A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

24mar/151

La mala costumbre de homenajear asesinos en Argentina

Por David Rey.

“Para seguir hablando con vos de este tema necesito autorización de mi supervisor”, fueron las palabras de Jorge Daniel Agusto, director del IPEM 289 –“Dr. Ramón Pico”, colegio secundario de la ciudad de Oliva, en la provincia de Córdoba. Quien subscribe simplemente lo llamó para saber por qué ese establecimiento educativo rendía homenaje, mediante placa, al terrorista del ERP Mario Eugenio Pettigiani.

En efecto, la institución señalada, desde el año 2008 conserva una placa en la pared para “recordar” a “Quico”. Y que dice:“Nuestros sueños florecerán en tu nombre y en la memoria de tu generoso ejemplo”. Una bazofia, pues. Sobre todo si tenemos en cuenta que el mentado Mario Eugenio Pettigiani, mientras que realizaba el Servicio Militar, en el año 1974, también formaba parte de la organización guerrillera Ejército Revolucionario del Pueblo. Sobre todo si pensamos que fue el que permitió el ingreso del ERP, en Agosto de ese año, a la Fábrica Militar de Villa María. Sobre todo si por culpa suya fue posible otra de las tantas masacres terroristas, con el consiguiente secuestro del Coronel Argentino del Valle Larrabure, quien se entregó “para que dejen de matar”. Y sobre todo si sabemos que el simpático “Quico” le disparó a su compañero de guardia (su amigo), Daniel Fernández, dos tiros en la cabeza y uno en el pecho, conminándolo a 28 años de cuadriplejia.

No obstante, el señor Agusto ha sido amable conmigo (fuerza es decirlo). Me atendió el teléfono y me dispensó su tiempo para que yo pueda realizar mi trabajo. Pero todo su palabrerío se reduce a un balbuceo escurridizo. Es francamente imposible entrevistar a una persona que dice, por un lado, que la placa en conmemoración a un homicida está puesta para “olvidar el pasado” y por el otro dice que es para“mantenerlo presente”. Mucho más no se le puede preguntar. Es imposible entrevistar a alguien que venera a un terrorista. Me hubiera gustado preguntarle qué le diría a los familiares de Larrabure, Fernández y otros tantos más… pero, honestamente… ¿qué iba a ganar con ello? Simple: seguir insultando a esas familias que hoy no son recordadas en los colegios ni en ningún otro lugar. Los rufianes que asesinaron a sus familiares, homenajeados cual héroes y cuál víctimas. Yo no quiero participar de un insulto superior a ése, por favor.

“Pero tienen la placa tapada con una tela”, me dijo quien sacó la foto aquí consignada. “Yo tuve que destapar para ver”. También entrevistado por teléfono, el doctor Mariano Ludueña, me dice: ”En Oliva se sabe mucho de ese tema. Pero todo el mundo habla de puertas para adentro”. Nadie se anima. Eso es lo que han conseguido con tanta hipocresía: que la gente tenga miedo de contar la verdad. Y peor: que sientan vergüenza de “tener” la verdad. Pero, a pesar de todo, ésta gente al menos no balbucea cuando encuentra en quién confiar. En contraste con los que hoy no temen y que han aprendido a “tapar” la vergüenza… pero que no pueden hilar una sola frase coherente, y que sencillamente no tienen en qué confiar más que en una ilusión vaga y mentirosa.

Sería facilista de nuestra parte, no obstante, “agarrárnoslas” solamente con el director o la comisión directiva del IPEM 289 por semejante falta de respeto y consideración para con las víctimas del terror. Claramente, si el mismo director no puede responder a una pregunta por falta de “autorización”, queda al descubierto el clima antidemocrático que rige la estructura institucional de nuestro país. Pongámonos en el lugar del director, por ejemplo, y hagamos de cuenta que nos oponemos a la “ucase” de rendir homenaje a un terrorista; no debería resultarnos sorprendente la olímpica patada en el trasero que recibiría por parte de sus “superiores”, como él mismo los ha ponderado en la entrevista. Es, pues, la forma más compasiva que tenemos para comprender la situación.

Lo cierto es que hace tiempo ya que está de moda ponerles nombres de terroristas o pro terroristas a instituciones preferentemente relacionadas con el ámbito educativo. Lo celebran – la película siempre es la misma – como a un “logro” más que se consigue en pos de seguir apedreando a un Goliat imponderable aunque ficticio. Muchos hay que, sin embargo, tienen razones reales para celebrarlo, como es el caso del hermano del aquí referido Pettigiani, quien habría cobrado la jugosa suma de 250 mil dólares, en concepto de indemnización, y que gracias a lo mismo tiene la suerte de vivir holgadamente en Europa.

372 días pasó el Coronel Argentino del Valle Larrabure en una de las “cárceles del pueblo” (dos en realidad; muy poco tiempo en la primera – donde habría recibido un buen trato –, y todo el resto en una celda de un metro y medio por un metro, donde fue salvajemente torturado para finalmente ser asesinado por sus captores). Desde allí rogaba a su familia que no odiara a sus captores y que aprendieran a perdonarlos; desde allí escribía poesías y resolvía problemas matemáticos para matar tanto tiempo muerto; desde allí entonó las estrofas del himno nacional argentino, como un último suspiro de lucha, antes de caer muerto por el maltrato recibido. Señales de haber sido torturado con picana eléctrica consignan los peritajes; los terroristas querían obtener información, querían aprender de la ciencia de Larrabure (fue subdirector de la Fábrica de Pólvora y Explosivos de la Fábrica Militar de Villa María, Córdoba).

Y hoy los padres de los alumnos, calladamente, tienen que soportar que sus hijos asistan a un colegio que homenajea el nombre de la persona que hizo posible todo eso: Mario Eugenio Pettigiani. “En Oliva se saben muchas cosas, pero la gente habla de puertas para adentro”. En Argentina hay dos clases de personas: las que callan, y que esperan el advenimiento insobornable de la Justicia; y los que parlotean fétidamente todos los días de su vida, y por la sencilla razón de pretender “tapar” la vergüenza de ser cómplices de la peor injusticia que tiene lugar en nuestro país. Para unos, la Justicia es la esperanza que protegen “puertas adentro”; para otros, la horrible amenaza de la que – lo saben – no podrán seguir escapando durante mucho tiempo más.

Fuente: DAVIDREY.com.ar

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21mar/153

Populismo insostenible

Por Manuel Tagle (h)

"El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la predica de la envidia. Su virtud inherente: es la distribución igualitaria de la miseria". Winston Churchill.

