reclusa a la cárcel, no fue un rosario sino una penitencia y la absolución, cuando pague por sus pecados que son muchos y muy graves.

Fuente diario ABC de España

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