El discurso reciente de la Presidenta en la apertura de sesiones ordinarias del congreso de la nación nos remonta, por analogía, a aquella reflexión memorable del estadista Británico, otorgándole actualidad a pesar del tiempo transcurrido. 
Fiel a sus convicciones ideológicas, la Presidenta demostró una vez más, falta de autocrítica y de honestidad conceptual.
En primera instancia, resaltó índices de desempeño económico superlativos, basados en estadísticas distorsionadas, que no se condicen con la realidad. En segundo lugar, ocultó y soslayó, las graves dificultades que su política viene generando y que la abruman en el final de su mandato
No dedicó ninguna mención a la inflación, ni a sus graves consecuencias. Tampoco mencionó el importante déficit fiscal, ocasionado por su administración, que representa ya el cinco por ciento del PBI, como tampoco, la preocupación por su financiamiento en un país en default y declarado en desacato durante su gestión.
Eludió referirse, asimismo, al gravísimo déficit energético, que le cuesta al país mas de 12.000 millones de dólares de egresos anuales, cuando al comienzo de "la era K", el país se auto abastecía. Ninguna mención sobre la descontrolada inseguridad y el narcotráfico. 
Tampoco aludió a las severas restricciones a las libertades económicas: representadas por la limitación para comprar divisas, ya sea para importar, viajar o atesorar. Nada dijo sobre las prohibiciones a las exportaciones. Omitió mencionar alguna estrategia para resolver la preocupante pobreza, superficialmente abordada con indignos subsidios. Por último, soslayó plantear soluciones crediticias para resolver la falta generalizada de obras de infraestructura, como también la insuficiencia de viviendas. 
A esta altura de los acontecimientos, la Presidenta, debería haber advertido la conveniencia de rectificar el rumbo de la política económica.
El estrepitoso fracaso económico en Venezuela, cuyas derivaciones afectan ahora también a las libertades civiles, debería despertar un elemental instinto de supervivencia, al poder imaginar cual será el futuro del país, de continuar emulando la política del gobierno Chavista.  
Por contraposición, podría imitar a países cuyos gobiernos son verdaderos ejemplos de evolución ideológica y conceptual, ya que supieron amalgamar sus antecedentes socialistas con el funcionamiento de economías de libre mercado. Privilegiaron el crecimiento económico, el progreso y el bienestar que merecen sus gobernados. 
En esa línea se encuentran Chile, Uruguay, Perú y últimamente Bolivia. Por idéntica razón, la poderosa economía de Brasil, también venía desenvolviéndose con eficiencia, tanto económica como socialmente, hasta que las inclinaciones demagógicas de su Presidenta Dilma Rousseff, generaron cierto desorden en las cuentas públicas e inflación, quitándole el ímpetu que llevaba, como también, la aprobación de la sociedad. Sin embargo, después de las elecciones, ha dado un giro auspicioso con el nombramiento en la cartera de economía, de un ortodoxo liberal, para recuperar la confianza y la senda del progreso. Iniciativa que comenzará a dar sus resultados, cuando se logren superar los cuestionamientos de corrupción en su gobierno, que hoy complican y opacan la gestión.
Muy distinto es el caso de Argentina, que en un acto de rebeldía intelectual, abrazó sostenidamente el populismo, que es la versión actualizada de aquel fracasado socialismo del siglo 21. Dicha corriente de pensamiento, se caracteriza en ilusionar a la sociedad en la inmediatez, generando grandes frustraciones en el mediano y largo plazo. 
Su mecánica consiste en distribuir "riqueza", a un ritmo más acelerado al que se la genera, mediante un gasto público desmedido con relación a los recursos. A medida que se consolida este circulo vicioso, se necesitan férreos controles, mediante recurrentes intervenciones del estado en el proceso económico, para sujetar los desequilibrios inflacionarios que comienzan a aparecer. En este contexto, los impulsos creativos del sector privado, como las inversiones, se repliegan, afectando el crecimiento y el desarrollo de la economía, realimentando ese proceso negativo. 
Sin embargo, toda política populista concluye cuando se terminan los recursos. El tiempo de supervivencia depende de la cuantía de los mismos y también, de la osadía e irresponsabilidad de los gobernantes para conseguirlos. 
Este gobierno, ha desarrollado habilidades superlativas en ese sentido. Recordemos en primer término, las desmedidas retenciones al sector agropecuario, la estatización de los fondos de las exAFJP y la libre emisión de moneda, lograda mediante la peligrosa modificación de la carta orgánica del Banco Central. Como así también, el discutible acuerdo con China, que según trascendidos, significa la entrega de recursos naturales y de negocios muy trascendentes, con idéntico objetivo, el de obtener recursos para financiar gastos desmedidos e intentar sostener por un tiempo más el modelo económico. 
Todo esto es una demostración elocuente, de la involución que viene sufriendo nuestro país en el terreno de las ideas. Pareciera que para los Argentinos, el tiempo se hubiera detenido. Aún no se ha comprendido, que las razones del asombroso progreso y desarrollo que exhiben los países ordenados y exitosos, responden a un común denominador, conformado por el celoso respeto a la Constitución, las instituciones de la República y la economía de libre mercado.
Fuente: La Voz del Interior
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14mar/151

UNA TARDE EN EL PAÍS DE LOS AYATOLLAHS…

Una carta: "No quiero luto por mí", por Pilar Rahola.

He tomado un respiro, he secado las lágrimas que no he podido evitar y, algo más serena, empiezo a escribir el artículo.
Acabo de leer la carta que la joven iraní Reihane Yabari escribió a su madre antes de ser colgada en la prisión de Rajaishahr. Tenía 26 años cuando fue ejecutada, después de pasar siete años en la cárcel acusada de matar al hombre que intentó violarla cuando tenía diecinueve. Era diseñadora de interiores, hija de la conocida actriz Shole Pakravan, cuyo desgarrador grito, "¡Han ahorcado a mi hija!", ha dado la vuelta al mundo.
En la carta, Reihane escribe: "Te digo desde lo más profundo de mi corazón que no quiero tener una tumba para que vayas a llorarme y sufrir. No quiero que vistas de luto por mí. Esfuérzate en olvidar mis días difíciles. Deja que el viento me lleve...". Y le pide a su madre que done sus órganos: "No quiero pudrirme bajo tierra. No quiero que mis ojos, ni mi joven corazón, se vuelvan polvo. Te ruego que tan pronto como sea ahorcada mi corazón, riñones, ojos, huesos y todo aquello que pueda ser trasplantado sea tomado de mi cuerpo y entregado como regalo a quien lo necesite. No quiero que el destinatario sepa mi nombre, ni que me compre un ramo de flores, ni que rece por mí...". Y después añade: "El mundo me permitió vivir durante 19 años. Aquella noche ominosa era yo la que debería haber sido asesinada. Mi cuerpo habría sido arrojado en algún rincón de la ciudad y, días después, la policía te habría llevado hasta la oficina del médico forense para identificar mi cadáver y comunicarte que había sido violada. Nunca habrían encontrado al asesino porque carecemos de su riqueza y poder. Luego habrías continuado tu vida sufriendo, avergonzada. Y, unos años más tarde, habrías muerto de dolor. Sin embargo, con aquel maldito golpe la historia cambió. Mi cuerpo no fue arrojado en cualquier lugar, sino en la tumba de la prisión de Evin y sus solitarias salas. Pero cede al destino y no te quejes. Sabes bien que la muerte no es el final de la vida".
Y después de denunciar el acoso de las autoridades para poder dar una imagen de asesina despiadada y así justificar su ejecución, a pesar de los intentos internacionales por salvarle la vida, Reihane concluye:
"Quiero abrazarte hasta que muera. Te quiero". La tarde del día 25 de octubre de 2014 era colgada hasta morir. Como dijo su padre, nunca tuvo ninguna opción: "Si se hubiera dejado violar, la habrían lapidado. Se resistió, la han ahorcado". Con ella, Irán alcanza la cifra de 250 personas ejecutadas, especialmente mujeres, cuya inocencia nunca vale nada y cuya pena siempre es mayor, especialmente en delitos sexuales. Es la ley del machismo atroz, que impregna el cuerpo legal de una teocracia que usa a Dios para despreciar, violentar y asesinar a sus mujeres. Bellas y brillantes mujeres iraníes, convertidas en viento por la horca de una dictadura sin piedad.
¿Hasta cuando?

Fuente: La Vanguardia. Barcelona.

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12mar/152

“Nisman no se suicidó, lo mataron”

Por Rogelio Alaniz.

Nunca una denuncia fue tan oportuna y precisa. El gobierno empezaba a festejar su victoria política, cuando la jueza Sandra Arroyo Salgado le arruinó la fiesta. No sé si lo hizo por amor o por espanto, pero lo hizo. Seis palabras alcanzaron para derribar el castillo de injurias e infamias construido por el kirchnerismo contra el fiscal que se atrevió a probar que el atentado contra la Amia fue perpetrado por la teocracia terrorista de Irán.

“Nisman no se suicidó, lo mataron”. Lo dijo su ex esposa, la madre de sus hijas, pero también lo dijo una jueza que con sus actos intentó defender el honor del padre de sus hijas y, de alguna manera, el honor de todos los argentinos. Al momento de decidirse a hablar, la impunidad del crimen ya estaba prácticamente garantizada. No sé si Rafecas fue o no cómplice, pero su fallo fue interpretado por el gobierno como un rechazo a la presentación de Nisman y un aval a la teoría del suicidio. Dicho con otras palabras: después de Rafecas, ya no era necesario investigar las tenebrosidades del Memorando y la muerte de Nisman.

Como para que no quedaran dudas al respecto, en la semana lanzó una ofensiva contra la memoria del muerto, ofensiva de una ruindad pocas veces vista en la política argentina y que, más que poner en evidencia los supuestos defectos del fiscal, dejó a la vista la calaña moral de sus enemigos. Según esta miserable letanía, Nisman no sólo era maricón y tonto, sino además borracho, mujeriego y algo chiflado. Repito: no estoy en condiciones de opinar sobre el fallo de Rafecas, pero sin ese fallo la Señora no se hubiera animado a ladrar como lo hizo en la jornada del domingo, ante una multitud que en buena parte llegó arreada con los cebos de los contratos clientelares, los planes sociales, el choripán, el transporte gratuito y, en los más desamparados, la ilusión de conocer sin costo alguno la ciudad de Buenos Aires. A esa mascarada, a esa desvergonzada manipulación de la pobre gente, el populismo la llama fiesta popular.

Sandra Arroyo Salgado se les cruzó en el camino y se terminó la jarana. ¿Quién mató a Nisman? Es la pregunta que se niegan a responder. Si su presentación judicial era tan endeble, si sus argumentos eran tan frágiles, si en definitiva Nisman era un pobre tipo, ¿por qué lo mataron?

El acierto de Arroyo Salgado, la decisión gracias a la cual la impunidad no sentó sus reales, fue haber dicho las cosas por su nombre y haberlas dicho con el respaldo de su autoridad como madre y profesional, pero también mediante el respeto de los preceptos legales y las exigencias científicas. En definitiva, las palabras de Arroyo Salgado fueron trascendentes porque en una realidad viciada por la desvergüenza y la infamia, esas palabras instalaban los fueros de la sobriedad y la decencia en la busca de la verdad.

Ignoro cómo seguirán los acontecimientos de aquí en adelante. El gobierno, entre tanto, se comporta como culpable y cada vez parece identificarse más con ese rol. Sólo así se explica la saga de obscenidades e injurias lanzadas contra la memoria del hombre muerto. No sé quiénes mataron a Nisman, pero presumo que no fueron sus amigos los que hicieron esa faena, como pretende hacernos creer la Señora. Por el contrario, como supone con estricto sentido común la gente sensata, fueron sus enemigos. ¿Y quiénes son esos enemigos? La teocracia terrorista de Irán denunciada como autora intelectual y material del atentado contra la Amia. ¿Es así? Claro que es así. Y al respecto importa ser claros de una buena vez: sobre la Amia no hay nada más que investigar, porque la investigación está hecha y los nombres de los culpables son conocidos. Lo que hay que hacer es meterlos presos y nada más, rehuyendo las maniobras confusionistas de quienes  invocan la supuesta pista siria o la conexión local.

También en esto hay que ser claros: en 1994, las pistas siria e iraní eran la misma cosa. Y respecto de la conexión local, está claro que fue el Estado nacional y no el comisario Ribelli o algún fascista despistado. La conexión local, para ser más preciso, fue necesaria para garantizar la impunidad del crimen. Así funcionó con Menem y así funcionó luego con los Kirchner. En ambos casos, Menem y Kirchner, se preocuparon al principio en dar con los culpables y dieron instrucciones en esa dirección, pero también en ambos casos, hubo un momento en que les susurraron al oído que, por diferentes motivos, no convenía seguir investigando a Irán. Guido Di Tella y Cavallo hicieron ese trabajo con Menem; y De Vido y Timerman cumplieron la misma labor con la Señora.

Con Menem, el negocio salió redondo. Telleldín aceptó la coima, Galeano se prestó a jugar el juego sucio y los terroristas iraníes desaparecieron de la lista de sospechosos. Cuando llegó Kirchner al poder, se propuso poner las cosas en su lugar. Se cayó la fantochada montada por Galeano y Anzorreguy, y Nisman quedó al frente de la investigación, con luz verde para ir a fondo.

Todo funcionó de maravillas hasta el momento en que el gobierno nacional decidió cambiar de estrategia. ¿Los convenció Chávez, los asustaron los sicarios de Hezbolá, decidieron que el lugar de la Argentina estaba al lado de Putin y los ayatolás? Todo es posible, pero lo cierto es que había llegado la hora de hacerse amigo de Irán. Y el gobierno dispone de recursos para hacerlo. Como dicen los leguleyos oficiales, nadie le puede impedir a un gobierno legítimo redefinir su política exterior. Si en el camino se encubre un crimen de lesa humanidad, mala suerte. El consenso acerca de que esos delitos nunca se pueden probar es muy alto, y distinguir entre encubrimiento y tentativa de encubrimiento es una sutileza que al poder le resbala.

El problema es que Nisman decidió no acatar las nuevas instrucciones. Después de más de diez años de trabajo, después de dedicar a la investigación de la Amia las mejores horas de su vida, el hombre no estaba dispuesto a tirar todo por la borda, simplemente porque a los espadachines de la causa nacional y popular se les había ocurrido arreglar con Irán.

Conclusión: Nisman molestaba, y mucho. Había que matarlo, y eso fue lo que se hizo. El operativo se preparó minuciosamente. No fue el producto de una inspiración momentánea, sino la consecuencia de un plan deliberado que aseguró una zona libre en Puerto Madero y la consumación de un crimen que -como ya se hizo en otras ocasiones- debía presentarse como suicidio.

¿Los iraníes actuaron solos? No lo sé. ¿Contaron con algún apoyo interno? Seguramente, porque estos operativos no se hacen sin complicidad local. Pero lo seguro es que a Nisman lo mataron por lo que sabía y por lo que había hecho. El hombre no fue un santo, y para lo que había que hacer tampoco necesitaba serlo. Fue simplemente un hombre que en un mundo imperfecto se propuso hacer su trabajo de la mejor manera.

¿Intentó volar demasiado alto? Es probable. Tal vez como Ícaro -el personaje de la mitología que se propuso acercase al sol y terminó con sus alas derretidas por el calor-, Nisman se acercó demasiado a esa zona del poder donde no hay nombres ni rostros, pero sí resultados y consecuencias. ¿Debería haberse quedado callado y obedecido las órdenes de los que le decían que se olvidara de todo lo que había investigado? Si lo hubiera hecho seguramente estaría vivo; indigno, pero vivo. Optó por ser leal con su conciencia. Supuso que sus enemigos no se iban a animar a matarlo o que el gobierno nacional lo protegería. Se equivocó en toda la línea y pagó con su vida el error de cálculo.

Ahora, el desafío para todos es decidir si el crimen queda o no impune. La denuncia de Arroyo Salgado fue crucial a la hora de impedir que todo se archive. Corresponde a continuación saber los nombres y apellidos de los autores del magnicidio institucional.

En situaciones normales, el gobierno nacional debería colaborar en la investigación, pero ya sabemos que, por un motivo u otro, en este tema el gobierno ha decidido colocarse en la vereda de enfrente. No sé si la verdad alguna vez saldrá a la luz, pero si así no ocurriera, a la hora del balance histórico, el fantasma de Nisman, su sangre derramada, acompañará a la gestión K como una pesadilla, como una muda pero elocuente imputación.

Fuente: Club Político Argentino

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10mar/153

Carta abierta a Horacio Verbitsky

Estimado Horacio Verbitsky
La lectura del artículo de su autoría, publicado el domingo 22 de febrero ppdo. me motiva a acercarle las siguientes reflexiones e interrogantes que me gustaría que pudiera aclarármelos, porque algunas de sus afirmaciones resultan un poco confusas. 
Usted considera que la marcha del 18 de febrero en homenaje al ex fiscal Alberto Nisman significa el nacimiento de una “nueva derecha con derecha electoral” que vendría a constituir un “saludable estabilizador”, ya que posibilita que la “oligarquía liberal” que nunca tuvo capacidad electoral recurría constantemente al “Partido Militar” para desplazar a los gobiernos democráticos. Según su análisis, este “Partido Militar”, brazo armado de la oligarquía minoritaria, será reemplazado de ahora en adelante por esta “nueva derecha electoral” que ahora enfrenta al gobierno kirchnerista en la calle y pretende hacerlo en las urnas.
Es evidente que, para usted, el gobierno al que pondera es de izquierda, combatido por la derecha. En este punto, permítame preguntarle: ¿quiénes son los representantes de la izquierda en el actual gobierno? ¿La presidente-hotelera? ¿El multiprocesado Amado Boudou, hijo político de Álvaro Alsogaray, “comandante” combatiente de los médanos de Puerto Madero? ¿Los hijos de la UCEDÉ como Diego Bossio, Ricardo Echegaray? ¿Los combatientes de las estepas santacruceñas como Ricardo Jaime y Julio de Vido? ¿Los gobernadores feudales como Gildo Insfrán, José Luis Gioja, Luis Beder Herrera? ¿El socio senatorial Carlos Saúl Menem? ¿Los emblemáticos pequeños productores como Lázaro Báez y Cristóbal López? ¿Los mini-emprendedores agropecuarios como Juan Manzur y Eduardo de Pedro? ¿Los ex funcionarios del Proceso Militar de 1976 como Felisa Micelli, Alicia Margarita Kirchner, Ginés González García? ¿El proletario empresario de medios Rudy Ulloa? Sería bueno que usted pudiera presentar a un cabal exponente de la izquierda en el gobierno.
Es evidente también que usted no se identifica para nada con esa “nueva derecha electoral”, lo que lleva a suponer que usted se definiría como un hombre “de izquierda”. Permítame preguntarle entonces: ¿usted es el mismo Horacio Verbitsky que colaboró como columnista en 1967 en la revista La Hipotenusa, dependiente de la Secretaría General de Presidencia de la Nación (a cargo del general Juan Carlos Onganía) y como colaborador de la Secretaría de Prensa de la mencionada Secretaría? ¿Cómo se compagina su identidad “izquierdista” con la colaboración con un gobierno del “Partido Militar”? ¿No es un poco contradictorio?
Más aún, ¿usted es el mismo Horacio Verbitsky que, según el Comodoro (R) Juan José Guiraldes hizo posible la publicación, en 1979, de un libro editado por la Fuerza Área, por cuanto reconoce que el mismo “no hubiera podido llegar a las prensas de no haber recibido el permanente aliento y la eficaz colaboración de Horacio Verbitsky”?[1]. Usted toma distancia del “Partido Militar”, al que identifica como brazo armado de la oligarquía liberal, ¿y colaboró con el mismo? ¿No es un poco contradictorio su izquierdismo? Además, ¿usted es el mismo Horacio Verbitsky que cobró durante 6 meses (de setiembre 1978 a marzo 1979 una retribución mensual de 700.000 por la redacción de esa obra, por parte del Instituto Argentino de Historia Aeronáutica “Jorge Newbery”, institución subsidiada por el Comando en Jefe de la Fuerza Aérea? Ahora bien, ¿en esos años usted no había militado en la organización Montoneros? ¿Cómo es que colaboró en forma rentada con el “Partido Militar? ¿No es también contradictorio? ¿O en realidad usted estaba haciendo un fino trabajo de penetración izquierdista en la Fuerza Aérea?
Actualmente, usted sigue definiéndose como un hombre “de izquierda”. Según tengo entendido, desde el año 2000 usted preside el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). No puedo dejar de preguntarle entonces: ¿cómo compagina su militancia de “izquierda” con la presidencia de una institución que es subsidiada anualmente por fundaciones ligadas estrechamente al poder financiero internacional angloamericano? El año pasado una de estas instituciones, la Fundación Ford, lo subsidió con 2.600.000 dólares para promover unos proyectos[2]. Bien sabe usted la mencionada fundación es un ariete del Departamento de Estado norteamericano, como lo ha denunciado el sociólogo James Petras, y que desde hace décadas fue presidida por personajes todos vinculados a la familia Rockefeller (McGeorge Bundy, Richard Bissel Jr., Susan V. Berresford, Darren Walker[3], etc.)[4]. Si usted es de “izquierda”, ¿cómo se explica que el Departamento de Estado y la familia Rockefeller, en vínculo estrecho con la CIA, subsidien sus actividades democráticas y revolucionarias a través de la Fundación Ford
Pero también subsidia a su Centro el National Endowment of Democracy (NED), organismo fundado en 1983 por el entonces presidente Ronald Reagan para “fortalecer las instituciones democráticas a lo largo del mundo a través de esfuerzos no-gubernamentales”[5]. Permítame preguntarle: ¿usted como hombre de izquierda y con su pasado militante revolucionario en Montoneros coincide con los ideales “democráticos” de Ronald Reagan y del Departamento de Estado, y recibe subsidios por ello?
También el CELS que usted preside recibe subsidios de la Fundación Tinker. Esta organización no-gubernamental tiene como su misión fundamental “promover el desarrollo de una sociedad igualitaria, sostenible y productiva en América Latina mejorar la comprensión en los Estados Unidos de América Latina y cómo las políticas estadounidenses pueden impactar en la región[6]. Entre sus directores se encuentran Renate Rennie, Alan Stoga,  Susan Segal, todos ellos miembros del Council on Foreign Relations, el famoso think tank controlado desde la década de 1940 por David Rockefeller y la oligarquía financiera estadounidense[7]. Según informa este organismo, en el 2011 le entregaron al CELS un subsidio por 150.000 dólares para “promover la implementación de políticas generales de seguridad pública en Argentina basadas en principios democráticos”[8]. Si usted es un hombre de “izquierda” crítico del capitalismo, ¿por qué promueve políticas de seguridad pública según la ideología de representantes del más rancio capitalismo yanqui? ¿También los ha engañado a ellos, y les saca subsidios para promover políticas de izquierda? 
Llamativamente, también subsidian al CELS el Foreign Office inglés y la Embajada Británica en Buenos Aires. Permítame preguntarle: ¿cómo se explica que el enemigo histórico de nuestra Argentina e invasor de nuestro territorio patrio, tal como lo ha descrito magistralmente Raúl Scalabrini Ortiz, lo subsidien a usted, supuestamente “enemigo mortal” del capitalismo? Si es verdad que usted milita en una postura de izquierda enemiga del capitalismo representado históricamente por el Imperio Británico y sus finanzas, ¿cómo es que esta oligarquía plutocrática anglosajona y americana subsidia sus actividades de “izquierda”? ¿Cómo hizo para engañarlos y que hasta ahora no se hayan dado cuenta? No hay que olvidar que quienes forman parte de estas instituciones británicas juran fidelidad absoluta a la Corona británica. Es asombroso que los servidores de la Corona británica subsidien su militancia “izquierdista” anticapitalista en el CELS y no se den cuenta de ello. ¿O lo saben?
Estimado Horacio, creo que como cultor de la memoria, verdad y justicia hoy tan promocionadas, usted no tendrá problemas en aclarar o explicar estos interrogantes que nos planteamos, para poder entender su crítica a la “nueva derecha electoral” desde la perspectiva de “izquierda” que usted promociona desde hace décadas. Para quienes leemos sus notas y comentarios políticos será muy importante entender también cómo es que se puede recibir subsidios y apoyos de los dueños del capitalismo mundial para promover políticas de izquierda anticapitalista.
Lo saludo atte. 
José Arturo Quarracino
Roque Esteves Correa 150
B1834FUD Temperley (Pcia. Bs. As.)
ARGENTINA
Cel: (0054 11) (15) 6182-3623

[1] Comodoro (R) Juan José Guiraldes, El poder aéreo de los argentinos, Círculo de la Fuerza Aérea-Dirección de Publicaciones, Buenos Aires 1979, p. 9.
[5] Explicitado en en http://www.ned.org/about/about.html
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6mar/152

Polarizar con la muerte

Por Ricardo Lafferriere.

Ya vivimos esto en la Argentina. Fue durante los años de plomo, que no se limitaron –bueno es recordarlo- a los tiempos de la dictadura. Empezaron antes. Lo afirmó en su ejemplar fallo la Cámara Federal que condenó a las Juntas Militares cuando, en su momento, dictó las sentencias que hicieron recuperar a la Argentina su dignidad ante el mundo. Ese “antes” significó, justamente, polarizar con la muerte y banalizar la violencia.

Comenzar con asesinatos políticos, siguiendo con asesinatos a militares, terminando con asesinatos a civiles. A partir de allí, generaron en la sociedad una desesperación ante la violencia que abrió el espacio para la llegada de los ríos de sangre, desatados por la dictadura pero iniciados, no lo olvidemos, por los sangrientos asesinatos de los grupos armados.

Mor Roig, Rucci, Larrabure, Viola y tantos otros fueron atentados a la convivencia democrática, sin que matice en nada su contenido criminal la opinión diversa sostenida por las víctimas. Así se comenzó una vida de terror que nos hizo marchar al borde del abismo –y en muchos casos, cayendo en el propio abismo- a todos los argentinos.

Los violentos rompieron con sus crímenes la trabajosa construcción de una democracia que, a tropezones, llevaba décadas. Su banalización del mal llegó a un nivel intolerable.

Pero comenzaron con la indiferencia ante la muerte, convertida en una herramienta más de la política, legalizada por razonamientos enfermizos y calenturientos que la defendían y justificaban si servía para hacer avanzar su proyecto. Y que nos llevó hasta donde nos llevó.

Es peligroso, muy peligroso, el rumbo que está tomando el relato oficial. No lo es sólo porque la muerte vuelve a ser un tolerado argumento de debate, llevándonos nuevamente al borde de la posibilidad de la convivencia, sino porque el límite entre el “decir” y el “hacer” se acerca a un límite borroso. La muerte de Nisman es, en este sentido, un magnicidio –como lo describió su ex esposa- que debería actuar de bisagra.

Puede ser una bisagra hacia la recuperación de la cordura. Pero también puede ser lo contrario: una bisagra hacia la pérdida del sentido básico de respeto a la condición humana. Las pintadas en tapiales burlándose del fallecido, las voces oficiales desprestigiando al Fiscal asesinado, las asqueantes declaraciones de un Senador de la Nación, las contradictorias descalificaciones de un ex Senador y hoy Ministro del Gabinete, el ataque reiterado de la Jefa del Estado en desmatizados pronunciamientos –en redes sociales, en discursos por la cadena nacional y aún en su informe ante el Congreso-, los insistentes descréditos de una investigación que lleva acumuladas miles de fojas y decenas de cuerpos realizada con rigor y entrega como objetivo de vida por el funcionario desaparecido, son muy peligrosos pasos hacia la inmersión en el estado de sospecha generalizada previo al desatar de la violencia.

Algunos, ya lo hemos vivido. Desgraciadamente, otros –que también lo vivieron pero pudieron sortear con maligna habilidad la persecución penal de sus crímenes mediante la distorsionada reinterpretación de hechos históricos- insisten en la vieja prédica de la violencia como método y la muerte como herramienta de la lucha política. Como lo hicimos en las décadas de 1960 y 1970 advertimos también hoy: a contrario de la afirmación del viejo axioma, en el campo de la política del dicho al hecho, hay poco trecho.

Seguir envenenando la mente y el razonamiento de sus seguidores por el solo afán de justificar y esconder tras falsarias consignas justicieras un patrón patrimonialista de grosera factura puede ser tentador para aturdir sin razonar, pero no es propio de nadie que crea en la democracia como sistema político. Mucho menos lo es banalizar la muerte. Y muchísimo menos, utilizarla para polarizar instalando el miedo.

Quien no crea en la democracia ni acepte sus reglas –que no son sólo ganar un comicio, sino respetar escrupulosamente a los que no son gobierno, sea porque adhieren a otra forma de pensar o simplemente porque no participan de la vida política- , no tiene cabida ni respeto en la vida democrática. No pueden invocar la democracia. No generan respeto al poder que detentan, que debe legitimarse en su ejercicio.

La política, lamentable o afortunadamente, presenta a los ciudadanos opciones que deben elegir. Lo civilizado es que lo hagan votando. Cuando perdimos esa civilización, los ciudadanos argentinos logramos recuperarla con las gigantescas movilizaciones de 1982 y 1983. Ante la opción de “la vida o la muerte” estuvimos todos juntos recuperando la vida, sinónimo de la democracia. Repudiamos a la violencia insurreccional y a su respuesta desmedida, la tenebrosa violencia estatal. Y recuperada la democracia, decidimos votando quien gobernaría.

La elección dejó de ser “la vida o la muerte” porque triunfó la vida con su expresión política, la democracia republicana, marco en el que decidimos empezar a vivir. La que no es sólo votar sino también y con la misma importancia, división de poderes, independencia de la justicia, garantía a los derechos humanos, libertad de prensa, debido proceso, neutralidad jurídica del Estado, igualdad ante la ley, subordinación de los funcionarios a la ley, la ética y la verdad.

Las polarizaciones que admite la democracia son las basadas en decisiones públicas en el marco de la Constitución. Jamás “la vida o la muerte”. Eso sería volver al horror y a los ríos de sangre.

Por eso es tan peligroso el deslizamiento del relato oficial hacia la justificación jocosa de la muerte de Nisman. Tal vez más que de la señora –que ya se va y no interesa tanto- de sectores del peronismo, que sufrió la muerte en experiencia propia. Porque es dentro del marco de la democracia y la justicia que pueden invocarse los argumentos y pruebas que acusadores y defensores que puedan tener, unos y otros. Nunca en el campo de la política, porque en el momento en que nos metamos en esa polarización, estaremos al borde de perder la propia democracia.

Sabemos por experiencia lo que cuesta después salir de esa diabólica dinámica.

Fuente: Notiar

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21feb/150

A no dormirse, ellos todavía quieren ir por todo

Por Roberto Cachanosky.

La semana pasada debatíamos con Pablo Torres Barthe sobre la posibilidad de un autogolpe. Con sólidos argumentos, Pablo explicaba cómo sería operativamente ese autogolpe. No es que necesariamente vaya a ocurrir, pero, considerando los antecedentes de los K, no es descartable la posibilidad.

La cuestión viene a cuento porque todos sabemos que el proyecto que tenía el matrimonio era ir alternándose en las candidaturas a presidente de manera de, en principio, quedarse 20 años en el poder. Por supuesto que la muerte de Néstor Kirchner cerró esta posibilidad y la derrota electoral de CF en 2013 le impidió obtener los 2/3 para poder reformar la Constitución Nacional y así ir por la re reelección indefinida.

¿Por qué buscar ser reelectos indefinidamente? Porque todos los sistemas autoritarios buscan eso. Perón reformó la Constitución para ser reelegido. Hitler quería 1.000 del Tercer Reich, Fidel Castro está en el poder hace 56 años, el chavismo está en el poder hace 16 años y se mantienen a sangre y fuego y los ejemplos de todos los tiempos muestran lo mismo.

 Los gobiernos autoritarios quieren el poder para siempre, como dijo la autoproclamada estalinista Diana Conti: “Querían a Cris for ever”.

Es que los sistemas autoritarios solo pueden sostenerse en el poder violando los derechos individuales. Pero como al mismo tiempo no hay controles republicanos de los actos de gobierno, suelen desatarse importantes casos de corrupción que, si dejan el poder, también serán investigados. Es decir, el gobernante autoritario, por más que llegue por el voto, recordemos que el voto no asegura tener una democracia republicana, luego la destruye en nombre de la justicia social. Inventa enemigos que conspiran continuamente contra el bienestar de la población. Denuncian conspiraciones para derrocarlos a ellos con el único objeto de hacerle creer a la gente que ellos, los autoritarios, son los que van a defender a la gente de los malvados y siniestros grupos concentrados del interior del país apoyados por extrañas cofradías del exterior que quieren hacer que la gente viva en la miseria.

Y cuando el sistema populista colapsa económicamente, denuncian más conspiraciones como la hace este payaso de Maduro que acaba de meter preso a empresarios por “sabotear” la economía. Puesto de otra forma, el autoritario tiende a ponerse cada vez más violento y autoritario en la medida que su modelo económico le hace agua.

El comportamiento de Capitanich rompiendo un diario en una conferencia de prensa porque decía algo que él desmentía y finalmente fue cierto refleja el grado de descontrol que hay en el temperamento del Gobierno.

La gran duda que tenemos todos es si el Gobierno intentará hacer alguna pirueta institucional para tratar de quedarse en el poder o, en su defecto, condicionar a los que vienen.

En rigor sobre esto último ya están intentándolo pero puede ser revertido por el próximo gobierno. La pregunta que todos nos formulamos es si van a entregar tan fácilmente el poder considerando los casos de corrupción pendientes, lavado de dinero y las sospechas que hay sobre la muerte de Nisman.

Es cierto, como dice Pablo Torres Barthe, que podrían autogenerar un conflicto social en la calle para darle pie a CF a declarar el estado de sitio, encarcelar a los opositores (políticos, periodistas, economistas, etc.) e ir a las elecciones condicionando fuertemente a la oposición y a población bajo un régimen de terror.

No obstante, mi gran duda es si existe margen dentro de la sociedad para tolerar ese tipo de agresiones y estrategias. Puesto de otra manera, en su momento de esplendor, cuando Néstor Kirchner y CF tenían altas imágenes positivas, una estrategia de ese tipo era posible. Hoy solo sería posible derramando mucha sangre en la calle. Tendrían que recurrir a los violentos para que rompan cabezas en las manifestaciones que juntan multitudes pacíficas y que la policía deje la zona liberada.

¿Son capaces de hacerlo? Son capaces, pero en ese caso sería tan abierta la instauración de una dictadura que no podría disimularla ante el mundo. Obviamente quedaríamos aislados como lo estamos ahora y  con la gente sumergida en la pobreza. El sistema debería ser cada vez más brutal y autoritario.

En rigor, tanto los montoneros como el ERP era lo que querían imponer en los 70 mediante el terrorismo y las armas. Querían a sangre y fuego imponer un gobierno de terror. Derrotados en el campo militar, advirtieron que era mejor disfrazarse de demócratas para infiltrar la democracia y desde el poder destruirla e instaurar una dictadura como la que pretendían establecer en los 70 pero a sangre y fuego. Lo paradójico es que la situación de todos esos resentidos que hoy ocupan cargos en el poder es tan endeble políticamente que solo recurriendo nuevamente a la violencia podrían retener los resortes del poder.

Cerca del 70% de la gente los rechaza y la realidad es que solo con el apoyo inicial de la gente un autócrata puede lograr la suma del poder público. Luego utiliza el aparato estatal para doblegar al que piensa diferente o quiere ser libre.

La oposición no puede permanecer ajena a este dilema que tiene el kirchnerismo que consiste en dejar el poder y afrontar un tsunami de juicios o tratar de establecer una autocracia rompiendo cabezas opositoras. Debe salir a denunciar que quienes hoy gobiernan están entre la espada y la pared y pueden cometer actos de locura. La gente tiene que estar advertida del riesgo que corre su libertad.

Insisto, el kirchnerismo está en el gran dilema que tantos años de impunidad, corrupción y abuso del poder los deja en una delicada situación frente a la justicia. Y no me vengan con que en Argentina nadie va preso argumentando que Menem zafó.

La realidad es que Menem no había generado la división social, el grado de violencia verbal y física que generó el kirchnerismo y mucho menos el resentimiento que esta gente produjo. El destrato a funcionarios de carrera y a sus mismos seguidores han generado rencores muy grandes que no son comparables con la salida de Menem del poder.

Mi punto es, no hay que relajarse pensando que en octubre pierden las elecciones y se van pacíficamente. Por el contrario, este 2015 va a ser una batalla  a todo o nada que planteará el mismo oficialismo, por la sencilla razón que volver al llano puede significarle una catarata de juicios y condenas comparables a los juicios de Nuremberg.

A no dormirse, ellos todavía quieren ir por todo y es obligación de los dirigentes políticos y la gente plantarse ante la dictadura que, al igual que en los 70, pretende instalar a sangre y fuego.

Fuente: Tribuna de periodistas

15feb/151

El filósofo, el tritura diarios y la dama

Por Carlos Salvador La Rosa.

Existe un debate legítimo en todo el mundo acerca del creciente protagonismo de los medios de comunicación en una sociedad dependiente del conocimiento provisto a través de la tecnología informática.

Dichos medios aparecen como los principales concentradores del saber y la información, lo que les da un inmenso y creciente poder. Lo que ocurre es que sobre ese dato cierto de que estamos viviendo en una sociedad mediática, se pueden sacar distintas conclusiones de acuerdo al lugar donde está ubicado cada uno o según las diferentes ideologías.
Donde la postura crítica frente a la prensa se ha llevado más al extremo es en varios países de América Latina considerados, sin mayor reflexión, como progresistas simplemente porque reivindican ciertas ideologías izquierdistas sobre los medios de comunicación que se desarrollaron principalmente en Europa.

Lo paradójico del caso es que en nuestros países esa crítica a los medios es asumida no por opositores al poder sino por gobiernos de clara vertiente autoritaria, en continua guerra contra la Justicia y la prensa de sus países (como las viejas dictaduras bananeras), que quieren cubrir con una pátina de teoría progre sus reales prácticas de censura, represión e incluso supresión de la prensa crítica e independiente.

Un filósofo nac y pop contra el mundo. El teórico por excelencia, el más osado acerca de estas nuevas teorías de izquierda puestas al servicio de prácticas de derecha es precisamente un argentino, José Pablo Feinmann, quien incluso ha escrito un mamotreto interminable llamado “Filosofía política del poder mediático” donde lleva hasta el delirio su convicción acerca de que los medios dominan el mundo y sólo los gobiernos que los enfrenten hasta las últimas instancias podrán recuperar la libertad de los pueblos.
Basta leer las principales declaraciones de Feinmann sobre esta cuestión para analizar desde dónde habla:

* “El sujeto mediático es el nuevo sujeto absoluto. Esta tesis es de una enorme riqueza. Creo que soy el primero que la postula pero, si no es así, me importa poco”.

* “El sujeto hegeliano hoy se ha encarnado en el inconmensurable propietario de medios de ultraderecha Rupert Murdoch. La News Corporation, el Times, el New York Times, la Fox y otras corporaciones. Ojo: no sería raro que el grupo Clarín fuera un desprendimiento menor del poder de Murdoch y la News Corporation”.

* “En la Argentina se lucha contra el capital, que hoy tiene su expresión fundante en la concentración de medios”.

* “La filosofía occidental de los últimos 45 años se ha equivocado gravemente... El fracaso es terrible y hasta patético... En tanto proponen la muerte del sujeto, el Imperio monta brillantemente al más poderoso sujeto de la filosofía y de la historia humana: el sujeto comunicacional. Y ésta -hace años que sostengo esta tesis que en Europa causa inesperado asombro cuando la desarrollo- es la revolución de nuestro tiempo”.

* “Asombrosamente ningún filósofo importante ha advertido esta revolución. Foucault se pasó la vida analizando el poder. Pero no el comunicacional... Nadie vio -además, y se me antoja imperdonable- al nuevo y monstruoso sujeto que se había consolidado. Superior al sujeto absoluto de Hegel”.
Las citas textuales de este extraño, surrealista y egocentrado pensamiento (de alguna manera hay que llamar a quien se ve superador de Foucault) nos quiere significar lo siguiente, traducido al criollo básico: Hace 45 años que todas las filosofías y filósofos de todo el mundo se vienen equivocando feo porque no se dieron cuenta de que Clarín y algunos otros medios internacionales han sustituido el espíritu absoluto de Hegel y el Capital de Marx en su busca de dominación mundial.

Nadie se dio cuenta salvo Feinmann porque vive en un país donde su presidenta piensa igual que él. Además, cada vez que va a los congresos de filosofía internacionales, todos los filósofos lo miran con admiración y asombro por haber descubierto algo que nadie vio, mientras le dicen: Te felicito, macho, no sé cómo en medio siglo y millones de sesudos estudios, no nos dimos cuenta de lo que vos descubriste en un santiamén con los Kirchner. Gracias hermano.
Está en manos del lector deducir si esta interpretación argentinocéntrica y egocéntrica de Feinmann es un descubrimiento en filosofía al nivel de los de Newton o Einstein en física (porque así él lo postula sin rubor alguno) o si es pura paranoia.

Clalín miente. A favor de la tesis de la paranoia juegan los dos hechos más patéticos de la semana producidos por el poder político: la rotura de dos páginas de Clarín por el jefe de Gabinete Jorge Capitanich y la mundialmente criticada frase de la presidenta argentina donde se burla, en la propia China, de cómo hablan los chinos.
Habiendo tantas páginas donde los medios dan opiniones controversiales e incluso donde se comenten errores, Capitanich no tuvo peor idea que romper dos páginas que ofrecían información concreta e interpretaban verazmente una primicia acerca de un borrador crucial del juez Nisman en su denuncia contra el poder que suscribió el ignominioso pacto con Irán.

De las tantas páginas que podría haber roto para simbolizar su repudio al tratamiento periodístico de las noticias que dan los medios, eligió las únicas dos que era imposible discutir, donde el periodismo cumplía al 100% su labor de informar y analizar.
Nadie se hunde tan bajo porque quiere sino porque sufre de paranoia, de feinmannitis aplicada. Cuando Capitanich creyó, en base a una información errónea que le dieron, que Clarín había sido descubierto ipso facto en una mentira, ansioso, feliz y anhelante se lanzó a denunciar la infamia.

Ahora tenía en sus manos algo más que acusaciones al boleo o meros slogans de cuarta como democracia versus corporaciones. Allí estaba, al fin, la prueba tan buscada; sólo bastaba escenificarla con un par de páginas rotas para que el mundo se diera cuenta. Y efectivamente el mundo se dio cuenta pero de la payasada cometida por el funcionario, porque todo lo dicho en esas páginas era verdad.
No pasaron ni dos días cuando con igual lógica feinmanniana, la presidenta de la Nación caería en la misma trampa de Capitanich. Es que Ella se fue a una de las misiones internacionales más importantes de su gestión con la mira puesta en el caso Nisman y el tratamiento que del mismo hacían los medios “enemigos”.

Por eso cuando se encontró con mil personas, ajenas a su claque, aplaudiéndola en China, en vez de pensar en todo lo bueno que eso significaba para la Argentina y para ella misma, sólo pensó en Clarín, en su odio hacia los medios, en vengarse de ellos.

Entonces, sin medir consecuencias, sin pensarlo, descargó su bronca traducida en clave de un humor pésimo y largó su tuit sobre “la Cámpola” y varias sandeces más.
En defensa de la presidenta, dejamos claro que estamos convencidos de que ella con ese chiste de mal gusto no se quiso burlar de los chinos como interpretaron todos los medios del mundo, sino que lo único que quiso hacer es burlarse de Clarín y los demás medios y periodistas argentinos que la critican.

Fue tan pequeña su mira frente a la grandeza de su misión, que quedó atrapada en su ira, su bronca, su insignificante petulancia frente a los que consideran, como Feinmann, la reencarnación hegeliana del mal. Si esto no es paranoia, no imaginamos qué otra cosa puede ser.

No se trata, como podría pensarse, de que la presidenta haya enloquecido, sino que su concepción conspiracionista frente a los medios la está llevando a perder todo sentido de las proporciones.

Fuente: diario Los Andes

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3feb/151

Del fin de ciclo al desmadre

Por Fernando Iglesias.

Hemos visto a la Presidente derrapar interminablemente en innumerables cadenas nacionales, pero lo de la última excede con mucho el límite de lo aceptable en un país que aún pretende ser una república democrática.

En un monólogo logorreico que no por ser grabado alcanzó un mínimo de racionalidad, la Presidente arrasó con casi todos los fundamentos de una sociedad regida por la ley y el Estado de derecho, sugiriendo líneas de investigación a la Justicia, usando la cadena nacional para defenderse ella misma de la denuncia efectuada por Nisman, afirmando sin pruebas que el fiscal asesinado no había sido el autor de su propia denuncia y que la misma había sido presentada de apuro para aprovechar "la conmoción por los sucesos de París" y acusando a un ciudadano, Lagomarsino, sobre la base de que su hermano trabaja en el área de sistemas informáticos de un estudio jurídico que tiene como uno de sus clientes a Clarín.

Tampoco se privó de hacer insinuaciones sobre la relación entre Nisman y Lagomarsino ("de su íntima confianza, de su íntima amistad, que concurría asiduamente a su departamento según pudimos saber") ni de negar haber afirmado que se trataba de un suicidio cuando pocas horas después de la aparición del cadáver había escrito en su Facebook "¿Qué fue lo que llevó a una persona a tomar la terrible decisión de quitarse la vida?".

Lejos de asumir su papel de jefa de Estado de un Gobierno que con el relato de la reconstrucción del rol del Estado viene aburriendo desde hace once años, Cristina volvió a confirmarnos que es incapaz de hacerse cargo de nada. Su memorable fallido ("No se puede seguir manejando a la República Argentina de esta manera") repite la habitual estrategia peronista de concentrar el poder mientras se alega impotencia y de gritar al complot destituyente cuando se es parte del único partido que los ha llevado a cabo con éxito, en 1989 y 2001.

Lamentablemente para la Señora Kirchner, la realidad es inocultable: era ella la responsable de la seguridad de Nisman y el eslabón en que terminaba la cadena de mando de su custodia; fueron ella y su marido quienes utilizaron por años los servicios de inteligencia para apretar opositores y miembros de la Justicia, Nisman incluido; y fue ella personalmente quien manejó la Secretaría de Inteligencia con la ineptitud que la caracteriza hasta llevarla al actual descontrol. Aún más, debió haber sido ella la que se condoliera con la familia del fiscal y decretado un día de duelo, así como era su obligación ofrecer respuestas y garantías de seguridad y justicia a los ciudadanos, los funcionarios del Poder Judicial, los periodistas y los miembros de la oposición, en vez de insultarnos.

Para no mencionar las tomaduras de pelo presidenciales, según las cuales a Nisman no lo designó Kirchner sino un señor llamado Eduardo Ezequiel Casal; la autofelicitación cristinista por el insólito hecho de que el Estado terrorista de Irán, cuyos funcionarios han escapado de la Justicia argentina por décadas, "estén dispuestos por primera vez a discutir" (a discutir ¿qué?, ¿su propio veredicto?); o su queja sobre que nunca se hicieron tantas denuncias contra un presidente de la Nación como contra ella, como si la abundancia de denuncias no estuviera directamente relacionado con los niveles de corrupción existentes.

Un calificado menú de delirios, bien completado por el fantasioso giro que fue desde "Miren al Norte" a "...un hombre insospechado de cualquier vinculación con el terrorismo por haber sido Jefe del Servicio Secreto de los Estados Unidos"; por la supresión del habitual escritorio para facilitar la visibilización de la silla de ruedas; por la asombrosa suposición de que la Ministra de Seguridad que le estaba informando de la muerte de Nisman podía estar haciéndole una broma a las 0.30 horas ("¿María Cecilia, vos me estás tomando el pelo o me estás hablando en serio?") o la repetición de la tradicional acusación peronista de "traidores a la Patria", usada hasta al hartazgo por el kirchnerismo hasta ahora, que se les volvió en contra.

En cuanto al país, hemos llegado a un punto de inflexión. Resta por ver si cambiamos hacia arriba o aceleramos la caída. La República todavía es posible, pero agoniza. Sin convocatoria de la oposición a movilizarse ni pedido conjunto de juicio político a la Presidente que deje a sus cómplices en evidencia, los médicos no son optimistas. Menos mal que gobiernan los peronistas, únicos capaces de manejar la Argentina según la leyenda que han sabido instalar a pesar de que en estos últimos veinticinco años de gobierno casi ininterrumpido del PJ las cosas se les hayan ido de las manos.

Lo que no deja de sorprender es que después de once años de kirchnerismo y de usar los servicios de inteligencia para apretar e intimidar, quieran dejar antes de irse una SIDE camporista bien armada, con autoridades designadas por los cuatro años que durará el próximo gobierno y transferencia del sistema de escuchas al Ministerio Público Fiscal; es decir: a Gils Carbó. Si hasta tienen el nombre: AFI (Agencia Federal de Investigaciones), porque -como Cristina dijo y todos sabemos- el cambio de nombre de SIDE a SI no modificó nada pero el pasaje de SI a AFI obrará maravillas. Así que no hay que ofuscarse: tenemos Patria. Lo que no tenemos es Justicia, Libertad, República, energía, infraestructura, salud, educación, ni aparato productivo. En la vida hay que elegir.

Del fin de ciclo al desmadre. Otra vez. Con La Cámpora en el rol de Cámpora y Cristina como Isabel. De todas maneras, no es necesario preocuparse ya que en pocos meses nos rescatarán Sergio Massa y los peronistas buenos, o Daniel Scioli y la banda de los kirchneristas dubitativos. Vaya uno a saber.

"A mí no van a extorsionar ni intimidar. Yo no les tengo miedo" dice, mientras tanto, la jefa de Estado. Desde luego, señora Presidente. Los que tenemos miedo somos nosotros.

Fuente: Infobae

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28ene/151

El huracán Cristina devastando la Argentina

Por Federico Tessore.

Le confieso que es la primera vez que me ocurre que una noticia política me impacta tanto emocionalmente. A medida que leía los primeros rumores de la muerte del fiscal Alberto Nisman por Twitter, el pasado domingo por la noche, me estremecía cada vez más. En un momento me sorprendí a mí mismo con los ojos llorosos y la piel de gallina.
¿Cuáles fueron esas emociones que me movilizaron tanto? Aún no lo tengo totalmente claro. Tal vez fueron una mezcla de sensaciones, pero seguro que la tristeza estaba a la cabeza de todas ellas. Es que ver a tu país llegar a tal límite de degradación, de desintegración, mortifica.
Porque la muerte del fiscal Nisman no solo es importante por sí misma, por su cargo y por la importancia de los temas que llevaba adelante. Es mucho más importante como símbolo de un país que no sabe organizarse. Como símbolo de un país derrotado por el descontrol y por la doctrina del “sálvese quien pueda”.
Ésa es la única forma de explicar la desazón que sentimos la gran mayoría de argentinos el lunes pasado. Centrando la importancia en el símbolo que implica la muerte del fiscal, el desconsuelo se vuelve más lógico, más explicable.
La muerte de Nisman es un ejemplo claro y contundente de una forma de organización que fracasó. De una forma de Gobierno, que finalmente, hace evidente para todos los argentinos su peor cara. Una forma de Gobierno centrada en la búsqueda de cada vez más poder y cada vez más dinero.
Una estrategia implementada por un Gobierno invadido por delincuentes, obsecuentes e inútiles que lo único que saben hacer es enfrentar, dividir, encerrarse y robar. Por algunos años, la magia del marketing político puede esconder las consecuencias de un Gobierno sin moral ni principios, pero a la larga, el descontrol termina pasando la factura.
¿Qué paso con la muerte del fiscal Alberto Nisman? ¿Quién lo mató o quién lo “obligó” a matarse? Ya poco importa si fueron los propios miembros del Gobierno, si fueron los servicios de inteligencia locales o extranjeros los que lo mataron. Lo que importa es que estamos ante un Estado infectado, podrido, estamos ante un Estado mafioso.
Un Estado que perdió la poca autoridad moral que le quedaba. Un Estado que solo puede representar a los delincuentes o a los distraídos que todo país siempre tiene.
El Gobierno de Cristina ya se encargó de destruir la economía argentina. Se ocupó -sin prisa pero sin pausa- de derribar cada uno de los sectores de la economía argentina. Aquellos sectores que hoy aún funcionan están apoyados en alguna variable que no se podrá mantener por mucho tiempo más: o en un subsidio, o en un privilegio, o en una protección gubernamental.
Pero ahora Cristina está yendo por más, ella quiere seguir derribando. La Presidenta está terminando su obra desmoronando lo poco que le queda de “república” a nuestro país. ¿Qué quiero decir con “república”? Mire la definición de esta palabra en Wikipedia:
República es un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley y la igualdad ante la ley como la forma de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo.
Luego de leer esta definición, le pregunto: ¿Queda algo de “república” en la Argentina actual? Si a usted le parece que algo queda, ¿cuánto más va a durar eso poco que queda?
Volviendo a la muerte del fiscal Nisman, ¿no era justamente un símbolo de una república que un fiscal pueda denunciar a un Presidente cuando le parece que éste hizo algo contra la ley? Si somos todos iguales ante la ley, inclusive aquéllos que tienen mayor poder, ¿no tendría que ser esto algo normal y corriente en un país civilizado y que se considera una “república”?
Esto que tendría que ser algo corriente. De hecho, no lo es. Luego de la denuncia del fiscal Alberto Nisman, el Gobierno salió a descalificarlo mediante todos los recursos posibles. Una mediática política aliada de Cristina declaró que le “iban a ir con los tapones de punta”. Otro esbirro de la Presidenta inclusive llego a decir que nos “habían advertido” que si se metían con Cristina iba a haber muertos…
El fiscal que se atrevió a denunciar a la autoridad máxima de un país no solo fue agredido por el Gobierno -que teóricamente lo tenía que defender-, sino que, peor aún, terminó muerto. Un Gobierno que tendría que ser el encargado de custodiar a la república, la ataca.
Por eso, la muerte de Nisman es un símbolo tan importante que nos deja sin aire a todos. Porque es un símbolo, aún mucho más claro que se suma a los cientos de incidentes anteriores que desde Inversor Global venimos denunciando desde el año 2011. Es un símbolo de que en la Argentina la república ya no está más vigente.
Y cuando eso ocurre, cuando todos nos damos cuenta de que en un país solo sobrevive el más fuerte, cuando nos damos cuenta de que no solo nadie nos protege contra los ladrones y los violentos, sino que, peor aún, éstos que nos tendrían que proteger nos terminan amenazando, allí es donde la sensación de vacío y peligro nos invade.
Cristina está terminando de destruir nuestro país. Si no hacemos nada antes, es muy probable que la Presidenta termine de destruir los pocos vestigios de civilización que le quedan a la Argentina hoy.
Lo más sano sería que todos los ciudadanos salgamos a la calle y reclamemos la renuncia inmediata de Cristina y sus esbirros. Es cierto, nada nos asegura que el próximo presidente no tenga las mismas “cualidades” que Cristina. Pero vale la pena el intento. O seguimos esperando y presenciamos pasivamente cómo la destrucción se sigue llevando a cabo. O asumimos el protagonismo y reclamamos el adelanto de elecciones ahora mismo.
Cuanto antes tengamos la oportunidad de reconstruir la Argentina, menos doloroso será.
Fuente: Inversor global
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